lunes, 21 de abril de 2014

Crítica a autor del observatorio crítico cubano (Abril 2014)



"Una clase trabajadora organizada, dueña de las fuerzas de producción nacionales que es como decir, su destino, podrá interactuar sin sobresaltos con inversiones extranjeras, con la estructura económica, financiera y comercial del mundo globalizado. Podrá establecer acuerdos de mutuo beneficio, donde las concesiones inevitables al capital foráneo vengan balanceadas con suficientes compensaciones y beneficios para ambas partes"

Esta tesis es errada (y no por poco). El socialismo nacional es una utopía reaccionaria. Es una imposibilidad. El socialismo, entendido en un sentido objetivo y marxista, esto es, como transición al comunismo, debe plantearse en términos supranacionales. A lo más que puede llegar un país aislado es a construir un Estado obrero genuino. Y si éste es de tal naturaleza, tendrá como una de sus tareas principales expandir supra-nacionalmente las conquistas obreras a otros Estados, en los cuales prima la explotación y los capitalistas no han sido aún expropiados. Así, un Estado obrero genuino (aún no socialista), no podrá tener relaciones pacíficas con otros Estados capitalistas; todo lo contrario: en tanto Estado obrero genuino necesita expandir la revolución, por lo que entrará en conflicto con las clases dominantes de los otros estados capitalistas. Sólo la tesis estalinista del "socialismo en un sólo país" nos puede llevar a postular la tesis que plantea el compañero Díaz Moreno. Si ni siquiera existió el capitalismo en un sólo país (Robert Brenner está equivocado), menos todavía puede el socialismo concebirse "nacionalmente".


Esta bien, podría argumentarse que la política exterior de un Estado obrero genuino tiene que aprovechar las contradicciones inherentes a la existencia de distintas fracciones capitalistas, distintos estados capitalistas y distintos tipos de proyectos capitalistas hegemónicos en el mundo capitalista como un todo. Y, por esto, el conflicto con los otros Estados capitalistas no será siempre de la misma naturaleza con todos, ni excluirá algunos pactos tácticos con algunos Estados y/o fracciones capitalistas. Esto es posible, aunque incluso puede discutirse desde una posición marxista, porque plantea una "coexistencia pacífica parcial". Lo preocupante es que un autodenominado marxista plantee la "coexistencia pacífica" en términos generales y de principio.