lunes, 17 de junio de 2013

Agustín Cueva: Crítica a la teoría de la dependencia

Agustín Cueva: Crítica a la teoría de la dependencia

Teoría de la dependencia: posee varias vertientes; una de ellas es la veta izquierdista
mientras por un lado se critica a las corrientes burguesas desde un punto de vista cercano al marxista, por otro se critique al marxismo-leninismo desde una óptica harto impregnada de desarrollismo y de concepciones provenientes de las ciencias sociales burguesas.

El debate sobre feudalismo y capitalismo en América Latina, que derramó mucha tinta y sembró no poca confusión teórica, es, sin duda, el ejemplo más claro, aunque no el único, de lo que venimos diciendo. Debate situado aparentemente en el seno del marxismo, es el que Gunder Frank y Luis Vitale sostuvieron con la “izquierda tradicional”. (Luis Vitale nunca formuló, desde luego, una teoría de la dependencia. Pero si trabajos suyos, como el titulado América Latina: ¿feudal o capitalista?, alcanzaron tanta difusión, es porque se inscribían dentro de una perspectiva teórica que ya empezaba a pensar nuestra problemática en términos izquierdistas pero que visiblemente se alejan de los del marxismo-leninismo)

En efecto, y siempre que uno haga caso omiso de El capital y se ubique de lleno en la óptica de la economía y la historiografía no marxistas, las aseveraciones de Frank y Vitale se tornan límpidas e irrefutables. Definido el capitalismo como economía monetaria y el feudalismo como economía de trueque o, en el mejor de los casos, como economía “abierta” y economía “cerrada”, respectivamente, pocas dudas caben de que el capitalismo se instaló plena y profundamente en América Latina no sólo desde su cuna sino desde su concepción, como llegó a decirse

Para demostrarlo, ni siquiera era menester realizar nuevas investigaciones históricas —y en efecto, nadie se tomó el trabajo de hacerlas—; bastaba retomar los materiales proporcionados por la historiografía existente y demostrar que en el período colonial hubo moneda y comercio.

primera gran paradoja que envolverá a la teoría de la dependencia
“desde su cuna”: la de constituirse como un “neomarxismo” al margen de Marx

Esta situación ambigua debilitará incluso las críticas hechas a las teorías burguesas del desarrollo y el subdesarrollo, en la medida en que sus impugnadores permanecen, de una u otra manera, prisioneros de ellas. Es lo que ocurre con Gunder Frank, por ejemplo, quien en su ensayo La sociología del desarrollo y el subdesarrollo de la sociología

El mismo debate sobre el dualismo estructural, tesis burguesa que en realidad era menester impugnar, parece desembocar a menudo en la simple recreación de un dualismo de signos invertidos, en el que el planteamiento, y por lo tanto los elementos básicos del análisis, no cambian, sino sólo su papel

En las Siete tesis equivocadas sobre América Latina de Rodolfo Stavenhagen, por ejemplo, los sectores “tradicional” y “moderno” siguen presentes como unidades analíticas fundamentales, con la única diferencia de que ahora ya no es el sector “tradicional” el causante del atraso sino más bien el sector “moderno”.
…a conclusiones sumamente cuestionables como aquella de la séptima tesis, en donde se formula la inviabilidad de la alianza obrero-campesina en Latinoamérica, aduciendo que “la clase obrera urbana de nuestros países también se beneficia con la situación de colonialismo interno El propio autor parece haber sentido las limitaciones de este tipo de enfoque, por lo que reformulará posteriormente su tesis del colonialismo interno en términos de combinación de modos de producción

las contradicciones de clases, son reemplazadas por un sistema indeterminado de contradicciones nacionales y regionales…A este respecto, antes que preguntarse si el modelo frankiano, por ejemplo, es compatible o no con un análisis de clase, resulta importante constatar que en ensayos como el titulado Chile: el desarrollo del subdesarrollo, la lucha de clases está simplemente ausente, pese a que en dicho país, hasta donde sabemos, la historia no parece ser muy pobre en este aspecto

Este desplazamiento que convierte a los países y regiones en unidades últimas e irreductibles del análisis, es el que confiere, además, un tinte marcadamente nacionalista a la teoría de la dependencia…impide ubicar el problema en el nivel teórico que le corresponde: esto es, como una contradicción derivada de otra mayor, la de clases, y que sólo en determinadas condiciones puede pasar a ocupar el papel principal

Si no nos equivocamos, el único texto en que se aborda este problema de manera sistemática e inequívoca es Imperialismo y capitalismo de Estado, de Aníbal Quijano; pero no se olvide que tal escrito data de 1972, cuando ya los cimientos de la teoría de la dependencia están bastante resquebrajados y el propio Quijano se encuentra, a nuestro juicio, más cerca del marxismo a secas que de aquella corriente (Para no mencionar la clara ruptura operada por Aníbal Quijano, por ejemplo, quien en uno de sus últimos trabajos no vacila en hablar de la teoría de la dependencia en pasado y retomar la línea general de análisis del marxismo-leninismo)

la pregunta que se hicieron los desarrollistas al comenzar la década de los sesenta venía ya cargada de ideología, no sólo porque al indagar cuáles eran los escollos para un “desarrollo económico-social acelerado y armónico” de nuestros países, escamoteaban la cuestión central (explotación de clase) y reducían la problemática a la del simple desarrollo indeterminado de las fuerzas productivas, imponiendo así una perspectiva economicista; sino también porque, de hecho, tal pregunta involucraba la aceptación de que es posible alcanzar un desarrollo de este tipo —equilibrado, armonioso, sin depresiones ni crisis—, bajo el sistema capitalista

Frank encontró, desde luego, una fórmula mágica, la del “desarrollo del subdesarrollo”, que entre otros supuestos implicaba el de la “continuidad en el cambio”, que Theotonio dos Santos no tardó en señalar, con razón, como una concepción adialéctica

Crítica a la polémica de Dos Santos con Lenin
Lenin no afirma, en ningún momento, que las exportaciones de capital “llevarán al crecimiento económico de los países más atrasados”, sino que dichas inversiones producirán en estos países un acelerado desarrollo del capitalismo que significará, a la postre, una extensión y ahondamiento de dicho modo de producción en escala mundial. Ahora bien, decir que desde 1916, fecha en que Lenin redactó dicho texto, hasta 1969, en que Dos Santos escribe el suyo, no ha habido una extensión y un ahondamiento del capitalismo en América Latina, con desarrollo de las fuerzas productivas inclusive, es lisa y llanamente insostenible

Que este desarrollo ha sido desigual y crítico en el sistema en su conjunto y en los países subdesarrollados en particular, así como la causa de la pauperización relativa y, a veces, absoluta de las masas trabajadoras, es un hecho que está fuera de duda; pero no debemos olvidar que, para Lenin, ello forma parte del concepto mismo de desarrollo del capitalismo, que, por lo tanto, no es equivalente a la expresión ideológica crecimiento económico

Y es que, de hecho, en los autores de la teoría de la dependencia existe, en mayor o menor grado, una suerte de nostalgia del desarrollo capitalista autónomo frustrado

La presencia de este trasfondo desarrollista o nacionalista no anula, por supuesto, la validez de muchos análisis concretos, ni resta mérito a investigaciones como la del propio Theotonio dos Santos en “El nuevo carácter de la dependencia” (ver libro)

las claras insuficiencias explicativas del concepto dependencia, sobre todo cuando se dejan de lado conceptos básicos como: fuerzas productivas, relaciones sociales de producción, clases y lucha de clases; o bien, se los reemplaza por categorías tan ambiguas como: expansión hacia fuera, colonias de explotación o de población, grupos tradicionales y modernos, integración social, etcétera.

…Tenemos naturalmente en mientes el libro Desarrollo y dependencia en América Latina, de Cardoso y Falettoser susceptible por lo tanto de dos lecturas: una marxista y otra desarrollista, según que uno acentúe tal o cual afirmación, ponga de relieve uno u otro concepto, o, simplemente, atribuya diferente significado a los términos tantas veces entrecomillados

el capítulo II del libro mencionado, intitulado “Las situaciones fundamentales en el período de reexpansión hacia fuera”, donde parecen escaparse muchos elementos

Primero, el carácter básicamente precapitalista de América Latina al iniciarse ese período, lo que implica ya cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas y ciertas relaciones sociales de producción; es decir, una articulación concreta de modos de producción y, por lo tanto, de clase, que de alguna manera determinará la forma de articulación de nuestros países al capitalismo mundial, en un movimiento desde luego dialéctico.

Segundo, el proceso de acumulación originaria que en esas condiciones tenía que darse y se dio; no porque América Latina no hubiera contribuido desde antaño a la acumulación originaria en Europa, sino justamente por esto: porque su situación colonial le impidió realizar internamente dicho proceso.
Tercero, y lo que es más importante, toda la lucha de clases que ello implicó, aunque sólo fuese por hechos como el despojo bárbaro a los campesinos desde México hasta Chile, la confiscación de los bienes eclesiásticos y las revoluciones liberales en sí mismas, que no necesariamente fueron un juego de niños
sin hablar de los desembarcos y ocupaciones militares del Caribe y Centroamérica por las fuerzas imperialistas, cosa igualmente omitida en Desarrollo y dependencia…Tales actos, no lo olvidemos, crearon situaciones verdaderamente coloniales (Puerto Rico) o semicoloniales (Cuba, Santo Domingo, Haití, Nicaragua, etc.), que el ambiguo término de “enclave” está lejos de describir y, menos aún, de captar en su significación histórica

al adoptar un modelo teórico que parte del supuesto de que “es el tipo de integración de las clases, y no su lucha, uno de los ‘condicionantes’ principales del proceso de desarrollo”.
En general, es el análisis de las clases y su lucha lo que constituye el talón de Aquiles de la teoría de la dependencia. Para empezar, los grandes y casi únicos protagonistas de la historia que esa teoría presenta son las oligarquías y burguesías, o, en el mejor de los casos, las capas medias; cuando los sectores populares aparecen, es siempre como una masa amorfa y manipulada por algún caudillo o movimiento populista;

Además, no deja de ser sintomático el hecho de que, en la década pasada, no se haya producido un solo libro sobre las clases subordinadas a partir de aquella teoría…Existe, por supuesto, el libro ya mencionado de Rodolfo Stavenhagen, pero cuyo marco teórico poco tiene que ver con la teoría de la dependencia
En fin, el propio estudio de la burguesía y sus fracciones parece haberse visto interferido por un inadecuado manejo del marxismo. Tal es el caso de los análisis sobre la burguesía nacional (media y pequeña), a la que comienza por pedírsele virtudes revolucionarias que jamás poseyó, para luego negar pura y llanamente su existencia en América Latina

ambigüedad inherente al término “oligarquía”. En todo caso, si se trata de la aristocracia feudal o esclavista, ella ha sido eliminada de la escena social latinoamericana hace ya bastante tiempo; o convertida, hasta en sus últimos reductos en Ecuador o Bolivia, en fracción terrateniente semicapitalista;… Y si por “oligarquía” se entiende simplemente el sector agrario de la burguesía, no se ve en virtud de qué habría que esperar su total eliminación

problema que consiste en el manejo teóricamente arbitrario de dos modelos: el de un capitalismo “clásico” y un capitalismo “dependiente”, que, a la postre, no son otra cosa que dos tipos ideales, en el sentido weberiano del término.

“La historia no se repite”: he ahí una fórmula de perfiles peligrosos, puesto que puede conducir directamente al empirismo, si es que no se precisa su alcance y su contenido. Entendida en el sentido de una originalidad absoluta de nuestro proceso histórico, esa fórmula ha sembrado, de hecho, una enorme confusión

Lo que existe, al menos desde un punto de vista marxista, no son “patrones” sino leyes, como las del desarrollo del capitalismo, por ejemplo, que se cumplen en América Latina como por doquier, dentro de condiciones históricas determinadas, claro está, pero cuyo estatuto tiene que ser definido con precisión si no se quiere caer en una teoría de la irreductible singularidad

Y es en esto, así como en la articulación específica de varios modos de producción, y de varias fases de un mismo modo, donde reside la particularidad del desarrollo histórico latinoamericano, en el que no cabe buscar entonces una excesiva “originalidad”. La historia no se repite al pie de la letra, es cierto, pero “milagros” como el brasileño o como el del propio Pinochet tampoco son del todo inéditos. Antes que “milagros” de la dependencia son milagros del capitalismo tout court.

en la fórmula “capitalismo dependiente” hay algo que es un sustantivo (capitalismo) y algo que es un adjetivo (dependiente) y que, por lo tanto, la esencia de nuestra problemática no puede descubrirse haciendo de la oposición capitalismo clásico / capitalismo dependiente, el rasgo de mayor pertinencia, sino a partir de las leyes que rigen el funcionamiento de todo capitalismo…El mantenimiento
de aquella oposición como eje central del análisis no es, por lo demás, otra cosa que el testimonio fehaciente de cierta “continuidad en el cambio”, toda vez que representa la traducción a términos aparentemente marxistas del clásico binomio cepalino “centro/periferia”, que Frank, a su turno, retomó con el nombre de “metrópoli/satélite

En su afán de mantenerse fiel a la teoría de la dependencia, incluso un autor tan riguroso y ceñido al marxismo como Ruy Mauro Marini se ve obligado a estilizar tanto las situaciones, que a la postre termina trabajando con modelos antes que con leyes. En los capítulos 5 y 6 de su libro Dialéctica de la dependenciaMuchos de los problemas planteados por Marini son desde luego ciertos; queda, sin embargo, la inquietud de saber si entre el capitalismo llamado clásico y el dependiente existe realmente una diferencia cualitativa que autorice a formular leyes específicas para uno y otro; o si Marini no está simplemente cargando las tintas a fin de volver operables los modelos (habla de “las leyes de desarrollo del capitalismo dependiente”; en la 83, se refiere, en cambio a “la manera como se manifiestan en esos países [los de América Latina] las leyes de desarrollo del capitalismo dependiente”; mientras en otros pasajes habla de “los grados intermedios mediante los cuales esas leyes [las leyes generales del capitalismo] se van especificando” (p. 99); afirmaciones que no son exactamente equivalentes.)

nuestras formaciones sociales, determinan que incluso las leyes propias del capitalismo se manifiesten en ellas de manera más o menos acentuada o cubiertas de “impurezas” (como en toda formación social, por lo demás); pero sin que ello implique diferencias cualitativas capaces de constituir un nuevo objeto teórico, regido por leyes propias, ya que la dependencia no constituye un modo de producción sui generis “modo de producción capitalista dependiente”, como en cierto momento llegó a decirse), ni tampoco una fase específica de modo de producción alguno (comparable a la fase imperialista del modo de producción capitalista, por ejemplo), sino que es la forma de existencia concreta de ciertas sociedades, cuya particularidad tiene que ser desde luego estudiada.

El abismo existente allí, entre el nivel de vida de los trabajadores y el de los sectores que alimentan a la esfera alta de la circulación, hace inevitable que productos como automóviles, aparatos eléctricos, etc., se destinen necesariamente a esta última”

Como se puede dudar también de que ramas industriales como la electromecánica (televisores, radiorreceptores, etc.), la de productos metálicos (muebles, por ejemplo) o petroquímicos (utensilios de material plástico), no estén dinamizadas en gran parte de los países latinoamericanos gracias a cierto consumo popular. Después de todo, la imagen de las masas semihambrientas pero provistas de transistores, parece ser más bien “típica” de las situaciones de subdesarrollo

Por eso, aun aquel rasgo que Marini señala como más típico de éstas, es decir, la sobreexplotación, que se traduce por la comprensión del consumo individual del obrero, bien podría enunciarse con un nombre bastante clásico: proceso de pauperización, que en coyunturas a veces prolongadas se realiza, incluso, en términos absolutos. Y en cuanto al problema de la realización de la plusvalía, que el mismo autor plantea, tampoco es del todo inédito, basta recordar la polémica que al respecto mantuvo Lenin con los populistas rusos.

 “…al contrario de aquella “impresión” [la de Halperin], la dependencia no debe ni puede considerarse como una relación meramente “externa” impuesta a todos los latinoamericanos desde afuera y contra su voluntad; sino que es igualmente una condición “interna” e integral de la sociedad latinoamericana, que determina a la burguesía dominante en Latinoamérica; y, a la vez, es consciente y gustosamente aceptada por ella”.

Frank se defiende pues, aquí como en otros ensayos, de haber realizado y difundido un tipo de análisis en el cual las determinaciones externas sustituyen y anulan a las determinaciones o contradicciones internas, como núcleo explicativo del desarrollo de América Latina.

Que los autores cepalinos vean el desarrollo industrial de Chile, a principios de los años cuarenta, como un desarrollo “inducido” por una crisis en las “economías centrales”, que obligó a realizar una “sustitución de importaciones” en los países “periféricos”, parece lo más normal del mundo: se trata de una interpretación prudente y oficial. Pero que un autor como Frank ignore la existencia de ciertas luchas sociales en Chile, el triunfo del Frente Popular de Aguirre Cerda en el año 38, y la consiguiente implantación de una política planificada que “algo” tuvo que ver con la industrialización del país (en condiciones nacionales e internacionales determinadas, claro está), es un hecho ya más grave (Quiero hacer notar que todos los autores dependentistas, sin excepción, aceptaron la tesis de la industrialización “por substitución de importaciones”, al menos hasta el momento en que este trabajo fue redactado)

En primer lugar, y como lo señaló oportunamente Weffort, la contradicción entre un Estado nacional políticamente independiente y una economía nacional dependiente (del mercado mundial) resulta abstracta (criticando Dependencia y Desarrollo). Se argumenta que la independencia política se buscó precisamente por lo inverso: la mayor y mejor vinculación de las incipientes burguesías comerciales al sistema capitalista mundial  

En segundo lugar, la aseveración de que “en las situaciones de dependencia colonial es posible afirmar con propiedad que la historia —y por ende, el cambio— aparece como reflejo de lo que pasa en la metrópoli”, es profundamente reveladora de cómo el esquema frankiano no está totalmente superado por Cardoso y Faletto; sino sólo relegado a la etapa en que no existía aún el Estado nacional, único elemento capaz de introducir cierto nivel de contradicción. Pero ¿cómo explicar, a partir de esta visión nacionalista de la historia, los levantamientos de los encomenderos a mediados del siglo XVI

(sobre Weffort)… pero su error consistió en creer que el problema podía resolverse mediante la simple supresión de las premisas nacionales de que había partido la teoría de la dependencia

…uno puede admitir en rigor la tesis de la sobreexplotación a condición de no poner reparos teóricos a su concepto mismo (remuneración permanente de la fuerza de trabajo por debajo de su valor) y de entenderlo más bien a partir del “sentido común”; pero en cambio resulta imposible concebir siquiera cómo las exportaciones de café brasileño habrían podido abatir el valor real de la fuerza de trabajo en Europa, y contribuir con ello al proceso que Marini señala (paso de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa), ya que se trata de un producto netamente superfluo desde el punto de vista de la reproducción de la fuerza de trabajo y cuyo principal consumidor ni siquiera fue la clase obrera
En el otro caso significativo, el de la Argentina, uno puede aceptar la incidencia de la exportación de cereales y carnes en la disminución del valor real de la fuerza de trabajo en Inglaterra, por ejemplo, pero entones resulta harto difícil sostener que ello haya tenido como contrapartida la remuneración de la fuerza de trabajo argentina por debajo de su valor, ni impedido la creación de un mercado interno para la industria de este país. Las masas argentinas de ese período fueron de las pocas aceptablemente nutridas del mundo capitalista en general, y dicho país, el primero de América Latina en tener un mercado significativo para productos industriales.

Además, los mismos ejemplos del Brasil cafetalero y la Argentina cerealera y ganadera contradicen flagrantemente la afirmación de Marini en el sentido de que, sin la contribución de la economía agropecuaria latinoamericana, habría sido imposible liberar la mano de obra que Europa necesitaba para su desarrollo industrial. Las áreas abastecedoras de cereales y carne —que por lo demás no siempre coinciden con los países hoy subdesarrollados— y aun un área cafetalera como la del Brasil, se poblaron, en el período en cuestión, con inmigrantes extranjeros; esto es, con la población excedente de Europa
Por eso, la misma fórmula, aparentemente evidente, de la teoría de la dependencia, podría enunciarse de manera estrictamente inversa, para poner de relieve sus limitaciones y su unilateralidad: ¿no será más bien la índole de nuestras sociedades la que determina, en última instancia, su vinculación al sistema capitalista mundial?...En rigor, es esta segunda formulación la que está más cerca de la verdad ( Para ser un país dependiente…hay que tener como premisa indispensable una estructura interna capitalista, o preñada de fuerzas históricas que tienden “naturalmente” hacia el capitalismo)

llegaron a ufanarse de su “independencia” frente a las organizaciones obreras, como en el caso del mismo Frank o del grupo de Monthly Review?


A partir de esta constatación, todo se torna en cambio coherente: el predominio omnímodo de la categoría dependencia sobre la categoría explotación, de la nación sobre la clase,  y el mismo éxito fulgurante de la teoría de la dependencia en todos los sectores medios intelectuales