miércoles, 8 de mayo de 2013

Notas sobre el debate de los modos de producción (XIV. Civilizaciones y modos de producción)



1.      Civilizaciones y modos de producción (Wallerstein)

“…Díadas de bárbaros y civilizados, no-occidentales y occidentales, periferia y centro, proletarios y burgueses, los dominados y los dominantes….la creación de uno fue la creación del otro –tanto material como ideológicamente. La civilización dio origen al barbarismo, dijo Owen Lattimore”

¿Qué es una civilización?

-Debe significar algo diferente y algo más que el mero término “cultura” (si no es así, ¿por qué tendríamos dos términos?)

Aquí ya existe una presuposición. Esto es que el lenguaje del sentido común de hecho distingue realidades diferentes mediantes los términos distintos que utiliza. Esto no es algo necesariamente y siempre cierto. Discutir

a)      De acuerdo a lo anterior, una civilización debe implicar algo más que un conjunto de normas y valores colectivos de un grupo particular de cualquier tamaño y en cualquier lugar
b)      Por lo general, “la mayoría de “nosotros” (¿?) tiende a utilizar la palabra civilizaciones para describir fenómenos culturales más duraderos y abarcantes. Hablamos de la civilización occidental, de la civilización china, de la civilización India”
c)      “No existe una esencia que defina a la “civilización”. Para cada característica descubierta, uno puede enumerar incontables excepciones. Es probable que no existan  cualquiera dimensiones de una definición comunes a todas las civilizaciones”
d)     Debemos comprender civilizaciones como un constructo mental ahistórico creado, destruido y recreado en función de la necesidad que ciertos grupos sienten de afirmar su particularidad de una manera diádica frente a otros grupos.

Modo de producción
a)      Propio de una economía
b)      Una economía se define por una división del trabajo efectiva y continuada.
c)      Ni las unidades de producción individuales, ni las entidades políticas o culturales tienen modos de producción, sólo los tienen las economías
d)     Ergo, para descubrir el modo de producción que prevalece, debemos saber cuáles son los límites reales de la división el trabajo de la cual estamos hablando
e)      Sólo existen cuatro modos de producción posibles (de los cuales sólo hemos visto tres): mini-sistemas de reciprocidad, imperios mundiales redistributivos, una economía capitalista mundial, y un gobierno socialista mundial
f)       La diferencia crucial entre estos modos de producción es el proceso productivo. En los mini-sistemas de reciprocidad, todas las personas habilitadas son productores directos, pero el intercambio recíproco en una distribución desigual del excedente real –el cual, dada la tecnología, es siempre bajo- a favor de un subgrupo de productores directos, usualmente varones mayores. En los sistemas redistributivos mundiales existe un estrato de no-productores. El excedente generado por los productores directos es extraído en la forma de tributo para el estrato dirigente imperial. Este tributo es recolectado por una burocracia armada. Los intereses del estrato dirigente vis a vis la burocracia armada llevan al primero a intentar limitar la cantidad de excedente creado por los productores directos, esencialmente por el temor de que si éste es muy crecido, puede servir de base para la forma de una burocracia armada independiente del estrato dirigente. En una economía capitalista mundial, el excedente generado por los productores directos es extraído en la forma de ganancia que es distribuida entre la burguesía mediante el mercado, mediatizado por las distintas estructuras estatales que buscan afectar la distribución mercantil


En la historia han existido infinidad de mini-sistemas de reciprocidad,  un número amplio pero definido de imperios redistributivos y un número amplio pero definido de economías mundiales (pero sólo una economía que ha sobrevivido más allá que un breve periodo, el moderno sistema mundial)

Wallerstein afirma que los mini-sistemas, de los cuales no poseemos información directa, no duraron (cada uno con su historia particular) más de 150-200 años. Una de las maneras en que desaparecieron fue mediante la incorporación a grandes imperios redistributivos (dejaron de ser modos de producción para pasar a ser sólo una más de las regiones que producían excedente recolectado por la burocracia armada)

Los imperios redistributivos tenían un ciclo estructurado de expansión y contracción, lo cual explicaba la continuidad con que absorbían mini-sistemas de reciprocidad así como también como permitían espacios libres para que éstos se desarrollaran.
Las economías mundiales eran mucho más inestables que los imperios mundiales; estaban constantemente siendo conquistadas (y convertidas) en imperios mundiales) o desintegrándose para generar mini-sistemas de reciprocidad

Hasta 1500 coexistían tres modos de producción (mini-sistemas, imperios mundiales redistributivos y una economía mundo). Hemos llamado civilizaciones a los imperios mundiales. Una razón para esto es que cada vez que un nuevo imperio mundial estaba ascendiendo, éste buscaba legitimación ideológica afirmando un vínculo directo con un imperio mundial anterior, y por lo tanto creaba continuidades que nosotros, los analistas de hoy en día, percibimos como los rasgos de esa civilización

En el siglo XVI apareció una economía-mundo que no se desintegró rápidamente (la primera): el capitalismo. En tanto este modo de producción posee una tenencia a la expansión pero no a la contracción (sí contracción relativa y retiradas por estrategia política, pero no contracción absoluta). Así, para el final del siglo XIX virtualmente todo el mundo estaba incluido en el modo de producción capitalista

Esto ha implicado que tanto los mini-sistemas de reciprocidad como los imperios mundiales redistributivos han desaparecido de la faz de la tierra. Hoy existe sólo un sistema social y un modo de producción, el mundo capitalista.

Este modo de producción está acompañado por una suerte de “civilización capitalista”. Wallerstein define ésta como una suerte de modo de pensamiento y acción e los dominados y los dominadores: todos quieren más (de lo que sea), para “mí” o para “nosotros”. Quizás por esto mismo la civilización capitalista ha alimentado a los nacionalismos modernos (en plural)

En cambio, lo que ha sucedido es que en todos lados, y más y más, el particularismo nacionalista se ha afirmado a sí mismo. De hecho, si existe alguna ecuación lineal que sea, es la correlación entre la expansión del capital, el desarrollo desigual del sistema mundial, y las declaraciones de diferenciación por grupos cada vez más integrados en el sistema – un vórtex dialéctica centrípeto y centrífugo-: “…En efecto, es universalismo mediante particularismo, y particularismo mediante universalismo. Este es el genio y la contradicción de la civilización capitalista la cual, precisamente porque se precipita hacia su ruina, deviene en el interín más y más fuerte”

Cualquier estado actual, sin excepción, se proclama como el heredero de una civilización particular

“¿Están las naciones renacientes en una posición diferente de las naciones realmente nuevas? Más fuerte quizás, pero, ¿diferente? No es acaso el punto crucial que estamos todos en el mismo bote, enfrentando el mismo dilema: que, con el dentro de la economía-mundo capitalista, el nacionalismo (y el análisis civilizacional como expresión del nacionalismo) es tanto la ideología de los países más débiles y menos desarrollados que luchan para liberarse  a sí mismos de la opresión (los que son todos los países y cuasi países excepto el único hegemónico por el momento), así como también es la expresión última de la forma de rapacidad que es peculiar al capitalismo (poder y privilegio mediante el crecimiento ilimitado)

Aquí Wallerstein presenta su teoría, la cual es de un eclecticismo desvergonzado e infértil. Muchas críticas: a) utilización del concepto de modo de producción que no incluye una definición/explicación clara de las rrpp y las ffpp (no se trabaja con estos conceptos); b) la dinámica no es conceptualizada como ley de movimiento (tendencia/contratendencia, jerarquías de determinación); c) está ausente la noción de contradicción; d) no se utiliza la noción de clases de manera explícita; e) no opera de manera sistemática con la noción de explotación; f) definición de un modo de producción como una “economía”: esto es complejo no sólo porque trabaja con un concepto restringido de modo de producción y mantiene en una contingencia arbitraria la misma realidad superestructural, sino porque la misma existencia de la economía (como realidad objetiva diferenciada) es más que dudosa bajo el precapitalismo. Es que  la cuestión de la diferenciación entre economía y política es una sólo propia de la modernidad capitalista. En este sentido, es complejo hablar de economías precapitalistas; en cambio, sí podemos hablar de la producción precapitalista (y ésta siempre es la determinante en última instancia, aún si se imbricaba de manera compleja con la circulación, lo político y lo ideológico – otras instancias eran “dominantes” sólo por la naturaleza misma de la producción-); g) Wallerstein trabaja con el concepto vacío de división del trabajo, concepto que es central para su comprensión de los modos de producción (tanto Althusser como Brenner critican a Marx cuando aún no ha superado esta etapa en La Ideología Alemana). En otro comentario criticamos más afondo esta cuestión tal como se presenta en Wallerstein; h) el reemplazo del concepto modo de producción por “sistema” es poco feliz (reproducir la crítica de esta operación que Baudelot y Establet le hacen a Bourdieu); i) los desarrollos “teóricos” de Wallerstein inhiben el pensamiento y la  concreción de las categorías: esto porque se establece que “sólo han existido tales sistemas económicos…”. En este sentido, este marco no invita a generar categorías intermedias, niega la imbricación de teoría e historia y termina en un taxonomismo vacío. En cambio, el paradigma marxista es fértil porque genera preguntas y problemas, y no cierra la cuestión. Y esta no es una virtud moral, sino que tiene que ver con la naturaleza misma de los conceptos: éstos son históricos y se desarrollan en lo real y son “transformados” por el mismo curso de la historia; j) Wallerstein pone el énfasis en la contradicción capitalismo/nación. La contradicción fundamental no es una clasista, sino una que opone distintos “pueblos”: éste no es más que el extremo burdo al cual llega el dependentismo. Por lo demás, si se quisiera establecer la realidad efectiva de la cual intenta dar razón el autor, lo que por el contrario debiera ser notado es la emergencia del Estado moderno (y sólo a partir de allí un nacionalismo moderno) –esto es, con Amin, sostenemos que la nación es un fenómeno también pertinente al precapitalismo-; k) Wallerstein utiliza la técnica argumentativa que compromete espuriamente al lector (todo nos encontramos en el mismo barco). Esta forma de argumentar, muy propia de Touraine, es falaz-