miércoles, 10 de diciembre de 2014

Elementos para una crítica de la "táctica" del PC de vicuña mackena hoy (aportes de Trotsky)


A principios del año pasado, cuando colaboraba (infructuosamente, ya que nunca pude influenciar lo suficiente la línea del colectivo) con los compas de fragua (metidos con el gap -un populismo con ribetes maoguevaristas-), obviamente se planteó la discusión de como evaluar la política del PC de vicuña mackenna. Yo había dejado de votar por el PC en 2011 (2009 fue la última vez que voté al PC), y en ese momento era bastante crítico de su política. Uno de mis compañeros, claramente influenciado por sus profesores filo-comunistas de vertiente neokeyenesiana (e.g. Kalecki), así como también por sus amistades, sugería que la línea del PC no debía ser tratada con tanta dureza: los comunistas se planteaban como un grupo ordenado y disciplinado con la suficiente fuerza para quebrar por la interna a una desordenada concertación. Aún si en ese momento no lo explicité, siempre me quedé con cierta duda: me parecía que al actuar así el PC no era honesto, ni con sus bases ni con la clase obrera en general. Era una suerte de táctica de "caja negra". Avanzado en el tiempo, ya desde fines del año pasado, el PC viene cantándole loas a la "democracia" (en general, sin apellido de clase), al desarrollo (capitalista) y a los patrones (casi sin excepciones). Nuevamente me parecía que, la interpretación "dadivosa" de mi ex compañero de Fragua, no hacía más que mostrar la poca honestidad del PC.
 Hace unos meses revisé este texto de Trotsky; me parece que el mismo se adecua de sobremanera a la hora de interpretar de una manera correcta esta supuesta "táctica" actual del PC de vicuña. Entrecomillo la "táctica", porque en realidad no lo es: aquí están involucradas cuestiones de estrategia y, así, dimensiones principistas y de "horizonte".
 
 "Naturalmente, para ocultar su traición invocan a Lenin, con el mismo derecho con que Lebas, Paul Fauré, Longuet[5] y otros oportunistas invocan a Marx. Casi diariamentel’Humanité cita la carta de Lenin a los obreros norteamericanos en la que se cuenta la historia de cómo a principios de 1918 Lenin recibió a un oficial realista francés para utilizar sus servicios en contra de los alemanes, que habían lanzado una nueva ofensiva contra nosotros. El propósito de este inesperado argumento no es dilucidar la cuestión sino, por el contrario, confundir a los trabajadores. Lo demostraremos inmediatamente sin que quede lugar a dudas.
 
 Por supuesto, sería absurdo negarle al gobierno el derecho de utilizar los antagonismos del bando imperialista o, si fuera necesario, de hacerle tal o cual concesión al imperialismo. Los obreros en huelga también aprovechan la competencia entre las empresas capitalistas y le hacen concesiones al capitalismo; incluso capitulan ante él cuando no pueden ganar. ¿Pero acaso esto significa que los dirigentes sindicales tienen derecho a cooperar amistosamente con los capitalistas, a ensalzarlos y convertirse en sus mercenarios? Nadie tachará de traidores a los huelguistas que se ven obligados a rendirse. Pero a Jouhaux, que paraliza la lucha de la clase obrera en nombre de la paz y la amistad con los capitalistas, tenemos no sólo el derecho sino el deber de proclamarlo un traidor a la clase obrera. Entre la política de Lenin en Brest-Litovsk y la política franco-soviética de Stalin media la misma diferencia que entre la política de un sindicalista revolucionario que después de una derrota parcial está obligado a hacer concesiones y la del oportunista que voluntariamente se convierte en aliado y satélite del enemigo de clase.
 
 Lenin recibió al reaccionario oficial francés. Durante esos días yo también lo recibí con el mismo objetivo en mente: Lubersac se comprometió a volar puentes cubriéndonos la retirada para que nuestras provisiones militares no cayeran en manos de los alemanes. Sólo un anarquista totalmente loco podría considerar tal "transacción" como una traición. En la misma época me visitaron agentes oficiales de Francia que ofrecieron ayuda a mayor escala, artillería y alimentos. Comprendimos muy bien que su objetivo era embrollarnos nuevamente en una guerra contra Alemania. Pero los ejércitos alemanes realmente lanzaban la ofensiva contra nosotros, y éramos débiles. En estas condiciones, ¿teníamos derecho a aceptar la "ayuda" del Estado Mayor francés? ¡Evidentemente, sí!....
 
 Lenin no estuvo presente en esta sesión del CEC. Envió una nota...los acuerdos prácticos con los imperialistas ("acepten las patatas") son totalmente admisibles; lo absolutamente inadmisible es la solidaridad política con los "bandidos del imperialismo".
 
 El crimen de Stalin no consiste en hacer algún acuerdo práctico con el enemigo de clase; estos acuerdos pueden o no ser correctos, pero no se los rechaza por principio. Su crimen consiste en haber aprobado la política del gobierno imperialista que protege la rapaz y depredatoria paz de Versalles. Stalin todavía no les sacó a los bandidos del imperialismo ninguna clase de "patatas", pero ya se solidarizó políticamente con ellos.
 
Por supuesto, la burguesía francesa no necesita de la aprobación de Stalin para reforzar su ejército, que oprime a sesenta millones de esclavos coloniales. Si exige su aprobación es sólo para debilitar y desmoralizar la lucha de clases del proletariado francés. Al firmarle el cum laude al imperialismo francés, Stalin no actuó como un huelguista que se ve obligado a hacerle concesiones temporarias al capitalista sino como un rompehuelgas que paraliza la lucha de los trabajadores" (Trotsky, Carta abierta a los trabajadores de Francia: La traición de Stalin y la revolución mundial, junio 1935)