lunes, 29 de abril de 2013

Críticas a Dahrendorf



En lo que sigue se presentarán 17 puntos que indican los errores y el carácter anticientífico de la teoría de Ralf Dahrendorf  referida a las clases sociales y la transformación estructural
1) Eclecticismo: “contra semejante proceder elevará su reproche el eclecticismo. El concepto se utiliza aquí con cierta razón, pero no habrá lugar a reproche alguno. En la filosofía puede considerarse el eclecticismo como pecado, pero la ciencia es, por esencia, siempre ecléctica. Es más, el científico que como tal no es ecléctico, no es científico o, a lo sumo, es un mal científico. La aceptación sin limitación alguna de una teoría , el dogmatismo, constituye el pecado capital de la ciencia”
1’) El saber científico, contrariamente a lo que postula Dahrendorf, no funciona mediante mecanismos eclécticos, sino más bien por medio de paradigmas. Estos son marcos analíticos amplios, que pueden contener una o más teorías, y que se caracterizan por delimitar problemáticas fundamentales en torno a las cuales la comunidad científica trabaja. Como estas problemáticas no se encuentran resueltas –algo bastante obvio ya que toda problemática resuelta deja de ser “problemática”- el desarrollo científico consiste en su depuración y solución. Por lo tanto, cuando el autor nos presenta como las dos únicas alternativas posibles el dogmatismo y el eclecticismo, en realidad exhibe una dicotomía espuria no propia de la naturaleza del funcionamiento científico. Esto porque la misma noción de un “paradigma ecléctico” es una “contradictio in adjecto”, así como todo “dogma”, en tanto supone la aceptación acrítica de sus postulados, niega la crítica  racional, elemento fundamental del desarrollo científico. El hecho mismo de que la ciencia no funciona mediante el eclecticismo, lo demuestra el fecundo desarrollo del paradigma marxista en el curso del último siglo y medio

2) Funcionalismo: “se trata especialmente de categorías conexas (“funcional” y estructural-funcional”), ligadas en parte por una aceptación generalizada…La estructura de una sociedad se manifiesta, en su aspecto más formal, como un sistema funcional…”
2’) En este punto deseamos aclarar que la adopción explícita de un marco analítico funcionalista para la investigación de la transformación de la estructuras fundamentales de las sociedades, supone ciertos problemas de evidencia palmaria. Sumariamente, diremos que la noción de conflicto y transformación estructural son categorías ajenas a este marco analítico, cuyo mismo desarrollo sistemático viene a negar las premisas propias del análisis funcional. Por lo tanto, la utilización de las mismas en tanto ejes fundamentales del análisis, sólo puede implicar la importación extrínseca de categorías, terminando el intento de investigación científica en una madeja farragosa y deslavazada.   

3)      Transformación permanente: las estructuras sociales…estas sometidas a una transformación permanente (distinguida del proceso dinámico de desarrollo)… “sólo cuando en este sentido interpretemos el cambio estructural como un elemento constitutivo omnipresente de la estructura social…evitaremos simultáneamente la tarea, apenas realizable de determinar cuando y donde empiezan y acaban los procesos de evolución social” “…el cambio es un aspecto constante de las estructuras sociales y su iniciación y terminación no son, por principio, determinables”
3’)  Las implicaciones de las frases arriba citadas, se encuentran conflictuadas con el carácter mismo del conocimiento, más todavía con las premisas cognoscitivas de lo científico. Esto porque lo fundamental al momento de aprehender la realidad (al menos al hacerlo de una manera científica) es el acto de la ordenación y delimitación, primer paso irrenunciable de todo conocimiento. El tiempo del análisis, de la división y subsecuente definición de los componentes es inescapable. Sin embargo, Dahrendorf parece olvidar esto, toda vez que afirma que el cambio puede ser “constante”, una “transformación permanente” a la cual no tiene sentido inquirir sobre sus delimitaciones temporales. Diremos que la noción de un “cambio constante” es sólo válida en términos poéticos o descriptivos, mas nunca como enunciado teórico sistemático. Esto porque todo cambio es sólo tal con respecto a un punto de comparación que permanece incambiado. Si anulamos este punto no podemos afirmar que algo ha cambiado. Asimismo, la necesidad de delimitación (Perry Anderson dirá la necesidad de “periodización de las discontinuidades”), que Dahrendorf desestima, es sólo una muestra del carácter anticientífico de sus teorizaciones. Por último, no está demás consignar que el tratamiento algo laxo y poco sistemático de la distinción entre dinámica y diacronía (ver Balibar) no ayuda a la intelección precisa de las premisas que intenta postular el autor. 

4)      “Es preciso admitir como extraordinariamente improbable que la complicación de la división del trabajo o los procesos tecnológicos, ofrezcan la posibilidad de derivarlos de los conflictos sociales entre los grupos”
4’)  La cita precedente realmente niega aquello que la realidad social nos ha mostrado en el curso del desarrollo histórico de las formaciones sociales en las cuales el modo de producción capitalista ha sido predominante. Precisamente es la competencia intercapitalista (el “conflicto entre unos grupos”) la cual impone la necesidad objetiva de la transformación del proceso de trabajo a los agentes de esta clase. El capitalista que no adopta el método productivo que abarata los costos de producción, simplemente deja de ser tal y es eliminado por la competencia. Asimismo, Shaik argumenta que esta necesidad de transformación emana no sólo –o no primariamente- de la competencia (esfera de la circulación), sino que se origina por la naturaleza misma del dominio capitalista del proceso de trabajo (es inmanente al proceso de producción capitalista, en tanto supone el control y la dirección del trabajo).

5) “Creía el (Marx) que los conflictos dominantes en toda sociedad eran conflictos de clase e incluso que todos los conflictos sociales y hasta todos los cambios de estructura podían atribuirse a conflictos de clase

5’) Esta una interpretación que deforma el pensamiento del autor citado. Que todos los conflictos insertos en una formación social se encuentren determinados en última instancia por la naturaleza clasista del modo producción dominante, no quiere decir que todos los conflictos sociales sean conflictos de clase. Sólo implica que todo conflicto social tiene una pertinencia de clase, esto es, se encuentra permeado por la dinámica propia de un modo de producción dominante, y que por lo tanto puede ser “rastreado” hacia los fundamentos estructurales en los cuales se encuentra inserto.

6) “Que Marx interpretaba el concepto de revolución en todo su extremismo, como la súbita transformación de una estructura social…esta concepción de que los cambios sociales estructurales se realizan por saltos y mediante explosiones visibles…” “…el error de que los cambios sociales en las estructuras (notar que no es cambio “de” las estructuras) tienen en principio, carácter revolucionario…implica la tesis de que una estructura dada solo puede modificarse por un acto radical y violento…”  “…la estructura, el sistema, es en sí mismo constante; cuando cambia se destruye totalmente, se transforma de un solo golpe…”

6’) Nuevamente esta interpretación (porque el texto general en el que aquí nos basamos sorprende por las pocas citas textuales que ofrece, en este sentido, nunca es  textualmente fáctico, sino que “intepretativo”) deforma de manera sustancial el pensamiento de Marx y de la tradición marxista en general. Por un lado, el hecho de que las transformaciones en la estructura se incuben largamente antes de aflorar (el conflicto ascendente entre relaciones de producción y fuerzas productivas), demuestra el carácter falaz de la afirmación de que las transformaciones estructurales ocurren de “un solo golpe”. Así también, el amplio debate en torno a las transiciones (que abarcan siglos) tanto desde el feudalismo al capitalismo, como desde el capitalismo al socialismo, viene a negar este “inmediatismo” que le impone Dahrendorf a la teoría marxista. Con respecto a esto mismo, las afirmaciones de Marx en el “Manifiesto Comunista” que aluden de manera precisa a una “época de revolución social”, niegan el carácter “súbito” de las transformaciones estructurales. Finalmente, el mismo Marx de alguna manera sistematiza la necesidad de etapas transicionales: dictadura del proletariado, socialismo, etc….
 
7) “Si los cambios estructuras sociales tuvieran siempre carácter revolucionario no podrían producirse cambios sin revoluciones…y de la inconsistencia de la afirmación de que todos los cambios tienen carácter revolucionario…sobre el carácter revolucionario de todo cambio social (según Marx)”

7’) Marx nunca ha afirmado, en ningún momento, que todos los cambios sociales tienen un carácter revolucionario. El hecho más evidente que demuestra esto es el reconocimiento por él mismo de etapas de “reflujo social”, derivadas de cambios sociales reaccionarios (como las que experimentó Europa luego de las revoluciones de 1848).

8) Pauperismo absoluto “…Marx cuando dice que el proletariado, por su miseria absoluta, imposible de mitigar y de encubrir…se ve obligado a rebelarse contra esta inhumanidad”

8’) Si bien algunos escritos de juventud, e incluso algunas anotaciones en los libros del capital, dan pie para afirmar que Marx planteaba la revolución en función del “pauperismo absoluto” de los agentes del cambio social, en este punto deben apuntarse ciertas precisiones. Por un lado, existe una línea de continuidad, en todos los escritos de Marx (tanto los de “juventud”, como los de “madurez”) que reconoce la posibilidad lógica e histórica de un alza de los salarios reales. En este sentido, la misma categoría fundamental de “plusvalía relativa” habilita, y casi diríamos “requiere”, el reconocimiento del alza de los salarios reales al mismo tiempo que un incremento de la desigualdad (descenso del salario relativo). Por esto, afirmamos que la noción de pauperismo relativo (desigualdad) posee un asidero teórico sistemático más fuerte en la teoría marxista que la noción hegeliano filosófica de “pauperismo absoluto” (Rosdolsky, Lebowitz y otros desarrollan esta idea y la fundamentan de manera más acabada)       

9)      Transformación estructural parcial “De aquí que cuando hablemos de cambios de estructura no pensemos en revoluciones…no debemos representarnos éste como una formación monolítica que solamente puede transformarse…como “conjunto”. La transformación estructural debe interpretarse como, más bien, como referida a aspectos constantes de la sociedad. Así, puede iniciarse en ciertos ámbitos de la estructura…más también puede quedarse circunscrito a un solo plano” 
9’) Cuando Dahrendorf establece que la transformación estructural puede limitarse a ciertos ámbitos de la estructura, niega el carácter propio de la noción de totalidad marxista. La interrelación entre las diferentes instancias, su interdependencia (el hecho de que “cada consecuencia sea la vez un supuesto y cada supuesto una consecuencia”), niega la posibilidad de transformaciones estructurales (de transformaciones en los fundamentos de la estructura) “parciales”. Cada nivel no posee la independencia necesaria para poder realizar la afirmación fuerte de la existencia de transformaciones parciales en la estructura. Al parecer la noción de totalidad que soporta la teoría de Dahrendorf, implica interrelación extrínseca y mecánica entre las partes y/o niveles componentes de la estructura.    

10)  Para Marx….De ello se deduce, por ejemplo que el efecto de las clases organizadas sobre la estructura en la que existen sólo se produce en el momento de la revolución, limitándose a ese momento
10’) El parágrafo arriba consignado, nuevamente contiene una interpretación deformada (si no completamente errónea) de la teoría elaborada por Marx y la tradición subsecuente. En este sentido, compartimos la afirmación de Althusser (el cual se basa en Spinoza), el cual releva el carácter propio de la estructura de la totalidad marxista: una estructura inmanente que sólo consiste en su “efectos”. Esto quiere decir que es la misma acción cotidiana y constante de las clases sociales en tanto que clases, la que reproduce la estructura del modo de producción capitalista. De esta manera, en tanto la misma estructura consiste solamente en la acción propia de las clases, es un sinsentido afirmar que los efectos de las clases en la estructura solo se presentan en el momento “preciso” de la revolución.

11)  Si la necesidad de la agudización lineal el conflicto de clases constituye un postulado no sociológico que es preciso abandonar…”
11’) La noción lineal de la historia, y del conflicto de clases como “motor” de la misma, es una imposición sobreañadida al pensamiento de Marx y la tradición marxista. Partiendo por el hecho de que Marx nunca afirmó tal cosa (el término “linealidad” no se encuentra presente en sus escritos, así como tampoco constituye una categoría fundamental desarrollada de manera sistemática), podemos afirmar que lo propio de la concepción marxista de la historia es la discontinuidad de la misma (las etapas, fases, transiciones), repleta de avances, retrocesos y reflujos.

12)   Conflicto como guerra civil. “Mas el material de que disponemos nos permite llegar a la conclusión negativa de que el conflicto de clases no adquiere siempre formas de guerra civil…si partimos del supuesto, ingenuo, de la existencia permanente de una guerra civil entre ellas…resulta falsa la tesis empírica de que aquellos conflictos adoptan siempre la forma violenta de guerra civil, de lucha de clases”
12’) La igualación de “lucha de clases” con “guerra civil”, es a todas luces una forzada y no sustentada en nada fundamental de la teoría marxista. Si bien en algún pasaje de alguna obra Marx hizo una alusión que pudiera interpretarse en estos términos, existe una amplia corriente marxista que afirma que la misma dinámica reproductiva del modo producción capitalista (como desarrollada en el capital, por ejemplo), supone la lucha de clases como su “elemento activo” fundamental. El proceso productivo, que supone la afirmación autoritaria del capitalista (o del agente que lo representa), así como la continua posibilidad de la organización y la huelga obrera (que implicaría la baja en la tasa de ganancia), sólo se comprende como la manifestación de la lucha de clases. Y sin embargo, para Dahrendorf la dinámica propia de una estructura no puede ser función de la lucha de clases, porque la misma es coyuntural y solo existe acotada en el tiempo (la idea de niveles de lucha de clases se omite en el pensamiento de este autor).

13)  Clases definidas solo por la propiedad privada. “La causa determinante de las clases sociales era para Marx la propiedad privada de los medios de producción. Su teoría de las clases basa todos sus elementos esenciales sobre esta definición del concepto de clase” (criticar eliminación de la “apropiación real” o “posesión”)
13’) He aquí un error importante. Esta no es sólo una deformación, sino un error que demuestra la lectura rápida y superficial que Dahrendorf realiza de Marx (si es que en realidad realiza alguna lectura y no, más bien, se dedica a refutar lo que el sentido común aprehende de Marx). La sustancialidad del error está dada por el no reconocimiento de las relaciones de posesión/apropiación, como categoría de análisis imprescindible de un modo de producción determinado. Si la determinación de las clases solo supusiera la referencia a la propiedad de los medios de producción, no podríamos, por ejemplo, diferenciar entre el modo de producción capitalista y el modo de producción feudal: en ambos la clase dominante es propietaria de los medios de producción; sin embargo, mientras en el feudalismo el productor posee sus medios de trabajo, en el capitalismo se encuentra desposeído de los mismos.   

14)  ) Asunción de la distinción entre propiedad y control, basada en Burnham y Schumpeter
14’) El hecho de que el autor base parte de su análisis en la teorización de Burnham (“La revolución de los managers”), demuestra que las mismas bases de su planteamiento se encuentran superadas. Tanto Sweezy como Ossowski explican que la diferenciación entre propiedad y control (eje fundamental de los postulados de Burnham), basada en el escrito pionero de Berle y Means, no supone ningún cambio estructural fundamental en la dinámica reproductiva del modo de producción capitalista: los controladores, en una abrumadora mayoría, son también poderosos y eminentes propietarios.

15)  Noción idealista, basada en la autoridad, como determinante de las clases
      15’) En términos generales, no podemos compartir el marco fundamental propuesto por el autor para la determinación de las clases sociales, ya que el basamento del mismo supone la negación de la aprehensión de la reproducción material de toda formación social. Las clases mismas no pueden tener su fundamento último en las relaciones de autoridad (y el poder en términos generales), porque la posesión de autoridad está siempre fundamentada en ciertas posesiones materiales desiguales. La subordinación existe, en última instancia, por la “amenaza mortuoria” (Weber) propia del Estado moderno, el cual garantiza material el funcionamiento “continuo” de la sociedad. Por lo tanto, las relaciones de mando y obediencia sólo existen porque existe un excedente que es apropiado por una clase determinada, la cual utiliza una fracción del mismo en la instauración de mecanismos de fuerza (el Estado como fundado en la violencia) que garantizan que como clase será obedecida. Es por esto que una teoría social de las clases es mucho más fecunda si su premisa es material (la explotación) y no parcialmente ideal (la dominación, como querría Dahrendorf)

16)  Independencia de niveles estructurales “El estado político y la producción industrial constituyen dos asociaciones de dominación, independientes por principio, y cuyas relaciones constituyen un objetivo de la investigación científica”  
16’) Cualquier comprensión de la totalidad estructural que suponga la independencia de los niveles que la componen, estará marcada por obscuridades que no podrá explicar. En última instancia, si se asume la “independencia de niveles” como “principio”, el análisis es muy proclive a abandonar la noción relacional de la realidad social (la posibilidad de sustancialismo está entonces muy próxima). Por el contrario, creemos que la noción de “autonomía relativa” desarrollada por la tradición marxista, es un instrumento analítico de una fertilidad mucho mayor.

17)  Analogía weberiana entre Estado y empresa “El estado es una asociación de dominación y la producción industrial es asimismo una asociación de igual carácter”
17’) Ya que el autor que aquí criticamos incorpora importantes elementos weberianos en sus elaboraciones teóricas, debe, entonces reafirmar la analogía estructural que realiza Weber entre el Estado y la Empresa capitalista. Ahora bien, este paso autocontradictorio para la teoría de Dahrendorf, ya que con esto implícitamente se niega la necesidad de la determinación de la naturaleza de una subestructura mediante su funcionalidad para con la totalidad. Es que la analogía estructural entre Estado y Empresa no es pertinente una vez comprendemos que las funciones propias de cada nivel son distintas. La empresa está dirigida hacia la ganancia (un marginalista diría: “genera crecimiento”), mientras el Estado no lo está (sus funciones son más amplias y diversas y, si bien es palmario que su funcionalidad específica no es la de orientarse hacia la ganancia, no tenemos aquí el espacio para extendernos sobre el tema de las funciones del Estado).