martes, 7 de mayo de 2013

Notas sobre el debate de los modos de producción (VIII. América Latina, desarrollo desigual)


  El uso del concepto de Modo de producción en América Latina: algunos problemas teóricos (Agustín Cueva)

La discusión sobre los modos de producción en América Latina adquiere relevancia a mediados de la década pasada, cuando a partir de ciertos textos de André Gunder Frank y Luis Vitale se entabla una apasionada polémica sobre el carácter feudal o capitalista de América Latina
la tesis del pancapitalismo latinoamericano, esto es, de la existencia del sólo y único modo de producción capitalista en América Latina desde la conquista ibérica hasta nuestros díaslucha armada destinada a implantar, de manera igualmente inmediata, el socialismo en nuestros países (Frank)
Paradoja: todos los movimientos que en ese momento estaban luchando armas en la mano por la implantación del socialismo lo hacían convencidos de la existencia de un sector todavía feudal en América Latina tal convicción era quizás el único punto en que no podría registrarse mayor diferencia entre comunistas, maoístas y castristas. La revisión teórica que ciertos intelectuales realizaban por su lado, poco tenía pues que ver con las prácticas revolucionarias que por otro lado venían efectuándose.
¿qué necesidad había, en efecto, de insistir en que América Latina nunca fue total o parcialmente feudal, en un momento en que era mucho más fácil demostrar que las formaciones sociales que la componen era ya predominantemente capitalistas y que los elementos feudales de su estructura habían pasado a ocupar un plano totalmente secundario en la inmensa mayoría de aquellas formaciones? (primó el intelectualismo abstracto)
en ningún momento se aportaran nuevos datos en apoyo de la reciente interpretación del carácter de América Latina desde sus orígenes
la tesis del pancapitalismo en América Latina, que se presentaba como la más revolucionaria y auténticamente marxista, sólo podía sostenerse y efectivamente se sostuvo sobre ciertas bases teóricas proporcionadas por la ciencia social burguesa, que define al capitalismo como una economía “abierta” o por la simple existencia de moneda y comercio;
no solo se combatía en nombre del marxismo con armas muy poco marxistas, sino que además se embestía contra supuestas interpretaciones marxistas de América Latina que con frecuencia eran puros molinos de viento.

Mariátegui: en la interpretación de su país descubrió una articulación compleja de por lo menos cuatro modos de producción –comunidad primitiva, feudalismo, elementos esclavistas y capitalismo-, en un marco colonial y semicolonial que tampoco dejó de percibir y analizar
De hecho la teoría de la dependencia, corriente hegemónica durante más de un lustro y que aún sigue ejerciendo cierta influencia, hizo suyas las tesis de Frank o por lo menos procedió como si ellas fueran ciertas abandonando por completo el análisis de la articulación y evolución de los distintos modos de producción en América Latina.
Severo Martínez Peláez: llega a conclusiones tan literalmente incomprensibles como ésta de que “puede darse un régimen que no sea típicamente feudal y que ofrezca, sin embargo, un marcado carácter feudal, como fue el caso de Guatemala durante la colonia”
“Las categorías teóricas no aparecen con claridad cuando en el análisis histórico concreto se utiliza la noción de ‘servidumbre’, ya que de ese reconocimiento a la calificación de ‘feudal’ sólo hay un paso; el contenido de la relación entre la peonada desposeída y el propietario que al disponer de la fuerza de trabajo dispone de la persona misma, verificándose de esta manera una cierta e irresistible ‘privatización’ del poder. Esto último no obstaculiza la persistencia de rasgos de paternalismo entendido a la manera weberiana que también están presentes en la hacienda (Edelberto Torres –extraña mezcla de Marx y Weber)
La discusión que acabamos de evocar se situó desde luego en un horizonte político muy complejo, marcado, entre otras cosas, por la crisis del marxismo a nivel mundial (pugna chino soviética, sobre todo), así como por las complejas repercusiones del proceso de desestalinización.

(Primero) la intelectualidad “neomarxista” de la década pasada surgió y se desarrolló con una total desvinculación orgánica del movimiento obrero, salvo muy contadas excepciones. Segundo, porque una fuerte tradición nacionalista y populista había inculcado en el grueso de la intelectualidad del continente la convicción de que nuestra historia es tan original, que mal cabe “encajarla” dentro de conceptos y teorías (“moldes”) “foráneas”, venidas de Europa en particular
los intelectuales latinoamericanos partían de una formación de base (nos referimos a su formación académica) muy poco marxista y menos todavía leninista. Desestalinización del pensamiento marxista significó entonces para ellos la posibilidad de leer a Marx con lentes weberianos, estructural-funcionalistas o cepalinos

De las provenientes de los Estados Unidos se habla, por razones obvias, mucho menos. Cabe aclarar. Además, que el mito de la originalidad irreductible de América Latina data por lo menos de principios de siglo, con la teoría del “mestizaje”; se consolida luego con las “soluciones” populistas y por fin cree hallar un fundamento “científico” con la teoría de la dependencia

¿Eurocentrismo de quién, cabe preguntar? ¿De Lenin, a no dudarlo, puesto que en todo momento luchó contra los populistas propugnadores de una “originalidad” rusa irreductible a los conceptos “europeo-occidentales”, cosa que no le impidió analizar a fondo la especificidad de su sociedad y transformarla? ¿O de Mao, quien utilizando conceptos y esquemas “europeos” ha logrado también algunos resultados no despreciables en los campos teórico y práctico?

y el mismo concepto de especificidad, que es pertinente para el caso de cualquier formación social, tiene que ser entendido en sentido marxista y no a la manera de la ciencia social burguesa que, confundiendo los distintos niveles teóricos del análisis, hace de la particularidad un sinónimo de singularidad absoluta, “irreductible”.

Personalmente me temo que la interpretación que Ciro Cardoso hace del marxismo esté más de cerca de una perspectiva weberiana que de una tradición realmente marxista-leninista. Weber creía, en efecto, que era gratuito y esterilizante encerrar la realidad en conceptos “genéricos abstractos” y que de lo que se trataba era más bien de “articularla en conexiones genéticas concretas, de matiz siempre e inevitablemente individual”; y sin duda pensaba, también él, que la evolución del área europea occidental era “una vía de evolución entre muchas” (teoría de la contingencia histórica sin la cual el resto del razonamiento y las investigaciones weberianas carecerían de sentido); vía a la que sólo una ética especial pudo conferirle determinado sentido, que sin la incidencia de esa “variable” bien habría podido ser otro totalmente distinto.

Otra me parece ser, en cambio, la perspectiva marxista, que parte de la idea de que existe una determinación entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, que hace que las primeras fijen ciertos límites estructurales a la índole de las segundas, que por su parte y en lo esencial no pueden darse en número infinito ya que representan una relación entre pocos elementos: medios de producción, productores directos y, en el caso de los modos de producción clasistas, no productores que se apropias del excedente. Matriz de la que se desprenden además, las relaciones fundamentales de clase, que tampoco pueden ser, por lo tanto, radicalmente distintas y siempre inéditas, según la historia “peculiar” de cada pueblo, hacienda, aldea o región.

Y, de hecho, me parece difícil encontrar en la América poscolombina otras relaciones básicas de producción que no sean las de esclavitud, servidumbre y trabajo asalariado, con las consiguientes situaciones mixtas y transicionales, que tampoco son privativas de este continente, (retener esto que nosotros trabajamos y desarrollamos) y todas las particularidades y hasta singularidades propias de cualquier formación social, y más todavía de las formaciones dependientes, coloniales o neocoloniales
(Pablo González Casanova tiene razón en señalar a éstas como las únicas relaciones básicas de producción en la evolución de este continente, en buscar la especificidad de nuestras formaciones en la combinación asimismo específica de tales relaciones, dentro de un sistema colonial que es precisamente el que las articula, pero sin llegar a presentar excluyentes o competitivos los conceptos “colonial” y dependiente” de una parte y “esclavista”, “feudal” y “capitalista” de otra. Los reproches que al respecto le hace Ciro Cardoso me parecen desprovistos de fundamento)

Retener para nuestra propuesta.

Observaciones válidas, claro está, a condición de no caer en un empirismo puro y simple, como el que ha llevado a autores como Fernando Henrique Cardoso, por ejemplo, a ver en los “coroneles”, “hacendados del café”, “estancieros”, “ganaderos”, “indios”, “libertos”, “agregados”, etc., seres extraños cuya naturaleza social escapa y tiene necesariamente que escapar a cualquier intento “tradicional” “marxista” de conceptualización

“Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción sus factores son siempre dos: los medios de producción y los obreros. Pero tanto unos como otros son solamente, mientras se hallan separados, factores potenciales de producción. Para producir en realidad, tienen que combinarse. Sus distintas combinaciones distinguen las diversas épocas de la estructura social”. (El Capital, Fondo de Cultura Económica, vol II, p 37. Subrayando nuestro)

Actitud teórica que se sitúa exactamente en las antípodas de la de Marx, quien, sin desconocer la existencia de esa maraña empírica en que muchas investigaciones se pierden, pensaba que había que partir en busca de una relación económico-social básica, reveladora del “secreto más recóndito” de todo el edificio social

La “definición demasiado estrecha de un modo de producción sólo –o principalmente- en función de las relaciones de producción”, que autores como Ciro Cardoso engloban entre las “concepciones dogmáticas”, es la del propio Marx, a quien pertenece también la afirmación de que “lo único que distingue unos de otros los tipos económicos de sociedad. v. gr., la sociedad de la esclavitud de la del trabajo asalariado, es la forma en que este trabajo excedente le es arrancado al productor inmediato, al obrero” ;y por supuesto, el descubrimiento básico del marxismo, de que el capitalismo o, si se prefiere, el capital, es una relación social. (Casi huelga aclarar que esta definición del modo de producción a partir de las relaciones sociales de producción no deja de lado el elemento fuerzas productivas, puesto que éstas son el fundamento de aquéllas).

sistema feudal, lo determinante en él, para nuestro propósito, es que se trata de un sistema cerrado o débilmente ligado al mundo exterior (Frank)

O se llega a aseverar, como Luis Vitale, que “la relación entre las clases a veces no coincide del todo con el modo general de producción de una sociedad”, ¡cosa que habría ocurrido en América Latina durante por lo menos cuatro siglos de capitalismo sin burguesía strictu sensu ni proletariado!

Ver como esta posición está implicada en la interpretación de las clases que presenta Meiksins basándose en Thompson
Criticar a Vitale y ver como su marco teórico está impactado por lo real objetivo, pero no le permite comprenderlo…

Relación entre el concepto de modo de producción y las situaciones colonial y de dependencia.

“las formaciones sociales de América colonial se caracterizan por estructuras irreductibles a los modos de producción elaborados por Marx”, puesto que “la dependencia –que tiene como uno de sus corolarios la transferencia de una parte del excedente económico a las regiones metropolitanas-, por circunstancias propias del proceso genético evolutivo de las sociedades en cuestión, es un dato inseparable del concepto y de las estructuras de dicho modo de producción” (Ciro Cardoso)

No sólo cree que ello nos obliga a investigar qué modos de producción inéditos se engendraron por eso en América Latina… nos sugiere elaborar un nuevo concepto de modo de producción para estas áreas: “Me parece que los diversos sentidos del concepto de modo de producción mencionados más arriba (los que se encuentran en Marx, según Cardoso, AC), no convienen al análisis de los modos de producción coloniales en América. Para llegar a construir su teoría y comprender su carácter esencial, creo que es necesario proponer el concepto –mejor dicho, la hipótesis de otra categoría: la de modos de producción independientes” (Ciro Cardoso)

Discutir y reflexionar

Paso por encima el hecho, llamémoslo “formal”, de que si definimos el concepto modo de producción a nuestra manera ya no estaríamos hablando de los modos de producción en o de América Latina, sino de otra cosa a la que hemos decidido llamarla así

Situación colonial, dependencia: de lo que se trata es de saber si tales situaciones engendran necesariamente modos de producción originales –“irreductibles”- y por qué razón; de demostrar que el concepto clásico de modo de producción incluye como elemento constitutivo el rasgo no dependencia; y de averiguar, en fin, si los conceptos modo de producción, de una parte, y situación colonial y situación de dependencia, de otra, se ubican en el mismo plano teórico.

Retener como premisa a plantear en nuestra propuesta

Ciro Cardoso tiene razón al recordarnos que “no hay, en los textos de Marx, una verdadera teoría de los modos de producción coloniales”, pero a mi juicio yerra al suponer que ello se debe a que Marx no alcanzó a desarrollar tal teoría; es decir, al atribuir tal “laguna” a una situación de hecho y no de derecho. Personalmente creo que no hay tal teoría en Marx porque, desde su perspectiva, los dos conceptos, modo de producción y colonial, se sitúan en niveles distintos de abstracción, correspondiéndoles, por lo tanto, distintos rangos teóricos.

Retener

“En cuanto a las conquistas hay tres posibilidades. El pueblo conquistador impone al conquistado su propio modo de producción (lo que los ingleses hicieron en Irlanda en nuestra época, y en un grado menor en la India); o bien deja subsistir el antiguo modo de producción y se contenta con extraer un tributo (a la manera de los turcos y de los romanos); o bien se establece una interacción que da lugar a una forma nueva, una síntesis (lo cual realizaron las conquistas germánicas en algunos países)” (Marx, Grundrisse)

Nuestra propuesta sólo intentará desarrollar estas tres posibilidades básicas previstas por Marx.

Ni en éste ni en ningún otro texto Marx ha jamás concebido siquiera la idea de que las situaciones coloniales, semicoloniales o de dependencia engendraran, por principio, modos de producción cualitativamente distintos de los de las áreas metropolitanas y requiriesen, por su sola “dependencia”, una nueva conceptualización. Y casi huelga aclarar que tal idea nunca afloró tampoco en la mente de Lenin, Mao o Mariátegui. Cuando en los textos de Marx y Engels el modo de producción de los pueblos conquistados difiere del de sus conquistadores, ello no obedece a la relación de dependencia sino siempre a una determinación en última instancia de las fuerzas productivas sobre las relaciones sociales de producción y la “forma” toda de la comunidad

Retener (pero esta es la idea de formas de explotación). Pensar

América Latina actual. Los países que la conforman, con excepción de Cuba, son sin duda países dependientes; sin embargo, sería absurdo decir que por ese hecho están regidos por un modo de producción irreductible al concepto “europeo” modo de producción capitalista, o pretender elaborar toda una teoría de la “forma de producción capitalista, o pretender elaborar toda una teoría de la “forma de producción mercantil simple dependiente”, por ejemplo. La misma expresión “modo de producción capitalista dependiente”, que alguna vez se deslizó en ciertos textos, no es ahora más que eso: un desliz, en el cual los propios autores se cuidan mucho de insistir

…meollo de la cuestión y decir que el error no están en investigar las modalidades específicas de funcionamiento de cada modo de producción en las situaciones coloniales, semicoloniales y de dependencia –problema que debe estudiarse a fondo-, sino en confundir los niveles de análisis (el más abstracto de modo de producción y el más concreto y determinado de formación social), abriendo con ello problemas falsos que en última instancia no hacen más que destruir la propia teoría que se pretende desarrollar, el marxismo en este caso.

1. Predominio de una relación básica de producción (servil) entre terratenientes y campesinos.
2. Neta separación, en el tiempo como en el espacio, entre trabajo necesario y trabajo excedente.
3. Expropiación de ese excedente por medio de coacciones extraeconómicas.
4. Predominio de técnicas “campesinas” a nivel de toda la producción.
5. “Ciertos elementos de la superestructura del feudalismo europeo que efectivamente han existido en la América colonial.”.
6. Una mentalidad, es decir, una ideología “señorial” predominante.
7. Incluso “un régimen de economía natural, es decir, un régimen en que las condiciones económicas se crear totalmente o en una parte grandísima dentro de la misma explotación y pueden reponerse y reproducirse a base del producto bruto obtenido de la misma”

Si pese a la presencia conjunta de todos estos elementos (y cito un caso histórico concreto donde esto se dio: el del Ecuador, cuya historia conozco más de cerca por razones de nacionalidad); si pese a esa presencia conjunta, decir, todavía no es legítimo hablar de la existencia de un modo de producción feudal en sentido marxista, creo sinceramente que ya no estamos ante un problema de mera definición de lo que es un modo de producción, ni de lo que es tal o cual modo en particular, sino ante un problema de reelaboración de todo el marxismo o, para ser más precisos, de la construcción de una nueva teoría que ya no se parecerá, como no sea de muy lejos, a la marxista-leninista. Claro que entonces si podrá argüirse con legitimidad que el modo de producción al que acabamos de referirnos no es feudal ya que fue engendrado de manera distinta que el feudalismo del área mediterráneo-europea o porque una parte del excedente que el señor extrae al siervo diluye, en este caso, a la metrópoli. Razones a las cuales se podría apelar también para mostrar que en el momento actual no existe un modo de producción capitalista en América Latina, sino algo totalmente distinto.

…yo no encuentro escandaloso, por ejemplo, el que se pretenda remplazar el concepto de modo de producción feudal por el de “modo de producción basado en la explotación de la fuerza del trabajo de los indios”, sólo que me gustaría saber qué ganamos con ello y que se me precisen algunos puntos: ¿Cómo se arrancaba en éste caso el trabajo excedente al productor directo ¿Cuáles eran las relaciones fundamentales de clase que este modo de producción generaba? ¿De qué “indios” se trata exactamente: de los esclavos que la Corona autorizó tomar en la Araucanía a partir de 1608, de los siervos o comuneros de la sierra peruana o boliviana, de las tribus jíbaras o qué? En fin ¿qué sucede teóricamente cuando al lado de las áreas de servidumbre indígenas encontramos áreas de siervos blancos, como ocurre al pasar del centro al sur de la sierra ecuatoriana, por ejemplo? ¿El “cambio de piel” implica en este caso un cambio automático en el modo de producción?

Aquí por ejemplo, lo que se ha hecho al decir “modo de producción basado en la explotación de la fuerza del trabajo de los indios” es tomar un elemento (el “indio”) constituido por determinado modo o modos de producción y convertirlo en elemento constituyente, lo cual nos coloca inevitablemente en un callejón sin salida. El concepto de “indio”, recordémoslo, es un concepto ideológico, perteneciente por lo tanto a la superestructura, es decir a la representación (racista en este caso) con que la clase dominante encubre a la vez que refleja distorsionadamente y además solidifica las relaciones sociales reales de producción. Por eso es posible explicar el problema indígena a partir del predominio de cierto modo de producción en vastas áreas de América Latina, sobredeterminado por la situación colonial, pero resulta imposible seguir un camino inverso, esto es, definir un modo de producción específico a partir del concepto de “indio”.

En fin, la recuperación de una categoría marxista antes relegada del análisis: la de forma (o modo) de producción mercantil simple, parece revelarse muy fructífera, sobre todo para la explicación de nuestras estructuras agrarias, tal como los recientes trabajos de Roger Bartra, por ejemplo, lo demuestran

Hemos heredado, por esta razón, un conjunto de “conclusiones” sobre la encomienda o el “salario” colonial, por ejemplo, que son más bien comentarios a la letra de las leyes, antes que análisis de las relaciones reales de propiedad y producción. Punto que debe tenerse muy en cuenta sobre todo tratándose de una época en que la aguda lucha en el interior de la clase dominante determinó que, frente a la ley de la fracción “metropolitana” se desarrollara también una contra norma practicada por la fracción “indiana” que, según su propio decir, “acataba las leyes pero no las cumplía”.

En lo que se refiere al funcionamiento específico del modo de producción feudal en la América colonial me parece que a veces se tiende a confundir la relación fundamental de clase, que era una relación entre terratenientes y campesinos siervos, con el efecto de una contradicción secundaria a nivel de la estructura de la propiedad señorial. La contradicción entre las fracciones de la clase dominante señaladas en el numeral anterior determinó, en efecto, que la propiedad de esta clase estuviese dividida de hecho entre la Corona y los encomenderos, en grados y con modalidades que se explican justamente por el desarrollo histórico de este nivel de la lucha de clases. Hecho que desde luego tuvo consecuencias importantísimas en la evolución de nuestra sociedad colonial, pero que tal vez no autorice a conceptuar la relación entre la Corona y los indios como un modo despótico-tributario de producción. Al menos creo que esto no sería válido para el caso de los indígenas vinculados también al sistema hacendario laico o eclesiástico

Esta cuestión se puede relacionar con los análisis de Cliff sobre el feudalismo y la apropiación colectiva señorial (de la Iglesia) diferenciada de la apropiación señorial individual. Y también debe vincularse con los debates acerca del mpa

Me parece también que a veces se busca en la propiedad feudal del periodo colonial las mismas características de la propiedad burguesa y luego, al descubrir en aquélla rasgos comunitarios o estatales que ésta no presenta (al menos en determinada fase de su desarrollo), se los toma como rasgos incompatibles con la propiedad feudal
 Marx y Engels en el sentido de que la propiedad privada tal como hoy la concebimos sólo se desarrolla con el advenimiento del “capital moderno, condicionado por la gran industria y la competencia mundial, que representa a la propiedad privada en su estado puro, despojada de toda apariencia de comunidad y habiendo excluido cualquier acción del Estado sobre el desarrollo de la propiedad” (Marx)

Retener para la reflexión del comentario anterior

En el caso de las comunidades indígenas que conservaron una autonomía real frente al sistema hacendario subsiste la duda de saber si su modo de producción fue simplemente el comunitario (tesis de Mariátegui) o si se trata en verdad de un modo de producción despótico-tributario, como la sostiene Enrique Semo ¿Desde qué momento y en qué condiciones la imposición de un tributo pasa a constituir un verdadero modo de producción? ¿Cuándo, en cambio, puede afirmarse, como Marx, que el conquistador no establece un nuevo modo de producción? ¿El diezmo que la Iglesia recaudó en Francia, por ejemplo, hasta el momento de la revolución, significó lo mismo que según Semo significó en América, esto es, una relación despótico tributaria? En fin: ¿el tributo que todos los indios pagaban a la Corona constituía realmente una relación de clase distinta de la relación señor-siervo, o era simplemente la expresión de un mecanismo de distribución de la renta feudal entre fracciones de la clase dominante?

Elementos para continuar la reflexión

Lucha de clases: como contradicción en el seno de la clase dominante, contradicción sin la cual toda la “protección” de la Corona a las comunidades indígenas, que permitió la subsistencia de éstas, sería inexplicable; y como lucha entre explotadores y explotados, a través de la cual se afirmó la cohesión interna y la conciencia histórica de tales comunidades. Esto me parece lo substancial.

Creo que sólo con la investigación a fondo de este problema lograremos superar los esquemas dependentistas o cepalinos según los cuales nuestro desarrollo no es más que el reflejo pasivo de lo que sucede en la metrópoli o el resultado de una conexión mecánica entre zonas mineras destinadas a enviar metales a España, zonas agrarias destinadas a alimentar a las zonas mineras y zonas de autoconsumo destinadas a reproducir la mano de obra para las dos anteriores. Esquemas de los que está ausente toda la trama compleja de contradicciones internas y externas –es decir, la dialéctica real del proceso-, expresada en una lucha de clases asimismo compleja, que a lo largo de todo el periodo colonial se manifestó a través de los levantamientos indígenas o las rebeliones de los esclavos negros, las insurrecciones de los encomenderos y los alzamientos de la “plebe” urbana, hasta desembocar en la Independencia.

Crítica a “Dependencia y Desarrollo” de Faletto y Cardoso

la gestación problemática de las formaciones sociales latinoamericanas. Pues es un hecho que no puede considerarse a América Latina entera como una sola formación social en aquel momento, ni asumir que hacia fines de la Colonia, por ejemplo, hubo tantas formaciones sociales como repúblicas se constituyeron después. Lo que hay que hacer es analizar el desarrollo y la articulación de los distintos modos de producción en su historicidad ya concreta, acordando la debida importancia al papel de la instancia política e institucional y a los factores ideológico-culturales. Sólo así haremos, además, un poco de claridad sobre el famoso periodo de “anarquía” que siguió a la Independencia y respecto del cual parece seguir primando la interpretación colonialista que no ve en él más lógica que la de una “barbarie” salpicada de elementos pintorescos.

Retener. Esto es lo que nos hace reflexionar sobre la cuestión e la unificación política y las leyes de movimiento

El mismo análisis del desarrollo del capitalismo en América Latina depende de una correcta comprensión de la articulación de éste con los modos de producción precapitalistas. Pues es obvio que el capitalismo no se desarrolló aquí sobre un vacío social, y que por ejemplo su fase inicial, la de la llamada “expansión hacia fuera”, fue también y necesariamente la etapa de un desarrollo “hacia adentro”, en el que el proceso de acumulación originaria marcó la pauta fundamental de relación entre los distintos modos de producción. (Retener)
Lo cual no fue más que el inicio del largo proceso de implantación del capitalismo en nuestras sociedades con fases y modernidades de transición hasta ahora insuficientemente estudiadas

El proceso y las vías de desarrollo del capitalismo en el campo, por ejemplo, proceso aún no terminado en muchas áreas del continente; o el de la constitución del Estado verdaderamente capitalista luego de las fases “anárquica” y “oligárquica”, de transición

El mismo problema indígena, tal como se ha desarrollado históricamente en áreas como la de Bolivia, Perú y Ecuador o en Guatemala y vastas regiones de México, resulta difícil de analizar si no es a partir de una articulación específica de modos de producción

Cueva se suma a la pandilla de Rey, Meillasoux, Terray y Godelier. Junto con Bartra son los exponentes de AL de esta “teoría”. También hay que tener en cuenta que aportan siempre nuevas tesis interesantes (desacumulación originaria, acumulación primitiva permanente, matriz precapitalista, etc)

no cabe olvidar que tal situación se origina en una articulación estructural concreta, correspondiente a la vigencia de modos precapitalistas de producción o de fragmentos de éstos en la matriz social general. Por eso, el avance del modo de producción capitalista en América Latina va “resolviendo” a su manera dicho problema; es decir, haciendo paulatinamente del asunto indígena un asunto del proletariado a secas, como en las minas de Bolivia o las plantaciones capitalistas de la costa ecuatoriana, o un asunto del subproletariado sin más calificativo, como en los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Tendencia que por supuesto no excluye la existencia de una problemática propia de la fase de transición

La cuestión de las formas de explotación resuelve mejor el problema que la articulación de capitalismo y precapitalismo, la cual es poco concreta y cae en vaguedades como “fragmentos de modos precapitalistas” (análisis sustancialista). Rescatar que Cueva incluya la cuestión de la transición en el debate general acerca de los modos de producción

necesario reconocer la existencia de un espacio propio de análisis para las relaciones interétnicas e interculturales –que poseen cierto grado de autonomía relativa- y hasta que se les denomine, si se quiere, relaciones de “colonialismo interno”, pero a condición de ubicar el problema en el lugar teórico que le corresponde, esto es, como una sobredeterminación de la estructura de clases por efecto de la articulación de determinados modos de producción, y no como sustituto de tal estructura o como un sistema especial que permitiría que todas las clases “blancas” o “ladinas” exploten a todas las clases “indígenas” (El término ha sido utilizado principalmente por Pablo González Casanova, Rodolfo Stavenhagen y Carlos Guzmán Böckler, aunque con alcances y connotaciones distintos en cada uno de ellos)

Buena resolución el problema del colonialismo interno

lucha de clases. Esta se desarrolla, ciertamente, en el marco de determinados modos de producción, sin cuyo conocimiento teórico la misma estructura de clases se torna incomprensible; es cierto, igualmente que un modo de producción no puede existir como no sea sobre la base de determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas; mas todo esto no debe hacernos olvidar que, dentro de aquellos límites estructurales, es la lucha de clases el motor de la historia

Retener que quienes abrevan en los desarrollos de la teoría de la articulación de modos de producción no siempre derivan en tesis que minusvaloran la lucha de clases, como lo hace Robin al interpretar la RF. Tanto Rey como Cueva ponen el acento en la lucha de clases. Es que de hecho el althusserianismo da cabida para este tipo de propuestas; el mismo Poulantzas es un ejemplo


    Dependencia, modos de producción y análisis de clases de Latinoamérica (Colin Henfrey)


A mitad del siglo XX la región constituía la etapa más alta de subdesarrollo existente en el mundo, con sus correspondientes contradicciones políticas, económicas y sociales

India sería una zona que tendería a negar esto

La teoría de la dependencia pretendía ofrecer los fundamentos para un análisis de clases tal que el mismo pudiera llevar a la transformación de la estructura clasista de la sociedad (Un fundamento para el análisis de la lucha de clases y las estrategias que promuevan la lucha de clases…(el cual lleve) a una reestructuración de la sociedades, una reestructuración que limite el capitalismo y promueva el socialismo en la búsqueda de una nueva y mejor sociedad”-Chilcote-) . La discusión de los modos de producción, que supera la corriente anterior, de hecho hace la crítica de la dependencia enfatizando en la necesidad de un análisis de clase más preciso y científico.

La teoría de la dependencia nace y se desarrolla como una crítica al etapismo evolucionista (y su correlato reformista) propio de la estrategia y teoría de los partidos comunistas latinoamericanos durante el siglo XX. En el caso de la discusión acerca de los modos de producción, ésta se origina y asienta a partir de antecedentes como: a) el debate Dobb-Sweezy sobre la transición entre el feudalismo capitalismo en los 50’s; b) el estructuralismo marxista francés, que en algún sentido se opone al determinismo económico y el evolucionismo también muy propio de los pc’s europeos.

Ambos párrafos “contexto”

Asimismo, el desarrollo del debate acerca de los modos de producción en AL también reflejaba una crítica a la estrategia política correlato de la corriente dependentista, a saber, el foquismo guerrillero (como afirma Cueva).

La tesis del autor es que ambas corrientes fueron (o han sido) incapaces de producir un efectivo análisis de clase concreto, deviniendo la relación entre éstas una mera discusión entre generalidades (e.g. el debate acerca de los modos de producción solo trabajó secundariamente con datos concretos, los mismos sólo sirviendo como ilustración de una definición correcta de “feudalismo”, “capitalismo”, etc)

¿Es la teoría de la dependencia “una” teoría, una serie de teoría no necesariamente unívocas y homogéneas, o siquiera podemos denominarla teoría? Al responder esta cuestión debe tenerse en cuenta que la afirmación que sostiene que los desarrollos de Gunder Frank son típicos y representativos de la teoría de la dependencia, es una no justificada. Esto es, debe distinguirse dentro del “género” dependentista.

Una primera forma de entender a los dependentistas es a través de sus diferentes “formulaciones”:
-          el desarrollo del subdesarrollo de Frank;
-          la nueva (contemporánea) dependencia de Dos santos;
-           la relación entre dependencia y desarrollo (Cardoso);
-           el vínculo entre imperialismo y dependencia (Quijano basado en Magdoff y O’Connor, entre otros).
“Aún si informativas, estas categorías se aplican a enfoques bastante distintos. Por caso, tanto Frank como Cardoso tratan inseparablemente del pasado y el presente, pero de formas que incorporan concepciones conflictivas acerca de la misma naturaleza de la dependencia”

Una segunda forma de entender a los dependentistas es considerarlos como un grupo de teorías o una teoría en desarrollo (“llegando a ser una teoría”), para distinguir dentro de este conjunto, no a partir de los distintos modos de análisis de la realidad que se evidencian, sino en función de su mensaje político explícito:

-           Autores como Myer y O’Brien toman este camino “clasificatorio”, en el cual apuntan como marxistas revolucionarios a Marini, Dos Santos y Frank,
-          mientras estructuralistas reformistas serían Furtado y Sunkel. En un campo intermedio se sitúa a Ianni, Quijano y Fernandes.
-          Aún si la formulación de Cardoso es debatida, la misma tiende a situarse en el campo reformista por el poco énfasis que sus análisis ponen en la lucha de clases. 

Otra forma de entender este campo es considerar el trabajo de Cardoso y Faletto en la tradición latinoamericana de análisis orientados a la praxis (del tipo de Mariátegui y Caio Prado junior), al tiempo que se entiende como una sobregeneralización formal de la teoría del subdesarrollo. Esta tercera forma de entender el campo ilumina la comprensión acerca del hecho de que esta última forma de análisis sea más masivamente “consumida” en una norteamérica alejada de los problemas prácticos propios de AL.

Una cuarta manera de comprender la teoría de la dependencia es desarrollada por Weffort. Para este autor, esta corriente intelectual, al tener como base el estado-nación, dejó de lado el análisis de clase y su vinculación con el imperialismo. “Enfatizando la improbabilidad de un desarrollo capitalista nacional autónomo, obscureció el potencial para formas alternativas de crecimiento capitalista, en las economía dependientes”.

Y una quinta comprensión de la dependencia es la que explicita Cardoso: “…su propio concepto heurístico de dependencia. Como él y Faletto lo entendían, la dependencia no era una propuesta teórica, sino un instrumento empírico: una metodología para especificar los patrones localmente variables de formación de clases y estructuras políticas en las sucesivas fases de expansión imperialista. En corto, su énfasis estaba puesto en las situaciones concretas de dependencia; y esta era una cuestión de identificar las variables históricas sustantivas dentro de una teoría del imperialismo que el marxismo ya había propuesto. En lo que concernía al  estado nación, el propósito era simplemente examinarlo como la esfera política de la dependencia, no era un principio explicativo que tomara el lugar del análisis de clase”

Se desarrolla cierta crítica a la visión de Frank, para quien, en realidad no existe nada nuevo en la naturaleza de la dependencia: cada nueva fase no es más que el continuo desarrollo del subdesarrollo (esto bajo la premisa frankiana de la “continuidad en el cambio”)

Se cita la discusión entre Marini y Cardoso, estableciendo la dificultad que el primero encuentra en llevar al campo de la producción el análisis circulacionista de Frank.
Para Marini, la formación de las clases está dada por las leyes del capitalismo dependiente, mientras para Cardoso no existen tales leyes específicas de la dependencia. Existen solamente situaciones concretas históricamente estructuradas, en las cuales los nuevos patrones del imperialismo (donde se sitúan las leyes del capitalismo y el capitalismo como un todo se encuentra localizado) se enraizarán en diferentes grados determinados por la composición de las relaciones sociales. Estas pueden o no permitir la reproducción ampliada del capital (la producción de plusvalor relativo) en casos específicos de dependencia, pero dentro de las determinantes de esta cuestión ciertamente se encontrarán variables políticas: el rol potencialmente autónomo del Estado, la naturaleza de la clase dominante…”

Retener el hecho de que Marini intenta delimitar la leyes del capitalismo dependiente. Reflexión y discusión

Henfrey sostiene que el debate entre ambos, sin embargo, deviene circular e ideológico toda vez que la evidencia es utilizada selectivamente y se “afirma” más que investigarse.

“La problemática de Marini –su formulación de la cuestión en términos de contradicciones económicas con inferencias sociopolíticas necesarias y universales-  bloquea a priori cualquier análisis concreto de la lucha de clases”. Aún si este autor sostiene que la sobreexplotación es común a países políticamente tan diferentes como Uruguay, Chile, Argentina o Brasil, su análisis no es capaz de comprender por qué en cada uno de estos diferentes escenarios se han dado resultados tan distintos (desindustrialización neoliberal en Chile, industrialización dependiente en Brasil, dificultad para plasmar el nuevo tipo de dependencia en Argentina, etc)

Marini:No sólo ve las leyes de movimiento como abrumantemente determinantes, también trata sus contradicciones –tal como el problema de la realización la población excedente relativa (la marginalidad sobre la cual enfatiza)- no como propias del modo de producción capitalista –a saber, como tendencias generales que se expresan en diferentes grados y maneras de acuerdo a los contextos particulares. En cambio, él las localiza en un capitalismo dependiente distintivo. Por tanto, éstas son vistas no sólo como tendencias en lo abstracto sino, necesariamente, en lo concreto; ellas adquieren una presencia invariable e inexorable en todas las formaciones sociales latinoamericanas. Esta confusión en el “capitalismo dependiente” de dos conceptos de un estatus tan diferente como “modo de producción” y “formación social”, que Marini por lo demás raramente utiliza, es intrínsecamente anti-analítica. De un plumazo se borra la complementariedad teórica de enfoque entre el primer concepto y la flexibilidad y especificidad propias de la noción de “formación social”

Retener la crítica. Enfatizar, sin embargo, que  formación social no puede ser un concepto “tan” diferente al de modo de producción. Deben ser conceptos vinculados; el segundo como concepto-totalidad, el primero como “concepto intermedio” que funciona como el mismo desarrollo del concepto-totalidad en un sentido hegeliano. Enfatizar en esta cuestión supone terminar con la dicotomía estructura (determinación)/ y formación social (contingencia). Las mismas tendencias generales implicadas en la noción total de modo de producción deben especificarse y desarrollarse en formaciones sociales; en éstas no existe pura contingencia, sino  mayor concreción y especificación de la determinación. En este sentido, el concepto de formación no puede ser en extremo flexible, sino que debe estar estructuralmente vinculado con el concepto total de modo de producción, sólo especificando sus leyes de movimiento

Se critica a Marini por la sobregeneralización que supone su teoría de la sobreexplotación como adecuada a toda AL; se entiende que de esta manera solo invierte la estrategia política de los pc’s latinoamericanos: mientras para éstos toda la región aun no se haya preparada para el socialismo, para Marini cualquier zona de capitalismo dependiente puede ya encontrarse preparada para éste.

Henfrey apunta un interesante juicio acerca de la reproducción de la fuerza de trabajo. Por un lado, si se acepta la tesis de Marini acerca de que la fuerza de trabajo, pagada bajo su valor, logra reproducirse porque se emplean ahora dos cabezas de familia (hombre y mujer), entonces, debe explicitarse como esto entra en contradicción con la idea de la marginalidad y el masivo desempleo. Ahora bien, Marini no explicita este tipo de contradicción. Su solución, en la práctica puede verse en dos realidades imbricadas y de alguna manera complementarias. Por un lado, la existencia de modos no capitalistas de producción que coadyuvan a reproducir la fuerza de trabajo capitalista existiendo así un trasvasije de valor hacia el mpc (como señala Henfrey). Por otro, la reproducción de una estructura dual del mercado de trabajo (como se profundiza bajo el neoliberalismo) –la tesis de que existen unos pocos  empleos calificados y formales y una gran masa precarizada

(Reflexión: es importante tener en cuenta que es correcto afirmar que es el modo de producción el que posee leyes de movimiento, las cuales se expresan de manera diferencial según las particularidades históricas de cada formación social. Sin embargo, el error de Marini no es uno que no se encuentre determinado por una realidad propia existente: esto es, la manera particular en que expresan las leyes de movimiento del capital en AL no es sólo una función de lo histórico-particular, sino que de la existencia específica de distintos modos de producción, los cuales se relacionan de manera particular con el mpc –de desarrollo tanto endógeno como exógeno-. Esto es, entender AL como una zona en la cual existe un “capitalismo distintivo” no es del todo errado, porque finalmente a lo que se está apuntando es a la cuestión de que la diferencia propia de la región es una de fundamentos y no de grado, una determinada abstractamente por leyes específicas y no solamente por la historia –leyes de movimiento de los distintos modos de producción, por caso, de las distintas relaciones de producción, formas de explotación, autogeneradas o funcionales al mpc, etc-. La crítica a Marini es correcta si se comprende que el mismo no logra distinguir las especificidades diferenciales de AL como totalidad, las cuales, más todavía, deben teorizarse al nivel abstracto de leyes de movimiento, si es que asumimos la idea de la articulación de modos de producción. Finalmente, la gran pregunta de todo nuestro debate se resume en si comprendemos las diferentes formas de explotación –o relaciones de producción- como estructuras con leyes de movimiento específicas, capaces de modificar parcialmente las leyes de movimiento del capital más allá de lo histórico-particular, o no lo hacemos. Si es que algunas de estas relaciones tienen esta “propiedad” y otras no. Si es que esto depende de la fase capitalista particular que esté vigente; de si los modos no capitalistas poseen también fases; de si influye la génesis (la historia) en esta cuestión –si es que el tipo de articulación entre modos de producción de producción y su momento específico en el desarrollo de ambos es determinante en el funcionamiento futuro de la estructura que se genera-; de si existen modos primarios y secundarios; de si es relevante el hecho de que ciertas relaciones de producción sean autogeneradas o no –si de hecho esta pregunta tiene algún sentido más allá del originismo, ya que siempre será un dato de la causa el hecho de que el mpc “crea” ciertas relaciones de explotación a partir de lo que ya encuentra como existente…la esclavitud colonial viene a negar esta tesis…)  

Para Cardoso la contradicción esencial se localiza intraclase y no entre clases. Esto es, cada clase posee una fracción ligada a la dominación imperialista y otra que no lo está. Ahora bien, Cardoso argumenta que no se encuentra fundamentando una alianza con la burguesía nacional, aunque no es claro al respecto (utilización de la noción de pueblo, lo popular). Por lo demás, la idea de que la contradicción esencial es intraclase y no interclase sólo es pertinente para la burguesía local (porque es un poco abusivo considerar que la clase obrera que reproduce la dominación imperialista en la periferia –la explotada en los enclaves, por ejemplo-, es una polarizada a favor del imperialismo). Por lo demás, debe especificarse si esta polarización en fracciones es una cuestión de mera voluntad  o está determinada por interese económicos. (Entender la política no como contingencia, sino a partir de intereses, y de ahí a partir de la economía…continuar reflexión)   

El argumento de Cardoso, que enfatiza en el hecho de que los nuevos desarrollos en la teoría marxista (Baran, Sweezy, Magdoff, Mandel) apuntan todos hacia la importancia del mercado interno dependiente, generaliza a partir de la ignorancia sin distinguir las diferencias radicales entre estos autores (e.g. entre Mandel y Baran)

Sin embargo, mientras Frank enfrentó este problema como uno que suponía la necesidad de encontrar una nueva teoría…lo que Cardoso y Faletto notaron fue que la crisis de la nueva dependencia tomó diferentes formas en países particulares. Tanto en Brasil como en Chile llevó a un impasse económico y a una eventual transformación del orden sociopolítico. Sin embargo Méjico pareció estar experimentando una transición estable a la nueva dependencia. De esto ellos concluyeron que la diferencia crucial debía ser política, en tanto fue el estado postrevolucionario, con sus efectos corporativos integradores, lo que distinguió más claramente a Méjico de los otros países latinoamericanos. Por tanto la teoría de la dependencia no era la cuestión. Ésta existía ya en las aproximaciones marxistas al imperialismo, que ya cierto número de autores habían actualizado. En cambio, la tarea era metodológica: identificar sistemáticamente las variables sociopolíticas que habían formado los límites distintivos y cambiantes de las diferentes respuestas de los países latinoamericanos a las distintas fases imperialistas. Es esto lo que diferencia entre distintas situaciones concretas de dependencia. La crisis de la nueva dependencia, por caso, descansaba en la contradicciones específicas entre las nuevas formas de imperialismo y lo alineamientos políticos preexistentes. Correspondientemente, es el rol del Estado, con su autonomía creciente, que hace al desarrollo dependiente posible, a pesar de sus contradicciones intrínsecas. Igualmente, es en el nivel político como principal motor que Cardoso busca, aún si opacamente, una salida a estas contradiccionesEsta prioridad de lo político es la llave para su (de Cardoso) noción y la de la Faletto de dependencia como un método histórico para tratar con situaciones concretas. Como tal, es igualmente la llave para su alcance y sus limitaciones en relación con la teoría marxista”

Retener esta cuestión. Reflexionar en función de la relación entre leyes de movimiento (modo de producción) y unidad política (formación social). Ver cómo la unidad política puede constituir focos de acumulación que expliquen diferencias en los tipos de dependencia. En este sentido, el énfasis en lo sociopolítico no sería errado; sin embargo se entendería que la unidad política (la unificación política) sería la que permitiría un tipo de acumulación (económica) que explicaría los distintos tipos de dependencia. Asimismo, la misma unificación política (formación social) sería permitida y determinada estructuralmente en su forma y posibilidades por las realidades económicas subyacentes (el tipo de articulación de modos de producción, las formas de explotación secundarias, el mismo tipo de vínculo económico con las metrópolis, etc)

Henfrey señala las mismas críticas de Cueva a Cardoso y Faletto: a) ambigüedad en el tratamiento del concepto de clase; b) sobreenfatización en las clases dirigentes; c) compleja prioridad de lo político por sobre lo económico. “La esencia de todos estos problemas, sin embargo, descansa en uno solo básico: su fracaso en no ver que su variable fundamental de control interno/economía de enclave como una cuestión no sólo de control sino de tipos de capital involucrados, a partir de las cuales las diferencias políticas emergen como una función en las diferencias de formación de clase”

Retener el punto de Henfrey e incorporar en nuestra propuesta

Una de las ventajas del análisis que realizan Cardoso y Faletto está en el hecho de que comienzan desde la esfera de la producción y la acumulación (desde el control de los medios de producción), y no desde el subconsumismo (Marini) o la circulación (Frank).

“Sin embargo, el primer problema mayor es que la naturaleza de estas relaciones entre lo político y lo económico y las razones de por qué estas debieran implicar la dominancia de lo político, no son examinadas teóricamente”. Mientras C y F establecen que la clase dirigente en las fs de AL siempre domina políticamente porque el centro económico nunca se encuentra presente (dependencia), Henfrey enfatiza que las diferencias políticas se derivan de los distintos tipos de capital (y las relaciones sociales diferenciales que este supone) involucrados en las diferentes fs. Así, mientras en aquellas en las cuales existe cierto desarrollo endógeno lo que predomina es el capital industrial, en  aquellas en las cuales este desarrollo endógeno no existe lo que domina es el capital mercantil y unas formas no capitalistas de desarrollo. A la luz de esta distinción, la dominancia de lo político es una cuestión diferente en cada caso: en un caso, una función de una clase capitalistas propiamente tal, en el otro, de unas relaciones sociales de producción que, siendo menos típicamente capitalistas, son reproducidas ampliamente por formas de coerción políticas e ideológicas antes que económicas”. Esta distinción sería la que nos permitiría comprender las diferencias entre el devenir diferencial de Brasil y Chile, por ejemplo.

(Comentario: no queda claro si la diferencia entre Chile y Brasil se debe a las distintas formas de capital involucradas- ¿mercantil en Chile e industrial en Brasil?...esto negaría el análisis de C y F, los cuales enfatizan en la industrialización de Chile, aún si la misma se da por una vía distinta a la de Brasil-. Asimismo, Henfrey simplemente asume que la presencia del capital mercantil supone un “no-capitalismo”, sin indagar en las diferencias internas de esta índole ni sobre si las mismas suponen una vigencia específica del mpc. Esto es, Henfrey es demasiado sumario cuando iguala mpc con presencia de capital industrial y no mpc con presencia de capital mercantil)

Retener el hecho de quela dominancia de lo político puede ser muy distinta y expresar causas derivadas de distintos modos de producción. Tratar la variable explicativa de Henfrey, “distintos tipos de capital”, de manera más compleja, matizada y fértil. Esto es, suponerla como una definición primitiva y provisoria de nuestra tesis central. Lo que existiría no serían sólo distintos tipos de capital, sino que distintas formas de explotación, acumulación primitiva permanente, subsunción formal, articulación entre modos secundarios y primarios y entre modos primarios, rasgos típicos de la dominación del capitalismo comercial como entendido por van Zanden, elementos señalados por Banaji y por la teoría del modo dual de producción

“(Para C y F)… lo interno deviene lo político…y lo externo lo económico: la prioridad de lo político dentro de las formaciones sociales dependientes no es ya una función de las relaciones económicas y clasistas de estas últimas, sino una prioridad supuesta. En corto, deja de ser una noción marxista y se transforma en una noción weberiana”. Esta ambigüedad y confusión teórica se expresa en un análisis que es más de grupos y capas sociales que uno de clases. Así también, las clases explotadas no son tematizadas ni reconocidas, solo lo son las dominantes-explotadoras

Retener crítica. Nuestra propuesta trata de subsanar este error

Henfrey desarrolla una crítica a C y F, la cual se basa en el reconocimiento de su creciente weberianismo y falta de análisis de clase. Si en el análisis del pasado C y F reconocen una diferencia sustantiva entre Brasil y Chile (mientras en el primero la fragmentación de una clase dominante con una base de acumulación interna permitía cierta autonomía estatal pero limitada y burguesa; en el segundo, por el contrario, una clase dirigente sin base de acumulación interna pero unificada permitió una autonomía estatal mayor, habilitan proyectos como el del frente y la up), en el presente esta diferencia se diluye: la diferencia sustantiva es ahora sólo entre Méjico (transición suave) y el resto de la región. Así, C y F son incapaces de aprehender las diferencias (muy claras) entre el devenir chileno y el brasileño (diferencias que se expresan en la existencia de la up en el poder en Chile mientras en Brasil la dictadura llega antes contra un régimen solo nacional-popular). Esta incapacidad se debe a su weberianismo que no les permite un análisis de clases efectivo.

Cardoso, cuando tematiza las clases explotadas de manera más explícita, sólo cae en el argumento (dualista) de la existencia de una clase integrada  moderna (una suerte de aristocracia obrera) y otras atrasadas y sólo parcialmente integradas; no es capaz de integrar la historia y lo político-ideológico (la diferencia entre la autonomía de la clase obrera chilena y el carácter clientelar de la clase obrera brasileña)
(Es interesante notar que en muchos estudios se entiende la autonomía de la clase obrera chilena en un análisis comparativo chileno; esta autonomía, sin embargo, no es una autonomía con referencia al Estado, sino una con referencia a la clase dominante local…)

La misma idea de que Frank sería el teórico de la guerrilla y el foquismo es errada (Cueva señala que Guevara hizo la revolución en Cuba luchando contra el feudalismo)

Han sido los teóricos de los “modos de producción” quienes han inflado el discurso de Frank tomándolo como frente de ataque.

Se cita el segundo artículo de Foster-Carter que ya leímos. Se lo critica por ensalzar un Neomarxismo que en realidad no tiene en cuenta la historia y las clases, un marxismo más moral que científico y estrechamente vinculado con el vanguardismo, la derrota, la agencia independiente (muy propios de los 60’s), en tanto que substitutos de la teoría. Se cita a Anderson, quien de hecho enfatiza que la única ética marxista posible es una materialista; de hecho, la Tercera Internacional tenía una de este tipo, aún si la misma se encontrara distorsionada (la historia de los fracasos basados en las teoría que ensalza Foster Carter, sería un argumento materialista al respecto…recordando que Cuba existió luchando contra el feudalismo)

“Su rasgo principal es su negativismo –su rechazo de las dos categorías de una burguesía nacional progresista y del feudalismo en la periferia-. Por tanto, la típica historia de la formación de clases propia de la teoría de la dependencia es un tipo ideal de no-historia –no una en la cual las clases se han formado y cómo, y las relaciones entre ellas, sino una en la cual éstas han inevitablemente han fracasado en esta empresa (de formación y relacionamiento) en función de la acción externa negativa de fuerzas históricas incambiadas como la “apropiación del excedente”. Esto es complementado por una teoría opaca acerca de las clases –el proletariado, el lumpenproletariado, los campesinos- que supone agentes de la revolución”

Retener la crítica acerca del carácter negativo de la teoría de Frank

“(Frank)…Antes que malinterpretar todas las relaciones de clase como capitalistas, como típicamente sugieren sus críticos, el les otorga tan poca importancia a éstas que fracasa al caracterizarlas como tal”

Henfrey critica a los teóricos dependentistas, todos los cuales compartirían con Frank la falta de análisis de clase y la sobregeneralización. Se critica a Marini con su sobreexplotación generalizante; a Dos Santos con su “nueva dependencia” demasiado economicista; a Quijano por su análisis economicista del Perú y la marginalidad. En este sentido, Frank no sería poco representativo de la teoría de la dependencia.

(Henfrey, sin embargo, critica la misma idea de generalizar y de poner en primer lugar a la economía. Al menos implícitamente lo hace)

El resultado es que Frank permanece dentro de la misma epistemología o construcción teórica del tema en términos del desarrollo capitalista autónomo….Ofrece un modelo histórico igualmente lineal, aún si bi-lineal –uno del desarrollo capitalista y del subdesarrollo, con el último no menos predeterminado por su igualmente homogénea meta de una revolución simultáneamente antiimperialista y anticapitalista”

Retener la crítica a la permanencia de la epistemología que se apoya en la cuestión el desarrollo autónomo

Se establece que el desarrollo del debate acerca de los modos de producción en América Latina puede ser entendido como una serie de respuestas a las distintas fases de análisis que atraviesa la propuesta de Frank. La primera etapa consigna su crítica en la noción reificada de subdesarrollo de Frank; la segunda en sus conceptos operativos (e.g. la apropiación de excedente por parte de las metrópolis a partir de la periferia); la tercera cuando el autor trata específicamente la historia (e.g. la correlación inversa entre economía abierta y desarrollo). La primera respuesta muestra la misma falencia de aquello a lo cual responde, en tanto intenta construir una gran teoría; la segunda adolece de la misma falla de Frank en esta etapa de su pensamiento, si consideramos que sólo se queda en el economismo y en la mera denominación de las relaciones sociales. “Es sólo cuando el análisis de los modos de producción se dirige directamente a la historia empírica, o la etapa tres de del pensamiento de Frank, cuando ordena e investiga datos, no menos porque no intenta ya una explicación total de ellos”

(Henfrey, aún si tiene un punto interesante, decae cuando establece que el problema era teorizar acerca de la totalidad…)

Retener comprensión de Henfrey acerca del decurso del debate sobre los modos de producción en AL

Así, el autor plantea que la última fase del debate acerca de los modos de producción no es una panacea más, sino que una invitación a los análisis clásicos como los realizados por Trotsky, Marx, Lenin y Gramsci. En este sentido, el tratamiento concreto de la noción de revolución permanente, el sistemático tratamiento de las superestructuras y su relación con la base, y el análisis concreto del problema de las clases; a todo ello es una invitación la última fase de la discusión sobre los modos de producción, la vuelta a lo neoclásico (ni el paleo marxismo ni el neo marxismo)
“…y el sentido de la agencia de clase y coyuntura que una vez mantuvo la continuidad entre conceptos abstractos como modos de producción y los momentos de la praxis política como se ve en las Tesis de Abril”

Es precisamente esto de lo que debe ser capaz nuestra propuesta

Discusión sobre modos de producción

1)      Primera etapa: Taylor

Se construye una gran teoría a partir de la revisión estructuralista del marxismo, la cual afirma la independencia de la teoría. Esto, expresado como crítica Frank, comprende que la situación del tercer mundo no es un nuevo objeto real que requiera una nueva teoría (como está implícito en Frank), sino una realidad plausible de ser captada por la teoría totalizadora del marxismo (los modos de producción). En este sentido, contrariamente a lo que plantea Canales, no es la sociedad la que guía, en tanto objeto, al conocimiento de la misma, sino que es el conocimiento autónomo el que puede comprender distintas realidades sociales

Reflexión

Taylor rechaza la idea de Hindess y Hirst de que los objetos de pensamiento no puedan aprehender los objetos reales ni puedan devenir empírico-prácticos.

Se tematiza Balibar
“(Los modos de producción)…En cambio, son vistos por Balibar como esencialmente constructos teoréticos: la dinámica del pensamiento antes que las formas literales de la historia, con sus niveles políticos e ideológicos determinados sólo en última instancia por la economía”

“…cada nivel particular disfruta su propio “tiempo histórico” o libertad de movimiento diacrónica. Por tanto, cualquier formación social puede involucrar no sólo modos de producción distintivos, sino también la interpenetración de sus niveles –la reproducción parcial de la ideología de un modo, digamos, de las relaciones sociales de otro modo-. Si uno piensa en el caso brasileño, con su duradera herencia patrimonial derivada de un antecedente no-capitalista, éste es obviamente un concepto sugerente”

Retener estos desarrollos fértiles derivados de Althusser y Balibar

“Cómo se relacionan con la historia actual es una cuestión que Balibar constantemente asigna a un plano diferente para una consideración subsecuente separada. Adicionalmente, la noción de la dinámica de cada modo de producción como autocontenida necesariamente inhibe la identificación que cualquier relación entre ellos. ¿Cómo puede uno pensar la transición de un modo de producción a otro, o correspondientemente, su articulación, que los estructuralistas identifican como la lleva para comprender las formaciones sociales del Tercer Mundo?”

(Me parece que Balibar establece la existencia de modos de producción transicionales…ver de dónde saqué esta idea)
La saqué del mismo Balibar

“…pero dada la ausencia en la matriz estructuralista de una mediación efectiva entre los modos de producción como objetos de pensamiento y las formaciones sociales como objetos reales, las últimas son a lo más meras reflexiones o yuxtaposiciones de los primeros”

Esta es la crítica de Meiksins Wood y Anderson: nosotros nos reapropiamos de ella y tratamos de solucionarla sin perder ciertas ideas fértiles del mismo Althusser y de Balibar

La premisa anterior la expresa Taylor, según Henfrey, en el hecho de que visualiza a AL como una región en la cual el feudalismo permanece gracias a su instalación por parte del capital mercantil en una fase previa de expansión

(Reflexionar sobre la relación entre capital mercantil y feudalismo: ¿sistemática y solo propia del mpf? ¿se desarrolla el capital mercantil bajo otros mps con la misma sistematicidad?. Otra cuestión es determinar si realmente el estructuralismo marxista no logra mediar de manera efectiva los modos de producción y las formaciones sociales, lo abstracto y lo concreto)

Esta forma de comprender AL se pergeña comparativamente frente a la historia particular del capitalismo en Asia, donde se “encuentra” (¿?) no con el feudalismo, sino con el modo de producción asiático (así, implícitamente Taylor entiende que en el caso asiático se enfrentan dos modos desarrollados endógena e independientemente, mientras en AL se enfrentan dos modos, pero uno de ellos es exportado por una fase particular del desarrollo de otro modo en otro lugar físico, siendo así no independiente ni endógeno)

Retener idea y discutir

“En cambio, las ideas historizadas devienen una idealización de la historia…incluso la relación general entre los dos modos involucrados es incierta, aparte de la noción de que el capitalismo es de alguna manera obstruido por el feudalismo. Tales formaciones sociales son descritas como transicionales –pero “hacia” qué y “cómo” es bastante poco claro desde esta forma de entender la contradicción entre sus modos de producción componentes, en tanto da poca indicación  de las formas de su articulación como distintas de su mera coexistencia…¿Se generalizará el modo de producción capitalista, y si es así, es la contradicción actual de importancia sustantiva?¿O esta (generalización) se encuentra permanentemente obstruida, y con qué implicaciones políticas? En el trabajo de Taylor no existen conceptos mediadores como “acumulación” o “formación de clases” entre los dos mundos del pensamiento y los objetos reales que ayuden a contestar estas preguntas. Las relaciones de clase y de hecho toda la historia aparece como dada por los modos de producción. Uno recuerda la crítica de Ranciere de esta perspectiva como una en la cual la estructura misma es determinante y la clases no son siquiera no-agentes, sino los ingredientes de la historia de una forma remotamente específica”

(Es interesante reflexionar sobre un punto: ¿por qué se enfatiza en el hecho de que el feudalismo bloquea la transición al capitalismo si, su particularidad, de hecho es haber permitido el nacimiento del mismo en Europa?. Quizas la respuesta está en el hecho de que el feudalismo de AL no es autogenerado y se encuentra ya enfrentado a un capitalismo en fase madura)

Retener ideas de Henfrey acerca de los “conceptos intermedios” (la misma sugerencia de Meiksins Wood). Ver cómo acumulación y clases pudieran ser relevantes. Observar como las formas de explotación secundarias, la acumulación primitiva permanente, la subsunción formal, etc pueden ser también buenos candidatos…

2)      Segunda Etapa: Laclau

“El postscriptum de Laclau reniega de tal reificación de los modos de producción como objetos empíricos”

(Reflexionar sobre el hecho de que si proponemos un marxismo hegeliano, con una epistemología realista, seremos tildados de reificadores como se lo tildó a Hegel en su momento. Reflexionar acerca del concepto de reificación/hipostatización en relación con el nominalismo weberiano)

Otra opción es encontrar un modo de producción en cada esquina (cada relación e producción distinta denota un modo de producción diferente). Un ejemplo de esto es el trabajo de Long, quien encuentra numerosos modos de producción en un corto viaje por los andes, incluso entro de una misma unidad de producción

“Claramente a este nivel empiricista –el inverso de la tendencia de Taylor a subordinar los datos a la abstracción- el concepto ha perdido todo valor interpretativo. Es también puramente económico, lo que implica la exclusión de sus otros aspectos y una interpretación excesiva incluso de la dimensión económica. Si los modos “existen” o dejan de existir, y las relaciones reflejan un modo u otro, entonces los componentes de este último no pueden ser ya desagregados. Por tanto, la distinción potencialmente informativa de tiempos históricos distintos de los varios niveles de un modo de producción de pierde, junto con sus sutiles implicaciones para el análisis de la formación de las clases. Por caso, uno no puede ya concebir, dentro de este concepto de modo de producción como un todo real indisoluble, una ideología precapitalista persistiendo en la formación de la relación entre capital y trabajo en Brasil”. La única determinación de clase que aquí se reconoce es la de la articulación para el trasvasije de excedente hacia el mpc, siendo ésta una estrecha y economicista. De aquí a la idea del semifeudalismo hay un paso solamente. Se cita como soluciones alternativas la idea de las formas de explotación de Banaji y la idea de los campesinos como proletarios de Roseberry.

Tener en cuenta que la identificación de las formas de explotación con modos de producción, supone tratar con el concepto totalidad de manera sumaria como unidad simple e irreductible. Es esto precisamente lo que nosotros tratamos de evitar con nuestra propuesta. Nuestra concepción de modo de producción (realista, dialéctica-hegeliana) permite la especificación de conceptos intermedios y deja espacio a la investigación histórica. Es un concepto-totalidad que se desarrolla pero cuyo desarrollo no está predeterminado, es un concepto-totalidad abierto y no auto-contenido, uno que por lo tanto posibilita y no cierra la conjunción de teoría e historia

“…solo las formaciones sociales, que son no sólo sitios para la dinámica abstracta de los modos de producción, son objetos reales de transformación, las única que implican la historia de la lucha de clases” (Henfrey parafraseando a Laclau)

(Reflexión acerca de la idea de los modos de producción como no históricos y no sujetos a transformación, la cual Laclau saca de Poulantzas, quien está leyendo a Bettelheim ¿No supondría la imposibilidad de reconocer fases de un modo de producción particular? ¿No supondría un modo de producción estático y no contradictorio, en tanto de él está ausente la lucha de clases, manera como se expresa la contradicción entre ffpp y rsp? )
 Toda nuestra propuesta niega la tesis de Poulantzas/Bettelheim, quienes en realidad niegan que un modo de producción pueda ser historizado; esto es, niegan la vinculación sistemática entre concepto y realidad, trabajan con nominalismo weberiano. Por esto, de ninguna manera es sinsentido reconocer fases en cada modo de producción; más todavía se deben reconocer fases porque los modos de producción deben ser historizados

“Las idiosincrasias del estado capitalista en la ausencia de una hegemonía burguesa completa son, después de todo, la preocupación mayor de Marx en la masa de sus escritos políticos”

Retener excurso

3)      Tercera etapa: Cueva, Bartra y Assadourian

Los tres autores se caracterizan por rechazar la tesis de Marini de que el capitalismo dependiente tiene sus propias leyes que le dan cierta unicidad y especificidad. Al contrario, estos autores consideran de que en AL sólo se expresan de manera particular las leyes de movimiento del capital en general

Cueva
La transición al capitalismo en AL se dio en el final del siglo XIX, conjuntamente con la expansión imperialista. “Su particularidad, por tanto, descansa en sus revoluciones burguesas incompletas típicamente liberales-oligárquicas. Su camino de desarrollo capitalista en la agricultura y en el mercado interno de tipo Junker significa que el estado capitalista que mantiene esta particularidad unida…difícilmente puede ser democrático-burgués. En este contexto, las tareas democráticas siempre han sido propias de las fuerzas populares; sus implicancias, como Cuba muestra, son por tanto más socialistas que burguesas”

Relacionar con la temática de la revolución que discuten Davidson, Meiksins Wood, Teschke, Callinicos, Anderson. Sumarle lo postulado por Cardoso acerca de las revoluciones burguesas que emergen con la nueva dependencia en AL (década del 60 del siglo XX)

Se enfatiza en el hecho de que la industrialización de AL a mitad de siglo no fue sólo ni exclusivamente función de la desvinculación de los mercados internacionales, sin en el balance interno de las fuerzas clasistas (en Brasil el fundamento  de la industrialización fue puesto en los 20’s antes de la crisis; en Chile, la industrialización sólo se dio cuando las clases populares accedieron al poder en 1938)

“Adicionalmente…Cueva percibe que sólo Méjico ha sostenido un crecimiento balanceado desde los 40’s; pero esta excepción no se explica por la naturaleza de su mismo Estado, sino porque Méjico es el único caso (con excepción de la frustrada revolución boliviana) de ruptura del poder oligárquico desde el interior de sus fundamentos sustancialmente precapitalistas. No fue un conjunto de arreglos políticos ni un programa burgués concertado, sino la base campesina de la revolución la que pavimentó el camino para el lanzamiento de un proceso de desarrollo bonapartista por parte de Cárdenas”

Ahora bien, los problemas de Cueva se derivan del hecho de que no es lo suficientemente preciso acerca de los modos no capitalistas de producción, cuestión que le es legada por la pocas categorías que le proporciona la teoría marxista clásica (feudalismo, capitalismo, esclavitud). Asimismo, aún si entiende que en la noción de capitalismo dependiente, el sustantivo es “capitalismo” y el adjetivo es “dependiente”, no puede distinguir de buena manera las razones de la diferente evolución diferencial de la relación capital/trabajo en las diferentes formaciones sociales de AL. “Como observa Bartra,  Cueva concede sin poder realmente incorporarla, la forma concreta principal de articulación entre los sectores capitalistas y no capitalistas en el siglo XX latinoamericano es la producción simple de mercancías en todas sus variedades, rurales y urbanas”. Ahora, como cierto prejuicio dogmático no permite su consideración como mp, su presencia generalizada ha sido negligentemente tratada por el marxismo (cumple la misma función que la “marginalidad” para los dependentistas)

Retener las críticas a Cueva (aquí sería pertinente el comentario de Meillasoux acerca de no bloquear innecesariamente la generación de categorías analíticas para enriquecer la elaboración teórica –cuestión que tampoco caería en el taxonomismo)
Retener la crítica a la utilización del mpsm como categoría residual o categoría parche. Tratar esta cuestión e intentar solucionarla (nuestros desarrollos acerca de la subsunción formal, y las distinciones dentro de ella, son pertinentes al respecto)

“Su teoría del subdesarrollo está ideológicamente concebida enfatizando la depredación antes que la explotación y la estructura, y es teleológica si la consideramos como construida en tanto que antítesis del modelo nocional de desarrollo metropolitano autónomo” (Ley critica a Frank quien se basa en Baran)

Finalmente el autor sostiene que la fase final del debate acerca de los modos de producción es sólo un buen punto de partida para el análisis de la dinámica y la lucha de clases. La misma idea de que los modos de producción son una estructura, ha inhibido percibir la dinámica de los mismos (como afirma Banaji). Así, el autor rechaza la “teoría de la dependencia” y la teoría de la “articulación de los modos de producción”, decantándose por una teoría de las formaciones sociales de AL (que pueda vincular la teoría del imperialismo con la historia de las clases explotadas).

Retener la conclusión de Henfrey. Establecer, sin embargo, que la crítica no es válida en tanto entendemos la estructura como un concepto-totalidad en desarrollo, abierto, heterogéneo (unidad en la diferencia) y dinámico-contradictorio

“Franz Fanon una vez estableció que el gran problema de África era su falta de teoría. En el caso de Latinoamérica es tentador, pero peligroso, sugerir lo inverso”

Retener crítica pero cuestionarla. Nunca habrá demasiada verdadera teoría; ésta sólo es la imbricación entre historia y teoría entre concepto y realidad. Existe demasiada teoría cuando los conceptos no pueden ser historizados, existe demasiada teoría cuando se utilizan sumariamente las noción como reificación a modo de crítica

      Modos de producción, historia y desarrollo desigual (Samir Amin)

“¿Son las fuerzas que definen un sistema social y determinan su movimiento de la misma naturaleza de una sociedad a otra, de una fase histórica a otra? ¿O son específicas a cada modo de producción? ¿Cuál es el estatus epistemológico de estas leyes de la sociedad? ¿Es idéntico al de las leyes que gobiernan la naturaleza? ¿Propuso Marx un sistema general capaz de dar cuenta del movimiento general de la historia?”

Retener preguntas

El hecho de que el capitalismo haya emergido a partir del feudalismo en Europa occidental, pero no lo haya hecho en sociedades avanzadas de otra índole en otras partes del mundo, ¿expresa una mera cuestión fortuita o se deriva de la naturaleza misma del feudalismo europeo occidental?

Esta es la pregunta de Brenner. De alguna manera, Brenner sostiene que existe determinación inmanente inserta en el mpf, pero es bien específico en ello y trata de trabajar con la teoría institucionalista de las consecuencias no deseadas de la acción. De hecho, las elaboraciones de Brenner deben reapropiadas en tanto intentan desarrollar esta idea de Dobb

“La idea de que la historia de la humanidad  se desarrolla en una dirección objetiva dada mediante leyes objetivas determinadas es una relativamente moderna. Hoy, dos hechos de la causa parecen establecidos e indebatibles: a) la realidad del avance de las fuerzas productivas; b) el carácter desigual, en términos temporales y espaciales del ritmo y el nivel de este desarrollo”

Retener premisas de Amin. citar

“…la transparencia de las relaciones económicas (incluida la explotación) en todos los modos precapitalistas de producción (yo enfatizo en el “todos”) implica la dominancia de la instancia ideológica (aún si la infraestructura material permanece determinante en última instancia) y define el contenido y la forma de la alienación social de una manera que corresponde a esta dominancia ideológica”

Esto puede tener cierta corrección. Aún así, se conflictúa con la tesis de Marx de que en la Antigüedad “dominaba” la política

Capitalismo: primero, lo opaco de las relaciones económicas (incluyendo la explotación) mediante la generalización de las relaciones de mercado. Segundo, comenzando desde ahí, la emergencia de un dominio particular de la vida social que tiene su propia autonomía: el dominio de la economía dirigido por primera por leyes económicas impuestas como leyes objetivas, y la dominancia de un contenido nuevo, económico, para alienación social dominante (que deviene alienación en la mercancía)”
Yo sitúo en este contraste el elemento esencial de las especificidades del capitalismo de un lado, y de todas las sociedades precapitalistas del otro. La posibilidad de una ciencia autónoma de la economía capitalista, y complementariamente la imposibilidad, o la inutilidad, de una ciencia análoga de la economía precapitalista, resulta de este contraste” 

Podríamos estar de acuerdo con todas estas tesis. Sin embargo, tenemos ciertas dudas: a) la diferencia de naturaleza es entre capitalismo y precapitalismo; así el concepto-totalidad sería capital y no modo de producción. Esto es complejo porque definimos negativamente lo anterior al capitalismo, no le otorgamos ningún contenido positivo. Y, así, imposibilitamos distinguir dentro del precapitalismo. De alguna manera, esta forma de entender el problema sobregeneraliza y trata de manera sumaria justamente lo que es más esencial. Por lo demás, entender el concepto-totalidad como capital nos hace caer en el originismo de Chattopdahyay y Meiksins Wood, originismo que redunda la inaplicabilidad política práctica de las categorías teóricas (este originismo lo muestra bien Echeverría, y además es evidente en las aserciones vacías de Chattopadyay tales como “unidad del productor con sus condiciones de producción”); b) pareciera ser que la autonomización de esferas propia de la modernidad (la cual es una tesis esencialmente funcionalista), gana primacía teórica antes que conceptos más propiamente marxistas como modo de producción, rsp, ffpp, lucha de clases, etc; c) si sólo es posible una ciencia económica de la sociedad bajo el mpc, pareciera entenderse por implicación que el materialismo histórico más propio no es aplicable al precapitalismo, porque la realidad misma de estas sociedades no ha constituido la categoría de objetividad (¿los modos precapitalistas no tienen leyes de movimiento?); d) la misma tesis de Fahy Bryceson, que supone que la ley del valor sino una forma de control social más (las otras siendo la reciprocidad el parentesco, etc) entre otras, tiende a negar la exclusividad objetiva del mercado capitalista. Cada modo  de producción tendría su forma de control social sobre el producto, y cada una de estas formas sería objetiva y ciega (impermeable a la planificación real)

“Este es el sentido que yo le doy a la expresión crítica de la economía política mediante la cual Marx subtitula El Capital: no una crítica de una mala teoría económica mediante la cual él substituye a ésta por otra buena (éste es el sentido convencional otorgado a la palabra crítica), sino el descubrimiento del estatus epistemológico de la ciencia económica, esto es, el descubrimiento de la realidad objetiva (el modo capitalista de producción , las relaciones específicas de este modo dentro de la base económica y la superestructura, la alienación del mercado) que pone a las fuerzas económicas (y por tanto a las leyes económicas) como la palanca de mando de esta sociedad en oposición a aquellas que la precedieron”

¿Pero como entra la categoría de producción en todo esto? ¿Cómo estudiar las sociedades precapitalistas? Dado que la propuesta de Amin es sumaria en este respecto, debemos tener en cuenta esto para rechazarla

“…(por tanto) no es posible elaborar una teoría del modo feudal de producción (una búsqueda de sus leyes económicas, un análisis de la naturaleza de sus contradicciones y de la lucha de clases que lo permean, etc) análoga a la del modo de producción capitalista. Esto me parece fundamental, a pesar de una interpretación marxista (vulgar en mi opinión) que transpone pieza por pieza el análisis del capitalismo a las sociedades del pasado”

Criticar. Ejemplos en contrario serían Anderson, Banaji, Brenner, Bois, Davidson (y muuuuchos más)

Por supuesto, existieron “avances” materialistas antes de Marx en sociedades anteriores (Tucídides en Grecia, Ibn Khaldun en la arabia islámica, Maquiavelo en Italia, etc); sin embargo, éstos permanecieron confinados a la esfera política y social porque precisamente nacieron en sociedades que no eran capitalistas

“A riesgo de parecer sectario a ciertos críticos, yo afirmaría que sólo Marx ofrece las herramientas para una visión científica que responde las preguntas que la historia plantea. Las teorías desarrolladas posteriormente, y más todavía en respuesta a Marx –si son de un positivismo comtiano o de estilo anglosajón (Weber), ya sin hablar de Toynbee y otros- me parecen casi infantiles en comparación. Pero Marx ofrece sólo un método, la operación del cual no puede ser reducida a la exploración de las proposiciones que Marx mismo sacó de él. El marxismo no puede ser reducido a la marxología, aún si la última puede ser una especialización académica útil”

Algunos textos de Marx sustentan la afirmación de que este autor propuso de hecho una teoría general de la historia. Es ilustrativo, en este caso, el Prefacio de la contribución, lugar donde muchos marxistas creen encontrar una fundamentación para otorgarle la primacía a la ffpp.

Amin se pregunta por qué Marx no menciona la lucha de clases en el Prefacio y si lo hace en el Manifiesto  (cuestión que podemos responder con una artículo que sintetizaremos más adelante)

Yo observaría, primero, que no es la misma cosa hablar, como resultado de la lucha de clases, de la victoria de los oprimidos que de la victoria de los opresores. Hasta el día de hoy la opresión y la explotación continúan de una fase histórica a otra incluso si las formas son modificadas. Los señores son derrotados, pero los campesinos no son liberados; los señores son derrotados en beneficio de una nueva clase, la burguesía. La última, que emerge en el seno del sistema anterior, lidera la batalla, a veces en cooperación con el movimiento campesino, a veces incluso sin él o contra él. La lucha no es entre dos clases sino entre tres participantes. ¿Es lo mismo en nuestra época donde la lucha proletariado/burguesía abre el camino a un tercer participante (la tecnoburocracia estatista –o la intelectualidad), una fuerza social emergente en el mismo seno del sistema capitalista? En otro lugar he sugerido la utilidad de una extensa discusión de esta tesis de la lucha de clases entre tres participantes. Esto lleva a la calificación de los sistemas post-capitalistas como “no socialistas” (no terminan con la explotación) sin reducirlos a formas de capitalismo”

(Discusión: ¿cómo se relaciona la tesis de una lucha tripartita con la idea de la existencia de los modos de producción, cuya dinámica supone el antagonismo fundamental entre dos clases? ¿Es el tercer actor parte de un mismo modo de producción –como pareciera sugerir Amin en referencia a la urss- o es parte de un modo de producción distinto, imbricado con el modo dominante? ¿Define la lucha entre tres participantes la dinámica histórica fundamental de un modo de producción, o sólo lo hace al momento en que se encuentra cercana su disolución? ¿Es este tercer actor expresión de un modo de producción diferente al dominante? ¿Emerge éste a partir de las contradicciones del modo dominante, o es independiente en su génesis y funcionamiento, llegando a imbricarse de manera más sistemática sólo en los momentos de transición de un modo de producción a otro? Si aceptamos la tesis de que un nuevo modo de producción que emerge en el seno de otro anterior dominante, ¿por qué es que hablamos de tres clases y no de cuatro? ¿Qué determina el hecho de que sólo sea relevante la clase explotadora del modo emergente y no así la clase explotada del mismo? La idea de Amin acerca de la tercera clase, expresada en la urss, tiene implicaciones importantes. Por un lado, supone la vigencia del modo de producción capitalista en términos mundiales, siendo la urss parte de este mundo, una parte que emergió en el seno del mpc pero que tendió a autonomizarse intentando imponer su propio “modo de producción”¿Qué es lo que determina la emergencia de un nuevo modo de producción en el seno de uno anterior dominante? ¿Es propio esto sólo de algunos modos de producción o de todos? ¿Cómo podemos explicar la emergencia de un nuevo modo –urss- que finalmente no pudo establecer su dominación? ¿Es que no era un nuevo modo, sino una suerte de estructura de estratos derivada del mpc? ¿Qué significa que emerja un nuevo modo, en el seno de uno anterior dominante, que no sea más dinámico a la hora de desarrollar la fuerzas productivas? ¿Cuál es la relación entre este nuevo modo autonomizado –urss- y las tecnoburocracias en el mpc? ¿Son análogas, al menos en términos de potencialidad?)

Buena reflexión hicimos en su momento. Habría que sumarle la crítica a la reapropiación que Amin hace de la tesis de la nueva clase (Burnham, Dumenil y Levy, etc)
Sumarle a estas reflexiones las tesis de Neil Davidson, que entiende la lucha de tres clases de Amin bajo el marco de una lucha oprimido-explotador y explotador-explotado. Además, Davidson incorpora implícitamente la tesis de la articulación de modos de producción y la cuestión de las cuatro clases (que Davidson puede incorporar sin mayor drama) si utilizamos la cita de Gareth Steedman Jones consignada por Anderson y Meiksins Wood, y otros…

La tesis de Amin es que, así como el desarrollo desigual del modo tributario supuso su trascendencia en la periferia por parte del capitalismo, también el desarrollo desigual del capitalismo supuso la posibilidad de su trascendencia “socialista” en la periferia.

(Comentario: aquí Amin supone una dinámica de cambio social siempre igual, una suerte de repetición de los mecanismos de cambio bajo nuevas formas aparentes. Asimismo, es problemático el hecho de denominar a la Rusia de principios del siglo XX como una zona “periférica” –existe un amplio debate concerniente a este punto-)

De esta manera Amin comparte la tesis de Frank y Wallerstein de que el contraste entre centro y periferia es inmanente a la expansión capitalista (la cual es una tesis a reflexionar y discutir)

Es ésta cuestión la que podemos discutir mediante la tesis de la formas de explotación. Lo que es inherente al mpc es el desarrollo desigual y combinado (interno al núcleo estructural, entre éste y las formas de explotación, etc). Que esto siempre se manifieste como la relación centro-periferia es dudoso (la misma reestructuración neoliberal, así como la crisis actual en la cual hasta los mismos centros adquieren rasgos “periféricos”)

“Desde sus orígenes, al nivel ideológico, este conflicto de tres participantes (los explotadores, los explotados y los nuevos explotadores emergentes) también implica que uno no debe reducir el conflicto de ideas a dos líneas –lo progresivo y lo reaccionario-. Retornando a tiempos pasados, la ideología conservadora del feudalismo no choca solamente con el racionalismo de la burguesía emergente sino también con el comunismo campesino, que es frecuentemente religioso y elude una clasificación binaria. ¿Tenemos el derecho a calificar como reaccionaria esta última tendencia porque es utópica y no favorece el desarrollo de las fuerzas productivas?”

Davidson trata bien este punto

Este mismo tipo de argumento es dado por las nuevas tecnoburocracias, las cuales afirman que son ellas las destinadas a desarrollar más ampliamente las fuerzas productivas y no así el proletariado (que sería en este caso utópico). Ahora bien, Amin plantea sus dudas con respecto a este argumento: cree que si bien la tecnoburocracia estatista permitió cierto desarrollo de las fuerzas productivas en la periferia –urss-, éste en ningún caso va más allá del desarrollo posible de la ffpp bajo el mpc. Por esto, el autor explica el fenómeno soviético como una fase en una transición más larga hacia el socialismo, una fase que supone un primer momento de decadencia antes que de revolución.

Pero al tratar este punto en su forma concreta bajo el capitalismo, Amin cae en el sinsentido (las tecnoburocracias no portaban un nuevo modo de producción –en este sentido, eran sinceras al decir que podían desarrollar de mejor manera las ffpp, esto es, desarrollar de manera más fluida el modo de producción existente, a saber, el capitalismo)

La idea de socialismo o barbarie ya se encuentra en el Manifiesto (el resultado de la lucha de clases es el nacimiento de una nueva sociedad o la autodestrucción de la sociedad y sus clases componentes); y no sólo es una consigna, la explicación histórica de lo que en el pasado ha sucedido:

“La historia de todas las sociedades existentes hasta este momento es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra, opresor y oprimido, estuvieron en constante oposición entre sí, llevaron una ininterrumpida, ahora encubierta, ahora abierta lucha, una lucha que cada vez terminó, o en una reconstitución revolucionaria de la sociedad en términos amplios, o en la ruina común de las clases contendientes” (Marx, Manifiesto)

“Marx, por tanto, en mi opinión, no propone una teoría general de la historia. Esto es porque el estatus de las leyes de la sociedad no es el de las leyes de la naturaleza. Las últimas son impuestas como constreñimientos absolutos. Las primeras siempre operan como medios de expresión de fuerzas sociales, que dejan el resultado desconocido sobre lo que viene, pero explicable después de lo ocurrido. Marx solo propone, el método para analizar la interacción de estas fuerzas sociales”

(En este sentido, Amin, al constatar que la analogía entre la transición feudalismo/capitalismo y la transición capitalismo/socialismo no se sostiene –la urss no desarrolla más allá, mediante la nueva tercera clase, las ffpp, como sí lo hizo la clase capitalista en el seno del mpf-, llega afirmar que no es sostenible una teoría general de la historia. Ahora bien, el autor sí generaliza sobre ciertas dinámicas propias del cambio social: desarrollo desigual, emergencia de una tercera clase en la periferia, lucha entre actores, etc. No articula una teoría general de la historia en el sentido de que estas características no se expresan siempre de la misma manera y no tiene siempre los mismos resultados –la urss puede no constituir un nuevo modo progresivo y no siempre la historia supone el desarrollo subsecuente de las ffpp-)

Es acertado nuestro comentario de hace un tiempo. Sin embargo, habría que incluir ciertas precisiones: a) la distinción entre sociedad y naturaleza es una problemática, ya que ambas tienen dinámicas propias de la “necesidad relativa” de Marx y Hegel (un marco estructural determina ciertas posibilidades más probables que otras). La distinción, por tanto, no sería entre dinámicas diferentes, sino en el hecho de que la realidad social supone la lenta emergencia de la naturaleza autoconsciente (el hombre como ser natural); b) la idea de que la naturaleza opere mediante constreñimientos absolutos es negada por lo que comentamos en a). Estos constreñimientos absolutos solo lo son (y cada vez menos) para el hombre como ser separado de la naturaleza

¿Nos invita el método de Marx a distinguir en las sociedades precapitalistas una sucesión de diferentes modos de producción correspondientes a niveles de desarrollo de las fuerzas productivas que van desde lo inferior a lo superior?

Amin responde negativamente a esta pregunta. Afirma, por un lado que, en los momentos en que Marx pareciera responder positivamente a esta pregunta, en realidad existen ciertos matices importantes de tomar en cuenta. Así, en el mismo Manifiesto, cuando Marx parece afirmar esta sucesión de etapas precapitalistas, en realidad consigna en el mismo apartado la lucha no sólo entre clases propias de un modo de producción, sino también entre subgrupos específicos distintos dentro de un mismo modo de producción (e.g. patricios/plebeyos y esclavos/amos; señores/siervos y maestros/oficiales). Por lo demás, la cuestión no es determinar lo que Marx dijo o dijo, sino si el método que propuso supone la inclusión sistemática de esta sucesión

Esta es una de las formas de tratar con esta frase del Manifiesto. Davidson muestra otra forma de tratar con la misma. Sin embargo, es importante consignar que entre la comunidad primitiva y el feudalismo, sí hubo un importante avance de las ffpp. La diferencia entre las ffpp del mpe y el mpf es bien argumentada por Anderson, Bois y Davidson. Así, Amin se equivoca y no aplica una de sus conclusiones iniciales (que las ffpp de hecho se han expandido durante el curso de la historia). Y todo lo anterior no niega que pueden existir retrocesos y cursos alternativos en el desarrollo de las ffpp

El desarrollo de las fuerzas productivas en conjunción con las relaciones de producción sólo habilita la distinción de tres etapas históricas (notar que Amin iguala la noción de modo de producción a su acepción en tanto que etapa histórica):
Etapa comunitaria (no comunismo primitivo): existencia de un muy pequeño excedente distribuido colectivamente
Etapa tributaria: todas las sociedades precapitalistas que suponen la existencia de un estado y ciudades, junto con el desarrollo de la producción rural
Etapa capitalista: existencia de industrialización y urbanización

Discutir con todos los comentarios anteriores

“El amplio rango de diferencias de desarrollo de las fuerzas productivas dentro de una etapa no determinan las distinciones necesarias para modos de producción sucesivos y un estatus específico de los productores”

“La variedad de modos de organización, estatus de los productores, etc, que definen la multiplicidad de las sociedades de la etapa tributaria es extrema, y no debe ser por ejemplo reducida a dos formas (esclavitud y feudalismo)…La esclavitud se encuentra en diferentes etapas de desarrollo de las fuerzas productivas (y no exclusivamente en la etapa anterior al feudalismo); la esclavitud no es una forma estable porque generalmente no permite la reproducción de la fuerza de trabajo. Pareciera ser una forma accesoria y accidental asociada con la intensificación relativamente grande de las relaciones de mercado”

(Esto puede ser cuestionado en el sentido de que la esclavitud romana fue más propia de la esfera estatal, acerca de lo cual no estamos seguros es si participa de intercambios mercantiles)

El mismo Amin pareciera pisarse los pies: “…la multiplicidad de las sociedades de la etapa tributaria es extrema”. Además, Amin iguala el esclavismo de la antigüedad y el esclavismo yanqui. Iguala lo que podría ser considerado como un modo de producción epocal y lo que fue una forma de explotación capitalista secundaria. No opera con la distinción sugerida por Hindess y Hirst entre esclavitud como mp y esclavitud como institución

Etapa tributaria (elementos comunes que habilitan su definición):
a)      La predominancia del valor de uso y el dominio restringido de las relaciones de mercado

(yo pregunto: ¿y el auge del comercio en el feudalismo occidental y la mercantilización propia de la segunda servidumbre oriental?)

Y aún sigo preguntando después de meses: y las tesis de Banaji que establecen que el comercio y la moneda existieron de forma importante bajo el mpa

b)     La extracción de la producción excedente mediante métodos extra-económicos

Característica general “a la Brenner”. Criticable por su poca especificidad y concreción; criticable desde Nikiforov/Lenin quienes distinguen entre feudalismo (extracción económica del excedente) y esclavismo (extracción extraeconómica del excedente)

c)      La dominancia del momento ideológico y la forma característica de este dominio ideológico (alienación social en la naturaleza de un tipo religioso)

No puede dar cuenta de la primacía del momento político en la antigüedad. Tampoco puede dar cuenta de la diferencia ideológica (señalada en el libro sobre el mpa que ya fichamos) entre la forma ideológica en el mpa y la forma ideológica bajo el mpe antiguo. Este criterio sobregeneraliza y por esto es poco fértil como categoría concreta (deviene abstracción vacía)

d)     La aparente estabilidad que en realidad sólo expresa el lento desarrollo de las fuerzas productivas

El lento desarrollo de las ffpp de nuevo es una cuestión demasiado sumaria. No puede dar cuenta de infinidad de cuestiones: a) la diferenciación de desarrollo de las ffpp entre el mpe y el mpf; b) la contradicciones clasistas inmanentes a un mp determinado (como hace el mismo Brenner); c) el mito de la estabilidad sólo fue eso, un mito europeo tomado por Marx debido a información insuficiente (nuevos trabajos de Abu Lughod, Mielantz, James Blaut, etc)

e)      Una lucha de clases fundamental entre los campesinos y la clase tributaria que constituye la fuerza impulsora que dirige el desarrollo de las fuerzas productivas

Explicación sumaria de la naturaleza de las clases. Es criticable la utilización del concepto de campesinado (e.g. a través de Vilar); más todavía porque es una “clase” transhistórica y pertinente a distintos modos de producción. Asimismo, la estipulación de una clase tributaria es demasiado general. Si entendemos tributo como renta, deberíamos comprender que existen distintos tipos de renta según los distintos tipos de modos de producción, ergo distintos tipos de clases tributarias. En ambos casos los conceptos no son científicos sino descriptivos

La dinámica del modo tributario supone un progreso desde sus formas inferiores a sus formas maduras y completas (en términos del desarrollo de las fuerzas productivas). En las etapas inferiores el modo tributario aún se encuentra imbricado con formas comunitarias de producción. Para Amin, el feudalismo es una etapa inferior (recordar que no estamos hablando en términos cronológicos sino en términos de la dinámica específica del modo tributario), aún mezclada con formas comunitarias provenientes de los bárbaros; adquiere su forma definitiva y final bajo el absolutismo europeo. Una forma madura de desarrollo tributario la encontramos en China

(Este punto amerita la pregunta sobre cómo entendemos el desarrollo más rápido y amplio de las ffpp durante el feudalismo en comparación con la época antigua –que para Amin constituye una forma madura de modo tributario que debiera desarrollar más completamente las fuerzas productivas-. Esta idea es planteada por Anderson. Por otro lado, Amin entiende la existencia de la madurez del feudalismo bajo el absolutismo europeo, cuestión que es discutible. Por un lado, muchos autores entienden este periodo como uno transicional (o de capitalismo mercantil, o de subsunción formal, etc). Además, la forma clásica de feudalismo es bien argumentada y propuesta por Banaji cuando la sitúa en la segunda servidumbre oriental)

También se halla ausente un tratamiento sistemático de las rsp. Y esto es extraño ya que lo que existe en realidad es una contradicción entre éstas y las ffpp. En tanto Amin trata las ffpp de forma aislada cae en un análisis sustancialista

El lento desarrollo de las fuerzas productivas bajo el modo de producción tributario, se debe a que el ritmo del progreso no está internalizado por la competencia económica, sino que se deriva de luchas de clases que operan siempre al nivel de la instancia político-ideológica (y no en lo económico como en el mpc)

(Reflexión)
Continuar reflexión

“Más todavía, el desarrollo de las fuerzas productivas dentro de los sistemas tributarios avanzados (China, cierta regiones de India yd el imperio otomano, Egipto) había sido prodigioso, y en los siglos XVII y XVIII de ninguna manera inferior al desarrollo de las mismas en el amanecer de la revolución industrial. Es inexacto, según mi visión, establecer que estos sistemas no tenían ninguna tendencia a crear el capitalismo. Por el contrario, las luchas significativas que tuvieron lugar en este momento de hecho retaron las superestructuras tributarias que constituían el obstáculo para la expansión de las relaciones capitalistas emergentes. La tesis de Bernier acerca del “modo asiático”, infelizmente tomada por Marx en un momento, es según mi visión, completamente inexacta”

Aquí Amin responde a un comentario anterior nuestro. Además concuerda con los análisis de Banaji, Abu Lughod, Mielantz y Blaut

La discusión acerca de si la transición al capitalismo desde el feudalismo europeo occidental se encontró determinada fundamentalmente por fuerzas endógenos o fue más que función de la acción de factores exógenos, es una que para Amin no tiene sentido, ya que ambos factores contribuyeron de manera importante y decisiva. No obstante, Amin fundamenta esta cuestión en que en Marx pueden encontrarse citas que sustenta ambas tesis (ver el libro de Amin donde desarrolla este argumento y establecer si el mismo se basa en lo que Marx dijo o en un estudio concreto de lo que sucedió)

Es interesante la forma de desestimar esta polémica, cara a Louis Proyect. Quizás, eso sí, deviene demasiado sumaria

Las características específicas del feudalismo europeo permitieron el rápido desarrollo del capitalismo. En ellas es fundamental la dispersión del poder político, lo que habilitó el gran desarrollo del comercio en las ciudades. Esta característica también explica el hecho de que el capitalismo fuera desde sus inicios una economía mundial y no “imperial”

(Reflexión acerca de dos puntos. Por un lado, se pone el acento en una variable política –carácter del estado-, ¿supone esto una negación de la determinación en última instancia por la economía? ¿O es posible fundamentar que era la misma forma de producir feudal la que determinaba la existencia de cierto tipo estatal y distribución del poder, por lo que, en último análisis, es la economía la que determina la posibilidad de la transición al capitalismo? Por otro, vemos como Amin acepta de entrada la tesis de que el capitalismo fue mundial desde sus inicios)
Otros comentarios: a) en otro artículo ciertos autores postulan la tesis de que la centralización estatal fue de sustancial importancia para la emergencia del capitalismo; b) y esto está comprobado por la necesidad de la acumulación primitiva y la concomitancia histórico-estructural de la emergencia del estado nación con la emergencia del mpc; c) además, se vincula con nuestra discusión acerca de la unidad política y los puntos focales de acumulación (debate acerca de la relación entre fs y mp); d) Amin prejuzga demasiado el carácter urbano del mpc; e) Amin se contrapone a la tesis de Davidson de que el mpc sobre sus propias bases fue desde el comienzo un modo imperial (y estas es una tesis que nosotros compartimos)

Amin rechaza la tesis de que en Asia existía un modo particular que bloqueó la transición hacia el capitalismo y en europa, por contraste existió un modo que favorecía esta transición. El argumento, como vemos en el siguiente párrafo, es que la diferencia estriba sólo en que bajo el feudalismo europeo la transición estaba destinada a ser más rápida y explosiva

La tesis de Amin es la siguiente. La forma periférica menos desarrollada del modo tributario que se manifestaba en el feudalismo europeo, permitía una mayor flexibilidad: la sólo parcial cristalización de la superestructura “típica” del modo tributario en este contexto permitió el desarrollo de las relaciones comerciales. Por esto, cuando esta superestructura finalmente alcanzó su forma madura, ya se enfrentó con una economía mercantil mundial desarrolla (capitalismo emergente). El conflicto y la contradicción fue entonces más rápido, violento y agudo.

Retener tesis y desarrollar