lunes, 17 de junio de 2013

Sobre el discurso de los derechos (Duncan Kennedy, pequeñas notas)

"Esto no sería tan malo si el problema de la educación jurídica fue­ra que los profesores emplearan mal el razonamiento jurídico para limitar el alcance de los derechos de los oprimidos. Pero el problema es más pro­fundo. El discurso de los derechos es internamente inconsistente, vacuo o circular. El razonamiento jurídico puede generar argumentos equivalentemente plausibles para justificar cualquier resultado. Además, el discurso de los "derechos" impone tantas limitaciones para aquellos que lo usan, que hace que sea prácticamente imposible que funcione como una herramienta efectiva de transformación radical. Los derechos son por naturaleza "formales", lo que significa que aseguran a los individuos pro­tección jurídica y los resguardan de la arbitrariedad -hablar de derechos es precisamente no hablar de la justicia entre clases sociales, razas o sexos-....
El discurso de los derechos, además, simplemente presupone -o da por descontado- que el mundo está, y debería estar, dividido entre un sector estatal que pone en vigencia los derechos y el mundo privado de la "so­ciedad civil", en la que los individuos atomizados persiguen sus propios fines. Esta estructura es, en sí misma, parte del problema más que de la solución. Hace que sea difícil incluso conceptualizar las propuestas radi­cales tales como, por ejemplo, el control descentralizado y democrático de las fábricas, llevado a cabo por los trabajadores...


El discurso de los derechos es una trampa, ya que es lógicamente incoherente y manipulable, tradicionalmente individualista e intencionalmente ciego a las realidades de desigualdad sustancial. Mien­tras uno se mantenga dentro de él, podrá producir buenos argumentos para algún caso ocasional, periférico, en el que todos admiten que es necesario efectuar juicios de valor...."