jueves, 8 de mayo de 2014

Distinciones dentro del campo de la "izquierda" (socialdemocracia, progresismo, reformismo, etc)

Para quien escribe, el campo de “la izquierda” está compuesto, desde el comienzo de este nuevo siglo, de 5 corrientes político-prácticas. Mencionaremos cada una de éstas de acuerdo a su radicalidad, esto es, en función de cuán certeramente “aprehenden o no los problemas por la raíz”. En primer lugar, y para quien escribe objetivamente fuera del campo de la izquierda[1], se encuentra el anticapitalismo objetivo. Enraizado en las tradiciones comunistas de “los rabiosos” durante la “Revolución Francesa” (e.g. Babeuf), y retomado y perfeccionado por Marx y algunas corrientes marxistas posteriores (e.g. fracciones trotskystas), ésta corriente aprehende efectivamente los “problemas por la raíz”, por lo que adopta una postura clasista coherente. Por esto, actualiza un horizonte poscapitalista en el cual la transición activada por el Estado obrero es una cuyo objetivo futuro (materializado también en el presente), constituye la igualdad material (en todos los respectos) en conjunción a la existencia de una libertad colectiva positiva[2]. Y, esencial, esta corriente político-práctica entiende que una tarea fundamental de cualquier Estado obrero que genuinamente llegue a cristalizar en el futuro, es la de extender sus conquistas a otros Estados (a su explotados) y por el mundo entero. En segundo lugar, y dentro ya del campo de la izquierda (pero siempre ingresando desde fuera), se encuentra la corriente reformista. Ésta es una que posee una base social obrera, evidencia un discurso marxista y pretende superar el capitalismo. Sin embargo, la alternativa que esta corriente propone continúa siendo una alternativa explotadora: si del reformismo dependiera, debiera repetirse la urss pero sin los crímenes de Stalin y con algo más de democracia política. Un ejemplo paradigmático de este tipo de reformismo (que en algún sentido continúa siendo consecuente en su lucha contra el capitalismo) fue la Unidad Popular chilena (sus tendencias internas dominantes). La misma muestra cómo el triunfo reformista es imposible, porque en sí mismo éste supone la colaboración de clases con los explotadores. Debido a esto, el reformismo no toma los problemas por su raíz[3]. En tercer lugar, está la socialdemocracia. No posee una base social definida (al menos no una obrera) y se caracteriza por una defensa de ciertas instituciones (las del Estado de bienestar). Esta corriente dentro de la izquierda no plantea un horizonte más allá del capitalismo, sino que aspira sólo a regular éste. Así, tampoco esta corriente “toma los problemas por su raíz”. En cuarto lugar, tenemos al “progresismo”. Nace en los 1970s y toma demandas obreras y marxistas que siempre estuvieron vinculadas a un proyecto de superación del capitalismo. Las demandas de las que se apropia son (entre otras), "lucha de género", "lucha indígena", "lucha medioambiental" (ecologismo), "lucha democrática", etc. Lo esencial, no obstante, es que a todas estas demandas les sustrae su base clasista (son "ciudadanistas") y, por implicación, cualquier conflicto agudo con la clase explotadora (menos todavía podemos hablar de un horizonte que proponga superar el capitalismo). Tampoco toma los problemas por su raíz. Y, por último, tenemos al social-liberalismo, el cual sólo es de izquierda por el nombre, ya que cuando ha estado gobernado ha implementado políticas que serían caras a casi cualquier tipo derecha política (a lo más podría descartarse al fascismo). En efecto, éste se encuentra paradigmáticamente representado por los gobiernos de Tony Blair (partido laborista inglés), Rodríguez-Zapatero (PSOE español) y Bachelet en Chile (entre otros). Ahora bien, las cuatro últimas corrientes de izquierda que mencionamos, debido al hecho de que “no toman los problemas por su raíz” pueden convivir e imbricarse.