viernes, 11 de abril de 2014

Bolivia bajo el MAS: La devaluación del “horizonte anticapitalista” (partes V, VI, VII)

V. El MAS como partido

 Periodísticamente, el Movimiento al Socialismo (MAS) ha sido presentado por los medios “progresistas” e “izquierdistas” como expresión de un “nuevo tipo de izquierda”, basada en los “movimientos sociales”, y ajena al “aparatismo”, a las lacras “dogmáticas” y “sectarias” con las cuales supuestamente cargaría este campo político. Ahora bien, para entender la emergencia de este nuevo tipo de realidad organizativa en la izquierda boliviana, es pertinente tener en cuenta la deriva histórica específica de este sector del espectro político en el país que aquí abordamos. A lo largo del siglo XX, el partido político con mayor presencia e impacto nacional fue el MNR, partido que logró cristalizar la insurrección obrera clásica de 1952 en una deriva revolucionaria ”burguesa”. Más hacia la izquierda, el trotskismo de Guillermo Lora (POR) influenció en esta época con fuerza al movimiento obrero en su expresión sindical. Ahora bien, será en los 1980s que este campo sufrirá una fractura decisiva: partidos revolucionarios, y de todos los colores de la izquierda, terminan apoyando las medidas de reestructuración liberales ocurridas durante esta década. Debido a esto, la izquierda entra en crisis: el estalinismo, el reformismo, la socialdemocracia, el guevarismo, etc. Es éste contexto político el que “eleva” al fenómeno del MAS a fines de los 90’s y principios de los 2000, un contexto en el cual cualquier alternativa levemente “progresista” parecía la manida respuesta que tanto se había esperado[1].

 En términos de base social, el MAS (hasta 2006 por lo menos) se compone de tres realidades. Primero, y fundamental, “es” su base agraria en el Chapare, base “sindical” cocalera. Esta base agraria es una que progresivamente viene fundándose en la propiedad individual y en la explotación de trabajo ajeno. De esto da cuenta el hecho de que, durante las últimas tres décadas el movimiento “campesino” haya llevado a cabo luchas y elaborado pliegos de demandas en los cuales la “función económico-social” de la tierra (FES), como reivindicación, tuviera un lugar específico y diferenciado. La FES, en realidad expresa los intereses de propietarios de tierra que explotan trabajo ajeno, expresa un interés capitalista. Ahora bien, esta base “campesina” del MAS no es un mero fenómeno regional (e.g. sólo de Cochabamba), sino que, mezclado con la cuestión indígena (como se lo fusiona por las mismas organizaciones que representan a los “campesinos”), es uno de extensión nacional. Por un lado, el MAS es una de las expresiones de ese indigenismo urbano que ya describimos parcialmente más arriba. Y, por otro, el MAS representa la lucha agraria contra: a) el minifundio implementado por el MNR a partir de 1952; b) el latifundio de Oriente; c) contra Estados Unidos (y otros) por parte de los colonizadores de nuevas tierras (e.g. cocaleros)[2].
Un segundo componente social del MAS lo proporciona la intelligentzia ligada a las ONG. Es ésta la que ha elevado a un MAS “basado en los movimiento sociales” y demás ideologismos. Este grupo social ha recalado en una realidad como la del MAS principalmente debido al período de “apertura democrática” vivido por el país en los 1990s. En efecto, realidades como la “Ley de participación popular”, espolean a estos intelectuales, los cuales ven posibilidades de realizar socialmente sus deseos “democráticos”. El MAS constituye una realidad político-social desde la cual ven posibilidades de realizar éstos.         

La tercera dimensión social del MAS, está dada por los antiguos cuadros de la izquierda, una izquierda descompuesta y en crisis. Estalinistas, nacionalistas, populistas, guevaristas, trotskistas, elementos de todas estas tradiciones confluirán en la fundación y desarrollo del MAS como partido (de hecho, el MAS nace como la fusión de los sindicatos cocaleros con el partido comunista de Bolivia). Como puede verse, el MAS es un partido con una base obrera muy débil (sino existente); su presencia en esta clase es: a) indirecta (mediatizada por su alianza parcial con la COB y otras organizaciones obreras); b) electoral (mera acumulación de votos).

 Respecto de la estructura organizacional del MAS, es importante consignar que éste nace autodenominándose como Instrumento político, una herramienta que debía servir al sindicato cocalero para negociar (tierra, coca, etc) en mejor pie ante el Estado. Debido a esta cuestión “genética”, Eduardo Molina sostiene que existe una separación tajante dentro del mismo partido: entre el sindicato (e.g. cocaleros que luchan por reivindicaciones “económicas” y que se templaron por largos años en la lucha contra la erradicación de la coca digitada desde el norte por Estados Unidos) y el aparato político (que en último análisis toma todas las decisiones)[3]. Este aparato político está compuesto por: a) elementos de la ex izquierda (ex trotskystas, ex guevaristas); b) intelectuales pequeñoburgueses progresistas (tendencias nacionalistas populares); c) burocracia campesina. En el mismo, la figura de Evo Morales cumple el papel aglutinador, en un aparato con ideología populista ecléctica (se intenta fusionar la teología de la liberación, la cosmovisión andino-amazónica y el marxismo)

En lo que refiere a discurso y consignas, el MAS ha demostrado ser un partido electoralista (tradicional), que privilegia la “lucha” parlamentaria (se aduce: “si no resulta, volvemos a las calles”) y “propositivo” (como sus líderes han dicho muchas veces: “hay que pasar de la protesta a la propuesta”)[4]. A esto se suma un discurso que enfatiza la democracia meramente formal, en tanto no califica socio-económicamente a este concepto. Esto puede verse en el típico discurso antineoliberal y progresista repetido varias veces por el MAS: “es necesario recuperar la democracia que ha sido secuestrada  por el neoliberalismo”.

 Alineado con este discurso y consignas, el MAS “nace” electoralmente en 1997, cuando Evo Morales resulta electo diputado en Chapare con casi el 70% de las preferencias. Avanzando en el tiempo, en las elecciones presidenciales de 2002 Evo Morales logra el 20% de los sufragios, fundamentalmente espoleado (“de rebote”) por los ataques del embajador de Estados Unidos en Bolivia (de hecho, luego de la elección Morales se refirió irónicamente a este embajador como su “jefe de campaña”). Este embajador, que fungía como representante “espontáneo” de la fracción capitalista del oriente boliviano, expresaba “el temor que la clase dominante/explotadora siempre tiene respecto de sus mismos salvadores”. En efecto, este rasgo que Nahuel Moreno destaca como propio de un régimen kerenskista, es el que vendrá a cumplir Evo Morales y su gobierno desde 2006 en Bolivia. Ahora bien, si ya en 2005 el MAS logra ganar las elecciones presidenciales, esto no se da sin un giro específico en su política de alianzas, giro que continúa una tendencia ya presente en el partido. Este giro tiene que ver con la constitución de alianzas políticas con sectores progresistas (política explícitamente declarada por el MAS en 2005), así como también con un giro electoralista que busca captar el voto de “clase media”. Esto, ya bajo el contexto del mandato de Carlos Mesa, período en el cual el MAS abandona su consigna de “asamblea popular constituyente” (con participación de los movimientos sociales y el pueblo), para entrar de lleno en la Asamblea Constituyente “parlamentaria” y “pactada” propuesta por Mesa (aquí deben recordarse los métodos de “mediación” de “canalización preventiva” ya descritos más arriba).



VI. La intelectualidad del régimen político masista

 El intelectual “orgánico” más renombrado y reputado del MAS es el hoy vicepresidente Álvaro García Linera. El mismo es parte, como ya mencionamos en una nota al pie más arriba, del círculo intelectual que gira en torno a la editorial La Muela de Diablo. Lo que unifica a este grupo de “pensadores” es su adscripción política “autonomista”. De esta noción englobante se derivan, en efecto, dimensiones que explican las posiciones de estos autores respecto de distintas temáticas. El autonomismo nace a fines de los 1970s en el campo del marxismo italiano, con figuras de la talla de Mario Tronti y Antonio Negri. Originalmente obrerista, esta corriente intelectual comienza ya a quebrar con el marxismo cuando propone rechazar la teoría del valor desarrollada por Marx, al tiempo que comienza una deriva subjetivista (que en este caso devenía idealista). Avanzando en el tiempo, el autonomismo devendrá “posmarxista” (una variante del posmodernismo). En el caso de los autonomistas bolivianos que aquí tratamos, esto puede verse en la “entronización” por éstos de los escritos de Ernesto Laclau, quien rechaza la noción de totalidad e incluso la de objetividad[5]. Otra dimensión autonomista típica que portan los intelectuales ligados a la editorial La Muela del Diablo, es una política “indigenista”. En efecto, una de las luchas que más reivindican los autores autonomistas en general es la Comuna de Chiapas de 1992 (y su desarrollo posterior), en lo fundamental porque actualiza un movimiento de transformación desde un centro agencial supuestamente no obrero[6].  El indigenismo específico del círculo intelectual al cual pertenece García Linera, dice relación con el “tupakatarismo”. Esto es, se reivindica la lucha de Tupac Katari y Bartolina Cisa en 1780/1, a los cuales se suma la valoración de la revuelta de Zárate Wilca en 1899 (este último luchaba contra la “acumulación originaria” que supusieron las leyes de exvinculación de 1874). Todas estas dimensiones son las que llevan a estos intelectuales a realizar una lectura populista y romanticista de la potencialidad política de cambio. Esto porque reivindican como agente central del cambio social a formas y realidades precapitalistas, las cuales idealizan y proyectan a-relacionalmente como horizonte normativo deseable[7]. Toda esta operación dice relación con la “destematización de la relación social fundamental” (Hirsch), en tanto no se cuestiona el monopolio capitalista de los medios de producción, ni se sitúa en el análisis la explotación y potencialidad de cambio que porta la clase obrera bajo toda forma de expresión capitalista.

 Estas dimensiones generales propias de los tupakataristas, se expresan de manera específica en tres tesis (derivadas de tres trabajos distintos) desarrolladas por Álvaro García Linera. La primera se vincula con la interpretación “total” que realiza este autor de la formación social boliviana. En un trabajo de los 1990s, García Linera detalla que, según su conceptualización, Bolivia estaría compuesta por “4 modos civilizacionales”: a) moderno industrial; b) mercantil simple; c) comunal; d) amazónico. De estos 4 modos civilizacionales, b), c) y d) serían no capitalistas y contendrían 2/3 del total poblacional. Para García Linera, estos tres modos se encontrarían “subsumidos formalmente” bajo el modo a), pero mantendrían una pureza específica capaz de sustentar un nuevo proyecto emancipador futuro. Ahora bien, es importante recalcar que la totalidad de esta tesis está viciada, tanto para quien escribe como para gran parte de la tradición marxista de análisis. Primero, porque olvida que lo distintivo de un análisis materialista, es que el mismo es capaz de captar la naturaleza cualitativa determinante de relaciones de producción y explotación específicas. Por esto, aún concediendo que la “descripción” de la formación social boliviana propuesta por García Linera sea la correcta (no lo es), es imposible negar el hecho de que si existe un modo civilizacional como el capitalismo en la misma en dimensiones mayores que la mera marginalidad cuantitativa (como sostiene nuestro autor), éste debe predominar sobre la misma, otorgándole así a ésta las leyes de movimiento específicas que explican su dinámica. Esto es, para ir más allá de una mera descripción de una formación social, debemos especificar las jerarquías de determinación (cuestión que no hace García Linera)[8]. Es sólo debido a este fallo epistemológico/ontológico, que el hoy vicepresidente pudo en 1996 postular unos modos civilizacionales no capitalistas que, en su pureza, parecían capaces de proyectarse a futuro de forma emancipadora. En segundo lugar, este teórico tupakatarista pasa “olímpicamente” por encima de toda la literatura marxista sobre el debate acerca de los modos de producción, desestimando las distintas posibilidades que este debate otorga (coexistencia de modos de producción, articulación de modos de producción, contradicción entre modos de producción, modo de producción campesino, modo de producción parental, articulación de formas de producción, etc)[9] para comprender el problema que supone inteligir la formación boliviana. Sólo de esta manera puede constituir en categoría teórica estructurante a la noción de “civilización”, noción que no sólo es culturalista y porta importantes elementos idealistas, sino que también es característica por su carácter literario, maleable y acientífico[10]. Y, tercero, nuestro autor mal-utiliza el concepto marxista de subsunción formal, ya que en ningún caso las realidades descritas con el término “modo civilizacional” podrían estar subsumidas formalmente al capital, ya que esto requiere necesariamente la presencia de la hegemonía y subordinación del proceso de producción y trabajo inmediatos a un patrón capitalista particular[11].

 La segunda tesis desarrollada por García Linera (y los tupakataristas) dice relación con la primera que hemos criticado, esto porque se deriva necesariamente de un indigenismo acrítico aclasista. Como ya mencionamos más arriba, los tupakataristas se caracterizaron en su momento por interpretar lo sucedido en Octubre de 2003 en El Alto, como una acción del “campesinado aymará”. Esta es una tesis errada en un momento crucial de la lucha de clases boliviana de los últimos años. Es equivocada porque evita realizar un análisis de clase (materialista y basado en la producción) por doble partida. Primero, porque se queda con una mera identidad (cultural) indígena; segundo, porque utiliza la categoría campesinado, un mero término que reúne realidades clasistas diferenciadas.

 La tercera tesis de García Linera que aquí deseamos consignar, es una tesis muy propia del autonomismo posmoderno, si entendemos que el mismo se caracteriza por, como ya decíamos, desprivilegiar a la clase obrera y todo lo que esto implica. Esta tercera tesis postula una interpretación específica de la historia boliviana, del supuesto “fracaso” de la clase obrera en sus luchas clasistas y revolucionarias:
“…revolución de 1952. Trabajada como una obra producida por una ausencia (la del partido obrero), no se ha podido explicar porqué las cosas sucedieron como sucedieron, porqué el proletariado actuó como actuó, abdicando del poder que tenía en sus manos. El ‘engaño movimientista’, aparentemente permitido por la ausencia del partido, o la denuncia quejumbrosa de la ‘carencia’ de conciencia socialista, no explica por qué es que los mismos obreros que aprobaron una ‘tesis socialista’ luego encumbraron a un gobierno ‘nacionalista pequeño burgués’; lo que falta responder es qué tipo de conocimiento y de conciencia llevó a esos obreros a sentirse representados, sin que nadie los obligue a obedecer, por un grupo de personas durante tanto tiempo, y que a pesar de varias décadas seguía apareciendo como el emblema de su identidad política más enraizada (...). Zavaleta Mercado (...) propone una ruptura con esta visión idealista de la historia al insinuar la búsqueda de los esquemas ordenadores mas profundos al interior del inconsciente obrero (...). La entrega del poder político de manos de los obreros a los funcionarios del MNR (19) sería así entonces la verificación de una distribución de poderes, de una delegación de los mandos y de los dominios, que replican, en el terreno del Estado, unas sumisiones inculcadas y aceptadas en el propio proceso de trabajo y viceversa” (Álvaro García Linera, La condición obrera)
 La crítica que realiza Roberto Sáenz a esta tesis es evidente para quien opere bajo un marco materialista. ¡Nada más culturalista e idealista que culpar al inconsciente obrero de las derrotas en la lucha de clases durante el siglo XX! Con esta explicación, no sólo se pasa por encima de realidad material y se “psicologiza” la historia, sino que se sustrae toda responsabilidad a las direcciones burocráticas del movimiento obrero, a sus estrategias y tácticas políticas, al rol de los partidos pequeñoburgueses como el MNR y a la misma acción de la clase dominante/explotadora nacional e internacional.


VII. El MAS y el agro

(i) Algunos elementos estructurales (tendencias objetivas)

 Este, consideramos, es un sitio adecuado para plantear sumariamente, en primer lugar, la problemática vinculada al “término” campesinado. La idea central a tener cuenta respecto a éste es que el mismo  es un “término” y no un “concepto” (científico). Esto por distintas razones. Primero, dada su generalidad e imposibilidad de concreción: tal como el concepto “ciudadano”, meramente designa a quien habita en un lugar determinado. Segundo, y vinculado a lo anterior, porque este “término” reúne en un modo de vida (cultural) realidades materiales diferentes. Es evidente que los habitantes de la urbe no viven todos de la misma forma (existen diferencias cualitativas); lo mismo sucede en el caso de los habitantes del “campo”. Tercero, y como resultado de lo primero y lo segundo, el término “campesinado” reúne realidades clasistas diferentes, esto es, al igual que los términos  “ciudadano” o “pueblo”, imposibilita un análisis clasista, materialista y riguroso de la realidad objetiva. Ahora bien, en el campo teórico/práctico han existido diferentes momentos en que distintos autores/actores han intentado entronizar el término “campesinado” por sobre la categoría de “clase”. El primer momento (o el más conocido), dice relación con el debate que Vladimir Lenin sostuvo con los populistas rusos a fines del siglo XIX. Estos últimos proponían “saltarse el capitalismo” generalizando la forma de vida campesina, pretendidamente precapitalista y no mercantilizada. La respuesta de Lenin a los populistas aún es válida hoy, más todavía si la utilizamos para analizar el contexto boliviano actual, en el cual un supuesto gobierno “campesino” (el MAS) habría llegado al poder:

“La industria campesina, a pesar de sus comparativamente pequeños establecimientos y su baja productividad del trabajo, sus técnicas primitivas y su número menor de trabajadores asalariados, aún es capitalismo….(los narodniks) no pueden aprehender el punto de que el capital es una cierta relación entre personas, una relación que permanece igual aún si las categoría bajo comparación se encuentran a un nivel más bajo o más alto de desarrollo (Lenin, El Desarrollo del capitalismo En Rusia)

En lo fundamental, la tesis de Lenin es que la producción en el campo, al igual que en la ciudad (pero de una forma diferente y quizás más compleja), tiende a dividir a los agentes en explotados y explotadores, productores y no-productores. Y esto es lo que precisamente, y como veremos, ocurre hoy en el campo boliviano.
 
 En segundo lugar, después de Lenin, la literatura sobre el tema ha intentado por distintas vías repetir el “mito populista” que criticara este organizador bolchevique. Tomando a Chayanov, se ha hablado de la existencia de una “economía campesina”; se propuso la existencia de un “modo de producción campesino”; también se postuló un “modo de producción doméstico”. Ahora bien, y en general, la tradición marxista más lúcida ha respondido a estos embates de buena manera: reconociendo la mayor complejidad de las relaciones de producción en el campo, ha convenido en la existencia de “formas mercantiles simples” (no un modo de producción mercantil simple), procesos proletarización/deproletarización, recurrencia de la aparcería, articulación de formas de producción, así como también la posibilidad de que existan relaciones de explotación capitalistas sin trabajo asalariado “libre” y monetización plena. No obstante todo esto, continuar explayándonos sobre este debate requeriría un libro entero[12]; por esto, aquí abordaremos la problemática boliviana del agro premunidos principalmente de la tesis de Lenin, a la vez que utilizamos tangencialmente elementos posteriores desarrollados por distintos autores marxistas.         

 En línea con lo anterior, nuestra tesis principal es que el capitalismo y la diferenciación clasista existen de hecho en el campo boliviano actual. Esto es, contra García Linera y el populismo en general, las formas de producción en el agro no se encuentran “subsumidas formalmente” (manteniendo su pureza colectivista solo “expoliada” en su conjunto por un capital externo)[13], sino que muestran una “hibridación” y articulación específica con formas capitalistas más “clásicas”. Esto hace que las primeras sean formas capitalistas de producción/explotación, y no un elemento externo al modo de producción capitalista. Existen distintas formas que expresan este contenido en el caso boliviano: el rescatiri, el arriendo de tierras, la aynuqa, etc. La mayor parte de ellas mantiene alguna forma de propiedad colectiva de la tierra, pero la “posesión” (Poulantzas) de ésta y de los medios de producción y trabajo deviene tendencialmente individual (esto significa que la organización del trabajo y la repartición del excedente es controlada por un agente individual). Así, lo colectivo es “funcionalizado” respecto de un tipo de acumulación capitalista particular, cuestión que no es nueva y sí ha sido estudiada por distintos marxistas para el caso latinoamericano[14]. Ilustraremos sumariamente mediante dos ejemplos, cómo la producción de mercancías capitalistas es ya una tendencia dominante, y cómo la mercantilización de la tierra también lo es en contexto boliviano actual. La “aynuqa” (aymara –“manta”, en quechua-) es un sistema de rotación de la tierra propio del altiplano que data de muy antiguo.  Este sistema supone la existencia de una comunidad dada que posee varias aynuqas, dentro de las cuales cada miembro detenta también parcelas familiares. El sentido de este sistema era facilitar el cultivo en distintos microclimas, haciendo rotar los cultivos de acuerdo a los ciclos agrícolas. Hoy en día el mismo funciona vinculado crecientemente a la producción de mercancías capitalistas. Así, si originalmente la decisión sobre el tiempo y orden de rotación del cultivo entre distintas aynuqas era una colectiva-comunitaria, hoy la misma progresivamente muestra el peso de los miembros que poseen parcelas de mayor extensión en las distintas aynuqas. Es que sólo tierras de determinado tamaño, permiten la introducción de tecnología (e.g. tractores) necesaria para implementar procesos de producción capaces de vincularse al mercado capitalista. A esto se suma que, únicamente quienes poseen grandes cantidades de ganado (en sus parcelas familiares), tienen la posibilidad de operar a una escala suficiente para vincularse al mercado. Esto en parte explica que bajo la aynuqa no se produzcan ya meros “valores de uso” (autoconsumo), sino que “valores de cambio” capitalistas. Esta misma tendencia se acusa por: a) la progresiva degradación del suelo cultivable (e.g. hace medio siglo el tiempo de rotación entre aynuqas era de 20 años, hoy sólo es de 10 a 8 años, lo cual tiene el efecto de minar la fertilidad de la tierra); b) el crecimiento demográfico que produce una población sobrante, la cual, ante el decrecimiento de la fertilidad del suelo, se ve obligada a migrar a las ciudades (de ahí la progresiva urbanización que consignamos más arriba). Todo esto redunda en una situación paradójica: quienes poseen más tierras dentro de la comunidad presionan por la mantención de ésta y su naturaleza colectiva, mientras quienes presentan parcelas de menor tamaño pugnan por la disolución de la comunidad y su “propiedad colectiva” (ya que la disolución de ésta les permitiría transformar sus pequeñas parcelas en “capital” y así emigrar a las ciudades con recursos en mano). Ahora bien, este conflicto es la expresión agencial de tendencias objetivas de mayor peso. Según Javo Ferreira, la tendencia dominante es a la “disolución de la comunidad”, no sólo por la progresiva degradación del suelo, sino que también por la llegada cada vez más recurrente de “allegados” y, fundamentalmente, por el intercambio desigual entre urbe y agro[15]. A esta tendencia dominante se opondría una contratendencia agencial de importancia, signada por los comunarios emigrados a las ciudades, los cuales de hecho presionan por la mantención de la comunidad por medio del nacionalismo indígena urbano (que ya consignamos más arriba). De hecho, algunos ideólogos indianistas han llegado a hablar de la necesidad de generalizar el “sistema comunal de mercado”. Por nuestra parte, aún si no prejuzgamos a qué nivel es dominante la tendencia a la disolución de la comunidad (cuestión que probablemente dependa de la lucha de clases de segundo grado que hemos mencionado, más autónoma y  de mayor capacidad agencial), es importante dejar sentado que ambas tendencias (dominante y contratendencia) mantienen la mercantilización y la explotación capitalistas (la disyuntiva es sólo entre formas de producción capitalistas distintas).

 El segundo ejemplo que aquí consignamos es la tendencia a la generalización del “trabajo a partido”, así como también de distintas formas de arrendamiento de la tierra. Si lo primero es expresión de una forma de producción de “aparcería” que existe ya como forma de explotación capitalista[16]; la segunda es la forma clásica de desarrollo del capitalismo en el agro, forma descrita con alguna extensión por Marx en el tomo III de El Capital (que tenía como referencia concreta a la historia de Inglaterra). Ambas, sin embargo, nos muestran una tendencia importante hacia la mercantilización del medio de producción “tierra”.


(ii) Tendencias internas del MAS y agro

 Es éste contexto agrario el que cristaliza en el nuevo gobierno del MAS, gobierno que presenta dos corrientes (o facciones), si bien no antagónicas, sí bastante diferenciadas. Por un lado, tanto la prensa como los estudios más especializados hablan de la existencia de una corriente “pachamámica” dentro de este partido gobernante. Representados por figuras públicas como el canciller David Choquehuanca, proponen la armonía con la naturaleza, el desarrollo de los valores eternos de los pueblos indígenas, utilizan la temática del "equilibrio" (imbricada con la “moderna” preocupación por el medioambiente), exhiben un moralismo y esteticismo que critica la noción occidental de antropocentrismo, etc; todo esto en un contexto que postula la necesidad de construir una “modernidad amigable con la naturaleza” (un objetivo que incluso va más allá del socialismo: se pretende construir una nueva vida). Por el otro lado, tenemos a los “extractivistas”, dentro de los cuales el actual vicepresidente de la nación descolla. Según el investigador Carlos Arze[17] esta “corriente” postula tesis como las siguientes. Primero, y fundamental, sostiene que existe un largo período en el cual “conviven y pelean” socialismo y capitalismo al interior de la formación social boliviana. Segundo, repiten la tesis populista que propone la generalización de formas precapitalistas como vía preferente para “acceder” al socialismo[18].  Tercero, se afirma la necesidad de establecer una “transición pacífica al socialismo”, transición marcada por los valores y prácticas de del campesinado indígena, los cuales devendrían “ejemplo” para las demás formas a superar (e.g. para el capitalismo). Cuarto, García Linera en específico consigna lo imprescindible de construir un “Estado integral”, capaz de representar a toda la sociedad y no meramente a algunos grupos específicos (e.g. dentro de toda la sociedad se menciona sin ambages a los empresarios). Quinto, y en línea con lo anterior, se propone construir un Estado fundado en el pluralismo, categoría estructurante que requeriría el respeto por las diferentes “formas de percibir” propias de los distintos grupos y ciudadanos integrantes de la sociedad (se habla del respeto por la “forma de percibir” de los empresarios). Sexto, se sostiene –al menos en el papel- que el Estado será un agente fundamental en la redistribución de la riqueza y la generalización de las formas que sostenedoras del “socialismo”. Este Estado operará bajo el principio del “valor de uso” (como opuesto al valor de cambio eminente bajo el capitalismo). Por último, esta corriente afirma la necesidad de regular jurídicamente e incorporar a lo que denominan “informalidad”.

 Como se puede apreciarse de manera evidente a partir de lo consignado, ambas corrientes conciben de una forma bastante extraña y particular esta supuesta “transición más allá del capitalismo”. Respecto a la corriente “pachamámica”, esta “particularidad” se expresa de distintas maneras. Primero, y central, como señala Michael Parenti, idealizar la vida precapitalista (que fue clasista y explotadora) es denegarle su humanidad a quienes la viven (supuestamente) hoy[19].   Segundo, postular la existencia de ciertos valores eternos que merecerían ser desarrollados y generalizados, no es sólo una premisa culturalista-idealista (en el sentido de que se entronizan ciertos valores por sobre su contexto material de emergencia), sino que profundamente ahistórica. Tercero, afirmar como horizonte normativo deseable un “equilibrio” pretendidamente preservado por la cultura indígena, supone malcomprender la realidad objetiva. Esto porque la misma nunca (ni siquiera en una sociedad posclasista)[20] podrá operar mediante el equilibrio, porque lo real natural (el universo todo), de hecho expresa el movimiento y el devenir, ambos derivados del conflicto y la contradicción. En efecto, como señala Victor Korchagin[21] la física actual más “avanzada”, confirma la tesis de Hegel y Marx, tesis que por lo demás ya había sido confirmada antes por Einstein. Cuarto, y muy vinculado a lo anterior, sostener que la tarea es construir una “modernidad amigable con la naturaleza”, una nueva vida desligada del antropocentrismo, implica omitir el hecho de que la naturaleza es una “potencia ciega” (la naturaleza externa al hombre al menos), potencia permeada por el conflicto y la contradicción. Esto es, asumir -como hace Evo Morales- que la naturaleza tiene “derechos”, es antropomorfizar la misma. Antes bien, una perspectiva comunista respecto a la problemática del medioambiente siempre entenderá que la preocupación por la naturaleza externa al hombre, es función del hombre mismo, del mejoramiento (y perduración en el tiempo) de su calidad de vida. Todos estos elementos propios de la corriente “pachamámica”, dicen relación con una impronta idealista, idealismo que llega al sumum cuando se propone “construir una nueva vida” (la vida existe siempre si existe el hombre, lo más que puede cambiar este último es la forma de manifestación de la vida).

Respecto de la corriente extractivista cuyas tesis ya hemos consignado, las críticas adquieren una coloración más político-práctica, en tanto éstas de hecho son las que están siendo aplicadas dominantemente a la realidad social desde que el MAS si hiciera con el gobierno en 2006. Primero, establecer que la transición al socialismo es una interna a la formación social boliviana, supone operar con la tesis estalinista del “socialismo en un país”, una suerte de “nacionalismo metodológico” que olvida que a lo más que puede llegar un estado nación aislado es a construir un Estado obrero, ya que el socialismo (transición al comunismo) es un proceso internacional (debe al menos expresarse en una “región mundial”). Segundo, la tesis de la “transición pacífica al socialismo”, no sólo ha demostrado ser un camino sin salida en la historia (e.g. Chile 1970-1973), sino que opera bajo un marco que “pasa por encima” de la “lucha de clases”. Esto es palmario cuando García Linera señala que las formas comunarias deben fungir como “ejemplo”: se reemplaza el conflicto clasista por una prédica basada en una supuesta relación de aprendizaje[22]. Tercero, proponer la construcción de un “Estado integral” capaz de representar también al empresariado capitalista, nuevamente pasa por encima de la lucha de clases y los intereses materiales objetivos de los grupos fundamentales que componen la sociedad que se desea cambiar. Por lo demás, García Linera hace de esta forma un guiño a cierta tesis del René Zavaleta Mercado (autor y político boliviano cercano al marxismo que muere en los 1980s), quien sostenía que en algunos países de América Latina el Estado era meramente “aparente” y no “integral”. Ahora bien, Zavaleta Mercado trazó esta dicotomía para explicar el comportamiento de un Estado latinoamericano no usual, un Estado no plenamente “separado” de la economía sino un mero actor más en la sociedad[23]. Por esto, cuando el hoy vicepresidente propone construir un “Estado integral”, no hace más que postular como deseable a la forma moderna capitalista del Estado, un Estado que no es un mero actor más, sino que ya expresa plenamente la separación entre economía y política (forma que reproduce la dominación política burguesa). Cuarto, si además a este Estado integral se lo concibe como fundamentalmente pluralista, un pluralismo que incluso propone respetar la forma de percibir del empresariado capitalista, entonces estamos ante un gobierno que afirma sin ambages el prurito de la colaboración entre “clases antagónicas”. Lejos, muy lejos estamos de Lenin y Marx y su concepción de la “dictadura proletaria” como antesala irrenunciable del socialismo (entendido éste como la transición al comunismo).

[Respecto a estos dos últimos puntos, son pertinentes aquí dos pequeños apuntes. Primero, que la necesidad del Estado de “representar a toda la sociedad” (y dentro de ésta a la clase capitalista), es una necesidad estructural del Estado capitalista y no de todo Estado, como muy acertadamente señaló en su momento Goran Therborn. Un Estado que busque superar el capitalismo, sólo podría concebirse como una entidad propia de los antes explotados bajo el modo de producción capitalista, entidad que representa ciertos intereses (no a toda la sociedad) y cuya tarea explícita (entre otras) es destruir las bases de la clase capitalista antes dominante, destruir los fundamentos de la explotación y las tendencias a que ésta cristalice nuevamente (tanto en términos nacionales como internacionales). Por esto, García Linera y los extractivistas del MAS se proponen precisamente construir un tipo de Estado capitalista, no una entidad destinada a superar este modo de producción. En segundo lugar, este Estado capitalista propuesto por el MAS es uno cuyo “régimen político”[24] pareciera ser evidentemente kerenskista. Esto porque el mismo se propone explícitamente la meta de “conciliar a las distintas clases”, rasgo kerenskista paradigmático el cual, si se le adiciona el ascenso en la lucha de clases previo que explicamos con anterioridad, completa un tipo de cuadro kerenskista de cierto peso[25]].  

 Los mencionados extractivistas proponen dos elementos más. Por un lado, como ya mencionamos, afirman que el Estado “a construir” se basará en el “valor de uso”. Si bien más adelante verificaremos que esta participación estatal bajo el gobierno del MAS será más bien menor y más que nada demagógica, aquí es pertinente destacar la grandilocuencia (e incoherencia) de proponer un Estado fundado en el principio del valor de uso. Primero, porque ni aún en un Estado obrero efectivo podrá primar el valor de uso (como señala Marx, por ejemplo, en “Glosas marginales al Programa de Gotha”), e, incluso bajo un socialismo que funja como “transición al comunismo”, el valor de uso no podrá primar genuina y exclusivamente. Esto es así, porque la eliminación de la “ley del valor” (que implica necesariamente la preeminencia del valor de cambio capitalista por sobre cualquier valor de uso) es un proceso de muy largo plazo cuya precondición es un desarrollo muy importante de las fuerzas productivas[26]. Por esto, cuando García Linera habla de desarrollar un Estado basado en el valor de uso en un contexto en el cual se mantienen la propiedad y la posesión privada de los medios de producción (ya vimos que se propone respetar la “forma de percibir” del capitalista), estamos ante demagogia pura. Este tipo de sociedad no sólo se moverá de acuerdo a las leyes del valor de cambio capitalista aún eminente en la misma, sino que también penetrará el mismo contenido de los “productos” y tareas realizados por el Estado[27]. Sólo un pensamiento a-relacional podría llegar a concebir la “coexistencia impoluta” de las distintas lógicas del “valor de cambio” y del “valor de uso”. Por otro lado, cuando la corriente masista del actual vicepresidente propone “regular la informalidad”, en realidad actualiza una serie premisas que hacen imposible entender cómo podemos estar en presencia de “socialismo”. Primero, porque mediante el término “informalidad” (preferido por la CEPAL y demás organismos patronales) se encubre la realidad clasista de un trabajo fragmentado, atomizado y precarizado. Segundo, porque regular jurídicamente una relación tal, supone reconocerla y afirmarla positivamente (niega la eliminación de la misma, sólo le pone ciertos límites). Tercero, la misma forma en que se propone operar en el campo de la informalidad agraria, generalizando y desarrollando las cadenas productivas, supone perennizar la mercantilización (la subsunción al mercado capitalista de éstos productores). De hecho, el encadenamiento no sólo sirve a las fracciones medias y grandes del capital, sino que “empodera” a los pequeños capitales y generaliza formas de trabajo en extremo “desprotegidas”.   

Pero, en fin, el “socialismo” masista demuestra no ser más que demagogia, sobre todo cuando recordamos que en la campaña eleccionaria de 2005, éste partido se caracterizó por enarbolar lo que James Petras denominó un “triple discurso”: evocando una característica típica del Estado capitalista destacada por Poulantzas (el Estado tiene un discurso específico para cada clase social), el MAS le habla de “socialismo andino” al sector urbano y sindical, de “capitalismo andino” a los indígenas del altiplano, mientras a los líderes empresariales les asegura que el socialismo no está en la agenda de los próximos 50 años. En efecto, el régimen kerenskista del MAS, con la fraseología indígena de la “complementariedad de unos opuestos no antagónicos”[28], asumió para desarrollar y fortalecer el capitalismo boliviano.  

(iii) Aplicando lo propuesto

(iii.1) Discurso-programa

 El MAS llega al gobierno con un particular programa-discurso dirigido a la problemática del agro. Fuertemente resuena la consigna “eliminar el latifundio”. Si bien pocas veces se califica más allá esta mera frase, esto mismo es una cuestión táctica que intenta reflotar la lucha “progresista” contra los “remanentes tradicionales”. En efecto, el MAS reproduce en 2006 el paradigmático marco de lucha antifeudal (se hablaba de terminar con el “latifundio”) propio de los partidos nacionalistas burgueses y comunistas latinoamericanos, lucha cuya intención (y resultado) fue “desviar” la movilización objetivamente anticapitalista de algunas franjas obreras hacia el interior de los marcos capitalistas (proponía así, meramente, sustituir un tipo de explotación por otro). Si bien esta práctica demagógica del MAS no es ajena a otros partidos de la izquierda latinoamericana[29], la misma no por esto merece ser pasada por alto. Primero, porque no es más que una expresión del tipo de mecanismo estatal-capitalista de formulación de “falsos debates”, acerca del cual abunda Alain Joxe y que ya mencionamos antes en este trabajo. Segundo, porque el modo de producción capitalista en Bolivia (y en América Latina en su conjunto) ya afirma su dominancia desde fines del siglo XIX (1870-1890), como consignamos al principio de este escrito. Tercero, porque cualquier remanente “feudal”[30] que pudiera haber sobrevivido a esta transición capitalista, fue eliminado ya con la revolución “burguesa” de 1952, la cual precisamente se caracterizó por implementar un tipo de reforma agraria no meramente “de papel”[31].

 Otro elemento del discurso-programa agrario del MAS –vinculado al anterior- es la conceptualización del proceso a llevar a cabo como una “revolución” o una “segunda reforma agraria”. En un momento se verá que esto mera demagogia. Lo que importa en este punto, no obstante, es destacar esta retórica como un elemento del régimen político masista, elemento que nos ayuda a la hora de caracterizar el mismo como una forma de “kerenskismo”. En efecto, como señala Moreno[32], un régimen kerenskista se ve obligado (por la situación objetiva bajo la cual asume el poder –el alza en la lucha de clases que desarrollamos más arriba-) a utilizar una fraseología vagamente socialista y a adoptar medidas parciales en una dirección aparentemente en línea con la misma. Ahora bien, lo particular del kerenskismo del MAS es, como iremos viendo, su carácter no reformista, sino más bien progresista y social-liberal.

 A medida que avanzamos por el terreno del discurso-programa agrario del MAS, el mismo nos va pareciendo cada vez más ecléctico e incoherente. Estos rasgos se acusan cuando, por una parte, se habla de desarrollar el “capitalismo andino” o el “capitalismo del pequeño productor”, mientras por otra se consigna al campesinado como la reserva moral a-mercantil de la humanidad[33]. Empero, si en distintos lugares de este trabajo hemos sugerido que el régimen político masista es uno kerenskista, hemos hecho esto porque nos asisten casos históricos para realizar una comparación en este respecto. Uno de estos casos es de la Unidad Popular Chilena, calificada como kerenskista por Nahuel Moreno. En relación con este caso nosotros, sin embargo, sostenemos que es necesaria una calificación más precisa. Es que el kerenskismo allendista fue uno reformista, esto es, tuvo su base en un movimiento obrero clasista, portaba un discurso marxista, permitió el desarrollo parcial del poder obrero (aún si rápidamente lo limitó) y de hecho presentó una alternativa al capitalismo chileno (una alternativa que no pudo cristalizar, pero que muy probablemente se asemejara al modo de explotación soviético-cubano). Por todo esto, nosotros calificamos a la Unidad Popular chilena como un régimen político kerenskista “fuerte”. Contrastando con esto, el kerenskismo actual del MAS es uno “débil”, ya que carece de un base obrera, no desarrolla de ningún modo el poder obrero y no plantea una alternativa al capitalismo (sino que meramente lo desarrolla). Es por esto que sostenemos que este partido es no-reformista, antes bien, posee dimensiones más vinculadas con el progresismo y el social-liberalismo. La tesis comparativa anterior puede ser ilustrada a través de una cita al mismo Allende ya en el poder, cita que nos muestra cómo un kerenkismo “fuerte” es incapaz de hablar de la tarea de desarrollar el capitalismo (mientras uno débil no se sonroja al hacer esto):

“La Reforma Agraria ha sido reconocida, en sí misma y considerada aisladamente, como una de las denominadas transformaciones democrático-burguesas…En nuestro caso, no obstante, la reforma agraria no es llevada a cabo dentro del contexto de la preservación  del capitalismo, sino en el contexto de la destrucción de su núcleo básico: el capital monopólico extranjero y doméstico. Porque no se trata de desarrollar el capitalismo en el campo, sino de hacer que las relaciones agrarias marchen hacia el socialismo” (Allende, 1971)

Un último elemento propio del discurso-programa que aquí comentamos, dice relación con la historia reciente de Bolivia. Es que los líderes del partido cocalero sostuvieron que su “revolución” estaba vinculada estrechamente con la recuperación del “sentido original” de la ley INRA. Elaborada en los 1990s bajo la presidencia de Gonzalo Sánchez de Losada, esta ley es abiertamente pro-capitalista (incluso es, dicen algunos, “pro-oligárquica”). Cualquier sentido progresista de esta ley, es un sentido progresista capitalista, en tanto la misma tuvo la intención de regularizar los derechos de propiedad y la mercantilización en el campo boliviano. Y esto no es sólo un “desliz” o una “mala interpretación” de los personeros masistas: los cambios que este partido llevará a cabo en el agro tendrán de hecho la consecuencia (y el objetivo explícito) de “regularizar los derechos de propiedad y la mercantilización en el campo boliviano” 

(iii.2) Mecanismos
    
Para aplicar estos principios generales, el partido-sindicato de Evo Morales utiliza lo que denominaremos cuatro “mecanismos” (vinculados entre sí). El primero supone el mantenimiento y la enfatización en la “función económico-social” (FES) de la tierra. Con la FES, se propone que serán susceptibles de expropiación sólo aquellas tierras no utilizadas o “improductivas” (en ocasiones se habla de eliminar el latifundio “improductivo”). Para quien escribe desde Chile, la utilización de este mecanismo por un autodenominado gobierno “socialista”, no deja de sorprender, ya que fueron precisamente aquellos que intentaron desviar la movilización contra la explotación en el chile de los 1960s (primero Alessandri y luego Frei), quienes utilizaron preferentemente este “mecanismo” (la FES) para justificar la explotación capitalista del trabajo ajeno[34]. En efecto, el mismo, a la vez que naturaliza la explotación, genera un “falso debate” –Joxe- (productivo/improductivo) que logra “destematizar la relación social fundamental” –Hirsch- (se evita la pregunta crucial: ¿producido por quién y productivo para quién?).

El segundo mecanismo ocupado por el MAS tiene que ver con una forma de aplicación práctica del primer mecanismo. Es que este partido afirma explícitamente que no utilizará la expropiación:      

“…de ninguna manera se debe interpretar que éste (la expropiación) es un mecanismo redistributivo de aplicación general, ni en el ámbito indígena y menos en el ámbito general de otros sectores agrarios. Para satisfacer derechos o expectativas legítimas de otros actores pensamos que el proceso de saneamiento, que incluirá el mecanismo de la reversión, es la solución. Ello nos permitirá identificar superficies importantes de tierras fiscales que una vez declaradas se destinarán exclusivamente a la dotación” (Viceministro de tierras, La Prensa, 30/07/2006)

De hecho, el límite máximo de tierra que podrá considerarse “productiva” (según la constitución boliviana de 2008), es de 5.000 hectáreas, cifra que contrasta fuertemente con el límite propuesto por Frei en 1967 (80 ha), así como el por Allende de 1972 (40 ha) –ambos para el caso chileno[35].

Por lo mismo,  el recién asumido gobierno será puntilloso respecto de las tomas de terrenos y la salvaguardia de la propiedad privada de la tierra:

“Ante anuncios o amagos de tomas de tierras por parte de grupos campesinos, “que el Gobierno no tolerará maltrato a la propiedad privada en cualquier parte del país” (Ormachea, 2007)

Contrastantemente, bajo Allende y Frei en Chile, si bien nunca se llamó explícitamente a movilizarse para expropiar y ocupar terrenos, el contexto social de estos gobiernos (especialmente el de Allende), permitieron un mayor desarrollo de la tendencia a las ocupaciones de tierra[36].

El tercer mecanismo que aquí consignamos, lo denominaremos “fetichización del mercado capitalista”. El mismo se expresa de diferentes maneras. En términos generales, manifiesta, mediante la categoría de “saneamiento” (un proceso a implementar a 7 años partiendo en 2006), la necesidad de regularizar el derecho de propiedad y los mercados en el agro. Esta recomendación, es exactamente la misma que impulsó el Banco Mundial en relación con la situación del agro boliviano en los 1990s. Además, por sí misma supone operar bajo la premisa de que el mercado sólo es vituperable cuando es ilegal (por lo tanto, sería una virtud estabilizar legalmente las transacciones mercantiles). De acuerdo con esto, el MAS: a) legaliza el arrendamiento y la aparcería; b) mantiene el mecanismo crediticio y el poder bancario privado sobre el agro; c) se propone redistribuir sólo unas pocas tierras. Respecto a este último punto, si bien más adelante detallaremos el impacto redistributivo real de la “reforma” agraria masista durante sus 8 años de vigencia, en este punto es pertinente consignar que: c.1) las tierras a redistribuir son en su mayor parte tierras fiscales; c.2) la mayor parte de estas tierras estatales baldías son forestales y no precisamente fértiles; c.3) la estratagema de mencionar tierras fiscales “sobrantes” a repartir es una que ya fue utilizada por los gobiernos neoliberales anteriores al MAS (y, en realidad, nunca se ha podido dimensionar el real alcance y extensión de estas tierras fiscales).   

 El cuarto mecanismo utilizado por el MAS en el campo boliviano, tiene que ver con los mecanismos de pago e indemnización a los propietarios de tierras que lleguen a ser afectados por las limitadas expropiaciones propuestas. Estos mecanismos son simples y directos: pagos (en compensación) a valor de mercado y sin mayores dilaciones. Compárese la liviandad y obsecuencia de esta medida, con lo propuesto por el desarrollismo capitalista del Frei chileno de 1967, bajo el cual la indemnización a los propietarios de la tierra era pagada con bonos a largo plazo (30 años) –solo entre 1-10% debía ser pagado al contado- (anteriormente, con Alessandri, la totalidad de la indemnización debía ser pagada al contado)

(iii.3) Objetivos

 Los objetivos (implícitos y explícitos) de esta “revolución” agraria pueden resumirse en una simple frase: “potenciación” de las relaciones sociales capitalistas, mediante la extensión e intensificación de las mismas (según la terminología de Therborn). En efecto, la política agraria del MAS da cuenta sin ambages del carácter de clase del Estado “gestionado” por este partido, un carácter evidentemente capitalista. Veamos cómo se expresa empíricamente este carácter. Por una parte, uno de los objetivos explícitos del partido cuyo ideólogo es Álvaro García Linera, fue y es el desarrollo de una política de “exportación de productos agrícolas”. Ahora bien, aún siendo que no toda política exportadora (hacia un mercado capitalista mundial de fuerza irrenunciable) es de por sí “capitalista”, los mecanismos privilegiados por los arquitectos del “movimiento al socialismo” (cadenas productivas, sociedades con trasnacionales y grandes empresas nacionales, giras en búsqueda de mercados para la soya), son mecanismos que claramente favorecen la explotación capitalista.
 Otra expresión de la naturaleza capitalista de la “reforma” agraria masista, es el lugar especial reservado para prácticas comunitarias ya mercantilizadas. Ormachea denomina a éstas “política de colectivización con aprovechamiento”, y señala que distintos estudios empíricos demuestran cómo la misma no hace más que intensificar y extender las relaciones capitalistas de producción y explotación: 

Esta especie de colectivización del aprovechamiento con enfoque empresarial –que reclama el MAS como condición básica para el desarrollo de las empresas comunitarias- está “introduciendo una división jerárquica y funcional de las tareas propias del proceso de racionalización del trabajo existente en las organizaciones empresariales, como la división del trabajo, la coordinación, el control, la disciplina, el mando o dirección, etc” (Hinojosa, E y Pacheco, D, 2006). Esta es la base para la constitución de una clase ociosa que solo dirige y supervisa la producción” (Ormachea, 2007)

Y a esto deben sumarse: a) las hipotecas y el consecuente control de la banca sobre la tierra (b)  la enfatización de la empleabilidad, el emprendimiento y la no protección de los trabajadores rurales. Éste último punto, la total desprotección de la clase obrera rural (derivada de su nula inclusión en la Ley General del Trabajo, y que trataremos más extensamente cuando analicemos las características de la clase obrera bajo el MAS), señala una forma más de potenciar las relaciones capitalistas de explotación: destematizando la relación social fundamental, pasando por encima del ser del Trabajo en un modo de producción dado.

(iii.4) Tesis conclusiva

De acuerdo a todo lo anterior, aquí sostenemos, con Enrique Ormachea, que la aplicación práctica de la “reforma” agraria masista, no supone ni siquiera una vía que desarrolle el “capitalismo andino del pequeño productor” (la “vía de desarrollo farmer” del capitalismo bajo la terminología de Lenin), sino que tiene las implicancias de potenciar una “vía de desarrollo junker” (Lenin), vía que desarrolla al capital en su conjunto mediante la supremacía de la gran propiedad. No sólo el discurso-programa, los objetivos y los efectos de esta “reforma” nos permiten caracterizar esta vía como “junker”, sino que el mismo proceso genético de su implantación, mediante la discusión y el consenso con los organismos patronales agrícolas y la derecha política (PODEMOS  y UN), antes que con los productores/explotados, nos señala sin posibilidad de hesitación la corrección de esta línea interpretativa.  

(iv) 8 años de política agrícola masista

(iv.1) “Potenciando” el capitalismo por arriba

A lo largo de 8 años la política agraria masista ha venido aplicando medidas que fortalecen y desarrollan el capitalismo en el campo boliviano. En este apartado daremos cuenta de 7 acciones (procesos, decretos, acuerdos, etc) que muestran la forma cómo este partido gobernante ha impulsado la explotación capitalista propia de la gran propiedad.

 A comienzos de 2011 emergió un conflicto escenificado por los productores primarios de leche, los cuales demandan un alza en los precios de venta de este producto. Primeramente, el gobierno respondió a esta demanda decretando un bono de 40 centavos por litro de leche vendido, el cual tendría vigencia de dos meses. Al cumplirse este plazo de dos meses, los productores primarios de leche volvieron a presentar sus reclamos. Ante esta situación, el gobierno propuso crear un fondo “permanente” de 35 millones de bolivianos anuales, el cual se proponía resolvería el problema. Enarbolando la típica bandera pequeñoburguesa de los “precios justos”, el MAS en realidad puso en marcha una política que mostró beneficiar principalmente a los grandes productores capitalistas. Es que, según los criterios cuantitativos demarcados para establecer la entrega de recursos, el 35% del total del fondo fue a parar a manos de la empresa láctea PIL en 2012, empresa privatizada en la década de 1990 que detenta entre un 70 y 75% de la producción de lácteos. Aún más, si se adicionan los criterios cualitativos fijados para el establecimiento del fondo (e.g. leche de calidad), PIL obtuvo el 47% de los 35 millones de bolivianos entregados por el gobierno en 2012. Como este fondo permanente tiene ya una vigencia acordada de 8 años, la cantidad de recursos apropiados por PIL por vía gubernamental, se reproducirá por estos largos 8 años.      

Avanzado en el tiempo, ya en 2013 el gobierno de Evo Morales cristalizó al menos cuatro acciones en beneficio de las fracciones capitalistas con mayores recursos. En primer lugar, mediante la ley n°337, activó lo que la prensa denominó “perdonazo forestal”. La misma, como señala este mote, no supuso sino la legitimación gubernamental de las reconversiones ilegales de tierras forestales (desbosques). Según Morales, esta ley permitiría acrecentar la producción (+ 34%) y la superficie sembrada (+ 20%). Ahora bien, esta justificación no es sino demagógica (o llanamente falsa), ya que, según la ANAPO  (Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo) estas supuestas nuevas tierras que entrarían con la ley a producir, ya se encontraban cultivadas y en actividad por largos años[37]. Y no estamos hablando de poca tierra: según ANAPO en octubre de 2012 existían 4,3 millones de hectáreas en esta situación. En este contexto de legitimación gubernamental de acciones que la misma constitución elaborada por el MAS establecía como ilegales, la ley n°337 también rebaja la multas sustantivamente (según los casos, los distintos desbosques deberán pagar un 17% y un 11% de las multas fijadas anteriormente), así como anula cualquier sanción penal (que sí se fijaba como posibilidad en los reglamentos anteriores) y consigna la obligación a reforestar sólo un 10% de los terrenos desboscados ilegalmente. El sentido patronal de este “perdonazo”, fue brillantemente explicitado por Álvaro García Linera en 2013, quien poco menos que repite los dichos del presidente de la CAINCO en 2005, los cuales citamos más arriba: 

“(la puesta en marcha de esta ley se da en)…un buen momento para relanzar la producción agropecuaria en Bolivia, (pues) hay estabilidad económica y política, hay dinero en los bancos, hay mercado, se están mejorando las vías de transporte, hay reglas claras, no hay inseguridad jurídica respecto a la propiedad, no hay riesgo de sanciones o reversiones…” (Prensa Palacio de Gobierno, 7 de mayo de 2013, en http://comunicacion.presidencia.gob.bo)

Una segunda medida gubernamental de 2013 en línea con la anterior, es la ampliación del plazo para la verificación de la FES. Recordemos que inicialmente se habían estipulado 7 años de plazo; precisamente, en diciembre 2012 el ejecutivo presenta un proyecto de ley para ampliar este plazo a varios años más. El ejecutivo argumenta que esto permitirá ampliar la producción y extender la frontera agrícola, mientras la patronal sostiene que si se mantiene el plazo original los “productores” se verán imposibilitados de acceder al crédito (porque no podrán presentar la tierra como aval de pago).

En tercer lugar, Morales en 2013 estipula la necesidad de modificar ciertos aspectos de la ley n°300 (referida a los transgénicos), esto en una alocución en la trata de compañero al presidente de ANAPO de “compañero”:

“creo que en la Ley de la Madre Tierra de contrabando metieron algunos términos, algunos párrafos, así entiendo. Hay que revisar por supuesto para garantizar alimento para el pueblo boliviano…Compañero Demetrio [Demetrio Pérez, presidente de ANAPO), comunique a su sector productor, por supuesto es importante cuidar los derechos de la Madre Tierra, pero por encima de eso es importante garantizar el alimento para el pueblo” (Evo Morales, 2013 –citado en Ormachea, 2013)

Y estamos hablando de modificar una ley que ya permite que la soya sea casi el único producto agrícola habilitado a utilizar transgénicos. De hecho, si en 2006 el 40% de la soya producida en Bolivia utilizaba transgénicos, ya en 2013 esta porcentaje había crecido al 85-90% (lo cual hace que cerca de 34% de la superficie cultivable de todo el país esté “cubierta” de transgénicos)[38]

La cuarta medida gubernamental de 2013 que favorece “por arriba” a los patrones capitalistas, es la propuesta de acuerdo con la Cámara Forestal de Bolivia. Celebrado por esta patronal forestal, este acuerdo estipula una inversión “público-privada” de 200 millones de dólares hasta el año 2018, inversión cuya extensión cubriría más de 10 millones de hectáreas. En este contexto, se pretende entregar a modo de concesión al “sector privado” en estos 5 o 6 años, un total de 7 millones de hectáreas, cuando entre 1996 y 2005 las concesiones en este respecto sólo alcanzaron la cifra de 5,5 millones de hectáreas.

Finalmente, quisiéramos consignar dos procesos que en 2013 ya operaban hace algunos años. Primero, en el contexto de la crisis política aguda con el Oriente boliviano en 2008[39], el gobierno masista logra imponer un “control temporal de las exportaciones”, control que vendría a subsanar la drástica crisis alimentaria vivida por la mayoría obrera de esta formación (un desabastecimiento que ocurre a raíz del incremento de las exportaciones derivado de los altos precios internacionales de los alimentos este año). Ormachea señala que esta medida no lesionó los intereses de los grandes patrones agroindustriales, y más que nada sirvió para “domesticar” a esta fracción burguesa, alineándola con el proyecto capitalista gubernamental. Se afirma lo anterior teniendo en cuenta las tendencias empíricas. Si bien la producción sojera ha bajado algo en Oriente, la misma ha sido reemplazada sin mayor dificultad por el girasol y sus derivados; la relativa baja en la producción de arroz fue compensada por un alza en la producción de caña de azúcar. Estos dos procesos nos hablan de una sustitución productiva poco onerosa, sustitución que ha permitido un crecimiento en los volúmenes totales de producción en el área de Santa cruz: si en 2008 se produjeron 40,9 millones de toneladas, ya en 2012 esta cifra creció hasta 51,9 millones de toneladas. De este total, Santa cruz exporta el 70%, por lo que las exportaciones han crecido un 8% si se comparan el período 2003-2007 con el período 2008-2012. Aún más, esta prohibición a exportar: a) no restringe el sector cárnico, cuya patronal y el gobierno han sellado un alza en la cuota de exportación de 2000 a 5000 toneladas en 2013 (y este mismo año el gobierno celebró un acuerdo de exportación con China de 10 mil toneladas); b) posibilita la subvención estatal de esferas capitalistas de inversión, como es el caso del azúcar, a cuya patronal el gobierno compró en Julio de 2013 60 mil toneladas (a ser exportadas a Venezuela) a un precio de 569 dólares la tonelada (cuando precio internacional en ese momento era de 494 dólares).

Por último (séptimo), sorprende que un gobierno autodenominado “socialista” celebre el incremento en la inversión extranjera directa (IED), tal como hizo Morales en 2013 (“el 2005 la inversión extranjera directa era (de) 448 millones de dólares, para este año, está programada y están ejecutándose 1.505 millones de dólares”). Una IED que en 2012 fue de 1.060 millones de dólares, cifra incluso mayor a la de 1996, cuando se vendieron las empresas estatales (incluidas las estratégicas)[40]. Decimos que esto sorprende, porque si este capital fluye en cantidades cada vez mayores, no es sino para generalizar la explotación propia de las relaciones de producción capitalistas; por esto, cuando el MAS celebra las cifras relativas a la IED, en realidad “celebra” la conformidad del capital transnacional (no doméstico o interno) con respecto a las condiciones que ha impuesto el gobierno de Evo Morales en Bolivia a partir de 2006. 
(iv.2) “Potenciando” el capitalismo por abajo
La intensificación y extensión de las relaciones sociales capitalistas de explotación y producción por parte de la política agraria del MAS, no sólo ha implicado medidas y acciones que favorecen a la gran propiedad (capitalista), sino que también políticas que sirven especialmente a los intereses del “pequeño capital”. Estas medidas no entran en contradicción con las primeras, porque las mismas se dan en un contexto gubernamental favorable para la clase capitalista en su conjunto[41].

Respecto a esto destacaremos cinco medidas o procesos básicos. En primer lugar, creemos pertinente consignar la formulación y aplicación de la “Ley de la madre tierra y el vivir bien” (Octubre 2012). En relación con ella, apuntaremos algunos comentarios. Lo primero que requiere ser destacado, es cómo las premisas y principios bajo las cuales esta ley fue  formulada recrean nuevamente la necesaria “fraseología socialista” que todo régimen político kerenskista debe enarbolar. El kerenskismo “débil” del MAS hace uso de lo que aquí denominaremos “anticapitalismo espurio”. Éste se distinguiría por el énfasis posmoderno en la “sabiduría popular”; así, la lucha contra el enemigo de clase, se reduce al aprendizaje de una serie de saberes”: “saber crecer”, “saber alimentarse”, “saber danzar”, “saber trabajar”, “saber comunicarse”, “saber soñar”, “saber escuchar”, “saber pensar”, etc.

 En segundo lugar, esta ley n°300 señala que la propiedad privada de los medios de producción es una más dentro de una “pluralidad” de formas de producción. Ahora bien, en específico, esta ley presenta medidas para el fortalecimiento de la economía familiar y la empresarial, a la vez que omite toda política explícita a favor de la producción cooperativa, colectiva y estatal. Es que, en realidad, la promulgación de esta ley en Octubre de 2012 no viene sino a confirmar lo afirmado por García Linera en 2011:

“…la prioridad del Estado no es competir con el empresariado (agropecuario) sino invertir en grandes obras de infraestructura para potenciar y ayudar a los productores privados(Bolpress 18 de septiembre de 2011)

Esta declaración, junto a la ley n°300, no viene sino a confirmar el carácter demagógico de la posición enarbolada por la corriente extractivista dentro del MAS, la cual sostenía que el Estado debía intervenir activamente en la economía portando una lógica fundada en el “valor de uso”. Otro ejemplo del nulo impacto del Estado en el agro (del carácter marginal de sus emprendimientos)[42], es el anuncio de la creación de una “empresa gran nacional” (estatal) entre Bolivia y Venezuela para la producción de alimentos. Sin embargo, esta empresa “gran nacional” supone solo la utilización de 500 hectáreas bolivianas y 500 hectáreas venezolanas, extensión territorial que según Enrique Ormachea posee cualquier productor medio boliviano. Así, estas empresas, más que “traer el socialismo” mediante el aumento de la participación estatal, están destinadas a generar un impacto mediático, simbólico y decorativo.
 Ahora bien, la declaración del vicepresidente que en este punto consignamos, creemos es necesario debe ser comentada en dos sentidos adicionales a lo ya expuesto. El primero, dice relación con el carácter del Estado que los mismos líderes del MAS dicen estar construyendo. Por nuestra parte, ya consignamos la naturaleza capitalista de este Estado; lo interesante aquí es que García Linera emite una declaración que calza a la perfección con uno de los “procesos de mediación” mediante los cuales el Estado vehiculiza el poder de la clase dominante/explotadora, el proceso denominado por Therborn como extracción. Al respecto, este autor sueco dice lo siguiente:   
   
“La centralización del estado suele ir asociada a la extracción de pagos más altos a los gobernados, en dos planos. Por una parte, la centralización de los servicios, bienes y dinero extraído a los gobernados arroja un total superior a la suma de las partes. Pues puede utilizarse para emprender operaciones en gran escala –tales como las campañas militares del estado feudal y la promoción del crecimiento económico- que de otro modo no serían posibles” (Goran Therborn, 1979)

En segundo lugar, la frase del hoy vicepresidente da cuenta del carácter meramente retórico de su concepción sobre la “fase transicional” como una en que “conviven y pelean capitalismo y socialismo”. Asimismo, la declaración niega la lúcida interpretación de Lenin respecto de la NEP rusa (1919-1923), según consigna Domenico Mario Nuti:

“En marzo de 1922 Lenin estableció que la competencia con el capital privado en lo interno y en lo externo era el pivote de la NEP. Era la prueba crucial, la batalla final” (Las contradicciones de las economías socialistas: una interpretación marxista, Domenico Mario Nuti, 1982)

En efecto, para García Linera “su NEP” no es una medida que la realidad objetiva obligó a tomar, sino que supone no sólo la convivencia con el capital, sino también su desarrollo y fortalecimiento.
 
En términos más concretos, la ley n°300 retiene el límite mínimo para expropiación en 5 mil hectáreas, todo esto bajo un discurso ambiguo sobre la necesidad de mantener la equidad[43]. A esto se suman dos cambios más: a) ya no habrá exclusividad en la distribución de tierras fiscales a campesinos, indígenas y afrobolivianos (se abre la puerta a capitalistas y campesinos ricos); b) se transforman las TCO (tierras comunitarias de origen) en TCC (tierras comunitarias campesinas), nuevo marco que permite la propiedad individual dentro de la colectiva (por lo que fortalecerá la tendencia a la mercantilización). Por lo demás, el carácter demagógico con que fue presentada la nueva ley, se demuestra cuando recordamos que la misma pretendió prohibir la exportación de productos que fueran utilizados como agrocombustibles, esto en un contexto donde el propio vicepresidente celebró por esos días la operación del ingenio Aguaí en Santa Cruz (ingenio que permitirá doblar la cantidad exportada de alcohol etílico a Europa –si en 1999 se exportaron 7,5 millones de kilos y en 2009 68,4, en 2013 se sumarán con este ingenio 70 millones de kilos anuales más)

Una segunda medida de fortalecimiento del capitalismo “por abajo”, puede verse en la ley n°338 de 2013, la cual trata la cuestión de las OECAS y las OECOM (Organizaciones Económicas Campesinas, Indígena Originarias y Organizaciones Económicas Comunitarias). Estas vienen a organizar en 778 unidades a “un millón de familias campesinas”. Con el objetivo explícito de generar excedentes mediante procesos de transformación y comercialización, conforman: “actores económicos productivos capaces de generar autoempleo, empleo directo e indirecto”. De acuerdo con esto, y desde una lectura marxista de la realidad, estas entidades en efecto se componen tanto de “unidades mercantiles simples” como de “pequeños capitalistas”. No es sólo que el “autoempleo” de las “unidades mercantiles simples” generalice la mercantilización objetiva y subjetivamente (como señala Jacques Chevalier mediante su expresión “maximización sin acumulación”), sino que la generación de “empleo directo” no es sino una expresión clara del fomento de la explotación del trabajo por parte de “pequeños capitalistas”.

Un tercer proceso que quisiéramos destacar en lo que respecta a al apoyo de la producción capitalista “por abajo”, se relaciona estrechamente con la “vinculación virtuosa” (en un sentido capitalista) que el MAS ha buscado implementar entre el pequeño y el gran capital. Este vínculo de encadenamiento, fortalece al pequeño capital (qua pequeño capital, no como fracción competidora respecto del capital medio y grande) mediante una serie de mecanismos crediticios. Para el año 2013, existían al menos 4 tipos de créditos agrarios que funcionaban en el sentido descrito[44]: a) “crédito debidamente garantizado” (intermediado por el sistema financiero privado, a él sólo acceden quienes pueden avalar su pago con propiedad); b) “crédito estructurado” (supone la retención de pagos por parte de la empresa que compra productos del pequeño productor capitalista); c) “crédito de almacenamiento” (retención de pagos por parte de la empresa que almacena productos al pequeño productor capitalista); d) “crédito para la producción por contrato” (se presta sólo cuando se tiene ya un contrato de producción). Si bien todos estos mecanismos crediticios subordinan al pequeño capital en su relación con el capital medio y grande, esta subordinación asegura la existencia del primero y desarrolla sus condiciones de existencia qua pequeño capital[45].

 La cuarta medida política de apoyo al capitalismo “por abajo” que consideramos tiene no poca importancia, es el decidido impulso gubernamental a la producción de quinoa en el altiplano boliviano. Ormachea señala que este apoyo redunda especialmente en el favorecimiento del pequeño capital en su vinculación con los capitales medio y grande. De esto da fe el hecho de que el 90% de la producción de quinoa se exporta (si bien existe la exportación por parte del pequeño capital en términos teóricos y estructurales, la exportación de éste tiende a canalizarse a través de su vínculos con los capitales medio y grande). Es el esfuerzo gubernamental en la promoción internacional de la quinoa, que redundó por ejemplo en la declaración del “año mundial de la quinoa” por la ONU para 2013, lo que ha permitido doblar la cantidad de superficie cultivada con quinoa entre 2006 y 2012. Son la decidida promoción de la maquinización (capitalista) de los procesos productivos de la quinoa por parte del MAS, y los programas desarrollados por el BM y el FMI en Bolivia, los que explican este auge en la producción de la quinoa. Un auge que se explica (en no poca medida) por el meteórico crecimiento de los precios internacionales de este producto. Ahora bien, este fortalecimiento de la producción de la quinoa contrasta con un discurso gubernamental que sostiene la bandera de la “soberanía alimentaria”. Esto porque la quinoa tiene un precio demasiado elevado para ser consumida internamente por los productores/explotados: si en julio de 2013 la libra de quinoa costaba 14,50 bolivianos, sus sucedáneos tenían un precio mucho menor (la libra de arroz valía 4,50 bolivianos, la de fideo 5,00, la de papa 2,50, la de azúcar, 3,50). De ahí que, como decíamos, el 90% de la producción de quinoa se “realice” en mercados no bolivianos. Empero, todos estos esfuerzos dirigidos hacia la quinoa no hacen más que desprivilegiar la producción de lo consumido por los productores/explotados bolivianos, cuestión que se muestra en los nulos recursos estatales dirigidos a la producción de hortalizas, tomates, papas, etc.    

La quinta medida del MAS que fortalece el capitalismo por abajo, es una típicamente neoliberal. Destinado a legitimar y sostener materialmente el capitalismo agrícola, el “Seguro para los campesinos pobres” (SAMEP, 2011) tiene un impacto marginal (y este efecto se deriva de una decisión política): en 2013 cubría sólo el 2,85% de la superficie cultivada del país, en un contexto donde solo el 13% de los campesinos destinatarios estaría inscrito.

 (iv.3) Una vía junker

García Linera es toda una personalidad política. Como tal, no se arredra frente a la posibilidad de mostrar la realidad a su conveniencia. De hecho, en 2013 afirmó que bajo el gobierno de Evo Morales se habría dado una sustantiva democratización de la tierra:

“…a diferencia de hace 20 años, cuando las empresas privadas medianas poseían 39 millones de hectáreas, ahora solamente poseen 4,1 millones de hectáreas” [por lo que el gobierno del MAS estaría] “trastocando radicalmente la estructura de la propiedad de la región amazónica” (Álvaro García Linera, 2013 –citado en Ormachea, 2013-)

En esta declaración, lo que convenientemente “olvida” el vicepresidente es que sus cifras corresponden solo al total de las tierras saneadas, y por tanto excluyen 34 millones de hectáreas que aún no han sido saneadas y que permanecen siendo propiedad “terrateniente” (y recordemos que este proceso de saneamiento, base de la aplicación de la FES, se ha vuelto a posponer desde la esfera gubernamental por no sabemos cuántos años más[46]). En realidad, según cifras proporcionadas por Enrique Ormachea, el MAS ha expropiado 948 mil hectáreas, por lo que los “terratenientes” (capital medio y grande) ya no tienen 39 millones de hectáreas, sino 38. ¡Y a esto se le llama “revolución”! Por su parte, el “revolucionario” gobierno de Frei en Chile expropio 1.408 fundos entre 1967 y 1970, los cuales constituían 18% de la tierra arable nacional. El kerenskismo “fuerte” de Allende, por su parte, expropió más de 4 mil fundos, con el resultado de que el 70% de tierra arable chilena fue expropiada (ambos son porcentajes que parten de un total superior a los límites de la FES de la época, 80 ha hasta 1972 y 40 ha a partir de ese año). Esta es una razón más para calificar de kerenskismo “débil” al régimen político vigente en Bolivia desde 2006.

Todo esto da cuenta no sólo de la implementación de una “vía junker”, sino que, cuando entendemos que  el 78,3% del auge de la exportación agrícola durante los gobiernos del MAS se debe sólo a dos productos –soya (55,4%), caña de azúcar (22,9%)-, realmente comprendemos que la misma es una vía junker muy poco diversificada y casi mono-productora[47]. Un proyecto político que no opone a las distintas fracciones capitalistas del agro, sino que las vincula “virtuosamente”, vínculo que busca generar una Agenda Patriótica de cara al año 2025, la cual supone “acordar” con la patronal de Santa Cruz la ampliación de la frontera agrícola en más de 15 millones de hectáreas. Así, el MAS trabaja para cristalizar un “tercer ciclo de expansión agrícola”, ciclo que vendría luego de un primer ciclo nacionalista y un segundo iniciado en los 1980s (basado éste en las “exportaciones no tradicionales”). Un ciclo que sin duda mantendrá una vía capitalista junker.





[1] El MAS es una realidad compleja. Más adelante en este escrito definiremos conceptualmente el gobierno del MAS (2006-2014 hasta el momento) y su régimen específico. En este punto sugeriremos una caracterización implícita del partido (si es reformista, socialdemócrata, anticapitalista, progresista, social-liberal) tomando en cuenta su actuación práctica como gobierno. 
[2] Es importante destacar aquí que las acciones del MAS durante sus años de gobierno 2006-2014, como señala Arze (2013), han tendido a eliminar toda base pequeño-propietaria (que no asalariza) que alguna vez pudo detentar este partido. Esto porque bajo el MAS se ha fortalecido y desarrollado el capitalismo en el agro, ergo la separación entre capital y Trabajo.
[3] Esta separación recuerda uno de los rasgos característicos del Estado capitalista: “El Estado no tiene que representar todos los intereses empíricamente comprobables de la clase capitalista, sino que funciona más bien como un capitalista colectivo en idea (Engels), de manera de mantener a toda costa la separación entre política y economía” (Jean Marie Vincent, La crisis del Estado, ed Nicos Poulantzas, 1976)
[4] Un partido “propositivo” es el que actúa en el campo político como si éste fuera un desván donde se ofrecen mercancías, uno en el cual los ciudadanos deben “comprar” la opción que más les satisface. Un partido marxista, clasista y anticapitalista, antes bien, entiende que su principal fin es constituirse como partido de combate, un partido con intereses específicos e inserto en la lucha de clases. Ahora, esto no quita que algunas estructuras del partido elaboren disquisiciones sobre la “transición” y el “horizonte” (tareas posteriores a la “toma del poder del Estado”); lo que queremos enfatizar es el hecho de que la tarea jerárquicamente prioritaria de un partido de las características que aquí señalamos, es derrotar al enemigo de clase.
[5]Para una crítica detallada del Laclau de “Hegemonía y Estrategia socialista…”, véase: http://marxsimoanticapitalista.blogspot.com/2013/04/critica-la-politica-del-acontecimiento.html
[6] Para una crítica a supuesto potencial emancipador del zapatismo, ver: https://libcom.org/library/commune-chiapas-zapatista-mexico
[7] En el caso de la reivindicación de Tupac Katari, el carácter precapitalista de lo “idealizado” es más evidente, en el caso de la reivindicación de Zárate Wilca, probablemente estemos ante una lucha ocurrida en el contexto del capitalismo, pero cuyos objetivos y bases sociales pretenden “hacer retroceder la rueda de la historia” (no decimos que haya sido una lucha “atrasada”, sino que criticamos su centro fuera de la clase obrera, agente esencial del cambio agencial bajo toda forma de capitalismo).
[8] Sobre la cuestión de la presencia cuantitativa/determinación cualitativa, ver el siguiente artículo de Pierre Vilar (autor que en este momento se encontraba muy cercano al marxismo): “Reflexiones sobre la noción economía campesina”, en el libro “Economía Agraria en la Historia de España” (1978).
[9] Para revisar este debate, vea el siguiente vínculo: http://marxsimoanticapitalista.blogspot.com/2013/05/notas-sobre-el-debate-acerca-de-los.html, el cual es parte de muchos trabajos referidos al tema que también se pueden encontrar en el blog al cual pertenece el citado vínculo.
[10]  Wallerstein es quizás el primero que desde el campo del marxismo intenta reemplazar la noción marxista de producción por el “término” civilización. Para unos comentarios críticos sobre “Civilizations and Modes of Production: Conflicts and Convergences” (1978), véase la siguiente ficha: http://marxsimoanticapitalista.blogspot.com/2013/05/notas-sobre-el-debate-de-los-modos-de_8167.html
[11] Repetiremos esta idea sobre la subsunción formal -y la desarrollaremos sumariamente- más adelante en este texto, cuando tratemos el término “campesinado”.
[12] La literatura es amplísima. Solo apuntaremos cuatro textos fundamentales que pueden guiar la lectura a quien interese el tema: a) sobre la crítica marxista al término campesinado, ver: Judith Ennew , Paul Hirst & Keith Tribe (1977): ‘Peasantry’ asan economic category, The Journal of Peasant Studies; b) Sobre la producción mercantil simple, ver: “There is nothing simple about simple commodity production” (Jacques Chevalier, 1982); c)  sobre la categoría de formas de producción, ver: Carol A. Smith (1984): “Forms of production in practice: Fresh approaches to simple commodity production”, The Journal of Peasant Studies; d) sobre los procesos de proletarización/deproletarización ver: Tom Brass & Henry Bernstein (1992): “Introduction: Proletarianisation and deproletarianisation on the colonial plantation”, The Journal of Peasant Studies. Todos estos textos –y muchos más relacionados con el tema- están fichados en el blog: http://marxsimoanticapitalista.blogspot.com
[13] Recordemos que este es un sentido amarxista de la noción de subsunción formal, si bien el mismo es el que implican García Linera y otros como él.
[14] Ver, por ejemplo: a) Gavin A. Smith (1979): Socio‐economic differentiation and relations of production among rural‐based petty producers in central Peru, 1880 to 1970., The Journal of Peasant Studies; b) C. D. Scott (1976): Peasants, proletarianization and the articulation of modes of production: The case of sugar cane cutters in northern Peru, 1940–69, The Journal of Peasant Studies, 3:3, 321-342

[15] Respecto de este tema, nuevamente la literatura marxista y cercana al marxismo es amplísima. Este problema, por lo demás, tiene una cantidad de aristas discutidas muy crecida. Por esto, citaremos sólo algunos trabajo para quien desee orientación sobre el tema: a) sobre la crítica a la tesis del intercambio desigual a escala mundial (tesis sostenida, por ejemplo, por el maoísta Samir Amin), ver: “International Exchange and the Causes of Backwardness” (John Weeks and Elizabeth Dore, Latin American Perspectives 1979); b) sobre la relación entre el problema de la renta de la tierra, la ley del valor y el intercambio desigual agro-urbe en el contexto de una sola formación social, ver: Antonio Yúnez N. (1988): “Theories of the exploited peasantry: A critical review”, The Journal of Peasant Studies; c) sobre ambos temas (a y b) imbricados, ver: “Regional Analysis in World-System Perspective: A Critique of Three Structural Theories of Uneven Development” (Carol A. Smith Review Fernand Braudel Center, Vol. 10, No. 4 (Spring, 1987)
[16] Sobre la aparcería ver: a) Sharecropping and sharecroppers (Ed, T.J.Byres, 1984, JPS); b) Daniel Gaido (2000): A materialist analysis of slavery and sharecropping in the Southern United States, The Journal of Peasant Studies); c) “Formal and Real Subsumption of Labour under Capital: The Instance of Share-Cropping” (Dipanker Gupta, Economic and Political Weekly, Vol. 15, No. 39 (Sep. 27, 1980)
[17] Carlos Arze (2013)
[18] García Linera expresa esta tesis de la siguiente manera: “La diferencia de Bolivia, en el marco de un capitalismo planetario, con otras sociedades, es que aquí han persistido y se han mantenido estructuras comunitarias en el campo, en las tierras altas y bajas y en parte en los barrios en las ciudades, que han resistido al avasallamiento capitalista que arrasa, aniquila y destruye todas las formas anteriores de sociedad; y esta diferencia nos da una ventaja”(…) “El socialismo comunitario es la expansión de nuestra comunidad agraria con sus formas de vida privada y comunitaria, trabajo en común, usufructo individual, asociatividad, revocatoria, universalizado en condiciones superiores” (“El socialismo comunitario: un aporte de Bolivia al mundo”, Entrevista al vicepresidente en programa “El pueblo es noticia” Canal 7, Radio Patria Nueva, 7/02/2010)
[19] Respecto al mito tibetano “precapitalista”, Parenti escribe: “Los tibetanos se merecen ser percibidos como personas reales, no como espiritualistas perfectos o inocentes símbolos políticos. “Idealizarlos –nota Ma Jian, un disidente chino que viajó al Tibet y que hoy vive en Inglaterra- es negarles su humanidad” (Friendly Feudalism: The Tibet Myth, Michael Parenti, 2007)
[20] El socialismo, como transición al comunismo (y el mismo comunismo) nunca podrán ser la fraternidad universal y la consecución de la armonía. En efecto, como mencionó Trotsky en los 1920s: “Bajo el socialismo, la solidaridad será la base de la sociedad. La literatura y el arte serán sintonizados en un registro diferente. Todas la emociones que nosotros los revolucionarios sentimos la necesidad de nombrar en el presente tiempo –que se han desgastado tanto en manos de hipócritas y hombres vulgares-, tales como la amistad desinteresada, el amor por el vecino, la simpatía, serán los poderosos acordes resonantes de la poesía socialista”
Sin embargo, ¿tal exceso de solidaridad no amenazará, como los nietzcheanos temen, con hacer degenerar al hombre en un rebaño animal sentimental y pasivo? De ninguna manera. La poderosa fuerza de la competencia que, en una sociedad burguesa, adquiere el carácter de competencia de mercado, no desaparecerá en una sociedad socialista, sino que, para usar el lenguaje del psicoanálisis, será sublimada, esto es, asumirá una forma más alta y más fértil. Existirá la lucha por la propia opinión, por el propio proyecto, por el propio gusto.
En la medida en que las luchas políticas serán eliminadas –y en una sociedad donde no existirán las clases, no habrá tales luchas-, las pasiones liberadas serán canalizadas hacia la técnica, hacia la construcción que también incluye al arte. El arte entonces devendrá más general, madurará, se templará, y será el método más perfecto de la construcción de la vida en cada campo.
Todas las formas de la vida, tales como el cultivo de la tierra, la planificación de las viviendas humanas, la construcción de los teatros, los métodos de la educación social de los niños, la solución de los problemas científicos, la creación de nuevos estilos, absorberán vitalmente a todos y cada uno. La gente se dividirá en “partidos” respecto de la construcción de un canal gigante, acerca de la distribución de los oasis en el Sahara (tal cuestión existirá también), acerca de la regulación del tiempo y el clima, respecto de un nuevo teatro, sobre hipótesis químicas, acerca de dos tendencias que compiten en música, y sobre el mejor sistema de deportes. Esto no contendrá el ansia de ganancia (rentabilidad), no contendrá nada malo, no habrá traiciones, sobornos, y ninguna de las cosas que forman el alma de la “competencia” en una sociedad dividida en clases. Pero esto no obstruirá el carácter absorbente, dramático y apasionado de la lucha.
Y como todos los problemas en una sociedad socialista –los problemas de la vida que anteriormente se resolvían espontánea y automáticamente, y los problemas del arte que estaban en la custodia de una casta curial especial- devendrá propiedad de todos, uno puede decir con seguridad que los intereses y las pasiones colectivas y la competencia individual tendrán el más amplio espectro y la más ilimitada oportunidad…
En una lucha tan desinteresada y tensa, que tendrá lugar en una cultura cuyas bases estarán en continuo crecimiento, la personalidad humana, con su invaluable rasgo de permanente descontento, crecerá y se pulirá en todos sus puntos…” (León Trotsky, 1920s)
 De este cuadro de Trotsky quizás debiéramos descartar: a) la tesis de que "la lucha política desaparecerá" (el conflicto político no estará fundado en la explotación y no habrán clases; sin embargo, como el mismo Trotsky desarrolla, no desparecerá realmente); b) la idea de desinterés y quizás la cuestión de la "solidaridad" (esto último por su remanencia religiosa y su asimetría verticalista...quizás sería mejor hablar de un "compañerismo entre iguales basado en la razón").
[22] En el siglo XIX, ya el capitalista Robert Owen intentó predicar con el ejemplo. En su tiempo, no lo siguieron muchos (y esto no fue por una razón volitiva, sino que estructural: el ser mismo de la clase capitalista se sustenta en la explotación)
[23] “El propio Estado, por ejemplo, aparte de su producto estatal específico, puede verse obligado, sobre todo en el Estado aparente —que es aquel en el que no se ha consolidado el estado de separación—, a comportarse como sólo una de las partes de la sociedad civil, como un par entre pares” (Zavaleta Mercado, 1984)
[24] Para Nahuel Moreno, el concepto “Estado” designa el carácter de clase de una entidad (de ahí que se hable de estado capitalista, estado obrero, etc). “Régimen”, por su parte, haría referencia a la articulación específica de las instituciones y aparatos estatales, mientras “gobierno” designaría los individuos y partidos concretos que ocupan los cargos estatales.
[25] Esta caracterización kerenskista –y su explicación- la iremos desarrollando a lo largo del trabajo.
[26] Al menos, esta es la tesis de Marx. Por nuestra parte, consideramos que si bien es correcto afirmar que este es un proceso de muy largo plazo, sostenemos que la pretendida precondición de “desarrollo de las fuerzas productivas” ya fue alcanzada bajo el capitalismo actual. Por esto, la eliminación de la ley del valor en las circunstancias actuales, requeriría más que nada la derrota completa de la clase capitalista (el enemigo de clase), derrota que de alguna manera intente generalizar el igualitarismo material, un igualitarismo que sea capaz de mantener la productividad del trabajo a la vez que elimina las dimensiones explotadoras inscritas en las fuerzas productivas capitalistas ya desarrolladas.
[27] Cuestión que señala Rolando Astarita en uno de sus artículos respecto del carácter del Estado capitalista durante lo que aquí denominamos “cuarta fase” de este modo de producción. Ahora bien, aquí no intentamos igualar Estado a capital –incluso cuando “produce” el Estado capitalista emana “sustancia estatal”, como señala Zavaleta Mercado-; antes bien señalamos que el Estado capitalista no puede funcionar (nunca) bajo el principio del valor de uso. Si se mantiene el modo de producción capitalista, el contenido de los productos y servicios “elaborados” por el Estado, viene determinado por la clase dominante capitalista y su modo de producción, esto es, los mismos expresan la expropiación continuada de los obreros respecto de las decisiones sobre qué, cómo, cuánto, quién y para quién producir. Esto es, cuando Offe señala que el Estado capitalista de bienestar europeo tendía a basarse sobre el “valor de uso”, en realidad constataba la contratendencia actualizada por un movimiento obrero fuerte y organizado…pero sólo una contratendencia.
[28] Recuérdese que fue Stalin quien tuvo la “brillante” idea de consignar la existencia de “clases no antagónicas”
[29] Para el caso de Chile, ver, por ejemplo: “Tristeza de un comunismo capitalista: crítica a Manuel Riesco” (y los comentarios a este artículo), en el siguiente vínculo: http://marxsimoanticapitalista.blogspot.com/2013/04/tristeza-de-un-comunismo-capitalista.html
[30] En realidad, no existían ya remanentes feudales propiamente tales, sino formas de explotación/producción capitalistas “no clásicas” (comprendiendo a la “forma clásica” como una portadora de trabajo asalariado libre, subsunción real y plusvalor relativo). Es a ésta realidad “no clásica” que Félix Patzi denomina “forma transicional” –siguiendo a Lenin-; ahora, esta conceptualización parte de la base que la forma “capitalista clásica” constituía exclusivamente al mpc, y de que las formas transicionales la contendrían in nuce. Luego de las reestructuraciones liberales de los 1980s, parece casi una perogrullada indicar que el capitalismo se compone de distintas formas (no sólo la “clásica”), y que las mismas no son transicionales, sino que permiten la plena vigencia de la ley del valor y la explotación capitalista.
[31] En 1972 Ignacio Sotelo acota pertinentemente que, si bien en América Latina se realizaron numerosas reformas agrarias a lo largo del siglo XX, la mayoría de éstas fueron meramente “de papel” (no tocaron un ápice del poder terrateniente). La revolución boliviana, aunque no tan profunda en este sentido como la mexicana, sí minó a la fracción terrateniente en un sentido no menor, aún si pecó del “vicio minifundista” en unas zonas (valles) y del “vicio latifundista” en otras (e.g. Santa Cruz)
[32] Respecto del kerenkismo del MFA durante la revolución portugués a de 1974-1975, Moreno escribe lo siguiente: “Salvo el hecho de que, hasta ahora, no ha producido un Kerensky, el gobierno portugués tiene todos los rasgos del kerenskismo o gobierno de frente popular. Es un típico gobierno de colaboración de clases, débil, inestable, que encubre su carácter burgués tras la fraseología socialista y una profusa demagogia alrededor de medidas (indudablemente progresivas) que se ha visto obligado a tomar: nacionalización de la banca y de empresas monopólicas” (Nahuel Moreno, 1974)
[33] Sobre el capitalismo andino véase los textos de Petras (2006) y Ormachea (2007). Sobre la idealización de un campesinado no mercantil, véase la siguiente cita de Morales“…los pueblos indígenas son la reserva moral de la humanidad…pues viven en comunidad…en colectividad…en solidaridad permanente…en la complementariedad…donde no hay ni mayorías ni minorías…y donde se vive en armonía con la madre tierra, la cual, además, no puede ser mercantilizada…pues no puede ser un instrumento contra la vida, pues…es parte de la cultura de la vida” (Evo  Morales, 2007)
[34] Esta es otra razón más caracterizar al kerenskismo masista como uno “débil”, y como más cercano al progresismo y al social-liberalismo, que al reformismo. Así, nos apercibimos cómo el cambio en el contexto histórico mundial, y la pérdida de fuerza en influencia social por parte la clase obrera (tanto nacional como internacionalmente), hacen a los nuevos kerenskismos quizás más cercanos a los proyectos  paradigmáticamente clase-medieros del siglo XX, que al propio reformismo
[35] Hay que consignar, sin embargo, que esta distancia (80 ha comparadas con 5000 ha), puede explicarse parcialmente por los factores fertilidad y clima.
[36] En Chile, en 1967 ocurrieron 9 tomas, en 1969, 948, y en 1971, 1278.
[37]  “A pesar de haber sido demostrado suficientemente durante años, que tierras de supuesta vocación forestal (es decir, las desmontadas ilegalmente) (...) están siendo utilizadas de manera sostenible en agricultura o ganadería con tecnología y prácticas amigables con el medio ambiente, que además producen los llamados productos estratégicos, como maíz, trigo, sorgo, ganadería de carne y leche” (ANAPO, octubre 2012)
[38] Este punto lo consignamos no porque creamos que la lucha contra los transgénicos y similares sea necesariamente progresiva desde una perspectiva pro-explotados, sino porque el mismo nos permite esbozar una crítica inmanente a un gobierno con un discurso “progresista” de “defensor de la madre tierra y el medioambiente”.
[39] Que desarrollaremos más adelante en otro apartado
[40] El capital requiere necesariamente extender su esfera de operaciones (por la reproducción ampliada, la TDTMG), por lo que no es anormal que el mismo fluya a la periferia (sea en forma directa o no lo sea). Requiere para esto solamente (entre otras cosas), estabilidad y costos salariales bajos. Sólo un proyecto desarrollista capitalista puede celebrar la mayor cantidad de EID en un contexto en el cual (como el boliviano), el monopolio del comercio exterior y los flujos de capital no son estatales.
[41] En términos estrictos no existen contradicciones entre las distintas fracciones burguesas. “Contradicción” es un concepto que puede aplicarse solo a lucha entre las clases principales de un modo de producción, la cual se expresa en los dos niveles que hemos delineado al principio de este trabajo partiendo de un sugerencia de Joachim Hirsch. El primer nivel podría sin mucha dificultad ligarse a la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, mientras el segundo quizás encaje con lo que hemos denominad “ciclos de lucha de clases”
[42] En el siguiente apartado (n° IX) veremos más detalle las características de la participación estatal en la economía boliviana como un todo.
[43] Sobre el término “equidad” quien escribe aún suscribe lo que escribió en 2012: Si revisamos el diccionario de la real academia, existen al menos tres acepciones del término que podrían adecuarse a su utilización en el contexto del conflicto educacional:
- Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva.
- Moderación en el precio de las cosas, o en las condiciones de los contratos.
- Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.
Como vemos, mientras la tercera sitúa el énfasis en la meritocracia, la segunda lo hace en las virtudes de la moderación (deben existir precios, o sea mercado, pero estos deben ser "razonables", a lo cual permea la idea de la "regulación"). La primera acepción, por su parte, trabaja con una noción de "justicia natural". Ahora bien, esta última noción, si bien ha servido propósitos revolucionarios en otras épocas -e.g. en la lucha de la burguesía contra la nobleza aristocrática-, es común a un paradigma liberal que fundamenta su ser en la idea de "derechos". Además, esta noción también ha servido para la defensa del estatus quo, cualquiera sea éste. De proveniencia estoica, es claro para quien escribe que esta noción fue superada por Carlos Marx y todos aquellos que entendieron que no existe nada natural en la realidad social, que naturalizar lo dado que es producto de la acción del hombre, inhibe el pensamiento crítico, toda vez que postula como un deber ser incambiado aquello que existe. En síntesis la noción de equidad puede significar: a) meritocracia; b) regulación del mercado- moderación-; c) naturalización de la realidad social. Todas nociones afines a una sociedad mercantilizada, más todavía a un gobierno empresarial…”

[44] Y aquí tener en cuenta que el gobierno del MAS no ha tocado la banca privada. Por el contrario, el kerenskismo “fuerte” de Allende en Chile sí estatizó completamente los bancos capitalistas.
[45] El modo de producción capitalista, según Marx y Shaik, contiene una fuerte contratendencia que se “enfrenta” a su tendencia central a la concentración y la centralización. Es por esto que no es sorprendente que en cada fase capitalista se reproduzca el lugar específico del pequeño capital, fenómeno respecto del cual ya en los 1970s llamaba la atención Nicos Poulantzas.
[46] “(...) según Juanito Tapia, director del INRA, la falta de financiamiento en esta última etapa del proceso de saneamiento es una traba que atrasa la labor de esta institución. Tapia indicó que para esta gestión solo contarán con un presupuesto de Bs. 74 millones, la mitad respecto a la de 2012 y algo menor al destinado en 2011, cuando fue de Bs. 156 millones y permitió el saneamiento de 13 millones de hectáreas” (En EJU.TV. 26 de enero de 2013) –citado en Ormachea, 2013-.
[47] Productos de consumo interno como choclo, maíz, tomate, alfalfa, yuca, arveja plátano, etc han tenido un “crecimiento negativo” bajo la administración masista.