miércoles, 25 de diciembre de 2013

Fichas sobre AL (Roxborough, Cueva)


I. Unidad y diversidad en la historia Latinoamericana (Ian Roxborough)

Dimensiones comunes en la historia de los países latinoamericanos

(i) Todos tienen un pasado colonial ibérico

(ii) Todos alcanzaron la independencia política aproximadamente por la misma época

(iii) La mayoría se integró a la economía mundial en expansión a fines del siglo XIX, y lo hizo principalmente a partir de la exportación de materias primas y alimentos

(iv) Gran parte de estos países parecieran mostrar un patrón de desarrollo económico y político similar durante el siglo XX

Teorías sobre la unidad latinoamericana

a) H. Wiarda: el patrón distintivo de desarrollo de AL se debe a que todos sus países tienen por herencia común la “tradición corporativista” ibérica

b) C. Véliz (1980): lo que distingue a AL es que sus naciones comparten la “tradición centralista”, heredada por españoles y portugueses

-          El dominio colonial fue autoritario, y los intereses y asuntos de las colonias estuvieron subordinados a las influencias directivas de España y Portugal. Las sociedades metropolitanas buscaban regular la vida colonial con mínimo detalle. Esta tendencia fue luego fortalecida por las reformas borbónicas y pombalinas. Como resultado, los latinoamericanos aprendieron a mirar hacia el estado para las soluciones a los problemas sociales, económicos y políticos; antes que formar asociaciones libres, la respuesta política natural de los latinoamericanos fue orientar su acción directamente hacia el Estado. Esta tradición, arguye Véliz, sobrevive hoy bajo la forma de los gobiernos militares centralizados que dominan la región”

Típico revisionismo: toma una tendencia pasajera –autoritarismo militarista de los 1970s-1980s de AL- y la convierte en una esencia que se autodesarrolla, la generaliza 

-          Pausa liberal: a)comenzó a mediados del siglo XIX y empezó a tambalearse con la Gran Depresión y el período entreguerras; b) experimentó un cierto resurgimiento con la segunda guerra y los años inmediatamente posteriores; c) este resurgimiento acabó a fines de los 1960s y principios de los 1970s

Críticas de Roxborough

(i) Ya el mismo período colonial no pareciera haber sido uno de continuado centralismo. Durante el siglo XVII y gran parte del siglo XVIII, el control imperial sobre las colonias fue laxo e inefectivo. Sólo con las reformas borbónicas de fines del siglo XVIII, los ibéricos intentaron controlar más estrechamente a sus colonias

(ii) La “pausa liberal” de Véliz cubre la mayor parte de la historia independiente de AL. De 1850 a 1980, quizás 30 años solamente (23%) se adecuen al modelo centralista de Véliz 

c) Dependentistas: la “herencia colonial”, inscrita en el sistema económico de AL, es lo que explica su unidad como región subdesarrollada

Patrón modal cercano al dependentismo (Sunkel, Furtado, O’Donnell)

-          En la fase ISI los bienes manufacturados localmente (textiles, procesamiento de alimentos) estaban dirigidos a un amplio espectro de población

-          En la fase B-A (Estado burocrático autoritario), el estímulo para el crecimiento económico estuvo dado por el sector de bienes manufacturados durables (autos, aplicaciones eléctricas), los cuales solo podían ser solventados por los estratos de altos ingresos. Así, esta fase supone la acusación de los diferenciales de riqueza.

Hacer la crítica con Weaver

El patrón modal para América Latina

Centro
Periferia
Clases dominantes
Forma estatal
Movimientos políticos
1850/70-1930
Madurez Industrial de GB
Exportación de materias primas
Oligarquía agraria exportadora
Parlamentarismo oligárquico
Desafío radical de las clases medias
1930-1960
Dominación de eeuu
ISI
Burguesía nacional
Bonapartismo
Expansión populista
1960 y después
Capitalismo monopolista tardío: crisis de dominación de eeuu
Neoliberalismo y dominación de las multinacionales
Capital monopólico asociado
Corporativismo autoritario
Exclusión autoritaria

Hacer la crítica con Weaver

Preguntas de Roxborough

(i) ¿Existe una conexión entre la lógica de acumulación de capital y las políticas económicas y políticas efectivamente adoptadas de forma tan determinada como el modelo sugiere? Esto es, ¿son adecuados los vínculos causales en la cadena de razonamiento teórico?

(ii) ¿Pasa cualquiera o todas las economías latinoamericanas por esta secuencia triple, y lo hace en los tiempos especificados por el modelo?

(iii) ¿Existe alguna asociación empírica entre estas tres fases de crecimiento económico (asumiendo que existen) y las formas de comportamiento político?

Críticas de Roxborough

General
“Puede ser argumentado que el modelo de patrón modal es seriamente deficiente vis a vis estas tres objeciones, y que existe base suficiente, tanto lógica como empírica, para rechazarlo, incluso en términos de los países a partir de los cuales fue formulado”

Específicas

(i) Países modelo: usualmente se utiliza a Argentina y Brasil. Incluso en estos casos el modelo no se adecua

(ii) ¿Populismo durante 1930-1960?

(ii.1) Populismo es propio de Vargas en Brasil (1930-1945), Cárdenas en México (1936-1940) y Perón en Argentina (1946-1955)

(ii.2) Populismo es todo lo que ocurrió en AL entre 1930 y 1960 (Octavio Ianni)

(ii.3) Definición clásica de populismo (G. Ionescu E. Gellner en “Populism”, 1969; Nicos Mouzelis en “Ideology and class politics”)

-          “…es un fenómeno que vincula una forma particular de ideología con rasgos organizacionales y de estructura social. Para los teóricos clásicos, el populismo supone un movimiento multiclasista organizado laxamente y unificado por un líder carismático bajo una ideología y programa de justicia social y nacionalismo. Bajo esta perspectiva, el vínculo entre la ideología y la organización es la fortaleza de esta definición; vincula la ideología con modo definidos de participación política. Existe un contraste explícito o implícito con una supuesta naturaleza de la política orientada en términos clasistas, propia de las sociedades industriales avanzadas de la Europa occidental. La participación popular en los movimientos populistas, se afirma, no adopta un carácter de “clase”. O los estratos subordinados componen una masa, o la clase trabajadora aún no posee sus organizaciones autónomas. Tiende, por tanto, a estar organizada y liderada por otras clases sociales o fuerzas políticas de una forma heterónoma. La ausencia o debilidad de una clase trabajadora autónoma es central para esta definición clásica del populismo”

-          “Claramente una gran variedad de enfoques diferentes caen bajo la definición “clásica” de populismo. Esencial a todas ellas es el contraste entre los tipos de acción y organización supuestamente asociados con los actores de clase y los característicos de situaciones de “no-clasistas”

(ii.4) Definición mínima de populismo, discursivismo (E. Laclau en “Politics and ideology in marxist theory” de 1977; Emilio de Ipola, Ideología y discurso populista de 1977; G.G. Debert en Ideología y populismo de 1979)

-          …el populismo es primero y antes que todo un fenómeno ideológico: el populismo es una ideología, o un tipo de ideología, que afirma que el conflicto político es entre “el pueblo” (que es visto como la “nación”) y la “oligarquía” o el “imperialismo”. Por tanto, cuando quiera que sea que un líder político apela al “pueblo” éste es un populista, y su movimiento o gobierno puede ser descrito por extensión como “populista”. En esta definición, nada es dicho acerca de las causas del populismo, acerca de su base social, sus políticas, o acerca de su estilo organizacional”

-          “Más todavía, si el populismo es una “apelación al pueblo”, de esto no se sigue que aquellos que están siendo apelados por éste  le presten atención”

-          Un corolario de esta definición mínima del término es que uno debe esperar encontrar el “populismo” en una amplia variedad de contextos, y este es, de hecho, el caso en América Latina. Apelaciones populistas al pueblo fueron hechas por el demócrata cristiano Eduardo Frei en el chile de los 1960s, por los presidentes mexicanos a lo largo del siglo XX, por el gobierno militar peruano de fines de los 1960s y principios de los 1970s, y por una abigarrada multitud de hombres civiles y militares en una variedad de contextos

-          El resultado, sin embargo, de utilizar tal definición mínima, como ha argumentado Laclau, es que varios otros movimientos diversos, incluyendo la Alemania Nazi, deben ser etiquetados “populismo

(ii.5) La escuela del patrón modal dependiente se queda con la definición clásica de populismo y propone como paradigmáticos a Vargas en Brasil (1930-1945), Cárdenas en México (1936-1940) y Perón en Argentina (1946-1955)

-          “Esto es, el apoyo de los líderes populistas no estuvo dado por una alianza multi-clasista, con sindicatos independientes que prestaron el apoyo de una clase trabajadora organizada autónomamente a una figura Bonapartista, sino que, antes bien, fue un movimiento de masas amorfo o coalición con vínculos directos entre los individuos y el líder carismático” (esta análisis se basa en Weber –líder carismático- y en Durkheim –sociedad de masas, como W.A. Kornhauser)

-          Coalición (según Roxborough): la mayoría de las fuerzas políticas son coaliciones en la medida que su apoyo social proviene de clases distintas
-          Alianza (según Roxborough): organizaciones que representan a una clase (e.g. sindicatos) deliberada y conscientemente forman una unión con otros actores sociales para promover sus mutuos intereses 

-          Para que la definición clásica de populismo tenga cualquier utilidad, debe ser demostrado que estamos tratando con una situación en la cual las clases o estratos subordinados están organizados dentro de una coalición populista de una manera heterónoma. Si este no es el caso, entonces estamos tratando con una alianza de clases antes que con populismo. La evidencia disponible sugiere que, por lo menos en las primeras fases, tanto Perón como Vargas estuvieron apoyados por instituciones de la clase trabajadora organizadas autónomamente –sindicatos relativamente independientes-. Estos movimientos, por tanto, pueden ser analizados en términos de las alianzas más o menos explícitas y deliberadas de la clase trabajadora con los individuos que tienen el poder del Estado. Ninguna referencia al concepto de populismo es necesaria para explicar esto, ni la noción de populismo añade algo al análisis. Es sólo en una etapa tardía que los sindicatos pierden su autonomía y la clase trabajadora se subordina al Estado. Empíricamente, ni el peronismo temprano ni el gobierno de Cárdenas se adecuan a la definición clásica de populismo

Clarificar que la alianza no es entre una clase y un individuo con poder estatal, sino una alianza entre clases o entre una clase y una fracción de otra clase (o una clase secundaria)

(ii.5.1) El gobierno de Vargas entre 1930-1945 no se adecua ni siquiera a la definición mínima de populismo

-          Durante el periodo que va desde su ascenso al poder hasta el llamado a elecciones luego de la segunda guerra mundial, el discurso de Getulio Vargas no destacaba por la frecuencia de sus apelaciones al “pueblo”. El suyo fue un régimen conservador, autoritario y desmovilizador, que es difícil describir como “populista” bajo cualquier definición” (basado en T. Harding, “The political history of organized labor in Brazil; y en AC Bernardo en Tutela y autonomía sindical: 1930-1945) 

-          “Fue sólo con el advenimiento de la política competitiva en el periodo posterior a 1945 que Vargas hizo una apelación sostenida al “pueblo”. En este periodo, de hecho, Vargas puede ser descrito como populista, y el auge del populismo en Brasil puede situarse entre 1945-1964. Pero el ISI brasileño ya estaba en funcionamiento en los 1930s y había comenzado considerablemente más temprano. El ajuste entre lo político y lo económico en este caso paradigmático es bastante laxo”

(ii.5.2) Peronismo en Argentina

-          En el caso del movimiento peronista temprano, Juan Carlos Torre ha demostrado cómo la demostración supuestamente “espontánea” del pueblo pobre el 17 de Octubre de 1945 para demandar la liberación de Perón, había sido llamada y organizada por la confederación sindical principal, la CGT. Más todavía, en la reunión del comité ejecutivo de la CGT donde la decisión fue tomada, los líderes sindicales estaban profundamente divididos en lo que concernía a sus actitudes respecto de Perón. De una parte, estaban aquellos que no querían tener nada que ver con Perón; en una leve mayoría estaban aquellos que, a pesar de considerables desconfianzas y recelos, decidieron apoyar a Perón como mal menor”

-          Más todavía, la noción de que fueron los migrantes recientes del interior hacia Buenos Aires –una “nueva” clase trabajadora- los que proveyeron a Perón su base de apoyo principal, ha comenzado a sufrir sostenidos ataques. Little, Murmis y portantiero han argumentado que el apoyo de Perón provenía de todos los sectores de la clase trabajadora; reprimidos por los gobiernos conservadores desde 1930, los trabajadores urbanos de Argentina y los líderes sindicales vieron en Perón a un aliado potencial, aún si ambiguo. Existió, por tanto, una considerable continuidad en el comportamiento político de la clase trabajadora, al menos durante la primera fase del régimen…Los líderes sindicales erraron al suponer que podrían retener el control de unos sindicatos relativamente independientes, enfrentados a la política de Perón de establecer completo control estatal sobre el trabajo”

-          En cualquier caso, la evidencia sugiere que con el peronismo estamos tratando con un intento de alianza entre la clase trabajadora y el Estado, una alianza en la cual el Estado rápidamente tomó la delantera y progresivamente subordinó a la clase trabajadora a su control. Al confundir la posterior subordinación de los sindicatos al Estado (1947-1955) con el periodo de la génesis de la alianza entre los sindicatos y Perón (1943-1947), el modelo del patrón modal desenfatiza seriamente la autonomía de acción de la clase trabajadora y, al describir este fenómeno como “populismo”, implícitamente adscribe motivos y orientaciones a la clase trabajadora que eran menos que racionales

-          Sin embargo, inferir que del apoyo masivo a Perón esta apelación (“populista”) fue exitosa, implica realizar una serie de suposiciones no justificadas acerca de los motivos de la clase trabajadora

(ii.5.3) El México de Cárdenas

-          La mayoría de los analistas han argumentados que los sindicatos mexicanos estaba en un estado de desorganización cuando Cárdenas tomo el poder en 1934 y, en cualquier caso, la clase trabajadora mexicana tenía una larga tradición de tutelaje estatal. En una intento por deshacerse del poder detrás del trono ejercido por Plutarco Elías calles, el nuevo presidente movilizó activamente a la clase trabajadora y al apoyo campesino en su nombre. El resultado de esto fue la reorganización del partido dominante bajo líneas corporativistas, y la formación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en 1936

-          “Tal evaluación no es, sin embargo, enteramente correcta. Aún si el movimiento sindical temprano estuvo subordinado al estado a través de la CROM de Luis Morones, siempre existieron sindicatos disidentes independientes. Para 1933, junto a algunos elementos descolgados de la CROM, la CGT y los sindicatos del partido comunista (el CSUM) estaban experimentado un período de crecimiento y militancia renovados. Cuando Cárdenas fue electo presidente, el movimiento sindical –luego de dudas iniciales considerables- fue en su apoyo en la lucha contra Calles. Este cambio en la posición del trabajo organizado fue debido en parte al cambio en la táctica del Comintern en 1935 hacia la política de los frentes populares. Incluso cuando la CTM se formó, los comunistas y los izquierdistas independientes retuvieron un considerable apoyo dentro del movimiento sindical como un todo, y fue sólo con las purgas de 1948 que el movimiento sindical fue definitivamente subordinado al control estatal”

-          Como sucedió en el caso del peronismo, aquí tenemos un movimiento obrero independiente que entra en una alianza con el Estado y subsecuentemente es subordinado por este Estado. Las nociones acerca de una “masa movilizable” o acerca de una coalición que involucra una clase trabajadora heterónoma –cruciales para la definición clásica del populismo– son inaplicables”

(iii) El modelo burocrático-autoritario de Sunkel, Furtado y O’Donnell (fines de 1960s)

(iii.1) México

-          No existe una clara discontinuidad entre las formas de dominación política o los modos de acumulación de capital desde el principio de los 1950s. Es difícil precisar una ruptura clara con la fase ISI

-          La tesis que del modelo B-A, que la nueva fase requiere un mayor control de la fuerza de trabajo por parte del Estado (salarios estancados o declinantes, menos huelgas y acciones, sindicatos patronales, etc) no se sostiene para México: los salarios reales cayeron durante la segunda guerra, se estabilizaron hasta principios de los 1950s, y crecieron desde ahí hasta mediados de los 1970s. En suma, no existió una tendencia a que los salarios reales decayeran 

(iii.2) Brasil

-          José Serra ha argumentado que no existe un quiebre en el crecimiento ni en el modo de acumulación con el golpe de 1964. Antes bien la economía ha crecido a una tasa anual promedio de 6% desde los 1930s

-          Dentro de la tendencia secular señalada, Serra admite que existen fluctuaciones (una recesión entre 1964 y 1967; luego un rápido crecimiento entre 1967 y 1973 –lo que dio lugar a las teoría sobre el “milagro brasileño” en un contexto militar autoritario-)

-          Serra argumenta que no ha existido una profundización del capital a partir de 1964, como sostienen los teóricos del modelo burocrático-autoritario (modelo B-A)

-          La tesis que del modelo B-A, que la nueva fase requiere un mayor control de la fuerza de trabajo por parte del Estado (salarios estancados o declinantes, menos huelgas y acciones, sindicatos patronales, etc), no se sostiene en el caso brasileño: desde los 1930s los salarios reales de la clase trabajadora urbana han crecido lentamente; la caída en los salarios reales a partir de 1964 sólo es la contratendencia a la rápida alza salarial durante los últimos años del gobierno de Goulart (1961-64). En suma, no existió una caída sostenida de los salarios reales

d) Cardoso y Faletto

-          No queda claro si intentan desarrollar una teoría general sobre AL o sólo aplican una metodología particular a casos concretos

-          Su noción de enclave no designa necesariamente lo que palabra evoca (una entidad aislada y geográficamente separada), sino que más bien indica si las empresas concernidas son de propiedad extranjera o nacional (y, aún lo agrícola no de plantación ha estado en general en manos nacionales, mientras lo minero y las plantaciones en manos extrajeras, la distinción de los autores continúa siendo laxa)

-          Problema central tratado por los autores: la incorporación política de las clases medias al sistema de dominación oligárquico durante el siglo XX:

a) Economías de enclave (domina la oligarquía)

Éxitos
-          México: incorporación mediante una ruptura violenta con el orden oligárquico (e.g. revolución mexicana)
-          Chile: incorporación gradual a través del Estado debida a los conflictos dentro de la oligarquía dominante

Fracaso
-          Colombia: resistencia de la oligarquía

b) Economías con control nacional del sistema productivo (domina oligarquía + burguesía)

Éxitos
-          Argentina: unidad de las clases dominantes supone que la incorporación política de las clases medias ocurre bajo la hegemonía de la burguesía
-          Brasil: dado que las clases dominantes estaban fragmentadas, sólo ocurrió una incorporación política parcial de las clases medias
Fracaso
-          Perú: debilidad de las clases medias

Críticas de Roxborough

-          Lenguaje elíptico y ambiguo (no se define nunca a la oligarquía, las clases medias, la burguesía)

-          Se asume que ciertos grupos políticos representan a ciertas fuerzas clasistas. Sin embargo, la existencia de estas fuerzas clasistas es meramente afirmada y no demostrada empíricamente: “Si no existe una medida independiente de estas variables, entonces es posible que se nos esté presentando un análisis que tanto reduccionista como tautológico: reduccionista porque las fuerzas políticas son tomadas como indicadores de la existencia de clases sociales; tautológico porque la evidencia de la existencia de estas clases es la existencia de estos actores políticos”

-          Con su exagerado énfasis en la clase dominante, el trabajo de Cardoso y Faletto corre el riesgo de transformarse en “un modelo de una sola clase”

Crítica sobre Argentina

-          Aún si Cardoso y Faletto reconocen en este caso diversas fracciones dentro de la clase dominante, afirma sin dudar que la clase dominante es el sector exportador agro-ganadero  y  que la misma está unificada. Sin embargo, los estudios recientes de Portantiero y Murmis establecen que, en realidad, la clase dominante argentina estaba fuertemente dividida: a) en el agro, entre los criadores del interior y los engordadores de la pampa cercana a Buenos Aires; b) en Buenos Aires, entre los industriales ligados a las empresas extranjeras y los industriales basados en el mercado interno

Crítica sobre Brasil

-          Cardoso y Faletto afirman que la fragmentación dentro de la clase dominante era entre los plantadores de café y los industriales de Sao Paulo

-          Sin embargo, los industriales de Sao Paulo provenían de los plantadores de café

-          Las divisiones dentro de la clase dominante no fueron entre distintos sectores productivos (industria/agro), sino que fueron divisiones regionales (con imbricación de sectores productivos). Cada región tenía su fracción de clase dominante basada en el auge de algún producto de exportación en el mercado mundial (café, algodón, azúcar)

-          La división en la clase dominante que permite el ascenso de Vargas en los 1930s, es entre el bando de Sao Paulo y Minas Gerais (la alianza del café con leche) contra las oligarquías más débiles de Rio de Janeiro, Río Grande do sul y los estados del noreste

-          La pretendida autonomía del estado durante el ascenso de Vargas ha sido refutada por E. Diniz y R. Boschi

Críticas sobre Chile

-          Cardoso y Faletto, siguiendo a Claudio Véliz, afirman que los conflictos dentro de la clase dominante fueron los que permitieron la incorporación política de las clases medias

-          Maurice Zeitlin, Kirsch y Ratcliff, no obstante, han demostrado empíricamente lo unificada que se encontraba la clase dominante chilena, lo homogénea que ésta era (unidos y homogéneos se encontraban banqueros, industriales, terratenientes, comerciantes)

-          “Las contradicciones entre el capital agrario y el industrial, y los choques sobre las políticas que los afectaban…no emergieron a partir de unos segmentos clasistas ontológicamente “reales” de terratenientes y capitalistas. Porque los intereses contradictorios y los clivajes sociales dentro de la clase dominante no coincidían; antes bien, los elementos dominantes agrarios e industriales estaban relacionados internamente, sino “fusionados”, en un patrón tan complejo, que ninguno de ellos poseía una autonomía específica o una identidad social distintiva” (Maurice Zeitlin, 1975)

Contrastar con lo planteado sobre Chile por Neocosmos

e) Ian Roxborough

“He argumentado que la noción de que América Latina posea una cierta unidad y persistencia esenciales, tanto en el tiempo como en el espacio, supone una lectura errada del registro histórico, el cual muestra diversidad y cambio”

Sugerencias

-          Debe utilizarse con sumo cuidado el término “clase media”, el cual en realidad uno que funciona como cajón de sastre meramente descriptivo

-          “…paradoja, de una parte, uno de los principales factores en la génesis de la intervención militar en América Latina fue la militancia del trabajo organizado; de otra parte, la sabiduría aceptada en el campo es que el movimiento obrero en América Latina ha sido generalmente débil y/o conservador. Skidmore pregunta, ¿cómo han podido los trabajadores latinoamericanos, una vez considerados como eminentemente manipulables, ser capaces de amenazar a los guardianes de la seguridad nacional? Existe, de hecho, una buena cantidad de evidencia que muestra que la clase trabajadora urbana de Latinoamérica, en ningún caso ha sido tan políticamente pasiva o incapaz de perseguir sus propios intereses de clase como algunos autores nos querrían hacer creer, aún si esto varía naturalmente de país a país”

II. El fetichismo de la hegemonía y el imperialismo (Agustín Cueva, 1984)

Al parecer se trata, en lo esencial, de que Gramsci habría demostrado, en contra de toda una tradición, que la clase dominante se impone como tal no sólo a través de la coerción, o sea de la violencia física, sino también mediante la “hegemonía”, es decir, por medio de una dirección “intelectual y moral” capaz de asegurar incluso el consenso activo de los gobernados

Lo cual es desde luego cierto, pero no constituye una novedad dentro del pensamiento marxista-leninista. La Ideología Alemana, de Marx y Engels, está enteramente dedicada a demostrar que las ideas dominantes en una sociedad son precisamente las de la clase materialmente dominante; y la obra toda de Marx (El Capital incluido) intenta poner en claro los mecanismos estructurales y superestructurales a través de los cuales el momento ideológico de la dominación se realiza: el fetichismo de la mercancía…”

“Y en cuanto a Lenin, casi huelga aclarar que para el proceso de dominación social comprende también un importante momento de dominación cultural que no se puede ignorar”

“¿En donde reside entonces la novedad del pensamiento gramsciano? Tal vez no tanto en sus escritos cuanto en una lectura muy particular de ellos, que tiende a separar el momento ideológico-cultural de la dominación de clase de esa dominación misma”

“…creo que en tu pregunta hay una segunda intención más profunda que podría formularse así: ¿es acaso utópico conquistar la hegemonía si precisamente antes de alcanzar el poder o por lo menos en una estrategia de lucha por el poder, la hegemonía no es sino una parte de la dominación? Si la hegemonía está ya dentro de la dominación es evidente que no puede ser conquistada. En cuanto a esto, creo que hay que revisar el concepto de ideología y, adoptando el pensamiento de Gramsci como modelo de análisis, hay en él otra teoría de la ideología diferente a la de Marx en algunos aspectos. La cuestión de la ideología no puede plantearse simplemente en términos clasistas-instrumentales, es necesario hacer un análisis mucho más complicado” (Christine Buci-Glucksman)

En efecto, si se quiere encontrar a toda costa una novedad trascendental en las reflexiones de Gramsci, ello no puede desembocar en otra cosa que en una revisión del pensamiento del propio Marx y no sólo de las supuestas “desviaciones” ulteriores. En una perspectiva de este tipo el concepto de “hegemonía” adquiere ciertamente originalidad, en la medida en que ya no aparece como momento constitutivo de un proceso estructurado de reproducción social (reproducción de determinado modo de producción), sino como una dimensión autónoma de la sociedad que sería posible alterar cualitativamente aún antes de que la estructura de poder haya sido realmente trastocada”

No se trata pues, de que Lenin ignorara la necesidad de una dirección intelectual y moral de la de la sociedad o desconociera la dimensión “pedagógica” de todo quehacer político, elementos sin los cuales mal puede alcanzarse una verdadera hegemonía: se trata de que, para él, esos elementos no pueden operar como variables independientes del poder tout court. Por eso, el problema de la conquista de la hegemonía en determinada sociedad no puede aparecer, según Lenin, como algo desvinculado de la conquista del poder político, so pena de que de la teoría marxista del estado y la revolución “no quede en pie más una noción confusa de un cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones” (Lenin)

Que Gramsci jamás llegó a formular tesis como las que Lenin critica parece la evidencia misma. Hasta donde conocemos, nunca renegó del leninismo ni negó que hay un momento militar (técnico-militar y político según sus palabras) de la lucha de clases, que no puede ser sustituido por el solo combate ideológico”

Críticas a Gramsci

-          Su tesis central, de que las condiciones de la revolución en occidente son distintas a las de la revolución en occidente, al estar planteada en términos oriente/occidente, da pie para  que más tarde se interpreta la misma de forma culturalista

-          Es incapaz de fundar la diferencia entre occidente y oriente en el desarrollo diferencial de la base productiva en ambas regiones (esto es parte de su deficiente manejo de la economía política)

-          Su deficiente manejo de la economía política le impide preguntarse por las condiciones infraestructurales de constitución y desarrollo de la hegemonía burguesa

-          En ocasiones la autonomía relativa de la esfera política pareciera casi devenir en una autonomía absoluta

-          “Cuando Gramsci se refiere a la evolución del estado en “Occidente”, jamás menciona siquiera el hecho de que se trata de Estados imperialistas; dato que, por asombroso que pueda parecer, también tiende a ser sistemáticamente omitido por la mayoría de sus intérpretes y exégetas. Gracias a esta omisión, que dista mucho de ser peccata minuta, el importante aporte de Gramsci para la mejor comprensión de la forma (modalidad concreta) que la dominación burguesa asume en los Estados imperialistas será convertido, póstumamente, en una especie de verdad ahistórica e indeterminada, en principio aplicable a cualquier Estado capitalista”

-          Significado del término “hegemonía”. Tanto en los idiomas español, como italiano e inglés, el término tiene dos acepciones: a) Supremacía de un Estado sobre otros; b) Superioridad en cualquier grado. Cueva habla de hegemonía cuando se refiere a la supremacía imperialista, y habla de “hegemonía” cuando se refiere a la dirección intelectual y moral”

“…si uno se atiene a la mayor parte de los estudios pretendidamente gramscianos que circulan hoy en día, hasta pareciera ser que el capitalismo ha alcanzado por fin una etapa de humanización en la que la dominación burguesa ya no descansa en última instancia en la “boca del fusil”, sino en la democracia y el consenso

“En todo caso, conviene tener presente que la fase imperialista del capitalismo no se caracteriza por una tendencia general al predominio de las formas democráticas de dominación, sino más bien por un desarrollo desigual de su superestructura política, correlato inevitable del desarrollo desigual de la base económica. Ello determina una suerte de división internacional de las modalidades de dominación en función del lugar que cada eslabón nacional ocupa en la cadena capitalista imperialista”

“…la misma clase dominante que por un lado parece imponerse por su capacidad de “dirección espiritual y moral” (en los eslabones fuertes primordialmente), por otro lado necesite aplicar niveles supremos de violencia en los eslabones débiles, sobre todo cuando se desarrollan movimientos sociopolíticos que buscan alterar significativamente dicha configuración (movimientos de liberación nacional). No está por demás recordar, a este respecto, que son los mismos aparatos armados supuestamente “democráticos” y “apolíticos” de los Estados Unidos y algunos países de Europa Occidental –los mismos, ni más ni menos- los principales encargados de desestabilizar a los regímenes progresistas del Tercer Mundo, cuando no de aplicar en éste, de manera sistemática, desde la tortura hasta el genocidiodespués de todo la eficacia represiva de los gobiernos de América Latina no deriva de ninguna tradición autóctona de “barbarie”, sino del entrenamiento, asesoramiento y apoyo logístico proporcionados por los centros “democráticos” de Occidente, de donde proviene, además, lo medular de su alimento ideológico

En efecto, uno de los mayores espejismos que genera el sistema imperialista es el de una articulación lineal y no estructural de sí mismo, según lo cual pareciera que la contextura de sus puntos más “avanzados” poco o nada tiene que ver con la de sus lugares “atrasados”, ni siquiera en el plano económico y menos aún en el político: cómo si el comportamiento de gentleman que la burguesía exhibe en sus centros imperiales fuese completamente ajeno a las tropelías que comete en la periferia, anverso y reverso de una única medalla

“De acuerdo con esta distorsión ideológica, el problema de la “hegemonía” o no “hegemonía” de la burguesía en determinado espacio aparece como una cuestión exclusivamente interna, es decir nacional, desvinculada de la otra hegemonía, sin comillas, que se articula con una envergadura internacional y constituye el verdadero soporte de la primera

“…es innegable que en los eslabones fuertes se ha desarrollado una contextura estructural caracterizada simultáneamente por la flexibilidad y la resistencia, que al mismo tiempo que ha ampliado el espacio reformista ha disminuido las posibilidades de ruptura revolucionaria, y a la par que ha permitido la vigencia de formas democrático-burguesas de dominación, ha opuesto una sólida barrera para su superación. De suerte que, si bien la superestructura política de los países “avanzados” del capitalismo registra en cierto sentido (desarrollo de la democracia burguesa) un correlativo avance con respecto a la de los países subdesarrollados, desde otra perspectiva, que es la de las posibilidades de una transformación revolucionaria, involucra actualmente un considerable retraso en relación con el Tercer Mundo”

Convencidas de que bourgeoise oblige, las corrientes eurocomunistas, por ejemplo, esperan ahorrarse los dolores del parto de una nueva sociedad, que cuentan con alumbrar con la sola mediación de una ordalía ideológica que llevaría a la conquista de la hegemonía”

“…verdad a medias: la afirmación de que la democracia burguesa vigente en los eslabones fuertes se explica, de manera indeterminada, por la lucha de sus clases populares. Verdad a medias, decimos, puesto que aquí también se omite algo que es más que un mero detalle: los parámetros estructurales del sistema que han permitido que esa lucha de clases, que nadie pretende ignorar, produzca ciertos efectos y no otros, como los que se registran en los países subdesarrollados, por ejemplo. ¿O es que se piensa, seriamente, que suiza es más democrática que Guatemala porque en el país alpino la lucha de clases es y ha sido más intensa?”

Frases
-          Pero también hay en tal postura mucho de snobismo y dependencia intelectual, siempre resulta más elegante glosar el último libro europeo que escudriñar a fondo nuestra realidad o rescatar el inmenso acervo revolucionario acumulado por los movimientos de liberación del Tercer mundo

-          “De sobra conocemos que el mundo de hoy se ha tornado más intrincado y contradictorio que nunca; pero pensamos que ninguna frondosidad o enmarañado follaje deben hacernos perder de vista los perfiles del gran bosque”

¿Errores de la izquierda latinoamericana?

-          En primer lugar es falso que la izquierda latinoamericana haya descuidado este problema (la democracia) hasta antes de recibir la última “iluminación” metropolitana. La revolución cubana triunfó como abanderada de la democracia en contra de la teoría batistiana; la experiencia chilena fracasó por llevar su vocación democrática hasta sus últimas y casi suicidas consecuencias; el movimiento sandinista encarnó y sigue encarnando las aspiraciones democráticas de su pueblo”

-          En segundo lugar es asimismo falso que la izquierda ha fracasado en América Latina por no haberse percatado de que, junto a las reivindicaciones estrictamente proletarias, debía incluir también las de índole nacional y popular-democrática. Si de algo ha pecado la izquierda latinoamericana en algún momento de su historia es más bien del error contrario: no haber logrado imprimir una dirección proletaria a tantos y tantos movimientos democráticos y nacionalistas. El problema se ubica en síntesis en otro nivel: ¿cómo recuperar lo nacional-popular sin caer en el nacional-populismo que algunos parecen añorar?

-          Como quiera que sea, es pertinente recordar que la necesidad de forjar una “voluntad nacional popular”, como ingrediente necesario de nuestra liberación, la formuló claramente José Martí un siglo ha”

III. ¿Teoría de la cultura o análisis materialista histórico del campo denominado cultural? (Agustín Cueva, 1982)

“…de un lado, queda la convicción de que aquellos clásicos (Marx y Engels) sí sentaron las bases para una explicación de la cultura; de otro, está la cuasi certidumbre de que apenas si la mencionan en sus obras. Cuando a ella se refieren explícitamente, es siempre de manera tangencial, jamás, en todo caso, utilizan el término cultura como un concepto teórico, es decir, como un concepto destinado a producir el conocimiento de un objeto determinado

Lenin nunca precisa lo que ha de entenderse por cultura y, lo que es más, emplea el término en los más variados sentidos y, lo que es más, emplea el término en los más variados sentidos: conocimientos científicos o técnicos, educación, literatura, arte, ideología, hábitos, costumbres, etc. Se trata, a no dudarlo, de un uso simplemente descriptivo del vocablo: con él alude a un campo abigarrado de la realidad, que no a un objeto teóricamente construido. Como luego se verá, cada conjunto de fenómenos culturales es, además, sujeto a un tratamiento político distinto por parte de Lenin”

“¿Insuficiencia de los clásicos del marxismo? ¿Laguna teórica que hay que colmar?”

“…lo que habitualmente denominamos cultura, o sea, la “completa y multiforme producción de toda la tierra” (o de un país determinado, si se quiere restringir espacialmente el problema), está constituido por un conjunto de fenómenos que no poseen otro denominador común que el de ser “creaciones de los hombres”; es decir, productos no naturales. Ahora bien, parece evidente que similitud tan general mal puede servir de fundamento para la conformación de un objeto teórico: elaborar una “teoría de la cultura” resulta, en este sentido, tan difícil como elaborar una teoría de la naturaleza”

En segundo lugar, y como derivación de lo anterior, es patente que el campo cultural engloba un conjunto de fenómenos que, más allá del denominador común señalado, poseen estatutos teóricos diferentes en la medida que corresponden a niveles asimismo diferentes de la realidad social. El clásico intento de clasificar a la cultura en por lo menos dos grandes categorías, “cultura material” y “cultura espiritual”, demuestra, con todo lo insatisfactorio que pueda ser, la existencia de una percepción del problema planteado en casi todos los autores que abordan esta temática”

Tercero: al ser la cultura una creación de los hombres, es quiérase o no, un producto social; no puede comprendérsela, por tanto, al margen de sus condiciones sociales de producción, y consecuentemente, de la estructura social a partir de la cual es producida. Contrariamente a lo que postula el pensamiento idealista, no es la cultura la que confiere sentido a la sociedad sino que es ésta, a través de sus estructuras y procesos, la que confiere sentido a la cultura; en otras palabras, la que la determina”

“Por todo esto, lo que en cierto momento aparecía como una paradoja de los clásicos del marxismo, casi como una insuficiencia conceptual suya, resulta ser en el fondo un movimiento teórico necesario en la medida en que corresponde, como decíamos, a la contextura misma de la realidad. Ya que la cultura no es, en primera instancia, un factor constitutivo (determinante) de la estructura social, sino más bien un campo empírico determinado por ella, no sólo teórica sino también metodológicamente, se impone un desplazamiento que consiste en alejarse momentáneamente del plan de su existencia fenoménica (poniendo incluso entre paréntesis el concepto que descriptivamente la señala), para ubicarse en el plano de las estructuras y procesos que le confieren sentido”

“…el del grado y las maneras en que una cultura históricamente constituida y determinada, sobredetermina a su turno la forma concreta de desarrollo de los procesos sociales y confiere a la formación social respectiva una “fisonomía” nacional sui generis”

“En cada cultura nacional hay elementos, por muy poco desarrollados que estén, de cultura democrática y socialista, pues en cada nación hay la masa trabajadora y explotada, cuyas condiciones de vida engendran inevitablemente una ideología democrática y socialista. Pero en cada nación, hay también una cultura burguesa (y, muy a menudo, una cultura reaccionaria y clerical)- y ésta no sólo bajo la forma de “elementos”, sino en forma de cultura
“dominante”. Por eso la cultura nacional es, en general, la cultura de los terratenientes, de los popes y de la burguesía”
(Lenin, “Notas críticas sobre la cuestión nacional”)  

“...la categoría cultura no es ni puede ser considerada como categoría explicativa central de ninguna disciplina de la ciencia social…sin embargo, es indispensable precisar con claridad las relaciones categoriales, objetivas, y lógicas, entre el aspecto cultural de la sociedad, y la categoría explicativa fundamental de formación económico-social” (Luis Bate, sociedad, formación económico social y cultura, 1978)

“Por esto, la cultura democrática y socialista existe, en este caso, bajo la forma de simples elementos, mientras que la cultura burguesa está presente bajo una forma distinta: como entidad que, por el hecho de ocupar la posición dominante, se halla en mejores condiciones estructurales de articularse a sí misma y de articular, imprimiéndole su sentido, a la mayor parte de los elementos a ella subordinados”

“…para Gramsci, un importante segmento de la cultura “popular” aparece como una verdadera amalgama, incapaz de articularse en la medida en que carece, según sus palabras de “concepciones elaboradas, sistemáticas y políticamente organizadas y centralizadas en su contradictorio desarrollo

“…tanto en opinión de Lenin como de Gramsci, la cultura solo puede articularse realmente con el concurso de una ideología que la organice y confiera sentido a cada uno de sus elementos. Sin el concurso de este factor sistematizador y políticamente orgánico, la cultura mal puede rebasar su espontánea condición de amalgama, como no sea en niveles estrictamente formales. Lo que no quiere decir, por supuesto, que la cultura sea reductible a la ideología que la articula: si ésta está en capacidad de organizar a aquella, es justamente porque son distintas”

Gramsci…cuando se refiere a la “moral del pueblo”, o sea, a ese “conjunto determinado (en el tiempo y en el espacio) de máximas para la conducta práctica y costumbres que de ella se derivan o que han producido”, observa que:

“También en esta esfera se deben distinguir diversos estratos: los fosilizados, reflejo de condiciones de vida pasadas y, por consiguiente, conservador y reaccionarios, y los que constituyen una serie de innovaciones, a menudo creadoras y progresistas, espontáneamente determinadas por formas y condiciones de vida en proceso de desarrollo y en contradicción con la moral de los estratos dirigentes –o solamente distintos de ella” (Gramsci)

“Reflexión que nos previene contra toda interpretación empirista de lo que ha de entenderse por cultura de clase. En efecto, no todo lo que el pueblo produce, piensa o practica, constituye automáticamente tal tipo de cultura, en la medida en que entre sus expresiones culturales hay también una buena dosis de elementos “fosilizados” y de prácticas y normas simplemente neutras en términos clasistas. Suponer lo contrario, a partir de cierto romanticismo, jamás conduce más allá de posiciones populistas”

La dimensión no clasista de la cultura

-          La definición que acabamos de formular sugiere que no toda “la completa y multiforme producción de toda la tierra” se constituye o puede constituirse en cultura de clase, sino únicamente una parte de ella

-          “…confundir lo que es propiamente una cultura de clase…con lo que es una cuestión bien distinta: la utilización por las clases de ciertos elementos instrumentos culturales como instrumentos de lucha. Los conocimientos en materia de aeronáutica, por ejemplo, no forman parte de ninguna cultura de clase, por mucho que en una sociedad capitalista puedan ser utilizados para reprimir a los sectores populares o destinarse al disfrute preferencial de determinada clase. Son dos órdenes de problemas totalmente distintos en la medida en que en un caso estamos ante objetos internamente estructurados de acuerdo a una lógica de clase y en el otro no”

-          “Al proclamar la consigna de “cultura internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial”, tomamos de cada cultura nacional sólo sus elementos democráticos y socialistas, y los tomamos única y exclusivamente como contrapeso a la cultura burgués y al nacionalismo burgués” (Lenin, “Notas críticas sobre la cuestión nacional”) 

-          Hay que tomar toda la cultura que el capitalismo ha dejado y construir con ella el socialismo. Hay que tomar toda la ciencia, la técnica, todos los conocimientos, el arte. Sin ello no podemos construir la vida de la sociedad comunista. Y esta ciencia, esta técnica, este arte, están en las manos y en los cerebros de los especialistas” (Lenin, 1919) 

-          ¿El Lenin de 1919 contradecía realmente al Lenin de 1913? Por cierto que no. En 1920 volvió a insistir en que “no se puede desterrar ni destruir a los intelectuales burgueses”, o sea, a esos especialistas de los que hablaba un año antes; pero simultáneamente recalcó que:
“…hay que vencerlos, transformarlos, refundirlos, reeducarlos, así como, por lo demás, hay que reducar, al precio de una lucha de largo aliento, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los propios proletarios, los cuales tampoco se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses súbitamente, por milagro, bajo la prescripción de la virgen, bajo el efecto de una consigna, de una resolución, de un decreto, sino solamente al precio de una lucha de masas, larga y difícil, contra las influencias pequeñoburguesas en las masas” (Lenin, “La enfermedad infantil del comunismo: el izquierdismo”, 1920)

“El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalista; y no puede importar el menor retroceso en las conquistas de la civilización moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional” (Mariátegui, Ideología y política)

“…cuando afirma que de cada cultura nacional, hay que tomar sólo (y lo subraya) sus elementos democráticos y socialistas, Lenin alude a determinada dimensión de la cultura: la que tiene que ver con las ideas, representaciones, costumbres, hábitos, etc, vinculados al plano de las relaciones sociales de producción; es decir, a las relaciones de explotación y dominación-subordinación que mantienen unos hombres con respecto a otros (relaciones de clase). Y en este plano, claro está, el socialismo mal puede hacer suya esta cultura: tiene que vencerla

En cambio, cuando Lenin habla de “tomar toda la cultura que el capitalismo ha dejado”, se refiere sin duda a otra dimensión de esa cultura: concretamente, a todos los conocimientos y maneras de hacer (técnicas) que implican variados grados de dominio del hombre sobre la naturaleza; esto es, a la parte de la cultura que tiene que ver con el desarrollo de las fuerzas productivas, tanto en su aspecto “material” como “espiritual”. Por eso aquí incluye también al arte, que en cierto nivel es una práctica encaminada al dominio espiritual de la naturaleza (trátese de la exterior al hombre o de la suya propia)”

“…parecen pues corroborar nuestra tesis de que la órbita cultural vinculada al desarrollo de las fuerzas productivas no constituye una cultura de clase propiamente dicha, por más que en una sociedad antagónica dicha órbita esté, como es natural, instrumentalizada por la clase dominante”

“…a) porque si el hecho de negar las culturas de clase conduce inexorablemente a una desviación de derecha, la posición contraria, de reducir toda cultura a términos clasistas, conduce a un error de ultraizquierda; y b) por que aquella distinción determina dos formas diferenciadas de la lucha de clases: lucha por la abolición de la cultura de clase del adversario, en un caso; lucha por la expropiación de los elementos culturales no clasistas que ese adversario ha acumulado, en el otro”

La cultura en su dimensión formal: el ejemplo de la lengua 

“En pocas palabras: no puede incluirse a la lengua ni en la categoría de las bases ni en la categoría de las superestructuras. Tampoco puede incluírsela en la categoría de los fenómenos “intermedios” entre la base y la superestructura, pues tales fenómenos “intermedios” no existen” (Stalin, “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. El marxismo y la lingüística”)

“…por un lado, que existe alguna analogía entre la lengua y los instrumentos de producción, ya que ambos “manifiestan una cierta indiferencia hacia las clases y pueden servir por igual a las diversas clases de la sociedad” (Stalin); y por otro, que ello no obstante la lengua no puede identificarse con tales instrumentos en tanto no produce bienes materiales sino solo “palabras”

 Base y superestructura

En efecto, si concebimos a estas dos instancias como categorías taxonómicas destinadas a encasillar exhaustivamente la realidad social, con todos sus procesos y fenómenos, siempre aparecerán la lengua, el deporte, la familia o lo que fuere, para jugarnos una mala pasada teórica. Y nos la jugarán inevitablemente, por la sencilla razón de que los conceptos de base y superestructura no pueden ser tratados como casillas taxonómicas, sino como lo que en realidad son: puntos nodales de articulación del todo social que, al constituir su estructura fundamental, determinan en grado diferente al conjunto procesos y fenómenos también sociales, pero que en sí mismos no constituyen, por definición, ni una base ni una superestrutura. Las propias ideas, recordémoslo, sólo forman parte de la superestructura cuando configuran ideologías históricamente orgánicas, es decir, que son necesarias a determinada estructura”

“…que el campo denominado cultural es mucho más rico y variado que sus determinaciones estructurales, aunque sólo fuese por el hecho de que siempre “el fenómeno es más rico que la ley”. Por algo la “esencia” (estructura) tiene que ser aprendida mediante un proceso de abstracción, o sea, como el mismo fenómeno lo indica, mediante la extracción de ciertos elementos, los esenciales, con exclusión de los demás”

Lengua  

-          “…su configuración interna básica corresponde a la necesidad de establecer las condiciones formales de emisión de un cierto tipo de mensajes y no a una determinación proveniente del desarrollo de las fuerzas productivas o de tales o cuales relaciones sociales de producción. No hay ninguna morfología, sintaxis, fonética o fonología susceptible de explicarse por su relación con alguno de esos planos estructurales; y ni siquiera el nivel semántico de un idioma puede explicarse por tal tipo de determinación, a no ser en parcelas muy marginales y que en realidad sólo adquieren pleno sentido cuando se pasa del plano del código (lengua), al de los mensajes emitidos a través de él, lo que obviamente poseen ya un contenido extralingüístico: ideológico científico, o simplemente pragmático, según el caso

-          “…la lengua es un fenómeno cultural neutro en el sentido de que ni constituye un punto nodal de la estructuran de una formación social ni su configuración interna básica depende de determinaciones provenientes de tal estructura

-          “…por ser la lengua un código que establece las condiciones formales de emisión de cierto tipo de mensajes, se encuentra por así decirlo al abrigo de una determinación que la convierta, por ejemplo, en mero código de clase. Si la ideología dominante quiere realmente dominar, tiene que emitir sus mensajes a través de un código que los dominados entiendan, trátese del código lingüístico o de cualquier otro código análogo”

-          Si bien es verdad que la estructura de una formación social no determina la configuración interna básica de la lengua, también es cierto que no por ello deja de sobredeterminarla en otros niveles o aspectos de su desarrollo histórico”

-          Emplear determinados términos, construir la frase de determinada manera, pronunciar un fonema en tal o cual forma, pueden efectivamente convertirse en “marcas” de clase en la medida que allí entre a operar un segundo código (ya superestructural) adherido al primero (propiamente linguístico)”

-          “…en algunas formaciones sociales, la sobredeterminación a la que nos hemos referido puede llegar a conferir un estatus a idiomas enteros”. Ejemplo: español: a) en Uruguay es neutro y no tiene estatus); b) en eeuu es lengua dominada; c) en ciertas zonas andinas es lengua dominante (por sobre las lenguas indígenas)

La nación como dimensión formal de la cultura

-          “Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura” (Stalin, El marxismo y la cuestión nacional)

-          La cita de Stalin sólo es válida cuando se entiende a la nación bajo la dimensión formal de la cultura

Ideas interesantes

-          La producción y reproducción de la vida social es un proceso que no sólo involucra contenidos (estructurales) sino también formas; las que en cierto sentido constituyen materiales concretos a través de los cuales los hombres se ligan subjetivamente con sus condiciones de existencia”

-          “No hay que olvidar que cuando se habla de formas culturales se está hablando de formas en perpetua búsqueda de contenidos; esto es, en busca de un sentido histórico que no está dado de una vez por todas, sino que va conformándose al calor de arduas luchas”

Reflexión

Formación económico-social particular

-          Se utiliza este concepto para establecer la diferencia con el empleo del concepto de formación económico-social en un sentido más amplio, que se refiere a toda una etapa histórica del desarrollo universal

-          Consiste en la unidad de la base con la superestructura, articulada de manera específica gracias a la presencia de un Estado que, con su acción “reguladora”, tiende a crear un espacio relativamente autónomo de acumulación, tanto en el sentido estrictamente económico del término como en el sentido más amplio d una acumulación de tradiciones y contradicciones, dotadas de un ritmo histórico particular”

-          Sociedad civil: “…abarca toda la vida comercial e industrial de una fase y, en este sentido, trasciende los límites del Estado y de la nación, si bien, por otra parte, tiene que hacerse valer al exterior como nacionalidad y, vista hacia el interior, como Estado” (Marx, la Ideología Alemana)

-          “Una formación económico-social solo puede cohesionarse como tal en la medida que al mismo tiempo consolide su condición de Estado-nación, forjando ese espacio relativamente autónomo de acumulación al que hemos hecho referencia. Más el problema reside, justamente, en las condiciones históricas concretas de conformación y desarrollo de dicho espacio. El estado burgués, por el sólo hecho de existir, tiende desde luego a cohesionar a la sociedad civil y a construir Estado-nación. Pero, una cosa es lo que el estado se proponga como tarea, y otra, a veces muy diferente, lo que efectivamente pueda lograr en determinadas condiciones históricas. No olvidemos que si por un parte el estado es el elemento “regulador” de las contradicciones de la sociedad civil, por otra parte es también e inexorablemente el reflejo de ellas, que son las que en última instancia lo determinan. Esa sociedad civil rebasa, por lo demás, las fronteras del Estado-nación, “trasciende sus límites”, como lo recuerda Marx, constituyendo por ende no sólo su condición interna sino también externa de existencia

Las condiciones de constitución de un Estado-nación

-          Una condición interna fundamental para la configuración de un verdadero estado nación consiste en la creación de un mercado interior que rebase los límites puramente locales y regionales y abarque todo el ámbito de una formación económico-social particular (mercado nacional). Mercado en el sentido económico, naturalmente, puesto que allí radica la base objetiva de todo lo demás; pero también mercado cultural, en el sentido de comunidad de vivencias y símbolos nacionalmente compartidos”

-          “…un mercado de tales características sólo puede constituirse sobre la base de la disolución de la matriz precapitalista: el precapitalismo es, por definición, un factor de disgregación y no de unificación en el terreno económico y, a fortiori, en el terreno cultural. En este sentido, la creación de las condiciones materiales de existencia de un espacio nacional realmente integrado guarda relación estrecha con el proceso de acumulación originaria…”

Nación, Estado y cultura en AL

-          Pero tal proceso no es necesariamente lineal ni uniforme. En América Latina, sobre todo, está marcado por un desarrollo desigual en extensión y profundidad, por modalidades y ritmos que varían no sólo de país a país, sino incluso de región a región, determinando grados diversos de disolución de la base precapitalista previa”

-          “Al seguir el capitalismo latinoamericano, ulteriormente y por regla general, una vía reaccionaria de desarrollo, la disolución de los elementos precapitalistas deviene un proceso lento y tortuoso, que dificulta la articulación de un mercado interior verdaderamente nacional. Quiérase o no, la etapa denominada oligárquica implica una sociedad todavía regionalizada y estamentalizada; de suerte que no es sino hasta la fase siguiente (de “desarrollo hacia adentro” como diría la cepal) que tal mercado se configura, simultáneamente con la conformación de un circuito interno relativamente amplio de reproducción del capital. Pero aún entonces el problema de la heterogeneidad estructural de nuestras sociedades persiste, en razón misma de que el tránsito de una fase a otra se ha operado por medio de mutaciones graduales y desiguales, que no mediante un transformación estructural a la vez global y radical”

-          Lo que es más: todo el proceso histórico al que venimos refiriéndonos está estructuralmente determinado por la forma en que América Latina se inserta dentro del sistema capitalista imperialista mundial; o sea, por una situación de dependencia que no hace más que profundizar el carácter contradictorio de nuestro desarrollo y obstruir, de maneras diversas, la plena conformación de  las entidades nacionales”

-          “…glosando aquella cita de Marx, podríamos afirmar que la sociedad civil latinoamericana, estructuralmente heterogénea y dependiente, tiene una dificultad congénita para “hacerse valer” hacia el exterior como nación independiente y, hacia el interior, como Estado soberano, capaz de desarrollar con plenitud ese espacio relativamente autónomo de acumulación

-          Por las razones que acabamos de señalar las clases dominantes han sido, por regla general, históricamente incapaces de asumir la “dirección intelectual y moral” de nuestras sociedades y, por ende, de regir claramente el proceso de conformación de una cultura nacional latinoamericana. El hecho de que el capitalismo no se haya desarrollado aquí por una vía democrática, ciertamente les ha impedido nutrirse de la savia popular, asimilarla y desarrollar con sus ingredientes una sólida cultura burguesa nacional, legitimándose al mismo tiempo cm clase”

-          “…los elementos democráticos y liberadores de nuestra culturaOprimida por el cerrojo oligárquico-burgués-imperialista, de hecho las expresiones culturales más altas de nuestro subcontinente corresponden a un movimiento de rebeldía contra él. Si en el caso ruso al que aludía Lenin podía decirse, con razón, que la cultura nacional es “en general la cultura de los terratenientes, de los popes y de la burguesía”, en el caso latinoamericano no cabría afirmar legítimamente lo mismo”

-          “Y no se trata, desde luego, que la cultura burguesa imperialista no sea aquí la cultura dominante: sin duda lo es, pero no de manera omnímoda, ni sin una fuerte resistencia. Por eso, tal cultura raras veces aparece como la expresión de una suave “hegemonía”, sino más bien, en perspectiva histórica, como un proceso de contrarrevolución cultural permanente. A las armas de una cultura nacional bastante crítica, el bloque dominante frecuentemente no tiene otra cosa que oponer que la crítica de unas armas sin mayor alternativa cultural nacional. Es sintomático, por lo demás, el que en gran parte de los países latinoamericanos la verdadera intelectualidad “orgánica” de aquel bloque se encuentre en los institutos castrenses, antes que en las universidades y otros centros propiamente culturales”

-          Precisamente por nuestra temprana incorporación al sistema capitalista mundial (siglo XVI), el horizonte cultural de América Latina rebasa el ámbito de lo estrictamente nacional”

-          “El nacionalismo de las naciones europeas –donde nacionalismo y conservatismo se identifican y circunstancian- se propone fines imperialistas. Es reaccionario y antisocialista. Pero el nacionalismo de los pueblo coloniales –sí, coloniales económicamente, aunque se vanaglorien de su autonomía política- tiene un origen y un impulso totalmente diversos. En estos pueblos, el nacionalismo es revolucionario y, por ende, concluye con el socialismo. En estos pueblos la idea de la nación no ha cumplido aún su trayectoria ni ha agotado su misión histórica” (Mariátegui)   

IV. ¿Vigencia de la anticrítica o necesidad de autocrítica? (Agustín Cueva)

Me parece de verdad deplorable que al cabo de cuatro años y más de reflexión, los colegas Theotonio dos Santos y Vania Bambirra no hayan encontrado mejor manera de refutar mi artículo “Problemas y perspectivas de la teoría de la dependencia”, que a través de una serie de “recursos” que en lugar de esclarecer los problemas de fondo, los sumergen en un terreno pantanoso por el cual resulta difícil transitar”

“Nada se avanza, por ejemplo, con la confección de extensas listas de “supuestos” adherentes a la teoría de la dependencia (Vania Bambirra y Cardoso), ni con acudir a la acumulación constante de autoelogios (Vania Bambirra a sí misma): los “comerciales” están de sobra en una discusión de orden teórico”

“Tampoco se gana nada con “argumentar” que las críticas a la teoría de la dependencia hacen retroceder al marxismo en más de cincuenta años (como hace Dos Santos), o contratar de reducir la polémica a la simple oposición entre teóricos de la dependencia “profundos” y críticos “superficiales” (como hace Bambirra –Dos Santos, por su parte, trató de superficial al mismo Lenin)como si existiera un dios encargado de concentrar todas las virtudes en un círculo de elegidos”

“Y resulta completamente estéril plantear las cosas en términos de, ¿dónde está un pensamiento superior al de los autores dependentistas? (como hace Bambirra: “Y la verdad es que hasta hoy ese pensamiento superior, que sea capaz de entregar una explicación global, coherente y fundamentada de la realidad latinoamericana aún no ha aparecido, ninguno de los críticos de la teoría de la dependencia lo ha formulado”)…En lo personal, carezco de la infatuación necesaria para atribuir “superioridad” a ninguno de mis modestos trabajos; y, en lo que a la obra mis colegas marxistas no dependentistas concierne, creo que no requiere de turiferarios”  

En cuanto a la acusación de insuficiente manejo de bibliografía “adecuada” (como hace Bambirra), me parece que tal vez hubiera sido más prudente no mentar la soga en casa de los ahorcados. Limitada como en realidad es, la bibliografía que empleo en mi citad artículo resulta una verdadera Biblioteca de Alejandría comparada con la que los autores dependentistas utilizaron (¿cuál?) al criticar al marxismo “tradicional” latinoamericano; o, para no ir tan lejos, con la que la misma Vania Bambirra maneja ahora para reconstituir los planteamientos de Enrique Semo o los míos”

“Y creo que no vale la pena detenerse a analizar el resto de recursos anticríticos (e.g. No voy a entrar a discutir, por ejemplo, razonamientos de este tipo: Dos Santos dijo que “hay que reformular algunos equívocos en lo que incurrió Lenin”, pero jamás dijo que éste estuviera equivocado, es absurdo leerlo de esa manera” –Bambirra-), que más que una discusión realmente seria parece apuntar hacia un intento de reproducción (ya simple) de la ideología dependentista

“Antes de pasar a algunas precisiones de fondo, sólo quiero consignar mi asombro de que Theotonio dos santos se indigne contra quienes han tratado de “agrupar en una misma teoría a toda una corriente de ideas donde hay enormes divergencias internas…produciendo una repelente promiscuidad intelectual” (Dos Santos); y mi perplejidad no menor por el hecho de que Vania Bambirra llegue a escribir que “sólo los espíritus simplistas pueden encajonar a todos bajo un mismo rótulo” (Bambirra), siendo que el fundador de este método no es otro que Dos Santos, en un texto (de 1968) que concluye diciendo que “este procedimiento es legítimo como discusión de los principios epistemológicos que orientan posiciones completamente divergentes desde otros puntos de vista” (Dos Santos)

“Hay un viejo refrán que dice que la caridad debe comenzar por la propia casa; no estaría mal que con la recomendación de leer “a fondo” los textos dependentistas ocurriera lo mismo”

“Supongo que para cualquier lector está claro que en mi referido artículo no pretendo demostrar que las obras de determinados autores carecen de valor; ni negar que los trabajos de orientación dependentista contengan aportes valiosos para el estudio de nuestra realidad”

Tampoco he reprochado jamás a los colegas dependentistas –sería un tamaño absurdo- el haber tratado “los temas del desarrollo, la dependencia, del atraso y de la lucha concreta de clases”, como lo sugiere Bambirra

Lo que he sostenido y sostengo es que la especificidad de la llamada teoría de la dependencia radica en la aplicación de un paradigma simplista, mecánico, unilateral, de análisis de los problemas latinoamericanos, que consiste en deducirlo todo de nuestra “articulación con la economía mundial”. Y que, metodológicamente adialéctico, dicho paradigma ha impedido comprender adecuadamente la organización jerarquizada de las distintas determinaciones y contradicciones de nuestro desarrollo histórico, así como de las categorías susceptibles de explicarlo; hecho que, a su turno, ha desencadenado bizantinas discusiones teóricas, ciertamente “originales”, pero no en el sentido que le atribuían sus autores”

Si alguien quiere tener una idea cabal del grado de “originalidad” que se llegó a atribuir a la realidad latinoamericana, no tiene sino que leer la ponencia de Fernando Henrique Cardoso, incluida en el libro “Clases sociales y crisis política en América Latina”. Hubo un momento, que las generaciones más jóvenes seguramente tienen dificultad en imaginar, en que ya era casi imposible utilizar un concepto clásico del marxismo sin que a uno se le respondiera de inmediato: esa categoría es inaplicable porque nuestros países constituyen sociedades “dependientes”      

Contra este “marco teórico” (como entonces se decía) se produjo una fuerte reacción hacia mediados de la presente década, reacción tan notoria que algún colega (Edelberto Torres, si la memoria no me engaña) hasta la tildó de “moda antidependentista”. Mi artículo de marras, que no es sino una modesta ponencia de pocas páginas, se difundió de manera inesperada justamente por ello: porque expresaba, con todas sus limitaciones y defectos, un malestar teórico que había venido generándose en muchos ambientes académicos y políticos de América Latina”

Frase
Lo que entonces cuestioné, y sigo cuestionando, no son pues personas ni “temas”: es la viabilidad y pertinencia teórica de aquél paradigma analítico”

¿En qué consiste la teoría de la dependencia?

“(la teoría de la dependencia existe, pero) Obviamente no en el sentido de una teoría general del modo de producción capitalista, pues esto fue hecho por Marx; ni tampoco del “modo de producción capitalista dependiente”, pues esto no existe; sino del estudio de las formaciones económico-sociales capitalistas dependientes, vale decir, el análisis a un nivel de abstracción más bajo, capaz de captar la combinación específica de los modos de producción que han coexistido en América Latina bajo la hegemonía del capitalismo” (Vania Bambirra) 
  
Versión tan remozada de las cosas, que no puede menos que causarme extrañeza: resulta, a estas alturas, que la teoría de la dependencia consiste en el análisis de la combinación específica de los modos de producción que han coexistido en América Latina…¡nous voilá dependentistas, todos nosotros, sin haberlo sospechado siquiera!”

“Pero nuestros estudios sobre la dependencia, realizados en el equipo de investigación del CESO, fueron más lejos aún y se trató de demostrar cómo no se puede analizar el proceso de reproducción del sistema capitalista dependiente, desvinculado del sistema capitalista mundial, sencillamente porque la reproducción dependiente del sistema pasa por el exterior, es decir, en un primer momento los sectores I (bienes de producción) y II 8bienes de consumo manufacturados) están en el exterior…” (Bambirra)

“Hipótesis general tan evidente que ni el más bronco economista burgués la impugnaría (¿para qué, además?); pero que, sin embargo, se estropea de entrada con un desaguisado teórico. En efecto me gustaría saber cuál es esa primera etapa en la que los sectores I y II del “capitalismo dependiente” latinoamericano están en el exterior; porque, así formuladas las cosas, pareciera que se trata de los cinco primeros días de la creación: al no haber en el interior de nuestras sociedades ni un sector I ni un sector II, en términos marxistas simplemente no hay nada, y la única relación de dependencia que puede establecerse es con respecto a dios. Sospecho lo que Vania Bambirra quiere decir; pero justamente porque alude de manera teóricamente incorrecta a un problema por lo demás archisabido, para cuyo descubrimiento no hacía falta “ir más lejos aún

Cueva señala otro cambio registrado en el trabajo de Theotonio Dos Santos

“…nuestras economías nacionales…tienen su procesos de acumulación condicionado por su modo de inserción en esa economía internacional; y, al mismo tiempo, determinado por sus leyes propias de desarrollo interno…las palabras condicionado y determinado quieren reflejar conceptos precisos. Una estructura socio-económica dada tiene sus leyes de movimiento determinadas por sus elementos constitutivos y las relaciones que establecen entre sí. Son esos elementos los que explican, en última instancia, sus leyes de movimiento” (Theotonio Dos Santos, 1978)

“Pero me pregunto si esto es un mero desarrollo de las tesis dependentistas o una rectificación post festum”

“La relación de interdependencia entre dos o más economías, y entre éstas y el comercio mundial, asume la forma de dependencia cuando algunos países (los dominantes) pueden expandirse y autoimpulsarse, en tanto que otros (los dependientes) sólo lo pueden hacer como reflejo de esta expansión” (Theotonio Dos santos, 1968)

Ahora bien, si tal tipo de rectificaciones de anteriores posturas teórico-metodológicas se ha producido en buena, ¿para qué seguir insistiendo en la defensa a ultranza de una “teoría” que iba sin duda por otros caminos?”

Yo sé que a Theotonio dos santos le desagrada que algunos, “con gusto muy deteriorado”, hablemos de dependentismo; pero sucede que, por desgracia, la denominada teoría de la dependencia sólo puede existir como tal dependentismo. En efecto, ¿Qué queda de original en la propia postura metodológica de Dos Santos con respecto a la naturaleza de la relación de lo externo con lo interno, una vez que ha abandonado su antigua tesis dependentista del “desarrollo-reflejo”? Nada”

“¿Y qué teoría de la dependencia puede subsistir en Dialéctica de la Dependencia de Ruy Mauro Marini, si en lugar de su postulado básico de que todos y cada uno de nuestros problemas han de explicarse por la inserción de las economías latinoamericanas en el mercado mundial, coloco el supuesto, que actualmente maneja Vania Bambirra, de una articulación de modos de producción? En el caso de Marini el problema se torna aún más evidente en razón del alto grado de sistematicidad y rigor de su trabajo”

Lo político

 “Agustín Cueva, por su parte, critica la “ambigüedad” de Cardoso y Faletto; pero yo creo que el ambiguo resulta ser él. A final de cuentas, ¿cuál es la posición suya respecto de la cuestión de la revolución democrático-burguesa en América Latina? ¿Está aún por hacerse? Y si sí, ¿con qué características? Estas cuestiones no están para nada claras en su texto?” (Vania Bambirra)

Cueva:personalmente creo que la hora de las revoluciones democrático-burguesas está definitivamente cancelada en América Latina; por más que subsistan, dependiendo de cada país determinadas tareas de este tipo que descubrir”

Pero sí quiero aclarar que lo anterior no significa, desde mi punto de vista, que de aquí en adelante se torne superflua toda lucha en pro de la democracia. Estoy convencido que este tipo de lucha es más necesaria hoy que nunca, para abrir nuevos espacios de desarrollo de las fuerzas populares, de sus organizaciones clasistas y de su perspectiva socialista. Porque la lucha política real no es cuestión de meras definiciones teóricas (“la revolución latinoamericana deberá tener un carácter socialista”); sino de capacidad de organización efectiva de las masas, de dirección adecuada de sus partidos, en la estrategia y en la táctica; de visión correcta y oportuna para los sistemas de alianzas, de apreciación justa de la coyuntura. Y en cuanto a esto, desafortunadamente, no me siento calificado para dar lecciones a ningún partido de la clase obrera: si poseyera una receta para hacer la revolución, hace un buen rato que la hubiera hecho”

“Por eso, cuando con excitación se me dice que lo que hay que hacer en América Latina es la revolución socialista, siempre me pregunto cuál es el alcance exacto de esta aseveración. Si lo que se quiere afirmar es que este tipo de revolución es la única solución para nuestros problemas básicos y que, por ende, hay que bregar por ella, estoy de acuerdo; pero si lo que se quiere decir es que debemos suprimir las etapas intermedias de lucha y lanzarnos de inmediato a la toma de los respectivos “palacios de invierno”, pienso que las actuales condiciones no lo permiten en la mayor parte de países de América Latina. Es un problema de condiciones objetivas y correlaciones dadas de fuerzas que ninguna “teoría” puede revertir con sus solos razonamientos, por sesudos que sean

“No concuerdo con Theotonio Dos Santos en su dilema “socialismo o fascismo”, porque lo encuentro de un mecanicismo políticamente riesgoso; tampoco coincido con las posiciones de Ruy Mauro Marini, porque me parece que sus planteamientos cierran todo espacio de lucha democrática”