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lunes, 29 de abril de 2013

Contradicción en la conceptualización de lo moderno

Contradicción en la conceptualización de lo moderno

...Si lo propio del capitalismo y la sociedad moderna se constituye a partir de una forma de vida burocratizada en todas sus esferas (Weber), ¿cómo es que Habermas puede apoyarse en Benjamín (junto a otros más) para conceptualizar lo propio de la modernidad como aquél tiempo de una crisis permanentemente “vivida”, de una época de un eterno recomienzo por lo efímero de un curso social que es siempre cambio y refundación (“la modernidad es la primera época que extrae las premisas de su existir y devenir de sí misma”)?...Si la burocratización es predictibilidad, parcelación, ciclos de repetitividad, tediosa homogeneidad subyacente bajo formas fenoménicas divergentes, ¿cómo puede conciliarse la misma con una modernidad en perpetua transformación (por definición efímera, “existencialmente vivida en el momento”)?

Un inicio de respuesta podría estar dado por la periodización propia de una estructura que por sí misma es dinámica y sujeta a transformación (cuyos cambios, sin embargo, no modifican lo sustancial que sostiene la estructura básica que la constituye): lo efímero, cambio perpetuo, no es más que la experiencia social del capitalismo liberal, en el cual la competencia rige la vida de los agentes mediante la generalización de la incertidumbre, propia de la posibilidad real de fracaso en el mercado (tanto para proletarios como para capitalistas). Por su parte, la burocratización, aquella tediosa homogeneidad que sin embargo adquiere siempre apariencias diversas, sería propia del estadio monopolista del capitalismo, en el cual la competencia no es tan acusada para sectores crecientes de la población (dada la proletarización y sindicalización masivas, así como la regulación de la vida social más acusada tanto por parte del mercado como por parte del Estado), por lo tanto, la sensación social de los agentes es mayormente una vida “organizada” heterónoma y heterocéfalamente (no existe mayor incertidumbre).

Ahora bien, puede postularse que ambas tendencias constituyen la pareja dialéctica de opuestos que cristalizan la dinámica propia de lo moderno. En ciertos momentos prima la burocratización, en ciertos momentos prima lo “efímero” –asimismo, sería interesante observar como estas tendencias son más propias de unos grupos o clases sociales a través del curso histórico-. Por otro lado, podemos postular la tesis siguiente: el tiempo actual es uno en el cual se poseen ambas tendencias en sus características más nocivas para los agentes sociales. Por una parte la burocratización todavía se sufre, mas la misma se encuentra desligada de aquella seguridad junto a la cual se presentó en un tiempo anterior. Por otra, lo efímero manifiesta su determinancia en una sociedad que ha enterrado los proyectos sociales como construcciones a mediano o largo plazo, que discursivamente vive en lo inmediato. Ahora bien, las retribuciones propias de esta tendencia en el capitalismo liberal se encuentran ahora ausentes. El agente económico no tiene posibilidades de prosperar en el contexto de unos mercados ampliamente regulados y monopolizados. No obtiene ninguna ventaja material al momento de insertarse en una vida social en la cual la incertidumbre campea….

Notas críticas en torno a la exposición de Carlos Huneeus el día 12 de abril de 2012


Notas críticas en torno a la exposición de Carlos Huneeus el día 12 de abril de 2012

Las notas que se presentan a continuación no tienen intención de un desarrollo sistemático acerca de lo planteado por Carlos Huneeus en la clase magistral que aquí se tematiza. Sólo suponen algunos comentarios críticos acerca de la misma; un esbozo de ciertos puntos problemáticos que inhiben caracterizar la presentación en cuestión como consecuentemente racional.

En primer lugar, aquí se desea destacar una forma intelectual, una estrategia de presentación de un discurso, cuyas deficiencias comprometen el mismo curso y desarrollo del conocimiento en el campo de las ciencias sociales. Este punto hace referencia a la misma tesis central que propone Huneeus como fundamental para entender el proceso chileno en su devenir esencial desde el año 1990. La misma, que en términos generales afirma la no correspondencia de la “esfera” económica (modernizada o en proceso avanzado de modernización) con la “esfera” política (no “desarrollada”, en tanto no plenamente “democrática”), no es propia del académico al cual aquí hacemos referencia. Al respecto, véase por ejemplo la siguiente cita, extractada de un texto que Álvaro Díaz escribiera para la revista Proposiciones en 1994 (revista emanada desde el proyecto investigativo SUR):

“En el caso chileno, se manifiesta desde antiguo, un relativo adelanto de la organización social y de las formas institucionales, respecto a los cambios en el nivel de la estructura económica, disociación que tiende a agudizarse en los dos últimos decenios” (esta es una cita de Aníbal Pinto). “Actualmente puede afirmarse que hay una inversión histórica de esa tesis. Chile vive un periodo de gran expansión económica, pero tiene un atraso preocupante en la modernización de la institucionalidad pública y privada que, de prolongarse, podría frustrar las grandes oportunidades que se han abierto para esta nación. El gran dinamismo económico contrasta con la rigidez institucional”

Lo grave es que Huneeus no puntualiza esto –la “proveniencia” precisa de la tesis que plantea-, reivindicando como “suya” una tesis que en ningún caso puede serlo. Esta no es una cuestión de meros nombres, ni de autoría. Por el contrario, es una cuestión que solo puede tener tres lecturas. La primera, supone entender que nuestro licenciado en Derecho solamente pretendía postular una tesis de sentido común propia de una corriente político-intelectual que ejerció el poder del Estado chileno durante las dos últimas décadas. El problema con esta alternativa es que Huneeus no explicita esta cuestión, arrogándose como propia una tesis que, más que presentar un análisis racional de una situación particular, representa el sentir común de una fuerza social hoy en declive. Si nos decantamos por esta alternativa interpretativa, asumimos que lo presentado por este académico, además de no revelar sus fuentes precisas, supone la reproducción del sentido común por sobre el análisis racional de la realidad social. Una segunda alternativa interpretativa, por otra parte, implica asumir que Huneeus supone su tesis como “propia” y “original”. De esta segunda alternativa deriva una tercera: ¿conocía textos como el de Álvaro Díaz el autor o ignoraba la existencia de los mismos? Si aceptamos que la segunda alternativa se fundamenta en el conocimiento de los textos mencionados, toda la presentación de Huneeus queda teñida por un matiz de deshonestidad intelectual; si aceptamos que la segunda alternativa se fundamenta en el desconocimiento de textos como el de Álvaro Díaz, la “clase” dictada por nuestro profesor se enmarca en un contexto de ignorancia. Cualquiera de las alternativas de interpretación propuestas sobre la génesis de la tesis presentada por Carlos Huneeus, supone una limitación del análisis racional sobre la realidad social en el fundamento de la clase dictada por esta académico. En este sentido, cualquier análisis posterior del contenido sustantivo de las proposiciones derivadas de esta tesis, debe tener en cuenta este matiz que aquí se sugiere (matiz que no intenta invalidar un desarrollo racional por su génesis, sino sólo contextualizar el método de trabajo y pensamiento que lo fundamenta)

En segundo lugar, es importante destacar las premisas históricas e intelectuales en las cuales se inscribe la misma tesis que presenta Huneeus. Él mismo es claro al respecto: su sustento debe encontrarse en los desarrollos “cepalinos” (específicamente Aníbal Pinto) propios de un periodo previo al gobierno de la unidad popular (1970-1973). Ahora bien,  la cuestión es que el marco de análisis propuesto por la Cepal en estos años adolece de una debilidad teórico-estructural fundamental: la idea de que en el largo plazo modernización económica y modernización política debían coincidir (al tiempo que sostiene lo mismo si el término escogido es “atraso” y no “modernización”). En efecto, el mismo sentido de la tesis de Pinto –“en el caso chileno, se manifiesta desde antiguo, un relativo adelanto de la organización social y de las formas institucionales, respecto a los cambios en el nivel de la estructura económica, disociación que tiende a agudizarse en los dos últimos decenios”- asume que el subdesarrollo económico chileno no permite un desarrollo pleno de la institucionalidad política, la cual, aún si posee rasgos evidentes de “adelanto”, se ve permeada por un potencial de inestabilidad. Por lo tanto, solo el desarrollo económico, en tanto alcance el nivel de desarrollo de lo “político”, será capaz de proveer un marco de estabilidad a esta última “esfera” de lo social. El problema con este planteamiento es que reproduce una tesis de la modernización cuyas bases ya hace bastantes décadas se encuentran cuestionadas (al respecto, puede verse la posición de Touraine a finales de los años ochenta). En este punto –y dado que estas notas críticas no pretenden en ningún caso un análisis acabado de los temas que aquí se mencionan- solo diremos que la modernización de la esfera económica capitalista, en una sociedad concreta, no supone ni requiere su correlativa modernización política (el caso de Estados Unidos es revelador: con un desarrollo económico abismante, aún en la década de los sesenta la igualdad y universalidad de ciudadanía política brillaba por su ausencia –e.g. el “pueblo” afroamericano solo consiguió el acceso a las urnas en los años setenta-). Lo sustantivo, sin embargo, es que este marco categorial permea el mismo análisis de Huneeus sobre los últimos veinte años de nuestro país (en el cual invierte la tesis de Pinto manteniendo invariantes sus elementos): se asume que la modernización de la esfera económica capitalista (ya presente) “requiere” o “necesita” la modernización de la “esfera” política.

En tercer lugar, debe explicitarse que el mismo Huneeus no es fiel a las premisas categoriales “cepalinas” que dice adoptar en su análisis. Esto porque afirma una interpretación del periodo 1930-1973 en la cual se habría hecho realidad la “autonomía de lo político”. Ahora bien, lo que en efecto plantea Pinto es inverso: el mismo hecho de que nuestro país posea una estructura económica subdesarrollada inhibe que el desarrollo político alcanzado logre adquirir un grado de estabilidad suficiente. Esto es, la determinación de lo económico no permite el desarrollo pleno de lo político. ¿Autonomía de lo político? Bajo el marco cepalino, por lo menos, esto no puede sostenerse.

En cuarto y quinto lugares, se mencionan dos puntos relacionados con el análisis concreto del periodo posterior a 1990 en la formación social chilena. Por un lado, Huneeus afirma que la fuerza social que detentó el poder durante las dos últimas décadas efectivamente implementó medidas progresistas. Ahora bien, quien escribe sostiene que el concepto de progreso designa una realidad objetiva (no es una cuestión de mera opinión que se deriva de la forma de definir la noción de progreso), la cual puede reconocerse en el desarrollo recíproco y relacionado de los principios de la “igualdad” y la “libertad” en su materialización concreta. Esto es, el progreso designa una realidad en la cual observamos el desarrollo concreto de estas dos nociones (que en sí mismas suponen un proceso, nunca un estadio a alcanzar). De esta manera, si analizamos bajo este rasero el proyecto implementado por las fuerzas sociales concertacionistas, tenemos elementos para afirmar que el mismo no supuso progreso en sentido alguno, en tanto no supuso el desarrollo conjunto e interrelacionado de los principios de la igualdad y la libertad en lo material. Si esto que aquí se afirma posee efectivamente una connotación polémica, no creemos que este sea el espacio para presentar un análisis acabado sobre la materia, por lo cual sólo mencionaremos ciertos elementos estructurales sobre los cuales pudiera sustentarse un análisis que sostenga la no presencia de medidas progresistas en las dos últimas décadas de la historia de nuestro país:

-Aumento de la desigualdad. Análisis al respecto existen varios; el más reciente del cual tenemos conocimiento es aquél presentado en el artículo escrito por Carlos Ruiz y Víctor Muñoz en la revista Némesis del año 2010.

- Deslegitimación de la institucionalidad política (y judicial). Esta cuestión se manifiesta en cuestiones diversas. Por un lado, la dinámica progresiva de baja participación electoral que ha experimentado nuestro país durante las dos últimas décadas (para la última elección presidencial existen datos que muestran que más de un 40% de población que pudo acceder a sufragar no lo hizo). Esto muestra el tipo de concepción democrática que soportaron los gobiernos de este periodo; ésta, al insistir unilateralmente en la “representación” y al dejar de lado la dimensión de la “participación”, evidencia una noción de libertad de corte liberal, la cual privilegia la “libertad negativa” por sobre la “libertad positiva”. Ahora bien, la misma idea de progreso (como dimensión objetiva) que aquí se presenta, demanda el desarrollo y la superación de una libertad estrecha (la libertad negativa, liberal), por una libertad más amplia (libertad positiva, verdaderamente racional). Sin embargo, como se evidencia en la baja participación electoral, la misma práctica política de estos últimos veinte años muestra como el progreso, tal como aquí lo comprendemos, no se efectiviza. Por otra parte, la continua evaluación negativa de la ciudadanía respecto del poder judicial (como se evidencia en las mismas encuestas que elabora la clase dominante para verificar el alcance de su dominio), muestra como se manifiesta al nivel de las apariencias a los agentes prácticos, el no desarrollo conjunto, en la materialidad, de los principios de la libertad y la igualdad: la negación del progreso siempre aparece ante los ojos de la conciencia ingenua como la reproducción de la “injusticia”

- Pérdida de soberanía. La idea de progreso, inherente a la modernidad, suponía –y aún supone- la idea de “autodeterminación por parte del colectivo social”, lo cual no era sino una manera más de formular la necesidad del desarrollo recíproco de las dimensiones de la igualdad y la libertad en lo material. Ahora bien, durante los últimos veinte años esta capacidad de autodeterminación se ha diluido de manera importante, lo cual es aparente en diversos fenómenos:

a) Mantención de la autonomía del Banco central. Esta cuestión supone la comprensión de la dimensión fundamental de la realidad social –lo económico- en tanto que cuestión técnica, sujeta solamente a la lógica instrumental unilateral del capital. En un sentido, se niega al colectivo de los productores el acceso a un medio para “actuar sobre las estructuras” (como diría el profesor Omar Aguilar), al afirmar la autonomía y “neutralidad” del Banco Central

b) Privatización de lo social “básico”. La sucesiva y “progresiva” privatización de las esferas de la salud, la educación e incluso del mundo del trabajo (e.g  “juridificación” de los conflictos laborales), ha supuesto la ampliación de la esfera del mercado en la formación social chilena. Ahora, el mercado funciona verdaderamente mediante la sanción de una desigualdad básica en lo real, la cual se evidencia en el hecho mismo de la existencia de las clases sociales: la libertad y la igualdad dependen en esta situación de la propiedad y/o posesión por parte de los distintos agentes sociales situados en la estructura (como muy bien sostiene Rafael Echeverría). Por lo tanto, la mercantilización de la sociedad no puede sino suponer la negación del progreso como realidad objetiva.

c) Relativa extranjerización de la economía. El capital transnacional ha mantenido y ampliado su poder sobre los recursos estratégicos de la formación chilena (e.g. Cobre); esto no ha supuesto sino la pérdida de soberanía por parte del colectivo productor sobre las determinantes materiales de su reproducción social

- Pérdida de poder de los sindicatos. Esta apariencia es palmaria en tanto transparenta de manera cristalina la esencia de una realidad social en la cual se ha mantenido y acusado su asimetría estructural básica. Esto es, la baja en la sindicalización, en la negociación colectiva, la deslegitimación de las dirigencias de los trabajadores (cuestión evidente y que no tiene sentido negar), expresan la acusación de las asimetrías entre el Capital y el Trabajo –asimetrías que incluso reconoce la constitución “dictatorial” que hoy nos rige-.

 La quinta idea que en este texto desea ser mencionada –y a la cual ya hicimos referencia de manera tangencial-, dice relación con el espíritu mismo que “compone” la ilustración bosquejada por Huneeus, el cual pareciera informar acerca de una realidad social que sólo  expresara “su” descontento a partir de 2011. Si bien esto no se afirma de manera taxativa por parte del académico que aquí tratamos, corresponde a una noción general derivable del análisis que el mismo propone. Lo problemático es que sostener esta idea supone la negación misma de la realidad efectiva de las dos últimas décadas. Esto porque el descontento de las clases que componen la formación social chilena se ha mostrado en innumerables ocasiones a lo largo de este periodo. A modo de ejemplo, podemos mencionar:

-          Agudización del conflicto mapuche a partir de 1997
-          Movilizaciones estudiantiles, pesqueras y de “trabajadores en general” en el mismo año 1997
-          Movilización estudiantil de 2001(mochilazo)
-          Movilización estudiantil 2003
-          Movilización estudiantil 2006

Un último apunte. No es sorprendente, pero sí negativo para el avance del análisis racional sobre la realidad social, el hecho de que Huneeus establezca la realidad de la explotación del trabajo como un mero fenómeno contingente (que puede suceder o no suceder en una formación social capitalista). Esto se evidencia en cierta pregunta de una encuesta cuya autoría este académico reclamó para sí en la comunicación que aquí comentamos, la cual inquiría sobre la percepción de los trabajadores acerca de las prácticas empresariales. Comentando la misma, Huneeus pareció afirmar que los trabajadores podían percibir el actuar empresarial como explotador, sólo porque en lo actual se da de esta manera. Casi parece un truismo recordar que la explotación no es únicamente (ni siquiera fundamentalmente) una categoría moral arbitraria en el contexto de una sociedad capitalista, sino una categoría estructural y objetiva que designa la forma en la cual se reproduce este mismo modo de producción en una formación social determinada








Algo sobre Touraine y una defensa del marxismo


Algo sobre Touraine y una defensa del marxismo

...Olía a Touraine, por la cuestión de los "actores". Conozco sus planteamientos (no soy un experto en Touraine, sin embargo); no comparto para nada éstos. En primer lugar, fue pionero en establecer al estudiantado (fundamentalmente universitario) como una clase de potencial revolucionario, lo que es un absurdo. Luego, y en relación con ésto, pionero fue también en intentar comprender el rol de los nuevos movimientos sociales, lo cual lo alejó más de una comprensión racional de lo real social. Cuando piensa criticar el marxismo en tanto que filosofía de la historia no hace más que fabricar un muñeco de paja (una caricatura): el mismo Marx y el fértil trabajo de sus herederos hasta hoy en el materialismo histórico, niegan esta estupidez. Su teoría de los 60's 70's es de un formalismo muy propio de la época, y aún si pone el acento en la acción y en los actores no deja de mostrar un carácter pseudoconcreto. El matiz marxista que posee la misma es lo único rescatable (todo ese cuento del sistema de acción histórico y demases es un absurdo). Por lo demás, su noción de clase social es racionalmente deficiente...

En general, todo este marco errado lo lleva luego a establecer la teoría de la sociedad posindustrial, lo que es otro absurdo (hablar de sociedad industrial es no entender las diferencias radicales en las diferentes dinámicas sociales -por ejemplo se podría igualar a la sociedad soviética con el capitalismo francés-, además de ser una definición conceptual no relacional ni materialista, sino que sustancialista y que se queda en la apariencia). Más tarde, planteará su teoría de la desmodernización -errada y posmoderna, ni siquiera es coherente en su exposición y lleva a la confusión sociológica y política-; todo esto imbricado con el deber ser de una democracia "en sí" -lo que no existe-, muy en la línea de Garretón y toda la prole progre a la cual no le es grato hablar ya de lucha de clases...

Con respecto a lo otro, aún si Habermas se consideró a si mismo un marxista en una época, sus desarrollos teóricos rompen con el paradigma marxista. Su teoría no es materialista, no tiene en cuenta a las clases y, lo peor de todo, esencializa y eterniza la técnica capitalista como la única técnica susceptible de desarrollo bajo una sociedad moderna (entiende que la división social de trabajo capitalista es la única posible).

Las críticas a la teoría del "valor-trabajo" caen en tiesto roto; conozco de cerca el debate en torno al tema, ya que realicé mi primer taller sobre él. La forma más racional de explicar la economía continúa siendo un marxismo bien entendido; tal como lo presentan Andrew Kliman, Alan Freeman, Guglielmo Carchedi y Anwar Shaik. Los pastiches regulacionistas y neorricardianos no pasan la prueba de la racionalidad -si quiere le mando el trabajo que realicé...son una 35 pp…la crítica a la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia de Okishio, descansa en un error; la crítica al teoría del valor trabajo de Robinson es incluso ingenua; la idea de Sraffa se queda todavía en Ricardo; el problema de la producción conjunta que señala Morishima es solucionado por Freeman…etc . Con respecto a la lucha de clases, la misma sigue siendo tan válida como lo fué siempre desde Marx. De partida, porque la noción de clase marxista es la que mejor da cuenta de la realidad y se imbrica en una ambiciosa teoría de la totalidad social -por contra un weberiano, puede "crear" clases casi a voluntad-. Es la única que intenta explicar la reproducción de la realidad de manera materialista, que a la vez comprende las determinaciones estructurales y la posible modificación de las mismas por los agentes sociales. Por lo demás, si se rechaza la premisa de la lucha de clases, ¿Cuál es la alternativa? ¿Una sociedad de individuos, de consumidores, de identidades descentradas, de movimientos sociales heterogéneos sin base clasista, etc? Habría que aclarar si lo que se encuentra demodé son las “clases” o la idea de “lucha”. Si se rechaza la idea de “lucha” nos quedamos con la teoría del consenso, el funcionalismo y sin grandes posibilidades de reconocer la dinámica en la sociedades –todo lo cual debe rechazarse-. El rechazo de la noción de “clase” no tiene sentido, hasta un weberiano o incluso un durkheimiano hablarán de clases. La cuestión es que la visión de las clases marxistas es la que tiene más desarrollo bibliográfico e investigación; es la más comprehensiva y abarcante; es la única que incluye la reproducción dinámica de las formaciones sociales; etc. La teoría de los modos de producción, por otra parte -cuyo debate trabajo yo este semestre-, es también la forma más racional y comprehensiva de entender la realidad...si quiere le envío el trabajo a final de semestre. En síntesis, claramente el marxismo es una ciencia, una ciencia social -nunca una ideología como comprendería erradamente un Lukacs historicista, que además no enfoca bien la noción de ideología-.
La idea de una sociología de los sujetos, de una sociología de los actores, cae en un historicismo no materialista; esto muy bien podría afirmar un althusseriano de Touraine. Las ideas de la diferencia y de la igualdad dejan de tener sentido si se considerar en abstracto; las mismas se inscriben siempre en un marco social definido. La diferencia por sí misma no es positiva; por el contrario, implica la idea de una posición no sujeta a discusión racional. El pluralismo bajo el mpc no es posible, la diferencia "real" -no mera apariencia- no existe bajo este modo de producción. Existe una diferencia que es sustancial y que es la única que merece ser combatida de manera radical: la diferencia clasista. Para combatir esta diferencia tenemos que negar cualquier intento de diferencia que suponga la explotación y la apropiación privada de los medios de producción. Con respecto a la igualdad, el debate cualitativo debe situarse donde debe: igualdad material, igualdad sustantiva, esto es lo que diferencia a una política anticapitalista de la idea de meritocracia propia del mpc.

Con respecto a la idea de la democracia, hay que empezar entendiendo que esta noción sin apelativos no dice nada preciso -no funciona unívocamente como concepto sino que multívocamente como término-. Wood y Therborn entienden muy bien cómo la democracia bajo el capitalismo sólo puede ser formal y representativa, así despojada de su natural radicalidad. Si entendemos la democracia como democracia sustantiva, como democratización social, como poder sobre la economía (González Casanova), como democratización del excedente, democratización de las decisiones acerca de cómo organizamos el proceso de trabajo y la división social de éste...entonces no me opondría a igualar a la misma con la transición socialista. Esto es, la democracia no es mero procedimiento como querrían los liberales, la democracia sí define positivamente contenidos.

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Sobre Weber

La conceptualización de weber referida a la constitución eminentemente moderna de una estructura racional legal característica, tanto en la empresa capitalista como en el estado capitalista, debe ser debatida. La estructura de ambas configuraciones está signada por la lucha de clases, cristaliza o condensa unas prácticas de clase determinadas. Esto porque toda institución social expresa las relaciones sociales subyacentes que la constituyen. Ahora bien, también es claro que las relaciones de constitución comprenden una disimetría que se trasunta en vínculos de dominación. La desigualdad en estas relaciones sociales que condensan las instituciones en toda sociedad, está dada por la especificidad sociohistórica de una formación social dada, la cual, siempre, es función de la complejidad de niveles constitutivos junto a su inherente desarrollo desigual. Es por esto por lo que se puede afirmar, que las bases de constitución de ambas estructuras modernas –el Estado y la Empresa capitalistas- , en el contexto de una formación social dada, son compartidas en tanto expresan relaciones de lucha de clases. Ahora bien, dentro de esta matriz compartida existe una distinción sustancial que es ignorada –hasta cierto punto- por Weber: la posición de un nivel estructural dentro de un todo complejo. Ésta, determina el tipo de relaciones que concreta este mismo nivel, constituye su especificidad en torno a una matriz general de de disposición de las relaciones de las diferentes instancias que componen un todo complejo. Entendido esto, puede visibilizarse cómo la posición estructural de la instancia empresarial difiere –casi de manera radical- con respecto a la posición estructural de la instancia estatal. Fundamentalmente, la empresa capitalista privada se orienta hacia el beneficio –la utilidad-, en tanto la instancia estatal no tiene –de manera primigenia- esta función. Esta es una diferencia radical. Porque, si bien ambos niveles estructurales poseen prácticas compartidas que difieren solo de grado, vistas en la actividad de legitimación, de cristalización ideológica, de organización del trabajo, etc, se distinguen porque la esfera “pública” no posee la función primigenia de activar el mecanismo económico, sino que más interviene en lo económico –de manera directa o indirecta- en aras de viabilizar la acumulación capitalista y su reproducción ampliada, esto es, facilitando las condiciones de actuación de la economía privada. Por otra parte, si el estado asume la gestión empresarial de manera directa, constituyendo relaciones salariales efectivamente capitalistas, esto sucede de manera esencialmente diversa a la actuación de agente estructural capitalista privado. Primero, porque las más de la veces esta intervención estatal directa se cristaliza en función del favorecimiento de la fracción hegemónica del capital, amortiguando los efectos de una competencia entre capitalistas que si no poseería características sociales más acusadas y drásticas. En estos casos el estado asume empresas que bajo su tutela pierden competitividad y tienden a mantener una tasa de ganancia nula, por lo cual, éste y otros mecanismos estatales se constituyen en tanto contratendencia la baja de la tasa de ganancia del capital. En estas situaciones el Estado actúa en pro de la mantención y creación de las condiciones de acumulación capitalistas, no pone acción de manera directa la acumulación capitalista privada en tanto que tal. Empero, en el caso de que el Estado asume la gestión empresarial capitalista de una estructura que posee rentabilidad por sobre la media o en la media, tampoco se difumina la distinción radical entre la instancia estatal y la instancia empresarial. Esto porque la utilidades que genera la empresa estatal capitalista, por lo general, tienden a no acumularse en tanto que capital, sino que tienen la tendencia a materializarse en ciertos beneficios a los “ciudadanos-productores”, lo cual se traduce en la reproducción ampliada de la fuerza de trabajo. Es cierto, sin embargo, que esta misma función es plasmada en un sentido relativo por la empresa capitalista fordista privada. Ahora bien, el diferencial sobrante de utilidad, es utilizado por el Estado para la generación de las condiciones de explotación –reproducción ampliada de la fuerza de trabajo- en términos generales sociales, en cambio, en el caso de la empresa fondista, esta condiciones se generan de manera particular a nivel uniempresarial o, a lo más, en una rama de la industria. Por esto, aún en esta situación se mantiene la distinción radical entre la instancia estatal y la instancia empresarial privada: la primera no está orientada al beneficio en última instancia, la segunda sí lo está.

Ejemplo concreto. El gigante brasileño Petrobrás –de factura estatal-, aún funcionando bajo reglas capitalistas de producción de manera clara, posee la característica esencial de parcelar un porcentaje de sus utilidades en aras de financiar determinados planes sociales del gobierno brasileño, esto, por otra parte, no puede ni será nunca una acción susceptible de ser realizada por la empresa capitalista privada, la cual siempre se encuentra orientada –a todo evento y en última instancia- hacia el beneficio.

Otra situación se genera con las empresas mixtas, modelo de desarrollo axial del caso venezolano. En ellas, podría decirse que la utilidad se fracciona en un porcentaje que acumula el privado, un porcentaje que se apropia el Estado en aras de financiar planes sociales, y otros porcentajes dirigidos a mantener el nivel, la escala y la competitividad en la producción. Es de esta manera como vemos que la instancia estatal permanece en su determinación relacional básica - al menos relativamente: no se orienta al beneficio como la instancia empresarial privada.

Es de esta forma como se aprecia la distinción radical entre ambas esferas, minimizada por el planteamiento weberiano. No es una distinción menor en tanto lo racional-legal, común a ambas instancias, se expresa de manera diferencial en tanto que relaciones distintas en un todo complejo. La posición estructural del Estado implica que solo éste puede generalizar a nivel social la reproducción ampliada de la fuerza de trabajo; la posición estructural de la empresa capitalista supone que solo ésta puede hacer funcionar el mecanismo económico en tanto que accionar orientado al beneficio privado. Así, si consideramos junto a weber el carácter formal de empresa racional legal que comprenden ambos niveles, no se llega a visibilizar el carácter propio y específico de cada instancia, en tanto que el mismo, en lo concreto, solo puede entenderse a la luz de la posición estructural de dicho nivel en una estructura compleja, lo cual determina una disposición relacional particular propia.
Por esto debe modificarse el análisis weberiano, el cual, además, se resiente de su propia especificidad sociohistórica, a la cual a la vez malcomprende y universaliza. Weber malcomprende la propia situación alemana en la cual el capitalismo fue impulsado desde el Estado de manera fundamental, porque constituye en estructuración permanente una acción que comporta solo los caracteres propios de una fase de transición de un modo de producción a otro, al tiempo que generaliza este error para el capitalismo en tanto que estructura global. Ahora bien, si estas son las razones de un análisis algo descaminado, el cual cristaliza la imposibilidad de escapar a la determinación sociohistórica de un planteamiento dado –lo cual supone el riesgo del error-, no debe mantenerse el mismo en su pureza diáfana: es preciso mantener y reafirmar la distinción fundamental entre el estado y la empresa capitalista privada.

Materialización de previsiones bastante obvias:

Privatización de la sociedad, reducción de lo público, aumento de las cuotas y preferencias de lo privado orientado al beneficio, en detrimento de la posibilidad que constituye aquello que puede ser de todos:
a) Reforma educacional (subsidio a la demanda, lógica mercantil de la eficiencia, competencia desbocada)
b) Reforma a la salud (subsidio a la demanda, desfinanciamiento de hospitales en malas condiciones)
c) Reforma a lo público (despidos masivos a los empleados fiscales; venta de activos estatales en empresas solventes, por ejemplo, las sanitarias)

Entre otras. 

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Sobre Weber

En qué sentido la obra de weber puede ser considerada como un todo coherente? Si entendemos que en el ensayo de 1904, la posición epistemológica adoptada por el autor estaba eminentemente signada por la consideración de la especificidad, inherente a todo objeto de conocimiento de una ciencia sociocultural e histórica, ¿cómo puede explicarse el giro universalista evidenciado en las elaboraciones realizadas en “economía y sociedad”? ¿Cómo hacer confluir en un grado cualquiera la necesidad de constatar conexiones de constelaciones de sentido, en todo momento definidas y demarcadas por una idea de valor determinada culturalmente, con la premisa ahistórica explícita de los conceptos que se desarrollan en 1920? En efecto, la lectura de “economía y sociedad” sorprende –quizás no gratamente-por su amplio espectro: son continuas las referencias argumentativas a los campos culturales más diversos, así se ilustran razonamientos basados en un conocimiento de la antigua China, África, Medio Oriente, India, Latinoamérica, Rusia, etc. ¿En qué sentido la especificidad propia de occidente define de esta manera lo propio de la mayoría de las culturas existentes en el mundo? ¿De qué manera a esto subyace explícitamente-en la ética protestante al menos-un sentido teleológico de preeminencia otorgado a la cultura occidental?

 En un sentido, considerar la legitimidad tradicional, con sus diferenciaciones internas de dominación estamental o patriarcal, como un concepto sociológico aplicable a toda cultura-a toda dominación que se expresa de una forma cultural dada-parece un poco reduccionista. Ahora bien,  está claro que a cada momento Weber advierte que los tipos puros por él elaborados no se presentan propiamente de esta manera en la realidad, sin embargo, ¿cuál es el sentido de un desarrollo tan acucioso y detallado de los mismos? ¿cuál es la intención de ilustrar constantemente las situaciones pergeñadas en factualidades ocurridas en el pasado?

En torno a lo mismo, ¿cuál es la relevancia del autor en la consideración reduccionista de la realidad social en una dicotomía tradición-modernidad, carga que la disciplina soporta aún en sus elaboraciones?

Si adoptamos las elaboraciones teóricos sociales realizadas por Gabriel Salazar que refieren una conducta comunitaria en la cuál primaba la premisa “se obedece pero no se cumple”, ¿cómo se relaciona lo mismo con la teoría weberiana de la legitimidad? La legitimidad de un dominio, tal como es definida por Weber, sustenta más su existencia en la “pretensión del imperante sobre la validez de su dominio”, siendo en algún grado indiferentes las razones que llevan al cuerpo social dominado a obedecer el mandato que se le impone. Mas, en tanto una estructura se encuentra siempre en continua constitución, reafirmándose a cada momento, ¿no es fundamental considerar ambos polos de una relación social que pretende un grado cristalización evidente? ¿No es necesario elaborar no solo el sentido de un dominio de manera descendente, sino también ascendente? ¿En qué sentido se pierde la noción de conflicto en este caso, siendo más bien claro que se ignoran las elaboraciones de los dominados en torno a la constitución del marco en el cuál se les domina? ¿Puede afirmarse que la noción de cambio social se encuentra reificada, siendo que el autor otorga una posición preeminente al acto carismático? ¿No son los grupos sociales, y sus conflictos inherentes, los que modelan a cada momento la organización de la sociedad?

Weber-Marx

¿Weber o Marx?

Luego de algunas reflexiones, es posible arribar a ciertas conclusiones provisionales. Existe, primero, una idea pasible de ser problematizada desde dos perspectivas, ambas necesarias. Por una parte, puede arguirse que el objeto capitalista que construye Marx contiene en su misma estructura las condiciones de su negación  -actualización de sus potencialidades inherentes. Es decir, por sí mismo el capitalismo, en tanto objeto determinado, comprende la tendencia estructural de su aniquilación como forma existente. Esto no corresponde a una concreción definida de un fenómeno de ocurrencia futura, toda vez que una tendencia puede ser ofuscada por la acción de una contratendencia actuante en el momento presente (Poulantzas). Sin embargo, es un rasgo estructural de la teoría marxiana. Por su parte, Weber entiende al modo de producción capitalista como un fenómeno de una ineluctabilidad eminente, insuperable (irreversibilidad del capitalismo no modificable en su esencia). Este planteamiento constituye un rasgo estructural del pensamiento weberiano, lo cual puede verse si lo conectamos con la segunda manera de enfocar la idea que aquí primero desarrollamos. Max Weber es un heredero del pensamiento de nietzcheano: esto es central. La noción de la irracionalidad presente en el paroxismo racionalizante (predictibilidad de una estructura legal-racional, burocratización), que releva Weber, deriva del quiebre epistemológico constituido por quien escribiera “Así hablaba Zarathustra”. El sin sentido de una estructuración racional cabal, es función de una elaboración que considera al hombre como “un mero punto en el espacio, no más fundamental que un insecto” (paráfrasis). En síntesis, la realidad capitalista, en tanto racionalidad máxima, devendría una irracionalidad inmodificable (en tanto el capitalismo es “final”), lo cual le otorgaría el rasgo último de sinsentido a la realidad, y, por tanto, también a la acción en esa misma realidad. Por el contrario, Karl Marx enfatiza precisamente en el rasgo irracional del modo producción imperante, pero, la misma idea, en tanto presente en una elaboración cabal distinta -y por tanto constituida por relacionales diferenciales- significa  y se constituye de una manera cualitativamente diferente. La irracionalidad de lo existente solo aparece porque en sí misma contiene la posibilidad de devenir racional: la constitución de una asociación racional de hombres libres es la premisa marxista. Es por este relevamiento esencial del papel de la Razón –después de todo Marx constituye la radicalización del proyecto moderno- que lo irracional puede devenir algo distinto de un sinsentido, siendo que su mismo carácter lleva a una acción dotada de un sentido poseedor de una densidad máxima (acción revolucionaria).

En segundo lugar, el análisis capitalista de ambas posturas, difiere por sobre la significación estructural diferencial de elementos semejantes. Por ejemplo, en el tratamiento de la ideología. En Weber, la ideología es concebida como algo eminentemente autorreferido a la clase social de la cual deriva. El protestante constituye su salvación en el mundo, los indicios materiales se le presentan como señal de su bienaventuranza celestial futura. Ahora bien, si es claro que esta situación es dirigida hacia la acción del sujeto individual, también lo es que quien se sabe salvo distingue a aquellos que también lo son. Así, el corpus ideológico protestante tiene que ser interpretado, o en términos individuales, o en términos de un grupo social autorreferido en su elaboración ideológica. Por el contrario, el concepto marxiano de ideología es doblemente diferente, siendo que es a la vez la negación de la autorreferencia y la expresión de la universalidad. El corpus ideal de la burguesía es referido, esencialmente, a la sociedad en su conjunto (a todas sus clases componentes), lo cual es necesario si quiere operar como “engaño” (o naturalización de lo social) frente a las clases dominadas. Por lo mismo, esta ideología es eminentemente universal ya que refiere, en su formalidad y abstracción a la inclusión total de los agentes en un todo de dominación (Marx comenta que la burguesía es la primera clase de la historia en constituir una ideología de tales características universales). En síntesis, lo autorreferido e individual/de clase (Weber), se opone la universalización que se configura mediante la negación de la autorreferencia (Marx).
Es claro que podría matizarse esta diferencia argumentado que Weber hace referencia a un “ethos” que ya ha abandonado el modo de producción capitalista actual, que sus análisis se refieren a las meras condiciones –podría decirse ideales- conducentes al establecimiento de este sistema, mientras que Marx trata de la ideología presente de este modo de producción. Mas es importante relevar un tratamiento diferenciado de los dos autores con respecto a la dimensión ideal, toda vez que el examen de este aspecto de manera directa y preferencial, y con relación al capitalismo, no es realizada en ningún otro lugar por Weber (los elementos ideológicos del derecho, la política y la dominación, siempre implícitos en las formulaciones weberianas, no son explicitados como tales por el autor, si tratamos de la estructura de sus elaboraciones).

Solo fueron algunos argumentos que apoyan cierta tesis defendida en clases.

Atte. m.salgado

Weber2

Sobre Weber

¿En qué sentido la burocratización reconocida por Weber como matriz fundamental inevitable de la sociedad y época modernas, aún se cumple hoy bajo los mismos postulados, las mismas premisas? Si el patrón de racionalización reconocido por este autor alemán conllevaba en sí mismo el correlato práctico de un riesgo configurado en torno a una administración burocrática, actualmente, quizás, no reconozcamos una forma administrativa configurada de la misma manera. Porque, fundamentalmente, la pareja diádica de racionalización-burocratización se plasmaba de una forma particular de empresa: la empresa racional burocratizada. Y, esta forma empresarial, que compartían tanto el Estado, como el Partido y la célula organizacional capitalista privada, hoy se patentiza como transformada, desplazada, modificada en algo que le era muy propio. Esta situación la observamos en un primer hecho accesible al sentido común: la administración de estas tres configuraciones ya no es total y completamente autocéfala siendo que comporta grados variables tanto de heterocefalia como de heteronomía. Por una parte, es claro que la empresa capitalista privada ha delegado funciones administrativas que le eran propias en otros cuerpos privados que poseen en  grado evidente sus propios mecanismos de dirección y administración. Esto se manifiesta palmariamente en las muy actuales y vigentes prácticas de subcontratación. En segundolugar, puede argüirse que, al menos en el Estado chileno actual, las lógicas de subcontratación se encuentran presentes, sea por un desarrollo histórico propio independiente, sea por una configuración epocal que supone necesariamente una matriz empresarial diferenciada. Y ello incluye obviamente un cierto grado de heterocefalia (visibilicemos como ejemplo más palmario la participación del Estado en empresas privadas que poseen directorios casi autónomos), y algún matiz de heteronomía (visto en ordenamientos impuestos por organismos internacionales poderosos como el FMI). En lo que respecta al Partido político moderno, podemos constatar como los programas accionales son muchas veces hoy definidos por grupos técnico-empresariales en virtud de sus propios intereses, lo que ciertamente comporta un grado de heteronomía. Asimismo, la heterocefalia puede observarse ya de un tiempo a esta parte de manera parcial, en el entronizamiento de líderes partidarios a partir de un predominio en el resultado de encuestas de opinión.

  Este es el rasgo fundamental de la empresa racional moderna que ha cambiado, mas al mismo acompañan variaciones secundarias que no es pertinente desestimar. Es así como es atingente mencionar aquellos componentes característicos de la burocracia racional, que bajo la situación puede ponerse en duda su presencia y actuación efectiva. Así, en tanto hoy prima el trabajo por proyecto subcontratado dentro del estado y la empresa capitalista, puede cuestionarse la taxonomía que reconoce una jerarquía funcional fija con ascensos y descensos regulados, siendo que quien produce un proyecto no pertenece a una escala jerárquica administrativa y no espera ascensos ni descensos (mas todavía porque difícilmente puede asegurarse que un individuo así empleado pertenece realmente a un cuerpo empresarial determinado). Por lo mismo, los límites de las esferas de competencia así como el proceso de selección funcionarial se encuentran modificados. Más todavía la presencia articulante de un expediente, en tanto este significa una acumulación y recolección de información referida al cargo continua y permanente (configurando el “saber de servicio”), se torna problemática con solo recordar la narración que Gabriel Salazar refirió en torno a la destrucción de material investigativo en la “ong Sur” en función del aprovechamiento del espacio. Por otra parte, la “estimación social realzada”, que suponía el tipo puro de burócrata rescatado por Weber, hoy más bien se constituye como su contrario: es sabido por todos la baja estimación social en que es tenido el cuerpo judicial actualmente, en esto tampoco le va a la saga el cuerpo funcionarial de rango medio y bajo. Aquella capa burocrática que escapa al juicio negativo de la opinión de la calle, se constituye precisamente en la alta dirección pública, la cual, como el mismo Weber establece, no comporta un carácter funcionarial ni burocrático (recordemos que aún la administración más burocrática tiene en su cima elementos no burocráticos como el presidente y sus ministros). Asimismo, si asumimos la noción de “trabajo por proyecto” antecedente, resulta casi un truismo reconocer que una remuneración fija y estable existen propiamente (menos aún una pensión), así como también se cuestiona fácilmente la asunción weberiana de perpetuidad fáctica en el cargo (teniendo en cuenta que el cargo no era apropiado y tampoco lo es hoy). Por último, la distinción realizada en este tipo puro, en torno a la actividad pública y la actividad privada, como esferas necesariamente excluyentes, siendo que la segunda actúa como contrapeso a la lógica y predominio inevitables de la burocracia pública (este es uno de los argumentos weberianos contra el socialismo de Estado), es hoy fácil de cuestionar si tenemos a la vista el gobierno nacional actual de gerentes y tecnócratas.
 Todos estos elementos secundarios-más el carácter originariamente utópico de un funcionario que se desgañitaba en el deber del cargo y la disciplina estricta, así como la idealidad del reconocimiento de la igualdad abstracta ante la ley que este mismo funcionario supuestamente debía poner en práctica ante cada caso particular-sumados a la transformación fundamental de la administración de la empresa racional moderna, esto es, la mencionada pérdida de autonomía y autocefalia, redirigen el análisis a una nuevo cuestionamiento: si Weber establece que la burocratización, cuando se dió con precedencia a la época moderna, solamente desapareció junto a la civilización que la albergaba, ¿es posible afirmar un hundimiento gradual de la civilización occidental moderna a partir de la década de los setenta, en la cual el carácter de la empresa racional moderna comenzó a modificarse sustancialmente mediante la delegación de tareas, expresado esto en la transnacionalización y subcontratación ocurridas en el terreno económico? ¿No significa esto que el tipo ideal weberiano se encuentra de alguna manera fenecido, siendo que instrumentalización comparativa reconoce diferencias demasiado acusadas con lo efectivamente ocurrente? ¿Es pertinente seguir empleando un tipo ideal de denominación igual pero con contenido modificado, o es necesario elaborar uno nuevo, que realce aquellos elementos de la realidad que constituyen precisamente la especificidad de la época actual?

 Ahora bien, si bien se plantea la cuestión de la declinación de la cultura occidental moderna con esto no se quiere aquí afirmar el concepto obnubilante de “posmodernidad”, sino que solo se desea dejar planteado el cuestionamiento frente a la posibilidad de una nueva teorización sociológica a partir de la nociones clásicas weberianas.

Totalmente en otro respecto, es de interés cuestionar la categoría de “clase” que afecta la definición de este autor alemán, la cual, de alguna manera, ha tendido ofuscar la realidad social como tal. Porque, si hoy observamos que la categoría GSE muy en boga en nuestro país, contiene una similitud sorprendente (corríjanme si me equivoco pero creo que la misma se configura solo a partir de ingresos y bienes) con la noción de “clase” weberiana, vemos como una noción articulante fundamental del sentido común actual derivada ha sido derivada de una analítica social ofuscante. ¿Por qué el concepto weberiano de clase no es suficiente? Porque no reconoce un grupo social realmente existente (la acción clasista solo se presenta en determinadas condiciones muy particulares), en tanto su realidad esté constituida por un actuar determinado, un cierto “ethos vital” de algún modo conciente por parte de quienes así actúan. La crítica se constituye  frente a lo que significan tanto el GSE (que obviamente sabemos que no configura “clases” pero que en el sentido común sociológico cumple ese papel, siendo que muchas investigaciones utilizan esta categoría clasificatoria para homogeneizar conductas)  como la “clase” weberiana (en tanto mal utiliza un concepto central en la sociología que tiene su potencialidad inherente en el reconocimiento de la realidad sociológica). Asimismo, todo esto lleva a Weber a plantear que la lucha moderna de clases se configura en torno a la lucha por el salario, lo cual es una negación radical de Marx, que, por otra parte un ejemplo actual puede contraargumentar. Si constatamos la realidad descrita por una multitud de luchas sindicales, se observa que la reivindicación del salario no es la única premisa que sustenta a las mismas, sino que también lo es el mejoramiento de las condiciones laborales. Y, esto significa, que es la motivación por la reorganización de la forma vital actual como configurada a través del trabajo, lo que es eminente en el actuar de la lucha actual del trabajo contra el capital. En algún sentido, es el reclamo por un trabajo que enajene menos, lo cual puede significar dos lógicas de acción contrapuestas pero no excluyentes: la noción de que el trabajo en su forma actual puede realmente dejar de lado su carácter enajenante solo mediante una modificación no radical; la noción de que el trabajo humano, en tanto define al género como tal, contiene en sí mismo la potencialidad de organizarse de una manera tal, que las potencias inherentes a todo ser humano puedan desarrollarse de manera plena. Si se acepta la segunda hipótesis, debe asumirse que la lucha de clases actual muchas veces se constituye a partir de lógicas de organización de la vida (del trabajo) contrapuestas.

Quedan planteados los temas.

Críticas a Dahrendorf



En lo que sigue se presentarán 17 puntos que indican los errores y el carácter anticientífico de la teoría de Ralf Dahrendorf  referida a las clases sociales y la transformación estructural
1) Eclecticismo: “contra semejante proceder elevará su reproche el eclecticismo. El concepto se utiliza aquí con cierta razón, pero no habrá lugar a reproche alguno. En la filosofía puede considerarse el eclecticismo como pecado, pero la ciencia es, por esencia, siempre ecléctica. Es más, el científico que como tal no es ecléctico, no es científico o, a lo sumo, es un mal científico. La aceptación sin limitación alguna de una teoría , el dogmatismo, constituye el pecado capital de la ciencia”
1’) El saber científico, contrariamente a lo que postula Dahrendorf, no funciona mediante mecanismos eclécticos, sino más bien por medio de paradigmas. Estos son marcos analíticos amplios, que pueden contener una o más teorías, y que se caracterizan por delimitar problemáticas fundamentales en torno a las cuales la comunidad científica trabaja. Como estas problemáticas no se encuentran resueltas –algo bastante obvio ya que toda problemática resuelta deja de ser “problemática”- el desarrollo científico consiste en su depuración y solución. Por lo tanto, cuando el autor nos presenta como las dos únicas alternativas posibles el dogmatismo y el eclecticismo, en realidad exhibe una dicotomía espuria no propia de la naturaleza del funcionamiento científico. Esto porque la misma noción de un “paradigma ecléctico” es una “contradictio in adjecto”, así como todo “dogma”, en tanto supone la aceptación acrítica de sus postulados, niega la crítica  racional, elemento fundamental del desarrollo científico. El hecho mismo de que la ciencia no funciona mediante el eclecticismo, lo demuestra el fecundo desarrollo del paradigma marxista en el curso del último siglo y medio

2) Funcionalismo: “se trata especialmente de categorías conexas (“funcional” y estructural-funcional”), ligadas en parte por una aceptación generalizada…La estructura de una sociedad se manifiesta, en su aspecto más formal, como un sistema funcional…”
2’) En este punto deseamos aclarar que la adopción explícita de un marco analítico funcionalista para la investigación de la transformación de la estructuras fundamentales de las sociedades, supone ciertos problemas de evidencia palmaria. Sumariamente, diremos que la noción de conflicto y transformación estructural son categorías ajenas a este marco analítico, cuyo mismo desarrollo sistemático viene a negar las premisas propias del análisis funcional. Por lo tanto, la utilización de las mismas en tanto ejes fundamentales del análisis, sólo puede implicar la importación extrínseca de categorías, terminando el intento de investigación científica en una madeja farragosa y deslavazada.   

3)      Transformación permanente: las estructuras sociales…estas sometidas a una transformación permanente (distinguida del proceso dinámico de desarrollo)… “sólo cuando en este sentido interpretemos el cambio estructural como un elemento constitutivo omnipresente de la estructura social…evitaremos simultáneamente la tarea, apenas realizable de determinar cuando y donde empiezan y acaban los procesos de evolución social” “…el cambio es un aspecto constante de las estructuras sociales y su iniciación y terminación no son, por principio, determinables”
3’)  Las implicaciones de las frases arriba citadas, se encuentran conflictuadas con el carácter mismo del conocimiento, más todavía con las premisas cognoscitivas de lo científico. Esto porque lo fundamental al momento de aprehender la realidad (al menos al hacerlo de una manera científica) es el acto de la ordenación y delimitación, primer paso irrenunciable de todo conocimiento. El tiempo del análisis, de la división y subsecuente definición de los componentes es inescapable. Sin embargo, Dahrendorf parece olvidar esto, toda vez que afirma que el cambio puede ser “constante”, una “transformación permanente” a la cual no tiene sentido inquirir sobre sus delimitaciones temporales. Diremos que la noción de un “cambio constante” es sólo válida en términos poéticos o descriptivos, mas nunca como enunciado teórico sistemático. Esto porque todo cambio es sólo tal con respecto a un punto de comparación que permanece incambiado. Si anulamos este punto no podemos afirmar que algo ha cambiado. Asimismo, la necesidad de delimitación (Perry Anderson dirá la necesidad de “periodización de las discontinuidades”), que Dahrendorf desestima, es sólo una muestra del carácter anticientífico de sus teorizaciones. Por último, no está demás consignar que el tratamiento algo laxo y poco sistemático de la distinción entre dinámica y diacronía (ver Balibar) no ayuda a la intelección precisa de las premisas que intenta postular el autor. 

4)      “Es preciso admitir como extraordinariamente improbable que la complicación de la división del trabajo o los procesos tecnológicos, ofrezcan la posibilidad de derivarlos de los conflictos sociales entre los grupos”
4’)  La cita precedente realmente niega aquello que la realidad social nos ha mostrado en el curso del desarrollo histórico de las formaciones sociales en las cuales el modo de producción capitalista ha sido predominante. Precisamente es la competencia intercapitalista (el “conflicto entre unos grupos”) la cual impone la necesidad objetiva de la transformación del proceso de trabajo a los agentes de esta clase. El capitalista que no adopta el método productivo que abarata los costos de producción, simplemente deja de ser tal y es eliminado por la competencia. Asimismo, Shaik argumenta que esta necesidad de transformación emana no sólo –o no primariamente- de la competencia (esfera de la circulación), sino que se origina por la naturaleza misma del dominio capitalista del proceso de trabajo (es inmanente al proceso de producción capitalista, en tanto supone el control y la dirección del trabajo).

5) “Creía el (Marx) que los conflictos dominantes en toda sociedad eran conflictos de clase e incluso que todos los conflictos sociales y hasta todos los cambios de estructura podían atribuirse a conflictos de clase”

5’) Esta una interpretación que deforma el pensamiento del autor citado. Que todos los conflictos insertos en una formación social se encuentren determinados en última instancia por la naturaleza clasista del modo producción dominante, no quiere decir que todos los conflictos sociales sean conflictos de clase. Sólo implica que todo conflicto social tiene una pertinencia de clase, esto es, se encuentra permeado por la dinámica propia de un modo de producción dominante, y que por lo tanto puede ser “rastreado” hacia los fundamentos estructurales en los cuales se encuentra inserto.

6) “Que Marx interpretaba el concepto de revolución en todo su extremismo, como la súbita transformación de una estructura social…esta concepción de que los cambios sociales estructurales se realizan por saltos y mediante explosiones visibles…” “…el error de que los cambios sociales en las estructuras (notar que no es cambio “de” las estructuras) tienen en principio, carácter revolucionario…implica la tesis de que una estructura dada solo puede modificarse por un acto radical y violento…”  “…la estructura, el sistema, es en sí mismo constante; cuando cambia se destruye totalmente, se transforma de un solo golpe…”

6’) Nuevamente esta interpretación (porque el texto general en el que aquí nos basamos sorprende por las pocas citas textuales que ofrece, en este sentido, nunca es  textualmente fáctico, sino que “intepretativo”) deforma de manera sustancial el pensamiento de Marx y de la tradición marxista en general. Por un lado, el hecho de que las transformaciones en la estructura se incuben largamente antes de aflorar (el conflicto ascendente entre relaciones de producción y fuerzas productivas), demuestra el carácter falaz de la afirmación de que las transformaciones estructurales ocurren de “un solo golpe”. Así también, el amplio debate en torno a las transiciones (que abarcan siglos) tanto desde el feudalismo al capitalismo, como desde el capitalismo al socialismo, viene a negar este “inmediatismo” que le impone Dahrendorf a la teoría marxista. Con respecto a esto mismo, las afirmaciones de Marx en el “Manifiesto Comunista” que aluden de manera precisa a una “época de revolución social”, niegan el carácter “súbito” de las transformaciones estructurales. Finalmente, el mismo Marx de alguna manera sistematiza la necesidad de etapas transicionales: dictadura del proletariado, socialismo, etc….
 
7) “Si los cambios estructuras sociales tuvieran siempre carácter revolucionario no podrían producirse cambios sin revoluciones…y de la inconsistencia de la afirmación de que todos los cambios tienen carácter revolucionario…sobre el carácter revolucionario de todo cambio social (según Marx)”

7’) Marx nunca ha afirmado, en ningún momento, que todos los cambios sociales tienen un carácter revolucionario. El hecho más evidente que demuestra esto es el reconocimiento por él mismo de etapas de “reflujo social”, derivadas de cambios sociales reaccionarios (como las que experimentó Europa luego de las revoluciones de 1848).

8) Pauperismo absoluto “…Marx cuando dice que el proletariado, por su miseria absoluta, imposible de mitigar y de encubrir…se ve obligado a rebelarse contra esta inhumanidad”

8’) Si bien algunos escritos de juventud, e incluso algunas anotaciones en los libros del capital, dan pie para afirmar que Marx planteaba la revolución en función del “pauperismo absoluto” de los agentes del cambio social, en este punto deben apuntarse ciertas precisiones. Por un lado, existe una línea de continuidad, en todos los escritos de Marx (tanto los de “juventud”, como los de “madurez”) que reconoce la posibilidad lógica e histórica de un alza de los salarios reales. En este sentido, la misma categoría fundamental de “plusvalía relativa” habilita, y casi diríamos “requiere”, el reconocimiento del alza de los salarios reales al mismo tiempo que un incremento de la desigualdad (descenso del salario relativo). Por esto, afirmamos que la noción de pauperismo relativo (desigualdad) posee un asidero teórico sistemático más fuerte en la teoría marxista que la noción hegeliano filosófica de “pauperismo absoluto” (Rosdolsky, Lebowitz y otros desarrollan esta idea y la fundamentan de manera más acabada)       

9)      Transformación estructural parcial “De aquí que cuando hablemos de cambios de estructura no pensemos en revoluciones…no debemos representarnos éste como una formación monolítica que solamente puede transformarse…como “conjunto”. La transformación estructural debe interpretarse como, más bien, como referida a aspectos constantes de la sociedad. Así, puede iniciarse en ciertos ámbitos de la estructura…más también puede quedarse circunscrito a un solo plano” 
9’) Cuando Dahrendorf establece que la transformación estructural puede limitarse a ciertos ámbitos de la estructura, niega el carácter propio de la noción de totalidad marxista. La interrelación entre las diferentes instancias, su interdependencia (el hecho de que “cada consecuencia sea la vez un supuesto y cada supuesto una consecuencia”), niega la posibilidad de transformaciones estructurales (de transformaciones en los fundamentos de la estructura) “parciales”. Cada nivel no posee la independencia necesaria para poder realizar la afirmación fuerte de la existencia de transformaciones parciales en la estructura. Al parecer la noción de totalidad que soporta la teoría de Dahrendorf, implica interrelación extrínseca y mecánica entre las partes y/o niveles componentes de la estructura.    

10)  Para Marx….De ello se deduce, por ejemplo que el efecto de las clases organizadas sobre la estructura en la que existen sólo se produce en el momento de la revolución, limitándose a ese momento”
10’) El parágrafo arriba consignado, nuevamente contiene una interpretación deformada (si no completamente errónea) de la teoría elaborada por Marx y la tradición subsecuente. En este sentido, compartimos la afirmación de Althusser (el cual se basa en Spinoza), el cual releva el carácter propio de la estructura de la totalidad marxista: una estructura inmanente que sólo consiste en su “efectos”. Esto quiere decir que es la misma acción cotidiana y constante de las clases sociales en tanto que clases, la que reproduce la estructura del modo de producción capitalista. De esta manera, en tanto la misma estructura consiste solamente en la acción propia de las clases, es un sinsentido afirmar que los efectos de las clases en la estructura solo se presentan en el momento “preciso” de la revolución.

11)  “Si la necesidad de la agudización lineal el conflicto de clases constituye un postulado no sociológico que es preciso abandonar…”
11’) La noción lineal de la historia, y del conflicto de clases como “motor” de la misma, es una imposición sobreañadida al pensamiento de Marx y la tradición marxista. Partiendo por el hecho de que Marx nunca afirmó tal cosa (el término “linealidad” no se encuentra presente en sus escritos, así como tampoco constituye una categoría fundamental desarrollada de manera sistemática), podemos afirmar que lo propio de la concepción marxista de la historia es la discontinuidad de la misma (las etapas, fases, transiciones), repleta de avances, retrocesos y reflujos.

12)   Conflicto como guerra civil. “Mas el material de que disponemos nos permite llegar a la conclusión negativa de que el conflicto de clases no adquiere siempre formas de guerra civil…si partimos del supuesto, ingenuo, de la existencia permanente de una guerra civil entre ellas…resulta falsa la tesis empírica de que aquellos conflictos adoptan siempre la forma violenta de guerra civil, de lucha de clases”
12’) La igualación de “lucha de clases” con “guerra civil”, es a todas luces una forzada y no sustentada en nada fundamental de la teoría marxista. Si bien en algún pasaje de alguna obra Marx hizo una alusión que pudiera interpretarse en estos términos, existe una amplia corriente marxista que afirma que la misma dinámica reproductiva del modo producción capitalista (como desarrollada en el capital, por ejemplo), supone la lucha de clases como su “elemento activo” fundamental. El proceso productivo, que supone la afirmación autoritaria del capitalista (o del agente que lo representa), así como la continua posibilidad de la organización y la huelga obrera (que implicaría la baja en la tasa de ganancia), sólo se comprende como la manifestación de la lucha de clases. Y sin embargo, para Dahrendorf la dinámica propia de una estructura no puede ser función de la lucha de clases, porque la misma es coyuntural y solo existe acotada en el tiempo (la idea de niveles de lucha de clases se omite en el pensamiento de este autor).

13)  Clases definidas solo por la propiedad privada. “La causa determinante de las clases sociales era para Marx la propiedad privada de los medios de producción. Su teoría de las clases basa todos sus elementos esenciales sobre esta definición del concepto de clase” (criticar eliminación de la “apropiación real” o “posesión”)
13’) He aquí un error importante. Esta no es sólo una deformación, sino un error que demuestra la lectura rápida y superficial que Dahrendorf realiza de Marx (si es que en realidad realiza alguna lectura y no, más bien, se dedica a refutar lo que el sentido común aprehende de Marx). La sustancialidad del error está dada por el no reconocimiento de las relaciones de posesión/apropiación, como categoría de análisis imprescindible de un modo de producción determinado. Si la determinación de las clases solo supusiera la referencia a la propiedad de los medios de producción, no podríamos, por ejemplo, diferenciar entre el modo de producción capitalista y el modo de producción feudal: en ambos la clase dominante es propietaria de los medios de producción; sin embargo, mientras en el feudalismo el productor posee sus medios de trabajo, en el capitalismo se encuentra desposeído de los mismos.   

14)  ) Asunción de la distinción entre propiedad y control, basada en Burnham y Schumpeter
14’) El hecho de que el autor base parte de su análisis en la teorización de Burnham (“La revolución de los managers”), demuestra que las mismas bases de su planteamiento se encuentran superadas. Tanto Sweezy como Ossowski explican que la diferenciación entre propiedad y control (eje fundamental de los postulados de Burnham), basada en el escrito pionero de Berle y Means, no supone ningún cambio estructural fundamental en la dinámica reproductiva del modo de producción capitalista: los controladores, en una abrumadora mayoría, son también poderosos y eminentes propietarios.

15)  Noción idealista, basada en la autoridad, como determinante de las clases
      15’) En términos generales, no podemos compartir el marco fundamental propuesto por el autor para la determinación de las clases sociales, ya que el basamento del mismo supone la negación de la aprehensión de la reproducción material de toda formación social. Las clases mismas no pueden tener su fundamento último en las relaciones de autoridad (y el poder en términos generales), porque la posesión de autoridad está siempre fundamentada en ciertas posesiones materiales desiguales. La subordinación existe, en última instancia, por la “amenaza mortuoria” (Weber) propia del Estado moderno, el cual garantiza material el funcionamiento “continuo” de la sociedad. Por lo tanto, las relaciones de mando y obediencia sólo existen porque existe un excedente que es apropiado por una clase determinada, la cual utiliza una fracción del mismo en la instauración de mecanismos de fuerza (el Estado como fundado en la violencia) que garantizan que como clase será obedecida. Es por esto que una teoría social de las clases es mucho más fecunda si su premisa es material (la explotación) y no parcialmente ideal (la dominación, como querría Dahrendorf)

16)  Independencia de niveles estructurales “El estado político y la producción industrial constituyen dos asociaciones de dominación, independientes por principio, y cuyas relaciones constituyen un objetivo de la investigación científica”  
16’) Cualquier comprensión de la totalidad estructural que suponga la independencia de los niveles que la componen, estará marcada por obscuridades que no podrá explicar. En última instancia, si se asume la “independencia de niveles” como “principio”, el análisis es muy proclive a abandonar la noción relacional de la realidad social (la posibilidad de sustancialismo está entonces muy próxima). Por el contrario, creemos que la noción de “autonomía relativa” desarrollada por la tradición marxista, es un instrumento analítico de una fertilidad mucho mayor.

17)  Analogía weberiana entre Estado y empresa “El estado es una asociación de dominación y la producción industrial es asimismo una asociación de igual carácter”
17’) Ya que el autor que aquí criticamos incorpora importantes elementos weberianos en sus elaboraciones teóricas, debe, entonces reafirmar la analogía estructural que realiza Weber entre el Estado y la Empresa capitalista. Ahora bien, este paso autocontradictorio para la teoría de Dahrendorf, ya que con esto implícitamente se niega la necesidad de la determinación de la naturaleza de una subestructura mediante su funcionalidad para con la totalidad. Es que la analogía estructural entre Estado y Empresa no es pertinente una vez comprendemos que las funciones propias de cada nivel son distintas. La empresa está dirigida hacia la ganancia (un marginalista diría: “genera crecimiento”), mientras el Estado no lo está (sus funciones son más amplias y diversas y, si bien es palmario que su funcionalidad específica no es la de orientarse hacia la ganancia, no tenemos aquí el espacio para extendernos sobre el tema de las funciones del Estado). 

Críticas a Hanna Arendt (2010)


La Condición Humana (crítica)

p.d.: En cursiva están los comentarios; en letra "normal" se consignan pasajes específicos del Libro: La condición Humana

Sociedad

La sociedad siempre exige que sus miembros actúen como si lo fueran de una enorme familia con una sola opinión e interés.
La asombrosa coincidencia del auge de la sociedad con la decadencia de la familia indica claramente que lo que verdaderamente ocurrió fue la absorción de la unidad familiar en los correspondientes grupos sociales.

La fuerza natural del interés común y de la unánime opinión está tremendamente vigorizada por el puro número, el gobierno verdadero ejercido por un hombre, que representa el interés común y la recta opinión podía llegar a ser innecesario
La sociedad…. (se ha convertido) en una especie de gobierno de nadie. Pero este nadie…no deja de gobernar por  el hecho de haber perdido su personalidad.

Este gobierno de nadie es apariencia, ilusión. Quien gobierna es el capital, no una cosa que puede manipularse o aprehenderse; sino una relación social en la cual está implícita la dominación

Con el ascenso de la sociedad de masas, la esfera de lo social, tras varios siglos de desarrollo, ha alcanzado finalmente el punto desde el que abarca y controla a todos los miembros de una sociedad determinada, igualmente y con idéntica fuerza.

¿En qué sentido puede establecerse que la sociedad abarca y controla a todos los miembros que la componen igualmente y con idéntica fuerza? Por una parte, la sociedad se encuentra hispostatizada en una esfera que escapa al control de los hombres, se constituye en una esencialidad no dependiente de desarrollos y relaciones subyacentes. En este sentido, la sociedad pareciera una entidad con un interés propio: mantenerse  “a costa” de los hombres que la componen. Por otra parte, es bastante plausible establecer la ofuscación que lleva en sí esta frase: el control sobre unos grupos sociales es necesariamente distinto que sobre otros; la idea de dominio efectivamente se encuentra presente en tanto las clases se forman con la permanencia del capital. En un proceso dual, constituido por una pareja diádica (trabajo y capital), el capital (sus actores subyacentes) mantienen el dominio en tanto pueden aislarse del sistema y sobrevivir, por más tiempo que el trabajo (sus actores subyacentes) 

La victoria de la igualdad en el mundo moderno es solo el renacimiento legal y político del hecho de que esa sociedad ha conquistado la esfera pública, y que distinción y diferencia han pasado a ser asuntos privados del individuo

La carencia de una aprehensión sociológica de lo propio de la modernidad (uno de sus caracteres fundamentales), esto es, la diferenciación, se encuentra ausente. La propia distinción en la actividad productiva, aun en tanto función de un sistema dado, no constituye una “masa” de individuos “indistintos”, sino grupos sociales que efectivamente son capaces de diferenciarse.

El actual auge de reales o potencialmente muy ricas sociedades que, al mismo tiempo, carecen en esencia de propiedad debido a que la riqueza del individuo consiste en la participación en la renta anual de la sociedad como un todo….
A este respecto, es útil retrotraernos a una platitud, que aunque platitud, desconoce Arendtt. Esta es reconocida por Marx: “toda producción es apropiación de la naturaleza por el individuo en el marco y por intermedio de una forma de sociedad determinada. En ese sentido, es una tautología decir que la propiedad (apropiación) es una condición de la producción….Pero decir que no puede hablarse de producción y por consiguiente de sociedad, cuando no existe alguna forma de propiedad, es una pura tautología” (Grundrisse). 
En función de esto, no existe sociedad humana que no produzca, y, producir es siempre apropiarse, lo cual lleva necesariamente a una forma de propiedad. Por lo tanto, no existe-es imposible que exista- ni real ni potencial sociedad que carezca de propiedad. Arendtt realmente no sabe de lo que está hablando.

Si pensarnos en períodos más prolongados; la suma total al año del tiempo libre individual disfrutado en el presente parece menos un logro de la modernidad que una aproximación a la normalidad (su norma es la edad media y la antigüedad)

La autora absolutiza relaciones históricas contingentes, en este sentido, la disponibilidad de tiempo libre no puede juzgarse a través de un criterio, de una normatividad dada, que trasciende los límites históricos y espaciales de una sociedad dada. La cantidad disponible de tiempo libre no puede “volver” a la normalidad, en tanto la normalidad es inherente, sólo, a una forma histórico-social dada. 

Esas injusticias e hipocresías que han desaparecido con la transformación de una sociedad de clases en una de masas…

Argumento recurrente en el texto, afecta dos problemas básicos-igualmente presentes en toda la obra. Primero, una sociedad de masas, como la que creía analizar Arendtt, no negaba el carácter de clase de la misma sociedad; esta supuesta transformación desde una sociedad de clases a una de masas, es una espuria cuando pretende presentarse a los dos términos como excluyentes. La razón de la mantención de la sociedad de clases en tanto a la misma podía conceptualizársela también  a partir de la categoría de “masa”, es simple y evidente: la inmanencia del capital. En tanto en la sociedad de masas existe capital, entonces existen relaciones sociales entre clases, porque el capital constituye solo un elemento de una pareja diádica (capital y trabajo). El obrero de la sociedad de masas, aun en tanto  transformado en sus condiciones vitales de existencia, es quien siempre da vida al capital, como el capital da vida al obrero. Que la actividad del obrero haya sido modificada, en cuanto a su contenido, no quita  que la relación social básica de capital y trabajo no siga presente en la sociedad de masas.

Política

Según el pensamiento antiguo sobre estas materias, la expresión “economía política” habría sido una contradicción de términos: cualquier cosa que fuera económica, en relación a la vida del individuo y a la supervivencia de la especie, era no política, se trataba por definición de un asunto familiar.

Si la política excluye las consideraciones económicas, entonces no hace más que excluir toda posibilidad de discusión en torno a la forma organizativa de la sociedad. Por lo tanto, al decantarse Arendtt por una forma de “lo político” que mantiene lo dado, se pierde aquello esencial en todo actuar político.

La esfera de la polis, por el contrario, era la de la libertad, y existía una relación entre estas dos esferas, ya que resultaba lógico que el dominio de las necesidades vitales en la familia fuera la condición para la libertad de la polis.

La necesidad es de manera fundamental un fenómeno prepolítico, característico de la organización doméstica privada, y que la fuerza y la violencia se justifican en esta esfera porque son los únicos medios para dominar la necesidad.

La libertad, concepto filosófico recurrente, se encuentra aquí ofuscado. La libertad individual o la libertad de una clase o grupo social, realmente no existen: toda libertad es “social”, ya que verdaderamente no existen individuos sino “seres sociales”. En tanto lo constitutivo de la persona solo son las relaciones sociales que la componen, toda libertad presupone la igualdad. Nadie puede ser libre si dentro de las condiciones de su libertad se encuentra la desigualdad; el presupuesto en este caso niega la realidad porque, si las relaciones sociales son lo único que existe, un componente relacional desigual implica desigualdad general. En suma, la libertad conlleva el reconocimiento de lo propio constitutivo, la no negación de la realidad que somos como hombres, así como a partir de este supuesto un desarrollo libre.

Por esto, cuando Arendtt establece que la libertad era una esfera que presuponía una previa desigualdad, autonomiza las partes de un todo. La libertad del ciudadano griego  era mera apariencia en tanto contenía en sí misma la esclavitud, la dominación de otro grupo social. Por otra parte, existe cierta confusión. Se entiende que la libertad solo puede “ser” mediante la eliminación de la necesidad, sin embargo, en tanto somos seres sociales, la necesidad nos constituye fundamentalmente, su negación radical es imposible porque ella “es” lo que “somos”. La necesidad, significa solamente la urgencia de trabar relaciones sociales (toda necesidad es social); no necesariamente implica la dominación. Es en este sentido que Marx habla del “libre desarrollo de las necesidades”. En función de todo esto, la eliminación de la necesidad solo puede entenderse en este caso como la eliminación de aquello que nos liga a la naturaleza (que nos esclaviza a ella). Es la eliminación de aquellas necesidades sociales que portan su elemento negativo-que lo producen.

La violencia es el acto prepolítico de liberarse de la necesidad para la libertad del mundo.

Relacionando con lo anterior, podríamos establecer que la violencia solamente crea apariencia.

La igualdad…era la propia esencia de la libertad.

Quien entrara en la esfera política había de estar preparado para arriesgar su vida

La esfera pública, la polis, estaba calada de un espíritu agonal, donde todo individuo tenía que distinguirse constantemente de los demás.

Se aprecia la contradicción entre estas tres frases. La igualdad-libertad que constituye lo político no puede ser tal en tanto prime en ella un espíritu “agonal”-perteneciente o relativo al combate; que implica lucha- en el cual es posible arriesgar la propia vida

Solo la existencia de una esfera pública y la consiguiente transformación del mundo en una comunidad de cosas que agrupa y relaciona los hombres entre sí, depende por entero de la permanencia. Si el mundo ha de establecer un espacio público no puede establecerlo para una generación y planearlo solo para los vivos, sino que debe superar el tiempo vital de los hombres mortales.
Sin esta trascendencia en una potencial inmortalidad terrena, ninguna potencia política, estrictamente hablando, ningún mundo común ni esfera pública resultan presentes

En función de esto, la política no puede ser la participación en la esfera pública, sino la construcción de la misma, cuestión que la autora no reconoce.

Bajo las condiciones del mundo común, la realidad…está garantizada…por el hecho de que, a pesar de las diferencias de posición y la resultante variedad de perspectivas, todos están interesados por el mismo objeto.

En tanto en esta frase se determina una de las características del espacio público, lugar donde se realiza la política, cabe una puntualización. Si lo particular de la política se constituye a partir de la consideración plural y distinta del mismo objeto, entonces, esta actividad no se constituye sino como reafirmación de lo dado, como una negación de la organización que lleva a la construcción de la sociedad en función de un determinado proyecto. Porque, contrariamente a lo que establece Arendtt, lo político puede y debe ser definido e torno a la consideración de un objeto distinto por parte de distintos grupos sociales. En tanto la política continúa en un marco dado (un objeto común) sus potencialidades son limitadas. Lo propiamente político está, por ejemplo, en la actividad del obrero decimonónico que construía sociedad, esto es, consideraba la posibilidad de la organización de la sociedad a partir de un objeto o espacio político distinto. La pluralidad de objetos, es decir, de campos o espacios desde los cuales intentar construir la sociedad, constituye una conditio sine qua non de la política. La política es potencialmente más real en tanto el burgués tiene su objeto (su espacio público), y el trabajador define un nuevo espacio político: la disputa entre espacios políticos u objetos es fundamental en “lo político”.

Marx

Lo que Marx no comprendió-no podía comprenderlo en su tiempo- fue que el germen de la sociedad comunista estaba presente en la realidad de una familia nacional, y que su pleno desarrollo no estaba obstaculizado por ningún interés de clase como tal, sino solo por la ya caduca estructura monárquica de la nación-estado. Indudablemente, lo que impedía un suave funcionamiento de la sociedad eran ciertos residuos tradicionales que se inmiscuían y seguían influyendo en la conducta de las clases retrógadas.

Coherente con la apreciación general del texto de que la utopía marxiana ya se había hecho realidad, esta sentencia demuestra solo que los remanentes tradicionales presentes en el primer capitalismo, impedían el pleno desarrollo y la constitución de la sociedad burguesa. Asimismo, existe cierta contradicción: el residuo tradicional en efecto se organizaba como clase (como clase premoderna, eso sí), siendo que el motor de la historia es la lucha de clases.

Una victoria completa de la sociedad siempre producirá alguna especie de “ficción comunista”, cuya sobresaliente característica política es la de estar gobernada por una mano invisible, es decir, por nadie. Lo que tradicionalmente llamamos Estado y gobierno da paso a la pura administración, situación que Marx predijo acertadamente como el “debilitamiento del Estado”, si bien se equivocó en suponer que solo una revolución podía realizarlo, y más todavía al suponer que esta completa victoria de la sociedad significaría el surgimiento del reino de la libertad.

El marchitamiento del Estado había sido precedido por el debilitamiento de la esfera pública, o más bien por su transformación en una esfera de gobierno muy restringida; en la época de Marx, este gobierno ya había comenzado a marchitarse…

Se encuentra en este acápite un desconocimiento de la historia. Capital y Estado no se excluyen, no se excluyeron en el origen de este sistema de producción, tampoco se excluían  bajo el régimen social decimonónico europeo occidental. Más todavía, el Capital necesita del Estado: este es el lugar donde los burgueses ordenan su riqueza y en algún sentido reifican su dominación. Y esto Marx lo “demuestra” mediante casos históricos (e.g. El Estado francés afectó un crecimiento y centralización progresivas en el curso temporal que va desde las monarquías absolutas hasta Napoleón III. Esto fue necesario para la burguesía y el capitalismo, siendo que en la esfera estatal ésta podía “situar” su “población sobrante”-y apropiarse de beneficios que de otro modo le hubieran estado vedados-, además, el campo de poder público se constituía como funcional a un sistema económico que implicaba  exclusión al crear puestos de trabajo para aquellos desplazados del proceso de producción)

La actividad laboral, bajo todas las circunstancias de la vida en su sentido más elemental y biológico, permaneció estacionaria durante miles de años encerrada en la eterna repetición del proceso vital al que estaba atada

Nuevo desconocimiento de los procesos históricos, producto de un sesgo moderno. Marx demuestra en los Grundrisse que el amplio campo histórico-espacial denominado laxamente como “tradición”, comporta importantes diferenciaciones internas así como movimientos constantes tanto progresivos o regresivos (aunque no en un sentido teleológico)

Tanto Smith como Marx estaban de acuerdo con la opinión pública moderna al despreciar la labor improductiva como parásita…

Falta puntualizar, eso sí, que Marx reconocía la implicación desgraciada implícita en el trabajo productivo.

En una humanidad socializada por completo, cuyo único proceso fuera mantener el proceso de la vida- y tal es desgraciadamente el nada utópico ideal que guía a las teorías de Marx-….

La utopía de Marx era el libre desarrollo de las necesidades y capacidades de cada “ser social”, en modo alguno la mantención de un proceso tenido como automático. Es por esto que define lo propiamente humano como un devenir.

Pero la consecuencia de la división del trabajo, en que una actividad se divide en tantas minúsculas partes que cada especialista solo necesita un mínimo de habilidad, tiende a abolir por completo el trabajo diestro, como bien predijo Marx. El resultado es que lo comprado y vendido en el mercado de trabajo no es habilidad individual, sino “poder de labor”, del que todo ser humano posee aproximadamente el mismo.

Debe relevarse un aspecto aquí aminorado en su importancia. Max Weber enfatiza el carácter de especialismo de la época moderna. Claro, este tipo laboral no es el “trabajo diestro” que llena el gusto de Arendtt-el constituido por el artesano-lo cual no quita, sin embargo, que este sea también un trabajo diestro. Por otra parte, si todo ser social que vende su fuerza de trabajo vende trabajo abstracto, esto no quita que el plusvalor efectivo, concreto, que cada cual es capaz de producir, no sea diferenciado en cada uno. Porque solo la potencialidad de creación de plusvalor es igualmente inherente a cada hombre, no así la materialización cuantitativa concreta, la cual depende de aquello que la sociedad ha entregado a cada uno en forma de educación laboral (especialización). 

Mientras fue una necesidad eterna impuesta por la naturaleza y la más humana y productiva de las actividades del hombre, la revolución, según Marx, no tiene la misión de emancipar a las clases laborales, sino hacer que el hombre se emancipe de la labor; sólo cuando ésta quede abolida, el “reino de la libertad” podrá suplantar al “reino de la necesidad”. Porque el reino de la libertad solo comienza donde cesa la labor determinada por la necesidad y la externa utilidad donde acaba el gobierno de las necesidades físicas inmediatas.

(Marx) Sigue en pie el hecho de que en todas las fases de su pensamiento define al hombre como “animal laborans” y luego lo lleva a una sociedad donde su mayor y más humana fuerza ya no es necesaria.

Si bien es plausible tomar frases aisladas de textos de Marx que podrían dar esta impresión, conviene sintetizar un argumento orientado en otro sentido. Cuando en “la ideología alemana” el autor establece la abolición del trabajo en función de la libertad del hombre, solamente está implicando la anulación de la división del trabajo, específicamente, su forma de división burguesa. Y esto no es una interpretación original de quien escribe. Asimismo, puede verse que lo propio de la liberación que propone Marx, se encuentra en el desarrollo del hombre y, en tanto la condición básica que constituye a éste es el trabajo, se propone entonces el desarrollo del trabajo (la expresión positiva de la forma negativa que adopta en la sociedad burguesa). Es en los “manuscritos económico filosóficos” donde se aprecia que el trabajo, en su forma humana (que incluye todas las dimensiones de la vida del hombre, por ejemplo, el arte) es aquello que debe ser liberado. 

La fertilidad, de modo que el famoso desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad…no obedece a otra ley ni está sujeto a otra necesidad que no sea la del mandato “creced y multiplicaos”, que es como si nos hablara la propia voz de la naturaleza.
El desarrollo de las fuerzas productivas no es natural. Se olvida el concepto de praxis y la fundamentalidad de la lucha de clases.

Puesto que estaba interesado casi exclusivamente por este proceso, el proceso de las fuerzas productivas de la sociedad, en cuya vida, como en la de toda especie animal, producción y consumo siempre encuentran un equilibrio, la cuestión de una existencia aparte de las cosas mundanas, cuyo carácter sobrevive y soporta los devoradores procesos de la vida, no se le ocurrió en absoluto.

Las fuerzas productivas incluyen el trabajo humano de manera primordial. El desarrollo de las fuerzas productivas, si bien prevé y tiene en alto nombre la liberación del hombre frente a la naturaleza (independencia a través de un mínimo básico de necesidades satisfechas), implica también el desarrollo del trabajo humano, lo cual supone el desarrollo del hombre en cualquier dimensión de su actuar (ya se citó al arte).

A primera vista parece extraño que una teoría que tan decisivamente concluía con la abolición de toda propiedad haya partido del establecimiento teórico de la propiedad privada.
Puesto que ninguna teoría política anterior al socialismo y comunismo había propuesto establecer una sociedad enteramente sin propiedad

Grueso error. En las secciones finales del primer tomo del capital (las cuales sorprendentemente Arendtt parece haber leído pero desestimado) Marx claramente establece la restitución de la propiedad individual. Por otra parte, ya se demostró el absurdo de una sociedad “sin propiedad”.

De la misma manera que Marx introdujo una fuerza natural, la fuerza de labor del cuerpo, para explicar la productividad de la labor y progresivo crecimiento de la riqueza

Marx tenía en común con Locke su deseo de ver el proceso de crecimiento de la riqueza como un proceso natural que, de manera automática, seguía sus propias leyes y se hallaba al margen de decisiones y propósitos.

La coincidencia de la filosofía de la labor de Marx con las teorías de evolución y desarrollo del siglo XIX…resulta sorprendente y ya fue observada por Engels, quien llamó a Marx “el Darwin de la historia”

La diferencia está en su no naturalidad, su diferencia radical de la naturaleza si se ha de comprender a ésta como “ciclo y repetición” y, lo propiamente humano en el trabajo sería, por el contrario,  su existencia como  devenir (aquello siempre nuevo que es un desarrollo, una construcción). Asimismo, puede volverse a repetir: el desarrollo de las fuerzas productivas no es natural. Se olvida el concepto de praxis y la fundamentalidad de la lucha de clases.

Lo que todas estas teorías en las diversas ciencias-economía, historia, biología y geología- tienen en común es el concepto de proceso, virtualmente desconocido antes de la época moderna.

Es natural que el proceso biológico dentro de nosotros mismos se convirtiera finalmente en el mismo modelo del nuevo concepto; en el marco de las experiencias dadas a la introspección, no conocemos más proceso que el de la vida de nuestros cuerpos…

Pudiera ser éste uno de los argumentos centrales del texto: la comprensión de la categoría “proceso” mediante una implicación automática y evolucionista. No obstante, sin pretender abarcar un complejo problema teórico, puede sin embargo establecerse que la noción específica de proceso histórico marxiana implica necesariamente la asunción de las categorías de praxis y lucha de clases. Esta asunción elimina de plano toda implicación automática y evolucionista.

(Marx) Fue también justo, es decir, consecuente con su concepción del hombre como “animal laborans”, cuando vaticinó que los “hombres socializados” dedicarían su liberación del laborar a esas actividades estrictamente privadas y esencialmente no mundanas que llamamos “hobbies”

Una sociedad de masas de trabajadores, tal como Marx la tenía en mente cuando hablaba de “humanidad socializada”, está compuesta de especimenes no mundanos de la especie de la humanidad.

Un hobbie es aquel concepto que define aquellas actividades no esenciales al proceso de producción que desarrolla el hombre burgués fuera de su función social de producción básica. Por tanto, es un concepto inscrito dentro de un marco social dado; no es posible sacarlo de él. Así, las actividades practicadas como desarrollo integral del hombre después de la anulación teórica y práctica del mundo burgués, no pueden nunca ser conceptualizadas de esta manera. Asimismo, si aceptamos el argumento de la autora en torno a la obra de arte, la cual, según ella constituye el elemento mundano más permanente (inmortal) de la actividad del hombre, podría afirmarse que la actividad humana “post burguesa” supone más bien esta cualidad que su constitución como “hobbie”. 
Por otra parte, nada menos veraz es afirmar que Marx deseaba utópicamente la configuración de una sociedad que presentara masas de trabajadores. El concepto de “masa”, por una parte, es inaplicable en el sentido bajo el cual lo aprehende Arendtt a la situación social que vivía el autor. Esto porque, las masas como tales, esto es, conceptualizadas ya en el siglo veinte, no existían “teóricamente” (tampoco prácticamente) en el campo social en el cual estaba inserto Marx. Además, el concepto “masa” es altamente inadecuado para ilustrar el libre desarrollo de las necesidades y capacidades de todo ser social, objetivo utópico marxiano.

La emancipación de la labor y la concomitante emancipación de las clases laborantes de la opresión y explotación, sin duda alguna significó un progreso hacia la no-violencia. Mucho menos cierto es que también significó un progreso hacia la libertad.

Nuestra filósofa implica que las clases laborantes (fuerza de trabajo) se han emancipado de la opresión y la explotación en la sociedad de masas moderna. Aún hoy la explotación y la opresión constituyen la matriz fundamental de las relaciones sociales en esta sociedad. Que la actividad vital encuentre algunas comodidades inexistentes en otro tiempo (las cuales, por cierto, no se hallan alcance de cualquier obrero, sino solo a aquellos que laboran en el mundo desarrollado que aún posee resabios del próximo a fenecer “estado de bienestar”), no implica para nada la inexistencia de opresión y explotación (así lo mencionan adorno y horkheimer, foucault, etc)

Marx…vio en el cambio de valor de uso por valor de cambio el pecado original del capitalismo

Este punto es ambiguo en Marx. Porque, si bien estableció aquello implicado en la frase que aquí se cita, no enfatizó con claridad la necesidad de volver al valor de uso en la hipotética sociedad comunista.

En la igual distribución socialista de todos los artículos entre todos los que laboren, cada cosa tangible se disuelve en simple función en el proceso de regeneración de la vida y de la fuerza de labor.

La categoría de función no es central en Marx. No concibe a un sistema social funcional. Lo que Arendtt hace en este caso es trasponer las barreras de la historia y las determinaciones sociales para imputar un concepto que si tenía validez e “inteligibilidad social” en su propio tiempo, no en el Marx.

La pretensión de Marx de que las leyes económicas son como leyes naturales, que no están hechas por los hombres para regular los actos libres del intercambio, sino que son funciones de las condiciones productivas de la sociedad como un todo.

Nuevamente, se omite el concepto de praxis y el de lucha de clases. Se olvida que para Marx los hombres eran a la vez “autores y actores de su propio drama”.

La humanidad socializada es ese estado de la sociedad en el que solo rige un interés, y el sujeto de dicho interés es la humanidad o las clases, pero nunca el hombre o los hombres. La cuestión es que desapareció incluso el último vestigio de la acción en lo que los hombres hacían, el motivo implicado en el propio interés…Ya no era necesaria ninguna de las más elevadas capacidades del hombre para conectar la vida individual a la de la especie…lo único necesario fue trabajar.

La humanidad socializada, utopía marxista, es ajena a un todo social de pensamiento único. El libre desarrollo de las necesidades y capacidades del hombre niega este carácter a la sociedad que constituirían los hombres comunistas.

Historia

Los juicios históricos de las comunidades políticas, por las que cada una determinaba que actividades de la “vita activa” debían mostrarse en público y cuáles tenían que ocultarse en privado, pueden tener correspondencia en la misma naturaleza de estas actividades.

Aserción central del texto. Se implica que la naturaleza de las actividades que se relevaran como constituyentes de la “condición humana”-labor, trabajo y acción-se corresponde con el juicio histórico de una sociedad determinada sobre ellas. Entonces, se absolutiza y se hace trascendente histórica y socialmente, una valoración histórica de un proceso o actividad dados. Esto es contrario a todo pensamiento sociológico, ya que todo juicio de valor en torno a un fenómeno es solo válido en el contexto sociocultural en el cual se presenta. Si las demarcaciones socioculturales son complejas y muy difíciles de realizar, puede sin embargo afirmarse con certeza que la sociedad griega (sus condiciones socioculturales) es por completo diferente a la realidad social actual. Por lo tanto, la aplicación de juicios históricos en torno a determinadas actividades no puede, simplemente, absolutizarse y hacerse trascendente como hace Arendtt. De hecho, este es gran parte del vicio de todo el libro, ya que en él se describe una realidad actual en la cual se han perdido ciertas cualidades (la acción y el trabajo), a las cuales se las considera como potencialidades inherentes a la condición humana y se mira con nostalgia esta misma sustracción. A pesar de las advertencias iniciales del texto sobre el no tratamiento de la “naturaleza humana”, la absolutización de ciertos elementos de la condición humana termina produciendo un efecto similar a aquél no querido.

La mano invisible, la naturaleza, el espíritu del mundo, el interés de clase y demás, con los que los filósofos cristianos y modernos intentaron resolver el intrincado problema de que si bien la historia debe su existencia a los hombres, no es hecha por ellos

La diferencia entre una historia real y otra ficticia estriba precisamente en que ésta fue hecha, al contrario de la primera, que no la hizo nadie. La historia real en la que estamos metidos carece de autor visible o invisible porque no está hecha.

Estos juicios muestran un estructuralismo sin “estructura estructurante”, un mundo de actores donde la trama de la historia que interpretan no ha salido de ninguna parte. Sin embargo, sostenemos por nuestra parte junto a Marx  una opinión diferenciada: el hombre es a la vez autor y actor de su propio drama. Esto es, la historia la hacen los hombres, pero bajo condiciones dadas independientes de su voluntad. En función de esto, puede establecerse que la historia moderna se ha configurado a través de la relación social que constituyen el capital y el trabajo (sus sujetos subyacentes).

La naturaleza política de la historia, su carácter de ser una narración de hechos y acción, en vez de tendencias o ideas…

Aquí no nos interesan las causas históricas que determinaron el nacimiento de la ciudad estado; los griegos dejaban muy en claro lo que pensaban de ella y su “raison d’etre”

Interesa este aserto porque demuestra la negación de los objetivos propuestos inicialmente por la autora, es decir, el relatar lo que los hombres “hacen” y no lo que “piensan”. Todo el argumento se desliza en torno a lo que los griegos “pensaban” sobre lo que “hacían”

Lo que en el comienzo de la época moderna diferencia este desarrollo de los casos similares dados en el pasado es que la expropiación y la apropiación de riqueza no derivó en nueva propiedad ni llevó a una distinta redistribución de riqueza, sino que volvieron a proveer el proceso para generar nuevas apropiaciones…

No queda más que repetir que el origen del capitalismo implicaba una nueva forma de propiedad y una nueva distribución de la riqueza.

Otros

Pensar y trabajar son dos actividades diferentes que nunca coinciden por completo; el pensador que quiere que el mundo conozca el contenido de sus pensamientos, lo primero de todo ha de hacer una pausa y recordar sus pensamientos.

Una actividad que, si bien relacionada con el mundo exterior de muchas maneras, no se manifiesta necesariamente en él y no requiere ser vista, oída, ni usada, ni consumida para ser real: la actividad del pensamiento.

Acción, discurso y pensamiento….no producen, no engendran nada, son tan fútiles como la propia vida. Han de pagar ese precio porque su naturaleza es por completo no mundana y, por consiguiente, necesita la ayuda de una actividad cuya naturaleza sea diferente; para su realidad y materialización dependen de la misma mano de obra que construye las demás cosas

Estos tres párrafos al menos llevan a la reflexión. La división entre el pensamiento y el hacer es una que no termina de convencer. Esto porque desde la propia experiencia puede tomarse el hecho de que el pensamiento no solo necesita la materia para expresarse y manifestarse, sino que la necesita para desarrollarse como tal. A modo de ejemplo, en este momento realizo un “hacer”(escribo) al tiempo que este “hacer” no solo cristaliza ideas precedentes, sino que desarrolla, da forma y contenido, al mismo pensamiento.

El rasgo conmovedor del movimiento laboral en sus primeras etapas…surge de la lucha contra la sociedad como un todo…era el único grupo en la escena política que no solo defendía sus intereses económicos, sino que libraba una batalla política completa

Se ha citado esto porque la autora  elabora estas páginas sin referencias bibliográficas, lo que da la impresión de la existencia de un desarrollo teórico propio frente a los fenómenos históricos ilustrados. Sin embargo, este desarrollo no es más que una tautología de un argumento marxiano (y en estos pasajes no se cita a este autor). Marx estableció que el interés del proletariado era universal en términos sociales, que éste impugnaba a la sociedad en su conjunto, condición que estaba dada por las implicancias sistémicas marginales de su existir en la sociedad moderna.

(Perdón y promesa son los remedios de la futilidad de la acción y el discurso)

Referimos estos elementos para destacar el hecho de que los remedios pergeñados por Hanna Arendtt tienen ciertas raíces subyacentes bastante evidentes. El perdón es una categoría de acción eminentemente cristiana inexistente en el mundo antiguo (según la propia autora). La promesa, o mejor dicho contrato, constituye el eje articulador de la sociedad mercantil de los primeros tiempos del capitalismo (y continúa teniendo importancia en nuestra actualidad burguesa). Así, aquello que permite solventar la experiencia política proviene de la religión occidental y el modo burgués más propio de vida.

La fuerza que las mantiene unidas (a las personas), a diferencia del espacio de aparición en que se agrupan y el poder que mantiene en existencia este espacio público, es la fuerza del contrato o la mutua promesa.
La soberanía, que es siempre espuria si la reclama una entidad aislada, sea la individual de una persona o la colectiva de una nación, asume una cierta realidad limitada en el caso de muchos hombres recíprocamente vinculados por promesas. (Esto) muestra su superioridad sobre los que son completamente libres, sin sujeción a ninguna promesa y carentes de un propósito. Esta superioridad deriva de la capacidad para disponer del futuro como si fuera el presente, es decir la enorme y en verdad milagrosa ampliación de la propia dimensión donde en la que el poder puede ser efectivo

La intención aquí es relevar que la misma autora señala como constitutivo del actuar el crear espacios futuros de acción, pero sin embargo no destaca este fenómeno como lo propiamente “político”, sino que se queda en aquella definición que implica expresión de la propia individualidad inscrita en una pluralidad.

Proceso

(El concepto del ser se reemplaza por el concepto de proceso, en tanto “desarrollo natural”). Todas las cosas particulares derivaron su significado de sus funciones en el proceso total.

Fue decisivo que el hombre comenzara a considerarse parte integrante de los dos procesos, superhumanos y que lo abarcan todo, de la naturaleza y de la historia, los cuales parecían destinados a un infinito progreso sin alcanzar ningún inherente telos ni aproximarse a ninguna idea predeterminada.

El automatismo implicado en el concepto de proceso puede ser discutido. Ya nos referimos al proceso histórico como algo que hacen los hombres bajo ciertas condiciones dadas independientes de su voluntad.

Trabajo

El verdadero trabajo de fabricación se realiza bajo la guía de un modelo, de acuerdo con el cual se construye el objeto…lo que guía al trabajo de fabricación está al margen del fabricante y precede al verdadero proceso de trabajo.

En este punto puede situarse la misma crítica realizada en torno a la división que la autora elabora respecto del pensamiento y el hacer. Siempre denotan cierto “idealismo”  estas afirmaciones.

El utilitarismo antropocéntrico del homo faber ha encontrado su mayor expresión en la fórmula kantiana de que ningún hombre debe convertirse en medio de un fin, que todo ser humano es un fin en “sí mismo”

La crítica puede configurarse a partir de las formulaciones de Adorno y Horkheimer, quienes estipulan que la formalización que supone la “razón kantiana”, llevaba en sí misma las implicancias de una completa instrumentalización de la sociedad y, por lo tanto, del dominio de ésta por sobre el hombre (el pretendido  fin último)

La cuestión es que el homo faber, constructor del mundo y productor de cosas, solo encuentra su propia relación con otras personas mediante el intercambio de productos, ya que estos productos siempre se han producido en aislamiento.
Apenas puede haber algo más extraño o incluso destructivo para el artesanado que el trabajo en equipo, que realmente no es más que una variedad de la división de la labor.
Tiende a obnubilarse la realidad social de cualquier comunidad humana: el trabajo artesanal difícilmente pudo haberse dado de manera exclusivamente individual, la historia no ha mostrado trabajo que no sea “social”.

Arte

La reificación que se da al escribir algo, pintar una imagen, modelar una figura o componer una melodía se relaciona evidentemente con el pensamiento que precedió a la acción, pero lo que de verdad hace del pensamiento una realidad y fabrica cosas de pensamiento es la misma hechura…

Debido a su sobresaliente permanencia, las obras de arte son las más intensamente mundanas de las cosas tangibles (dado su producción para no uso)

Y ni siquiera puede reclamar el pensamiento estos productos inútiles, ya que al igual que los grandes sistemas filosóficos, apenas cabe calificarlos de resultados de puro pensar, estrictamente hablando, puesto que precisamente es el proceso de pensamiento lo que el artista o el filósofo escritor ha de interrumpir y transformar para materializar la reificación de la obra.

El elemento imitativo no solo se basa en el arte del actor, sino también…en el hacer o escribir de la obra.

En términos bastante sumarios, puede retomarse el argumento presentado en “la dialéctica de la ilustración” para explicitar una crítica al argumento subyacente en estos párrafos. La obra de arte se constituiría en función de la radical negación frustrada del “estilo”, esto es,  de la forma de materialización del arte predominante en una sociedad dada. En este sentido, el arte no estaría en la “hechura” como postula Arendtt, sino que se constituiría como motivación ajena a la “forma”; sería más bien contenido y no receptáculo formal. En este sentido, el carácter imitativo o mimético sería no propio de él.

Actuar

(actuar) Puede estimularse con la presencia de otros cuya compañía deseemos, pero nunca está condicionada por ellos; su impulso surge del “comienzo”, que se adentró en el mundo cuando nacimos y al que respondemos comenzando algo nuevo por nuestra propia iniciativa.
Actuar significa tomar una iniciativa….poner en movimiento.

El hecho de que el hombre sea capaz de acción significa que cabe esperarse de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es infinitamente improbable. Y una vez más esto es posible solo debido a que cada hombre es único., de tal manera que con cada nacimiento algo singularmente nuevo entra en el mundo. Con respecto a este alguien que es único, cabe decir verdaderamente que nadie estuvo allí antes que él.

Sin la revelación del agente en el acto, la acción pierde su específico carácter

La acción sin un nombre (individual), un quien unido a ella, carece de significado.

El hombre no es único si lo que lo constituye solo son relaciones sociales. Porque una relación social implica dos o más actores que siempre, en todo momento, comparten algo no propio individual, sino común. La acción humana no puede ser individual ni real ni normativamente, porque todo actuar es social, se constituye a partir de relaciones sociales, las cuales también son su medio y su fin. Por otra parte, si bien la absoluta predictibilidad de la acción no es deseable, la consideración normativa en torno a la improbabilidad o lo inesperado de una acción, supone un juicio que linda con el absurdo, cuestión que, a nuestro juicio, es un elemento a evitaren toda acción social.
Y, finalmente, la acción como revelación de una entidad humana individual, constituye una negación de lo propio del hombre, que es existir como “ser social”.
 
Si no hubiera nada más en juego que el uso de la acción como medio para alcanzar un fin, está claro que el mismo fin podría alcanzarse mucho más fácilmente en muda violencia, de manera que la acción no parece un sustituto muy eficaz de la violencia.

Esta es meramente una afirmación sin sustento. ¿Por qué el medio más rápido para alcanzar un fin determinado tiene que ser la violencia? Por ejemplo, si el fin que se propone es organizar una sociedad de manera igualitaria, la mera aplicación de la violencia (imposición e intención de dominación) es una premisa que niega de plano el fin querido.

La ilusión de que podemos hacer algo en la esfera de los asuntos humanos-hacer instituciones o leyes, por ejemplo, de la misma forma que hacemos mesas y sillas, o hacer hombres mejores o peores.

La acción…siempre establece relaciones y por tanto tiene una inherente tendencia a forzar todas las limitaciones y cortar todas las fronteras…las vallas que aíslan la propiedad privada…la fronteras territoriales…son de tan gran importancia para los asuntos humanos precisamente porque ninguno de tales principios limitadores y protectores surge de las actividades que se dan en la propia esfera de los asuntos humanos.

(Para los griegos) Las leyes, como la muralla que rodeaba a la ciudad, no eran resultados de la acción, sino productos del hacer. Antes de que los hombres comenzaran a actuar, tuvo que asegurarse un espacio definido y construirse una estructura donde se realizaran todas las acciones subsecuentes.

(Polis) Ofrecía un remedio para la futilidad de la acción y el discurso; porque las oportunidades de que un echo merecedor de fama no se olvidara, de que verdaderamente se convirtiera en inmortal no eran muy grandes.

(Polis) No es la ciudad estado en su situación física; es la organización de la gente tal como surge de actuar y hablar juntos, y su verdadero espacio se extiende entre las personas que viven juntas para este propósito, sin importar donde estén.

Estas frases indican un elemento central. Para que la actividad propia del hombre político se de, asegura Hanna Arendtt, deben antes configurarse estructuras físicas así como materializaciones normativas. Esto permite a la acción permanecer, a la vez que le proporciona un marco necesario para la inherente vulneración de limitaciones que la misma supone. Sin embargo, la autora es constante en su afirmación de que el espacio político es aquél mundo plural humano inmaterial en cual cada individuo se presenta y distingue. Por el contrario, quien escribe estipula que el campo propio de la política es la creación de la condiciones de la acción en un marco dado, es la acción que lleva a la acción, no el acto en lo dado imperecedero. La política es, efectivamente, la construcción relacional de estructuras espaciales (la polis), como normativas (la constitución de leyes o reglamentos, esto es, disposiciones para el ordenamiento de la sociedad). En este sentido, aún la política en lo dado debe ser un constante repreguntarse por aquello que fue válido para el relacionamiento social en unas condiciones dadas, y que puede ya no serlo en otras condiciones distintas a las precedentes. Así, la política es siempre un “siendo”, llevando a cabo; el gerundio es inherente a ella. Es organización que lleva a la organización.

El íntimo significado del acto actuado y la palabra pronunciada, es independiente de la victoria y de la derrota, y debe permanecer intocado por cualquier resultado final, por sus consecuencias para lo mejor o lo peor.

La acción solo puede juzgarse por el criterio de grandeza debido a que en su naturaleza radica el abrirse paso entre lo comúnmente aceptado y alcanzar lo extraordinario. Los motivos y objetivos, por puros y grandiosos que sean, nunca son únicos; al igual que las cualidades psicológicas, son típicos, característicos de diferentes clases de personas. La grandeza, por lo tanto, o el significado específico de cada acto, solo puede basarse en la propia realización, y no en su motivación ni en su logro.

(Fin en sí mismo) porque en estos ejemplos de acción y discurso no se persigue el fin, sino que yace en la propia actividad, que por tanto se convierte en “entelequia”

Desde la postura que aquí afectamos-y junto Max Weber-criticamos la noción que implica en la política la grandeza que no mide las consecuencias de sus actos, así como cualquier noción de “expresión” subyacente. A la política debe reivindicársele su carácter de medio-fin, en tanto es el medio para permitir una organización social que habilite el libre desarrollo de las capacidades y necesidades de todo “ser social”. Asimismo, el medio deviene fin en tanto descubrimos que el libre desarrollo de las capacidades y necesidades es siempre un “siendo” un “construyendo” a partir de la de la constatación de los posibles cambios en la condiciones de la acción.

Es un elemento indispensable del orgullo humano la creencia de que quien es alguien trasciende en grandeza e importancia a todo lo que el hombre puede hacer y producir…Solo el vulgo aceptará que su orgullo deriva de lo que ha hecho.

Y, de hecho, el hombre es lo que hace, porque el gerundio inherente a él implica la negación de una cristalización de la identidad individual. El constructo que es el “ser social” es siempre un construyéndose. Por tanto, aquello que se “hace” constituye la centralidad del hombre.

La incapacidad del animal laborans para la distinción y, de ahí, para la acción y el discurso parece confirmarse por la sorprendente inexistencia de rebeliones de esclavos en los tiempos antiguos y modernos

¿Quién cuenta la historia? ¿Donde queda Espartaco?

Si bien los hombres han podido destruir cualquier producto salido de sus manos humanas…nunca han sido capaces de deshacer o controlar con seguridad cualquiera de los procesos que comenzaron a través de la acción.
Y esta incapacidad para deshacer lo que se hecho va ligada a una casi completa incapacidad para predecir las consecuencias de cualquier acto o tener un conocimiento digno de confianza de sus motivos
(Por esto) Los hombres…tienen plena conciencia de que quien actúa nunca sabe del todo lo que hace.

Si bien es cierto que la predictibilidad total y cabal de la acción es imposible, esto no implica una renuncia, sino que debe configurarse como normatividad a seguir. Por otra parte, establecer que los procesos de la acción son irreversibles presenta complicaciones evidentes. Primero, podría ser una base para afirmar que “todo se relaciona con todo”, lo cual no es sino una ofuscación de toda acción humana, siendo que ésta se encuentra fundamentalmente signada por la definición y delimitación (base de todo conocimiento). Segundo, lleva en sí la implicación de que toda forma social es expresión de algún proceso precedente en forma fundamental, lo cual podría suponer la aplicación de un juicio propio de un marco social dado a otro radicalmente distinto. 

Poder

Solo es realidad donde la palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacía y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades

Toda creación es una destrucción, una negación temporal de potencialidades. El acto positivo “en sí “no existe. Por tanto, el campo político puede muy bien ser uno de creación-destrucción

Si el poder fuera más que esta potencialidad de estar juntos, si pudiera poseerse como la fuerza o aplicarse como ésta en vez de depender del acuerdo temporal y no digno de confianza de muchas voluntades e intenciones

¿La política supone el acuerdo? Aún siendo que Weber encuentra implícito el acuerdo en toda relación social (así en el amor como en la guerra), el presentar de manera preferencial la capacidad de acuerdo-como hace Arendtt- conlleva el peligro de ver en ella no más que una transacción, esto es, una categoría derivada del intercambio mercantil.
De ahí resulta la no infrecuente combinación política de fuerza y carencia de poder…se conoce como tiranía, y el consagrado temor a esta forma de gobierno no se inspira de modo exclusivo en su crueldad, que-como atestigua la larga serie de benévolos tiranos y déspotas ilustrados-no es uno de sus rasgos inevitables, sino en la impotencia y futilidad a que condena a gobernantes y gobernados

La tiranía…necesariamente no se caracteriza por la debilidad y la esterilidad; por el contrario, las artes y los oficios pueden florecer bajo estas condiciones si el gobernante es lo bastante benévolo para dejar a sus súbditos solos en su aislamiento.

¿En que sentido una tiranía puede ser fútil si ha llegado ha conocerse aún en nuestros tiempos? ¿No es un rasgo de perdurabilidad-criterio primordial en nuestra autora-el hecho de permanecer en el conocimiento o recuerdo del hombre? Por otra parte, si aceptamos que los oficios y las artes solo pueden florecer en tanto las relaciones sociales que se reconocen como tales y se desarrollan de acuerdo con esto, debemos también aceptar que una tiranía benévola no deja a los hombres en su aislamiento, sino que los relaciona efectiva y positivamente. 

El poder corrompe cuando los débiles se congregan con el fin de destruir a los fuertes, pero no antes. La voluntad de poder…se halla, como la envidia y la codicia, entre los vicios de los débiles, y posiblemente es el más peligroso.

En consonancia con la postura que afecta la autora, aquí se considera nociva la negación de la “fuerza impuesta” por los débiles, porque se considera que la construcción de poder es siempre una cuestión de independencia y autonomía de los actores sociales de un grupo dado. Quien escribe piensa, por el contrario, que lo propio del desarrollo del poder es la relación social desde un grupo dado a otro, así como la pretensión de relación social con la totalidad social.

Libertad

Si fuera verdad que soberanía y libertad son lo mismo, ningún hombre sería libre, ya que la soberanía, el ideal de intransigente autosuficiencia y superioridad, es contradictoria a la propia condición de pluralidad. Ningún puede ser soberano por que ningún hombre es solo, sino “los hombres”

Tanto libertad como soberanía solo pueden ser sociales; Arendtt, al entender la libertad en términos individuales cae en la contradicción citada arriba.




Pregunta

¿El concepto de desarrollo lleva implicado en sí un telos definido? ¿Lo mismo sucede con el de proceso?