martes, 30 de abril de 2013

Artículos Rafael Echeverría (1980s)



Artículos Rafael Echeverría

Primer ensayo

Cuando Marx, en el primer volumen del Capital, acude a la esfera de la producción (proceso de trabajo) para el explicar la génesis del valor, establece un quiebre argumental característico con respecto al razonamiento previo basado en la circulación, el cual se muestra en el hecho de que los razonamientos propuestos en esta sección descansan, para su aceptación, sólo en sí mismos y no en algo anterior a ellos.

En este momento emerge una segunda teoría del trabajo de Marx, no basada en la circulación ni en la existencia de las mercancías en lo real, sino que basada en el trabajo abstracto, desprovisto de cualquier historia y determinación particular. Esta segunda teoría del trabajo Echeverría la denominará teoría de la alienación del trabajo (la cual, sin embargo es distinta a la teoría de la alienación del Marx joven)

Para la temprana escuela monetarista como asimismo, para la corriente mercantilista que la sucede, el dinero representa la fuente del valor (Comentario: según Shaik esto que se afirma es un lugar que no se condice con la realidad…)

Cuando los economistas clásicos se enfrentan al problema de que las mercancías tengan un valor superior al costo de producción (problema que emerge porque los mismos definen al salario como el valor del trabajo), por una parte, Smith abandona la teoría del valor, por otra, Ricardo la sostiene ignorando la contradicción empírica

“Uno de los presupuestos de su empresa teórica reside en considerar que la economía capitalista puede ser explicada en sí misma, sin necesidad de recurrir a elementos no económicos para dar cuenta de su funcionamiento y desarrollo…si la economía capitalista no pudiera ser explicada recurriendo tan sólo a factores económicos y su explicación exigiera de factores extraeconómicos, el efecto de determinación que Marx le asigna a la estructura económica deja de temer sentido”

(Comentario: los manuscritos de los Grundrisse establecen, sin embargo, un plan de trabajo que supone varias etapas de análisis más –libro sobre el Estado, el mercado mundial, etc-. Si nos atenemos a esta cuestión filológica, la aceptación de lo que Echeverría propone se reduce a evaluar si Marx abandonó o no abandonó este proyecto original al momento de desarrollar subsecuentemente los tres libros de El Capital. Ahora bien, la vertiente estructuralista del marxismo, con la idea de la existencia de distintas instancias estructurales con tiempos propios en un mismo modo de producción, así como con la noción de la imbricación contradictoria de diferentes modos de producción en una misma formación social, niega lo que afirma Echeverría. Todos los desarrollados de Poulantzas tienden a negar lo que plantea este autor. Asimismo, aún si implícitamente podemos ver que Echeverría indica hacia el mpc cuando habla de “economía capitalista”, el hecho mismo de que esto no está explícito tiende a confundir al lector.)

“Se requiere que la economía capitalista se caracterice por su capacidad de autorregulación…economía capitalista…hace descansar su regulación en elementos propiamente económicos. Ello se alcanza a través que cumple el mercado, que se transforma en el mecanismo supremo de la regulación económica capitalista” 

(Comentario: Por un lado, esta “autorregulación” que no se destaca en su carácter específico: contradicción y posibilidad de transformación. Por otro, es importante sentar la duda sobre si el mercado constituye realmente esa esfera fundamental que supone Echeverría. ¿No es el trabajo mismo –plusvalor/valor, desarrollo de las ffpp- el cual regula y establece contradicciones necesarias, bajo la forma específica del mpc? ¿No es más bien el ciclo competo del capital –producción, distribución, consumo, producción- el cual regula la dinámica del capital? ¿No es más bien la esfera productiva la determinante en esta dinámica, y no la circulación, como supone Echeverría?)

“…se hace posible sostener simultáneamente que la intervención de factores extraeconómicos en los modos de producción precapitalistas es el resultado de las condiciones económicas específicas de tales modos de producción y que, por lo tanto, tal intervención es, en último término de fundamento económico. Ello permite afirmar que a diferencia del modo de producción capitalista donde el carácter determinante de la producción es directo, en los modos de producción anteriores, aunque indirecta, tal determinación de lo económico no es menos efectiva. Es posible, entonces, postular que la producción ha sido la instancia determinante para el conjunto del desarrollo histórico, ya sea en forma directa o indirecta”

“La primera objeción que merece la posición adoptada por Marx se refiere a su afirmación de que la teoría del valor sea la única alternativa teórica posible para explicar el intercambio de mercancías…la teoría subjetiva de la utilidad marginal…Lo que no puede afirmarse, en cambio,  es que el enfoque basado en el concepto de utilidad no representa una alternativa teórica posible con respecto a la ley del valor”

(Comentario: vemos como Echeverría afirma la viabilidad de la alternativa subjetiva marginalista, la cual abandona la noción de objetividad material como central. Así como parece inconcebible enrostrarle a Marx no haber imaginado una teoría cuyos fundamentos lo suceden en dos décadas, también parece inconcebible hacerle decir que no comprendía la existencia de una alternativa teórica distinta. Es que, cuando Marx afirmaba que no veía otra alternativa teórica distinta a la que él postulaba, suponía que no había alternativa si manteníamos el análisis bajo las premisas de una realidad material objetiva. Por otra parte, el argumento que presenta Echeverría se basa en Hindess y Hirst, quienes desarrollaron un marxismo ultraformalista para dos años después abandonar el marxismo)

“…el quehacer intelectual de Marx demuestra estar fundado en la premisa de que no existe un dominio teórico de clase y que toda deficiencia teórica que descansa en la sujeción a intereses de clase distorsionadores puede ser teóricamente impugnada”

“…este tipo de impugnación prescinde del hecho de que toda opción teórica necesariamente se somete a una lógica de confrontación y crítica que prescinde de sus vínculos con los intereses que puedan haber tenido quienes la producen…”

La distinción propuesta por Marx entre trabajo concreto y trabajo abstracto no es menos discutible. En rigor, ella está basada en un recurso semántico que tan sólo ofrece la apariencia de estar resolviendo lo que simultáneamente se reconoce que constituye un problema efectivo. Si el trabajo abstracto no es ningún trabajo real y concreto es imposible determinar lo que realmente pueda ser…En primer lugar, puede reconocerse que la realidad del trabajo abstracto está reconocida y, por lo tanto, conferida por el hecho de que todo trabajo concreto, independiente de sus diferencias con otros trabajos concretos, permite ser reconocido como trabajo…Sin embargo la diferencia que este ejemplo presenta con la distinción propuesta por Marx consiste en que ella no autoriza a afirmar la realidad de la fruta como algo independiente de las frutas concretas, a menos de estar asumiendo un enfoque idealista que le confiere realidad al concepto por sobre sus expresiones particulares. En otras palabras, la fruta como concepto genérico no posee un nivel propio de realidad, diferente del de las frutas concretas particulares. Pero en el caso de un tal enfoque idealista el problema es menos grave, en la medida en que su opción descansa en atribuirle toda la realidad al concepto y en hacer de sus supuestas manifestaciones concretas tan sólo las formas de expresión y existencia de la realidad ideal…Todo concreto general, como el trabajo y la fruta es el resultado de una determinada práctica que le asigna funciones equivalentes a determinados particulares. Lo que confiere tal equivalencia es la referencia al lugar (función) que asumen al interior de ciertas prácticas que participan de un mismo carácter. Sin embargo la determinación práctica de un concepto no lo transforma necesariamente en una adecuada categoría científica. Toda ciencia se constituye cuestionando precisamente muchos de los conceptos prácticamente constituidos….No existe, por lo tanto, fundamento alguno para justificar la introducción del concepto de trabajo abstracto como algo diferentes de los trabajos concretos, más allá de la existencia del problema que fuerza a Marx a hacer esta distinción”

(Comentario: todo este desarrollo está basado en una crítica que formulara Joan Robinson, autora que rechaza la teoría del valor. Ahora bien, aún sin considerar la pertinencia de la misma teoría del valor, los keynesianos de izquierda como Robinson –y los keynesianos en general, en realidad-, se caracterizan por practicar un empirismo ingenuo en sus desarrollos teóricos. Por ejemplo, una de las frases que formula Echeverría da a entender que todo trabajo podría ser considerado “abstracto” por el sólo hecho de que todo trabajo concreto se reconoce como “trabajo”. Esta es una idea keynesiana, corriente para la cual todo trabajo crea un mismo tipo de valor –no cualitativamente diferente- (así como toda generación de ingreso se iguala a la creación de valor). Asimismo, Robinson y los keynesianos eliminan de la ecuación el plusvalor, para fijarse solamente en salarios y ganancias, por lo tanto realzando un análisis ligado a los meros precios. Más allá de esto, el mismo Echeverría nos previene –en un texto posterior- que las argumentaciones de La Sagrada Familia descansan en un tipo de empirismo ingenuo a la Feuerbach, en el cual lo inmediato es lo real. Pero todo el argumento desarrollado en torno a la “fruta” –que Marx formula en el texto mencionado- descansa en este tipo de empirismo ingenuo. No creemos que sea necesario ser idealista para afirmar la realidad del trabajo abstracto, cuando el mismo concepto no refiere a una realidad concreta “atomizada” sino a una relación social determinada que se da en lo real. De hecho, todo trabajo concreto subsumido bajo la relación de asalarización capitalista constituye un tipo de trabajo particular, que Marx designa “trabajo abstracto”. La misma idea de ciencia de Marx –que es la que también comparte Bourdieu- habilita el reconocer una realidad inmediata junto a una realidad esencial…)

 “Sorprende, sin embargo, que Marx haga uso de un recurso de este tipo, a la vez que exhibe claros argumentos para evitarlo en relación al concepto de producción. En la Introducción de 1857, Marx reitera su oposición a la alternativa de basar su análisis en el concepto general de producción, señalando que independientemente de las producciones particulares, la producción en general es sólo un concepto vacío. Para determinar las producciones particulares procede a desagregar el concepto de producción en sus elementos básicos y a examinar el tipo de relaciones que tales elementos son capaces de establecer y han establecido a lo largo de la historia….Sin embargo, no procede de la misma forma en relación al trabajo y opta por proponer el concepto de trabajo abstracto que, separado de los trabajos concretos, resulta igualmente vacío”.

 (Comentario: aquí Echeverría confunde lo general con lo abstracto, que en la terminología marxista no son en ningún caso lo mismo. El mismo autor –en escritos posteriores- reconoce que la noción de abstracción de El capital es distintiva. La “producción en general” se encuentra a otro nivel de análisis que el “trabajo abstracto”. Mientras que la primera es indeterminada, el segundo supone una determinada relación social –asalarización capitalista-, en ningún caso es un concepto vacío)

Sin embargo, si se examina con mayor detalle la solución sugerida por Marx, se comprueba que ella dista mucho de satisfacer aquello que se sostiene. El problema principal que encierra tal solución es que, a pesar de indicarse que existe un claro criterio de determinación del valor de la fuerza de trabajo, este criterio no se cumple. En otras palabras, no es efectivo que el valor de la fuerza de trabajo corresponda al trabajo socialmente necesario que permite producirla…Cuando debe establecer el valor de la fuerza de trabajo está obligado a reconocer que éste está históricamente determinado…El problema emerge por el hecho de que, a diferencia de las demás mercancías, la determinación histórica de la fuerza de trabajo no logra remitir a ningún mecanismo específico de determinación y, por lo tanto, para ella el criterio de la determinación histórica se traduce directamente en el reconocimiento de la ausencia de todo criterio de determinación teórica…no no existiendo un criterio teórico de determinación no hay posibilidad alguna de establecer cuantitativamente su valor más allá del valor que empíricamente se observa...”

“La categoría de la fuerza de trabajo hace el papel de una variable residual cuyo valor sólo es posible determinar teóricamente como el saldo que queda de la determinación del resto de las magnitudes involucradas y que, por lo tanto, termina validando la teoría cualquiera sea su magnitud. Se trata, en consecuencia, de un criterio de validación que funciona por definición y no por la vía de fijar un término teóricamente determinable que es confrontando con situaciones empíricas….ello transforma a la ley del valor en una proposición teórica que se niega a sí misma la posibilidad de ser corroborada o, como sostendría Popper, refutada”. Marx incluso reconoce ocasiones en las cuales la fuerza de trabajo se paga por encima de su valor (por ejemplo, eeuu en su tiempo), como situaciones en las cuales la fuerza de trabajo no alcanza a reproducirse mediante lo que se entrega en forma de salario

“Marx pareciera estar consciente de que el criterio de la determinación histórica aplicada al valor de la fuerza de trabajo, se traduce en una indeterminación teórica…procura conferirle a la determinación histórica ( a veces referida como determinación cultural) algunas especificidades mayores…Pero en la medida en que su concepción no incluye teorías consistentes sobre la moral, la cultura y la fuerza, tales sugerencias no logran evitar la indeterminación teórica a la que se ha hecho referencia”

“Sin embargo, en la medida en que se reconoce que la explicación del modo de producción capitalista requiere introducir el criterio de la determinación histórica para explicar el valor de la fuerza de trabajo y que tal determinación histórica no es económica (como en el caso de las demás mercancías), dicho proyecto pierde todo sentido. Ahora sucede que no sólo no es la producción la que determina la historia, sino que es la historia la que determina una variable central de la producción. Sucede también que en vez de ser la producción la que determina la superestructura, es la superestructura (pues donde sino en ella se sitúan la cultura la moral y la fuerza) la que determina la producción”

(Comentario: los cuatro párrafos antecedentes enuncian un problema real en la teoría marxista. Este problema fue tratado Michael Lebowitz en 1991. El afirma que el proyecto de seis libros formulado por Marx en los Grundrisse nunca se completó y que Marx fue consciente de esto. Por lo tanto, se propone desarrollar justamente el libro faltante sobre el Trabajo Asalariado (determinación del valor de la fuerza de trabajo). Este libro, si bien no es riguroso en algunos aspectos, dado que se funda en una generalización abusiva de la noción de producción así como en premisas antropológicas algo esencialistas, deja bien sentado que: “Debemos destacar que no estamos sugiriendo que el capital es unilateral porque excluye al trabajo asalariado como tal. Obviamente, el trabajo asalariado en sí no podría estar ausente del libro, porque sin él ni siquiera podríamos hablar del desarrollo del capital.  El trabajo asalariado está presente como la barrera que el capital rebasa en su intento por crecer”. Entonces, la determinación del valor de la fuerza de trabajo si se encuentra determinada teóricamente en El Capital y en el conjunto de la obra de Marx. ¿De qué manera lo está? Por un lado, por la determinación de una tasa de acumulación mínima para el desarrollo del capital; éste es un límite máximo del valor de la fuerza de trabajo. Y esta cuestión posee una verificación empírica palmaria: las crisis de realización. Estas crisis, que no son crisis de subconsumo, sino que expresan una caída en la tasa de ganancia, implican una creación deficitaria de valor –por el excesivo gasto en medios de producción- que a la vez define el límite máximo del valor de la fuerza de trabajo en una situación histórica determinada. Esto es, dada la productividad general del trabajo en un momento histórico dado, si los trabajadores reciben un salario que no habilita una acumulación que derive en reproducción ampliada, entonces hemos encontrado el límite superior que puede adquirir la fuerza de trabajo –de los trabajadores “en general”, no de un colectivo de trabajadores particular- en una situación histórica determinada. En este sentido, Echeverría equivoca el camino cuando opone la historia a la teoría –resabio althusseriano-; ambas siempre van unidas. Caminos de solución similares que explican la determinación del valor de la fuerza de trabajo, tienen que tener en cuenta que el camino del “valor” es siempre tendencial y a mediano-largo plazo: esto explica las fluctuaciones “pasajeras” del valor de la fuerza de trabajo por sobre o por bajo de su valor en la esfera del mercado. Echeverría, cuya tendencia circulacionista es explícita, cae en este error antimarxista que valora las apariencias y lo inmediato en sí mismo. Por otra parte, el valor de la fuerza de trabajo bajo el capitalismo posee un límite mínimo dado por el necesario desarrollo de las fuerzas productivas hasta el advenimiento del capitalismo. Esto es, requiere un cierto nivel de subsistencia que suponga una sociedad de clases, y no cualquier sociedad de clases, sino una en la cual la productividad del trabajo ya se encuentre desarrollada en términos relativos. El feudalismo es un ejemplo de este tipo de sociedad. Asimismo, el valor de la fuerza de trabajo se encuentra determinado por la separación del productor de sus medios de producción y consumo, por lo cual el desarrollo productivo necesario para el capitalismo significa también una disminución de los estándares sociales básicos a los cuales se encuentra acostumbrado el productor proveniente de otro modo de producción. Esto es, la desigualdad relativa crece en términos exponenciales bajo el mpc. Empero, esta desigualdad no supera el nivel alcanzado por las fuerzas productivas; el productor no puede volver a un nivel de subsistencia sistemáticamente más bajo propio de otro modo de producción. La misma ley del valor, que distribuye el trabajo social y sus productos niega esta reversión. Por otra parte, un límite máximo para el valor de la fuerza de trabajo está dado también por aquel nivel de remuneración que le permita al obrero asalariado acumular y realizarse como capitalista independiente –por lo mismo la idea de un capitalismo popular efectivo es inviable-. Como vemos, mediante la teoría marxista es posible y factible desarrollar los elementos implícitos que explicarían una determinación teórica del valor de la fuerza de trabajo).

“Sin embargo, al describir tal momento como alienación, Hegel está simultáneamente expresando no sólo la necesidad del momento de la objetivación, sino también la necesidad de que dicho momentos sea finalmente superado en una fase ulterior quue resuelve la separación que se expresa en lo objetivo y que resuelva la unidad originaria de la idea a través de un retorno a sí misma” (Comentario: ver si lo postulado por Tony Smith puede negar esta interpretación estándar de Hegel)

Concepto de “Alienación” en el capital

a)      Similar a la noción de la economía clásica, referida al desprendimiento de un producto que se hace a través de la venta

b)      Feuerbachiana-hegeliana (con distinciones entre sus variantes)

El Marx de los manuscritos es en gran medida feuerbachiano, porque sostiene las premisas empiristas y antropológicas (hombre y naturaleza) este autor. Sin embargo, incluye algunos elementos que lo diferencian de éste:
-el trabajo como mediador entre el hombre y la naturaleza
-las preocupaciones económicas
-la distinción entre clases sociales
-una alienación que se produce y resuelve en lo objetivo y que no es arbitraria (resolución inmanente). Esta noción de alienación, que contiene en sí la noción de inmanencia y la noción de superación, tiene más resabios hegelianos que feuerbachianos.

En el capital, existen tres formas de “alienación b)”, la alienación del dinero con respecto a la mercancía, la del interés con respecto a la plusvalía y la alienación del trabajo

Cuando Marx se interna en las profundidades de la producción, en el primer tomo de El Capital, “...trata, por lo tanto, de un análisis del proceso de trabajo en general, ajeno a cualquier tipo de condicionamiento histórico. Si la dimensión histórica está ausente, es posible prescindir también, al menos inicialmente, de su dimensión social o, del tipo de relaciones sociales a través de las cuales el proceso de trabajo se realiza en diferentes fases históricas. En estas circunstancias, no es posible eludir una definición del trabajo que recurre al hombre y la naturaleza como dimensiones fundamentales. Tales dimensiones son colocadas al servicio del develamiento de la naturaleza genérica del proceso de trabajo”

“En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad…y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina” (Marx, El Capital)

“La definición anterior, sin embargo, si bien introduce el concepto de hombre, entrega una caracterización d l trabajo a través de la cual es posible describir también un tipo de trabajo animal” (comentario: disentimos de esta interpretación, que sigue en algún sentido lo sugerido por Marx, para quien escribe, el atrabajo animal no autotransforma y disciplina a “quien” lo realiza)

Se introduce como específicamente propio del trabajo humano el elemento consciente (“actividad dirigida a un fin, ya presente en lo ideal antes de su materialización”), tal como Marx lo propone. Esto supone, según Echeverría, que “el hombre no es sólo el elemento activo del trabajo, sino también el elemento subjetivo. Ello significa que es propio de la naturaleza genérica del trabajo, independientemente de cualquier condicionamiento histórico, el que el hombre sea el sujeto del proceso de trabajo…Ello le permite afirmar con posterioridad que tanto los objetos como los medios que intervienen en dicho proceso constituyen, ambos, las condiciones objetivas de la producción. El trabajo, por su lado, representa el factor subjetivo”

“La definición abstracta del trabajo ofrecida por Marx…no logra evitar la introducción del concepto de hombre que caracterizara a la filosofía antropológica de Feuerbach…Ello implica una importante desplazamiento en relación al enfoque de los Manuscritos. En éstos, a partir de la influencia de la filosofía feuerbachiana, el análisis descansaba en una concepción sobre la naturaleza humana que hacía del trabajo uno de sus atributos. El Capital ofrece un enfoque diferente. No se parte de una determinada concpe3ción sobre la naturaleza humana, sino del intento de explicar la naturaleza del trabajo y es, a partir de los requerimientos que impone esta explicación, que el concepto de hombre se percibe como necesario…una vez dicho concepto ha sido introducido, este desempeña una importante función en la medida que permite asignarle un carácter subjetivo, activo y vivo al factor que lo expresa dentro del proceso de trabajo: el propio trabajo…(esto) define los atributos del trabajo en cuanto factor del proceso de trabajo. Es sólo una vez que ello ha definido los atributos del factor trabajo, que el concepto de hombre asume la apariencia de retirarse de la escena del análisis posterior”

“Pero independientemente de las diferencias que resultan de la existencia de distintas relaciones de producción, el trabajador (sea asalariado, siervo, esclavo, etc) será portador de los atributos que el concepto de hombre le asigna al factor trabajo. Por lo tanto, no son las relaciones sociales las que definen históricamente a los hombres. Por el contrario, el concepto de hombre sigue siendo un antecedente en la caracterización de las relaciones sociales. La ruptura con la antropología feuerbachiana, tal como se proponía en 1845, no logra consumarse plenamente”

Al definir el factor subjetivo y activo del proceso de trabajo en la figura del hombre, y a las condiciones objetivas mediante los medios de producción y consumo, Marx logra descubrir la inversión que del proceso de trabajo –considerado en su generalidad esencial- se da bajo el capitalismo: el sujeto –el hombre- deviene objeto; el objeto- el capital- deviene sujeto.

El tipo de alienación que Marx describe de esta manera, se asimila a la noción de alienación de Feuerbach (la alienación como la atribución del poder creativo del hombre a un “otro” externo –en este caso, el capital-). En este sentido, se mantiene algún grado de continuidad con los Manuscritos. Ahora bien, a las mismas diferencias que en ellos se encuentran si se los compara con Feuerbach –necesareidad de la alienación, inmanencia, superación, alienación en lo objetivo- se suma la diferencia de que Marx ya no parte de la naturaleza humana, sino de la naturaleza propia del trabajo.

La inversión que Marx descubre de este modo, encuentra su fundamento, según él mismo, en la propiedad privada sobre los medios de producción

“Desde esta perspectiva, la historia es concebida a partir de un determinado origen en el que el proceso de trabajo correspondía a su naturaleza inherente y desde el cual se inicia un trayecto que se define por el proceso de constitución de la alienación del trabajo, el cual culmina en el modo de producción capitalista, que expresaría el estadio que completa tal alienación y que alcanza, tanto la separación más radical entre el trabajo y las condiciones objetivas del proceso productivo, como asimismo, la absoluta inversión de la relación que le fuera históricamente originaria y que le es natural”

Esto último lo afirma Echeverría citando el pasaje sobre la acumulación originaria en El capital, “Salario Precio y Ganancia” y “Teorías sobre a plusvalía”. En este último texto, por ejemplo se afirma: “La unidad original entre el trabajador y las condiciones de producción…tiene dos formas principales: el sistema comunal asiático…y la agricultura de pequeña escala”

“En primer lugar, esto implica que la revolución social capaz de restablecer la unidad natural entre el trabajo y sus condiciones objetivas de producción, no se llevará a cabo sin el recurso de una intervención política. Es sólo al nivel de lo político y, por lo tanto, fuera de la esfera de lo económico que la clase trabajadora logra constituirse en sujeto social capaz de doblegar y destruir el poder social del capital…Por lo tanto, la teoría de la alienación del trabajo le confiere sustento teórico al anuncio de Marx sobre el advenimiento de la sociedad comunista para lo cual, la teoría del valor y su análisis de la plusvalía, demuestran ser insuficientes”

(Comentario: los últimos ocho párrafos requieren ciertas notas críticas. Por un lado, el advenimiento de la sociedad comunista no supone nunca el restablecimiento de una “unidad natural entre el trabajo y sus condiciones objetivas”, esto supone una interpretación distorsionada de lo que Marx plantea. Por el contrario, la “humanización de la naturaleza”, una “sociedad racional de hombres libres”, el “fin de la prehistoria del hombre”; todas estas formulaciones indican la negación de todo naturalismo (aquél deber ser natural) en la postulación de la forma de la sociedad futura. La misma supone el dominio del “hombre” sobre las fuerzas ciegas de la naturaleza –dominio consciente sobre su propia naturaleza y la naturaleza externa, la autoconsciencia de la modernidad-, cuestión que no se realiza en lo originario natural. La misma supone la reapropiación fundamental de los medios de producción, no de los medios de producción y consumo como ocurría fundamentalmente en las comunidades primitivas. Esto es, la sociedad futura supone el reconocimiento consciente del carácter determinante de la producción por sobre el consumo. La sociedad comunista supone la reapropiación de las condiciones objetivas del trabajo, ya desarrolladas en su máxima expresión por el mismo trabajo humano –desarrollo de la FFPP-, ergo, la reapropiación de las potencias humanas mismas, de la relación del hombre con la naturaleza –de esta relación desarrollada-, no la reapropiación de lo meramente natural externo al hombre. Esto es, el hombre se reapropia de su relación con la naturaleza, se reapropia de la tecnología –el conocimiento para transformar la naturaleza externa-, no se reapropia de unas condiciones objetivas ya dadas antes de su intervención. Todo lo anterior supone hacerse cargo de la noción de aufhebung (superación) hegeliana: unidad superior que reintegra todos los desarrollos anteriores. Por otra parte, es importante establecer que Echeverría desconoce la noción de necesidad con la cual trabaja Marx, por lo cual algunos de sus argumentos pierden peso. Para ver la noción de necesidad de Marx es necesario retrotraerse a uno de sus primeros escritos, La tesis sobre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro:

…la necesidad aparece en la naturaleza finita como una necesidad relativa, como determinismo. La necesidad relativa solo puede deducirse de la posibilidad real….La posibilidad real es la explicación de la necesidad relativa…”

“Azar y necesidad no se excluyen. La contingencia determinada de un acontecimiento no es arbitraria ni caprichosa; solamente deriva de una causalidad no formal…”

Con esto en mente, debemos afirmar, entonces, que cuando Marx utiliza la noción de necesidad se refiere a una necesidad relativa, una posibilidad real derivada de cierto marco de condiciones estructurales básicas. Por lo tanto, en ningún caso niega la determinación por la esfera económica del curso histórico, cuando establece la necesidad de la conciencia y la acción política para el advenimiento de la sociedad comunista. Esto porque la determinación y su correlato de “necesidad”, para Marx es siempre expresión de posibilidades reales derivadas de un marco de condiciones estructurales básicas, no un determinismo mecanicista absoluto. Y esto sucede a todo nivel de transición entre modos de producción; la misma noción de revolución indica este sentido. Por otra parte, la misma historiografía ha verificado la cuestión de la unidad originaria del hombre con las condiciones objetivas de la producción; si es molesto el argumento “originista”, éste no sigue siendo menos real. La misma concepción de Marx en El Capital supone una noción de la historia en tanto que espiral cíclica (a la Vico); el intento de presentar esta concepción como similar a los mitos germanos y rousseaunianos del “origen” aparece como una deformación burda. Lo único que puede concedérsele a Echeverría es el hecho de que Marx se retrotraiga a una especie de antropologismo feuerbachiano cuando trata del trabajo “en general”. Ahora bien, quien escribe piensa que la fundamentación basada en la “consciencia” (la dialéctica sujeto-objeto en el proceso de trabajo) no es necesaria para la compresión del desarrollo de historia de las sociedades humanas y la posibilidad estructural del advenimiento de una transición socialista. Esto porque el mismo Marx implícitamente reconoce lo verdaderamente característico del trabajo humano: el hecho de que el mismo autotransforma y autodisciplina a su agente activo. En este sentido, es la misma relación social del proceso de trabajo mediante la cual el “hombre” se relaciona con la naturaleza, la cual permite la emergencia de la consciencia; la consciencia no constituye un ex ante. En este sentido el hombre no es un dato previo, sino que una realidad incompleta que se desarrolla precisamente en su relación con la naturaleza (interna y externa) de una manera progresiva; la autoconsciencia de la modernidad supone efectivamente la posibilidad real del advenimiento del hombre en tanto que distinto de la naturaleza ciega.)


“…el elemento de la fuerza que se halla presente en proceso de trabajo, no sólo puede ser introducido por el trabajador, sino también por las llamadas condiciones materiales del trabajo” (Comentario: ¿se afirma la productividad del capital?)

“En efecto, el sostener que las relaciones capitalistas de producción invierten la naturaleza inherente del proceso de trabajo, equivale a reconocer esta contradicción. Sin embargo, cuando Marx reconoce esta contradicción entre su análisis y la situación empírica que tiene por delante, en vez de sospechar la posibilidad de alguna deficiencia al interior de su análisis, que hubiese sido la conclusión normalmente esperada, hace de la propio contradicción que se le presenta una contradicción real y del problema que se ha generado su propia solución…cabe pensar que Marx está afirmando que la realidad se comporta en forma indebida y, de ser así, cabe sospechar que su análisis pueda estar imponiendo un determinado criterio para evaluar la realidad, externo a ella misma, y frente al cual la realidad no se desenvuelve en conformidad con él… Y cómo, desde una perspectiva científica, pueda sostenerse que la realidad sea, por un lado, lo que es y, por otro lado, sea también distinta de lo que es, siendo que se reconoce que tal como es es diferente de sí misma.

(Comentario: por un lado, Marx no está afirmando que la realidad sea una en la cual el capital constituya un agente creador de valor, sino que afirma que esta es una apariencia. En este sentido, todo el contraargumento de Echeverría se basa en negar el tipo de ciencia que reivindican Bourdieu y Marx –la ciencia como dispositivo que descubre los mecanismos esenciales que determinan la manifestación de ciertas apariencias específicas, y que también determinan el movimiento de la realidad total-. Lo que Echeverría conceptualiza como elemento normativo externo, es sólo aquella inmanencia que Marx le reconoce a los mecanismos esenciales. Asimismo, este empirismo ingenuo –lo inmediato es lo real-, se corresponde con la idea de que el capital y la naturaleza pueden ser creadores de valor; este empirismo ingenuo se deriva de las premisas propias de la filosofía analítica, la cual no puede reconocer la existencia de contradicciones reales.)
  
“…es imposible evitar la caída en un idealismo trascendental a través del cual se afirma la realidad de un determinado concepto de trabajo por sobre su existencia histórica concreta”

(Comentario: no es idealismo, el mismo devenir concreto de la sociedad capitalista, la recurrencia de sus crisis, da cuenta de lo concreto del análisis de Marx. La teoría de las crisis económicas, tiene su mejor –y casi única- explicación en la corriente marxista –la cual es muy diversa, por cierto-. No existe una teoría de las crisis neoclásica –sólo proposiciones “ad hoc”-, así como tampoco existe una teoría de las crisis keynesiana consistente – la realidad de la estanflación, en otras cosas, lo demuestra-. En este sentido, el análisis más concreto de todos es y ha sido el que ha desarrollado la teoría marxista)

“…la dimensión teológica no está del todo ausente de la teoría de la alienación del trabajo de Marx y que ella se vea asociada con una interpretación de la historia de fuertes reminiscencias con las ideas del origen, del pecado original, del paraíso perdido y de la tierra prometida…”

(Comentario: ya se criticó esta deformación de la noción cíclica espiral que desarrolla Marx)

Echeverría critica el hecho de que Marx entienda al trabajo como unidad última, no desagregable. Por su parte, cree que el trabajo puede y debe dividirse en dos factores: uno energético, y otro informático (esto se basa en los análisis de Hermann Schwember). El trabajo humano deja de ser el elemento activo del proceso de trabajo; puede ser reemplazado sin merma por la naturaleza o la tecnología (entendida como las máquinas). Esto porque los factores constitutivos del trabajo –información y energía- no tiene su origen en el hombre.

“…cabría concluir que, de aceptarse como válido un enfoque basado en la teoría del valor, el acceso a recursos energéticos e informáticos representan condiciones fundamentales en la determinación del valor económico. Ello sugiere una perspectiva de análisis particularmente interesante para dar cuenta de los efectos económicos que resultan, por ejemplo, del control desigual de recursos energéticos, crecientemente escasos”.

(Comentario: se aceptan varias premisas de la economía neoclásica: preeminencia de la circulación por sobre la producción; teoría subjetivista de la utilidad marginal; el valor de los productos que descansa en la escasez; la productividad del capital –entendido éste en términos físicos-; etc)

La idea de que los recursos energéticos crean valor (riqueza), la deriva el autor de Georgescu-Roegen

“Sin embargo, las dimensiones de fuerza y de consciencia no permiten su separación en factores independientes que permiten pensar su sustitución por elementos no humanos. A diferencia del concepto de información, la consciencia constituye un concepto filosófico asociado directamente a lo humano e imposible de transferir a condiciones tecnológicas”

“…y, por otro lado, un determinado programa de información que define la orientación del despliegue energético para obtener un determinado resultado (producto)”

(Comentario: me parece que el procesamiento de información, derivado de una programación determinada, sólo es posible porque existe un elemento humano que “programa” el funcionamiento de un determinado mecanismo en una máquina. No veo como la información puede de hecho sustituir a la consciencia. Otra cosa, Echeverría entiende mal el concepto de tecnología, el cual iguala a una máquina física –lo que es otra demostración del carácter neoclásico de sus interpretaciones-. Por el contrario, la tecnología designa una relación del ser social con la naturaleza que determina que el primero idee cierto artefacto para solucionar un problema particular que se le presenta en esta misma relación con la naturaleza.)

Retener excursos:
a) “el capital no es sólo la expresión de las condiciones objetivas de la producción, es también el poder de subordinación sobre el trabajo que tales condiciones objetivas demuestran poseer. De allí, por lo tanto, que Marx defina al capital como una relación social, como el propio fundamento de las relaciones capitalistas de producción y no sólo como agrupación de factores materiales”
b) “al situar su análisis al nivel de las relaciones de producción, Marx abandona su afirmación de juventud de que el fundamento de la alienación del trabajo era la propiedad privada en general y sostiene ahora que se trata de la propiedad privada que se ejerce específicamente sobre los medios de producción”

Segundo Ensayo

La teoría materialista de la historia que propone Marx como hipótesis de trabajo en el “Prefacio”, se encuentra articulada a su interpretación específica del modo de producción capitalista, de modo que esta última provee el desarrollo de comprobación empírica para ambas. Por esto, los textos de Marx anteriores a la Contribución sólo constituyen desarrollos hipotéticos a ser “comprobados” (en aquellos elementos que no abandona el Marx maduro)  en la misma Contribución y en los cuatro libros de El Capital.

La Introducción de 1857, en la que se basan las interpretaciones comunes de la obra de Marx para indicar el método que el mismo ocupa en el desarrollo de El Capital, plantea Echeverría es un texto de tintes críticos, en el cual se evidencia la proximidad de un desplazamiento epistemológico, el cual tiene lugar en 1858, momento en el cual Marx lee la Lógica de Hegel –gracias a una casualidad: Feiligrath, un amigo suyo, le envía este texto, al cual Marx no había puesto demasiada atención en su juventud- , la cual le marcará profundamente y determinará la forma de análisis efectivo que ocupa en el desarrollo de El capital. En este sentido, tanto Althusser como la corriente marxista general, se encuentran equivocados al afirmar que el método utilizado en El Capital se presenta en la Introducción de 1857.

Echeverría afirma que la Introducción constituye un texto crítico porque en ella se presentan dos nociones distintas (y contradictorias) de abstracción. Por un lado, la noción de abstracción feuerbachiana, que denuncia una irrealidad vacía dada su nula referencia a lo empírico; por otro, una noción de abstracción derivada de categorías hegelianas (equivalente al concepto de “reflexión”, esto es, aquél concepto que permite comprender el movimiento aparente-esencial-totalidad concreta). Esto es, cuando Marx rechaza comenzar su trabajo de investigación con la “población” por constituir ésta una noción vacía, está utilizando la noción de abstracción de Feuerbach; cuando, en el mismo párrafo celebra el haber encontrado el punto de partida en las categorías de la economía política en tanto que abstracciones, se encuentra utilizando la noción de abstracción derivada de Hegel. Por lo mismo, sólo puede afirmarse con cierto respaldo que es partir de la relectura de la Lógica de Hegel que Marx se apropia de una forma de análisis en el cual la dialéctica entre apariencia y esencia es eminente.

En los Grundrisse Marx determina que su análisis debe comenzarse primero de la noción de valor, para luego decantarse por el comienzo a partir de la mercancía. Como se ve, rechaza el punto de partida escogido en la Introducción que ponía el punto de partido en el trabajo.

“En efecto, Marx resuelve con mucha anterioridad problemas que, en la exposición de su análisis, son abordados en sus secciones finales. En forma muy particular, el término inicial del análisis, será una de las materias que más demorará en resolver.

Marx considera que al haber desarrollado su análisis a partir de la mercancía, comienza desde algo concreto, no de algo abstracto (por lo que puede afirmarse que abandona lo propuesto en la Introducción). “Marx define como concreto todo aquello que tenga un referente práctico directo…Lo concreto, en consecuencia, representa la apariencia que asumen los elementos de una práctica social directa determinada. Lo abstracto, por el contrario, corresponde a conceptos que no encuentran referentes prácticos directos, que no forman parte de la conciencia espontánea de los agentes que participan en una práctica determinada y cuya invocación no les confiere un sentido inmediato”

“La población, que representa la totalidad concreta del análisis y, por lo tanto, su punto de término, no ha sido restaurada como término inicial del análisis. Este lugar le ha sido conferido a la mercancía que representa un concreto simple, particular, y cuya virtud reside en permitir, a través del mismo análisis, alcanzar las categorías abstractas y simples que, a su vez, van a hacer posible la reproducción de la totalidad concreta en el pensamiento…Al conferirle a lo concreto la tarea de iniciar el análisis, Marx se lo confiere a un concreto particular. A la totalidad concreta se le preserva un lugar terminal, como resultado del análisis”
“Marx está invalidando el trayecto propuesto en la Introducción que se iniciaba en lo abstracto y terminaba en lo concreto. Tomar lo abstracto como punto de partida significa anticipar un resultado del propio análisis, que requiere derivar lo abstracto de lo concreto. El trayecto lógico definitivo asciende de lo particular a lo general, de un concreto particular a la totalidad concreta. Más adelante veremos que esta ascensión se efectúa gracias al recurso de la abstracción, sin el cual la totalidad concreta no logra ser explicada”

“Si la expresión verdadera, real, acabada, de la lógica de la investigación se alcanza al término del análisis en el orden de la exposición, debemos entender que se trata de una lógica cuya eficacia está dirigida a la presentación del análisis pero no a la producción teórica propiamente tal…El método que Marx nos ofrece no es un instrumento para extrae conclusiones, sino para presentarlas…Al aceptarse que el método de Marx se refiere a su exposición y no a la investigación propiamente tal, se debe entender que para Marx son infinitos los caminos de la investigación, en el sentido de que son indeterminables a priori”

“Simultáneamente Marx fue extendiendo el área del análisis del capital, que en un comienzo representaba una sección particular al interior del examen del modo de producción capitalista, para terminar identificando la globalidad del análisis de este modo de producción con el análisis del capital” 

(Comentario: esta cita demuestra que Echeverría acepta la interpretación de los Grundrisse en el sentido de que Marx habría abandonado su proyecto original de seis libros, incluyendo la totalidad de su análisis en los tres libros de El Capital)

Cuando Marx rompe con Feuerbach en 1845, en realidad rechaza sólo la dimensión de la antropología filosófica de este autor, reteniendo el empirismo naturalista del mismo. Por otra parte, cuando sobreviene la reapropiación de Hegel en 1858, Marx ya había avanzado cierto camino en ese sentido por su cuenta.

“Hegel…mediante el cual la idea se despliega sobre sí misma hasta verse reflejada en la conciencia de sí, que es todo, más allá de la cual no hay nada; a pesar del hecho de que la propuesta hegeliana está sustentada en estas premisas idealistas” (Comentario: ver si la interpretación de Hegel que realiza Toni Smith podría negar esta afirmación)

Lo concreto, en cambio, es lo conducente al todo final, al Espíritu Absoluto en su expresión más depurada, al Ser infinito de toda existencia, liberado de toda determinación (Comentario: ver si Toni Smith puede plantear una interpretación diferente)

Tercer ensayo

La teoría de la ideología en Marx debe buscarse, no en La Ideología alemana y escritos de juventud afines, sino en el propio Capital.

Ver autor John Mepham

“Las leyes fundamentales de este modo de producción (capitalista) son las leyes del mercado y la riqueza de esta sociedad es expresada en la producción que asume la forma de mercancía” (Comentario: nuevamente la premisa circulacionista)

“Esta explicación le permite sostener a Marx que el principio de equivalencia se cumple irrestrictamente en la circulación capitalista, salvo distorsiones menores y temporales, pronto corregidas por el mercado de acuerdo a los mecanismos específicos”

En la esfera de la circulación se cumple:
- La libertad: pues el comprador y vendedor de una mercancía no obedecen a más ley que su libre voluntad. Contratan en tanto hombres libres e iguales ante la ley
-  La igualdad: pues los compradores solo contratan como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente
- La propiedad: pues cada cual dispone y puede disponer de lo que es suyo
- Bentham: pues cuantos interviene en estos actos lo hacen movidos por su propio interés

“Estos criterios representan los mecanismos objetivos de la práctica económica en el modo de producción capitalista y hacen del mercado la instancia dominante de tal regulación”

“No sólo se trata, pues, de que la libertad y la igualdad son respetadas en el intercambio basado en valores de cambio, sino que el intercambio de valores de cambio es la base productiva, real, de toda igualdad y libertad. Estas como ideas puras, son meras expresiones idealizadas de aquél al desarrollarse en relaciones jurídicas, políticas y sociales…”

“El propio concepto de individuo que hoy se nos presenta como la expresión natural del hombre es, según Marx, un producto histórico reciente, ajeno a sociedades del pasado y resultado de un modo de producción con un alto nivel de socialización e interconexión de sus unidades productivas”

“Los mecanismos objetivos de regulación económica en el mercado representan para Marx la base sobre la cual la sociedad capitalista erige su estructura jurídico-política, los principios reguladores de la convivencia social y el propio concepto de hombre. De ellos emerge el núcleo ideológico básico de la sociedad capitalista. La democracia burguesa y la afirmación de derechos inalienables de los hombres, descansan en las condiciones establecidas al nivel de la circulación capitalista”

“Sin embargo, el quiebre de la equivalencia al nivel de la producción, está fundado al nivel de la equivalencia al nivel de la circulación”
“La apariencia de libertad e igualdad que ofrece el modo de producción capitalista es el resultado de la propia opresión y desigualdad que caracteriza estas relaciones de producción”

Si ello no sucediera, si no hubiera propiedad privada sobre los medios de producción, el mercado no sería necesario como instancia de regulación de la actividad económica…La dominación del mercado, en consecuencia, está determinada por las propias relaciones de producción capitalistas, por la separación que ellas establecen entre el trabajo y las condiciones objetivas de producción”

La apariencia de igualdad y libertad bajo el capitalismo, se ve desafiada, al nivel de las apariencias, por la recurrencia de las crisis mismas del capitalismo; en este sentido, además de factor objetivo que posibilita la revolución, la crisis supone un factor subjetivo en tanto evidencia en lo aparente la desigualdad y opresión.
Los modos de producción precapitalistas son explícitos en el reconocimiento de la desigualdad y la opresión (a diferencia del capitalismo, en el cual esta realidad se encuentra implícita y es negada por la superestructura).

“El capitalismo se constituye creando no sólo el poder del capital sobre el conjunto de la sociedad, sino que también los principios con los cuales será confrontado y la clase social que lo llevará a su término”
“Uno de los méritos de Marx es haber demostrado que la circulación capitalista, la esfera dominante de este modo de producción…” (Comentario: circulacionismo)

Reflexionar sobre la circulación como esfera aparente (la apariencia no sería una dimensión propia sólo de las superestructuras, de hecho, éstas últimas también estarían constituidas por la dialéctica esencia apariencia)

Cuarto Ensayo

“Recordemos que la concepción de Feuerbach sobre la historia privilegia, precisamente, el desarrollo del espíritu religioso: lo que lo lleva a señalar que “los periodos de la historia del hombre sólo pueden ser distinguidos por sus concepciones religiosas”…el politeísmo, por ejemplo, representa un estadio histórico que se caracteriza por el dominio de las fuerzas naturales sobre las capacidades humanas y el monoteísmo expresa, una liberación relativa frente a la naturaleza y un hombre centrado en sí mismo…El judaísmo, la primera de ellas, lleva el sello de las limitaciones tribales o nacionales en las que los hombres se hallan cautivos. El cristianismo superaría la fase anterior concibiendo al hombre como un ser universal y, consecuentemente, invocando un Dios universal. El protestantismo, que Feuerbach considera como la fase final en la historia de las religiones, afirma el carácter humano de Dios, siendo esencialmente una cristología o una antropología religiosa”

Antes del protestantismo, Arrio (y la corriente arrianista) privilegió el carácter humano de Cristo por sobre su dimensión divina

El sobresubjetivar a Hegel supone reintegrarlo en una interpretación kantiana (ergo, una peculiaridad del pensamiento kantiano es su rasgo subjetivador)

Echeverría se apoya en autores como Steedman Jones (neorricardiano), Colletti y Kolakowski (de este último, “Karl Marx and the classical definition of truth”)

“Es importante reconocer que Marx nunca pensó que para comprender El Capital fuese necesario iniciarse en el rito de una lógica original, impenetrable para que los siguiesen apegados a la lógica aristotélica; o bien que sus críticas…sólo fuesen intelegibles previo abandono del principio de no-contradicción. Por el contrario, la crítica de Marx a los economistas políticos descansa precisamente en exponer las contradicciones lógicas de sus argumentos y en dejar en evidencia sus incapacidades para explicar la realidad tal cual ella esencialmente es”

Pero la crítica de Hegel a la lógica clásica queda cautiva en las propias limitaciones de esta última y, muy particularmente, en su aceptación del supuesto de que sólo existen juicios predicativosSólo con la revolución lógica de Frege, posterior a Hegel y a Marx, este supuesto será abandonado” (ver)

“Es interesante examinar cómo, a pesar de su crítica a la lógica aristotélica, Hegel se mantiene atrapado en ella. Russell nos entrega el siguiente pasaje ilustrativo: El argumento de Hegel…depende por entero de confundir el “es” de predicación, como en “Sócrates es mortal” con el “es” de identidad, como en “Sócrates es el filósofo que bebió la cicuta”. Debido a esta confusión, el cree que Sócrates y mortal deben ser idénticos. Constatando que son diferentes, Hegel no infiere, como lo hubieran hecho otros, que existe un error en alguna parte, sino que ello exhibe identidad en la diferencia. Por otro lado, “Sócrates” es particular, “mortal” es universal. Por lo tanto, él sostiene que dado que Sócrates es mortal, resulta que lo particular es lo universal, considerando el “es” sólo expresivo de identidad”.

“De allí que Russell concluya que gran parte de las conclusiones de Hegel y sus conclusiones dialécticas son el resultado de imperfecciones lógicas o gramaticales….”

(Comentario: no comprendo muy bien la crítica de Russell. Esto porque cuando Hegel afirma la identidad “contradictoria” –“unidad en la diferencia”- entre un particular y un universal realmente está definiendo un hecho existente en la realidad. Esto es, Sócrates es una entidad constituida por una multiplicidad de determinaciones, una de las cuales de hecho es el hecho de ser “mortal”. Esto es, en términos simples, la mortalidad de Sócrates de hecho constituye su identidad, la cual no es nunca una entidad homogénea y determinada por un solo factor, sino que una entidad multideterminada y contradictoria. Esta cuestión es también aplicable a la dialéctica entre lo particular y lo universal, con el correlato subsecuente de la “totalidad concreta”. La crítica de Russell solo puede entenderse si se comprende que éste trabaja con un concepto de identidad distinto al de Hegel. Para Russell, Sócrates supondría una identidad específica, constituida por una serie de propiedades –entre ellas el ser “mortal”- Ahora bien, ¿qué es aquella entidad a la cual se le endosan ciertas propiedades componentes?. Racionalmente, no puede determinarse, es sólo una entidad “vacía”. Esto es, sólo puede afirmarse a Sócrates como entidad anterior desde el sentido común espontáneo que lo reconoce como una individualidad física aislada. Por lo tanto, la epistemología de Russell supone el empirismo ingenuo –sentido común-, el cual incluye, en algún sentido, una variante del individualismo metodológico. Asimismo, para Russell, la entidad que se intenta explicar –en realidad, para él, se intenta “describir”- es una entidad que reconoce su identidad como suma de las partes –juicio incluso criticado por la sociología más positivista-. Por el contrario, Hegel no parte del sentido común, ya que no considera a Sócrates como una entidad “dada”, sino un presupuesto que necesita ser explicado y definido a través de las determinaciones que subsecuente se descubren como propias de ellas)

“Si bien Estrella no desconoce el carácter abierto y plural del desarrollo de las ciencias, sí supone que disponemos de un concepto de ciencia no susceptible de desarrollos ulteriores, lo que por cierto es muy hegeliano….Tal enfoque presupone, por ejemplo, que el concepto de ciencia es anterior a las propias ciencias y, con ello, desconoce que son precisamente las ciencias particulares las que en su desarrollo, efectivo y sin término, van constituyendo históricamente el concepto de ciencia…pretender haber definido la ciencia antes de realizarla o de tener definida la naturaleza de la realidad antes de su explicación…”


Quinto ensayo


“Cuando uno inicia la lectura de Capitalismo y Libertad, de Friedman, lo primero que sorprende es su tajante afirmación de que lo económico condiciona a lo político y lo cultural y que el instrumento de tal condicionamiento es la propiedad sobre los medios de producción. La sorpresa proviene no -evidentemente- por la originalidad de la idea, sino porque se está acostumbrado a considerarla como una de las premisas exclusivas del pensamiento marxista”

“…el liberalismo entiende la libertad como independencia frente a la voluntad ajena y concibe la falta de libertad como resultado de una acción individual voluntaria. Por otro lado, el marxismo sostiene que la falta de libertad desborda el dominio individual y remite a condiciones de coerción innecesarias producidas por las estructuras sociales existentes. Hasta ese momento, no se ha efectuado un cambio de un concepto de libertad negativo (el liberal) por otro positivo (el marxista). Ambos son igualmente negativos, sólo que hacen residir el fundamento de la coerción en planos distintos”

“Segundo, que la historia permite ser concebida como el desarrollo sin término del concepto de libertad. La libertad se muestra ahora como una función del desplazamiento de los límites históricos a las necesidades humanas”

“En la medida que las estructuras determinen posiciones distintas para el conjunto de los individuos y que de tales posiciones resulten intereses no sólo diferentes, sino incluso opuestos, la libertad -como el mismo concepto de hombre- es una bandera de lucha al interior de los conflictos sociales que las condiciones estructurales susciten”

La libertad segunda el marxismo

a)Superación de la alienación en todas sus formas

b)“Se objeta el individuo como sujeto histórico efectivo y, por lo tanto, como titular de la libertad. Para el marxismo, el individuo constituye una figura de reciente desarrollo histórico, producto del capitalismo, y que pertenece al nivel de las apariencias que este modo de producción genera. Más allá de la superficialidad de las apariencias, el marxismo postula dos niveles donde se alcanzan niveles crecientes de concreción de sujetos cada vez más reales. El primer nivel es el de las clases sociales que a partir de sus intereses y conflictos acometen las principales transformaciones históricas. El segundo nivel resulta del carácter crecientemente social del conjunto de la economía”

c) “Sin embargo, el supuesto que subyace en este planteamiento es que la progresiva disolución de las clases sociales disuelve simultáneamente estos sujetos individuales propios de la apariencia del capitalismo. Con la disolución de la figura del sujeto individual, los hombres se liberan para asumir plenamente su dimensión social. La libre participación del sujeto social no alude a la posibilidad de que los individuos puedan no participar en él, sino que ahora estarán libres de las ataduras que previamente les impedían asegurar tal participación”

d) “La libertad es definida también como el control racional sobre la naturaleza y las estructuras sociales. En este sentido, la planificación es un instrumento de libertad por cuanto permite supera el efecto de las fuerzas ciegas del mercado que los individuos como sujetos, son incapaces de controlar”

El capitalismo afirma en lo real dos clases de libertad distintas. La libertad de los propietarios de medios de producción; la libertad de los desposeídos de las condiciones objetivas de la producción y el consumo
El primer Friedman sostenía que la libertad económica es garantía de libertad política (la monopolización por parte del Estado de los medios de producción en los “socialismos reales” inhibiría la necesidad de libertad política)

“Cabe advertir, sin embargo, que ya en 1977, periodo en el que sienten los efectos de la crisis mundial de la energía, Friedman tiende a corregir su posición original. Ahora predomina la idea de que entre libertad económica y libertad política habría una relación de contradicción”

“El efecto de transparencia ampliada que acompaña normalmente a las ciencias en el develar aspectos ocultos de la realidad y donde lo develado puede ser asumido por la conciencia espontánea del conjunto de los agentes que participan de una determinada práctica social”

Sexto Ensayo

“Por un lado, el materialismo histórico que representaría una interpretación científica de la historia y, por otro, el materialismo dialéctico, que comprende una filosofía de carácter igualmente científico. Es importante advertir, sin embargo, que esta distinción no pertenece a Marx y que el término de materialismo dialéctico es acuñado mucho después de su muerte por Plejanov. Es necesario reconocer que las principales interpretaciones sobre el materialismo dialéctico no reconocen una paternidad directa en Marx, sino en los escritos de Engels, suponiéndose que éste sólo habría desarrollado lo que ya estaba contenido implícitamente en la concepción de Marx”

Sin embargo, a partir de la implantación del socialismo en diversos países, el pensamiento marxista que allí se desarrolla le confiere cada vez menos importancias al análisis del capitalismo y de la revolución en la medida que ellos aluden a problemas ajenos a sus propias realidades y que se consideran en buena parte resueltos. Ello se traduce en una tendencia que le confiere importancia creciente al materialismo dialéctico por sobre el materialismo histórico. 
(Comentario: el amplio desarrollo de la historiografía soviética, basada en la temática de los modos de producción, tiende a negar el juicio de Echeverría)

Schumpeter: “Para Marx, Hegel fue un amor de juventud”

La premisa materialista del análisis de Marx –comenzar por la determinación por la producción- se formula de manera explícita en las Tesis sobre Feuerbach (1845)

“Desde su interpretación materialista de la historia, Marx disputa este idealismo y se niega a conferirle al concepto el estatus de realidad concreta. Para Marx el pensamiento, por mucho que pueda reproducir la realidad, no la constituye ni se identifica con ella; lo concreto es la realidad objetiva y se halla fuera del pensamiento” (esto con la reapropiación de Hegel post 1858)

La segunda premisa esencial del análisis de Marx, comenzar por la explicación del mpc, sucede en el momento de reapropiación de Hegel (1858).

“La ley del valor permite (según Echeverría): a) explicar la determinación de ambas magnitudes de valor involucradas en la determinación de la plusvalía (el valor de la fuerza de trabajo y el valor del trabajo desplegado por el asalariado); b) reconocer que el excedente es producido por los trabajadores; c) comprender el mecanismo de apropiación del excedente por el capital”

(Comentario: criticar interpretación deficiente del potencial explicativo que se le asigna a la teoría del valor. Es más correcto establecer, como Katz lo hace, que la ley del valor demuestra la explotación, la formación de los precios y el dinamismo contradictorio del capital que lleva a sus necesarias crisis)

A poco andar el volumen primero de El Capital, la ley del valor tropieza con un serio obstáculo…De cumplirse la ley del valor, para una misma situación histórica y por tanto para una misma tasa de plusvalía, la tasa de ganancia debe estar en proporción directa con la participación del capital variable en el capital total. En otras palabras, será mayor la tasa de ganancia mientras mayor sea la proporción del capital variable dentro del capital total, en la medida que la ley del valor sostiene que el capital variable genera el excedente.
Pues bien, Marx debe reconocer que ello no se cumple en la realidad. Por el contrario, se constata una clara tendencia a la igualización de la tasa de ganancia, independientemente de la composición orgánica del capital (relación entre capital variable y constante).

Pues bien, en el volumen tercero de El Capital, Marx vuelve sobre este problema, esta vez para cumplir con su compromiso de resolverlo. Su explicación es relativamente simple. Marx sostiene que la masa total de la ganancia que produce la economía es igual a la masa de plusvalía que resulta de la ley del valor. A nivel social, por lo tanto, el problema no se plantea. Sin embargo, a nivel de los capitales individuales la masa de la ganancia se redistribuye según los volúmenes de capital total, debido a la competencia entre los capitalistas, e independientemente de los capitales variables involucrados. Por lo tanto, a nivel individual la ganancia no es igual a la plusvalía

La conclusión anterior impone algunas consecuencias de importancia. Porque si a nivel individual la ganancia no corresponde con la plusvalía, ello se traduce en que las mercancías no se venden a su valor. Salvo para las mercancías producidas por capitales cuya composición orgánica coincida con la media social, los precios no coinciden con los valores…Marx sigue estando consciente de esta situación y la solución que propone es su conocido argumento de la transformación de valores en precios de producción

Sin embargo, como ha sido vastamente reconocido, se trata de una explicación insuficiente y altamente problemática. En primer lugar, porque el análisis supone que las empresas compran en valores y venden en precios, como si ella se abasteciera directamente del reino de la abstracción. Ello no es así y la explicación debió haber considerado que los capitales variables y constantes iniciales incorporan los diferentes factores productivos expresados también en precios, que, como sabemos, no corresponden a los valores. Tampoco es lícito sumar al final del argumento de la transformación valores con ganancias en la medida que se trata de conceptos situados en niveles de análisis diferentes, como el mismo Marx se ha encargado de reiterar. Por último, en la medida que el argumento de la transformación parte de valores y concluye con precios, cancela toda posibilidad de acometer su verificación y queda, en el mejor de los casos, como una hipótesis plausible. En definitiva, Marx no ha dado cabal cumplimiento a las propias exigencias que se había autoimpuesto Luego de un recorrido lógico que le acumula problemas a la ley del valor (la relación esencial más importante del análisis) el desenlace no es satisfactorio. El descenso de lo abstracto a lo concreto termina con la caída de la teoría

Es importante advertir que desde que Marx dejara planteada su solución, se han efectuado diferentes esfuerzos por entregar otras que corrijan los problemas de los que adolece la de Marx. Sin embargo, las diferentes alternativas de solución planteadas, han demostrado un alto grado de vulnerabilidad y han terminado siendo normalmente objetadas

 Echeverría se basa en el siguiente ensayo para la interpretación del problema de la transformación: “Smith Marx y Después: diez ensayos sobre el desarrollo del pensamiento económico (caps 5,6 y7). R.I. Meek. Asimismo, hace uso de la temática Sraffiana
Sostenemos, por nuestra parte, que la propia inversión efectuada por Marx posee un núcleo y un envoltorioSu núcleo comprende el principio de la abstracción. Hay, sin embargo, otros aspectos extraídos de la concepción hegeliana y que nos permitimos llamar el envoltorio místico de la dialéctica marxista. Ellos son, fundamentalmente, los principios de contradicción y de totalidad.

La lógica tradicional, desde Aristóteles, ha sostenido que sólo existen contradicciones lógicas, las que expresan una deficiencia en el pensamiento, y que no existen contradicciones en la realidad. El reconocimiento de la existencia y de la deficiencia de las contradicciones lógicas se encuentra expresado en el principio de (no)-contradicción, a través del cual se afirma que dos proposiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Se reconoce que ellas puedan existir, pero se afirma que ambas no pueden ser verdaderas si pertenecen a un mismo dominio de significación…Este principio representa un elemento central de la lógica tradicional y ha sido aceptado por gran parte de los sistemas filosóficos. Kant, por ejemplo, si bien acepta la existencia de oposiciones reales, enfatiza la plena validez del principio de (no)-contradicción.

La concepción de Hegel se ha caracterizado, sin embargo, por objetar este principio de la lógica tradicional. Para la filosofía hegeliana no es posible concebir el desarrollo sin reconocer simultáneamente que la contradicción es el fundamento del movimiento. En la medida que el desarrollo es real, la contradicción aludida también lo es…en la filosofía de Hegel existen dos elementos que juegan a su favor y que le confieren una “coartada” a su argumento. Se trata de las dimensiones monistas e idealistas de la filosofía hegeliana. En la medida que Hegel, por un lado, tiende a disolver la separación tajante entre realidad objetiva y conciencia y, por otro, sitúa la realidad en la conciencia cuando habla de la existencia de contradicciones reales se refiere simultáneamente a las contradicciones lógicas, cuya existencia no ha sido puesta en duda por la lógica tradicional. Y cuando Hegel habla de desarrollo real está aludiendo nuevamente al desarrollo del pensamiento y, por lo tanto, está también implicando que la existencia de contradicciones lógicas constituye un principio de su desarrollo….Sin embargo, como ha señalado acertadamente Popper, pudiendo reconocerse que las contradicciones (lógicas) ejercen un papel importante en la historia del pensamiento y en el desarrollo intelectual de un pensador, no es menos cierto que cualquier detección de una contradicción lógica expresa una deficiencia del pensamiento y que nadie que se pretenda lógicamente consistente puede fundarse en ellas, como pretende Hegel (¿argumento?)


Cuando de Hegel nos trasladamos a Marx, los problemas involucrados en la afirmación de contradicciones reales se hacen insolubles. Es evidente que Marx está aceptando acríticamente la posición hegeliana sobre la existencia de contradicciones realesSin embargo en la medida que su postura se distancia del monismo predicado por Hegel y que adopta una posición materialista, las “coartadas” que jugaban a favor de Hegel desaparecen y Marx queda expuesto a posiciones indefendibles. Las contradicciones reales afirmadas por Marx ya no logran confundirse tras las contradicciones lógicas.

Si se examina el razonamiento lógico de Marx se constata que éste adhiere estrictamente a los principios de identidad y de (no)-contradicción en cuanto reconoce que una contradicción lógica es una deficiencia del análisis…La disparidad entre la plusvalía y la ganancia también es reconocida por Marx como una contradicción en el sentido de que ello define un problema que requiere ser resuelto. En la medida que Marx respeta el principio de (no)-contradicción puede concluirse, como hace Adam Schaff, que Marx rechaza toda contradicción. Sin embargo, ello es equivocado. Si bien Marx rechaza toda contradicción lógica, a la vez concibe la existencia de contradicciones reales, que el pensamiento expresa en proposiciones contradictorias cuyo fundamento no es lógico, sino real, lo que permitiría que ambas fueran verdaderas. En este caso, el pensamiento sólo reflejaría el carácter contradictorio de la realidad

¿Cuáles son las contradicciones reales identificadas por Marx? En términos generales, las hay de dos tiposLas primeras son aquellas que en un sentido riguroso no justifican ser definidas como tales, a menos que tras la afirmación de contradicciones reales se estime que lo que Marx está haciendo sea introducir un concepto diferente de contradicción…Ejemplos de ese primer tipo de contradicciones reales son aquellos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, o entre el carácter privado de la propiedad capitalista y la socialización y concentración crecientes de la producciónSin distorsionar el planteamiento de Marx, se debe reconocer que los términos de tales supuestas contradicciones se sitúan en dominios diferentes y que las relaciones a las que Marx alude permiten ser consideradas en términos de oposiciones. Lo mismo sucede con el carácter contradictorio que Marx les asigna a las relaciones de clase. En todos estos casos se está frente a eventuales oposiciones reales presentadas bajo el envoltorio de contradicciones hegelianas. El problema se resuelve mediante la modificación de la forma del argumento

en el análisis de Marx un segundo tipo de contradicciones reales cuya presencia al interior de la argumentación posee eficacia lógica y compromete conclusiones…Es el caso, por ejemplo, de la contradicción atribuida a la mercancía y que se expresa en su dimensión particular (asociada a su valor de uso) y en su dimensión universal (asociada a su valor de cambio). Al concebir la mercancía como una contradicción real, Marx explica la emergencia del dinero. Según Marx, el dinero surge respondiendo a la necesidad de resolución que plantea la contradicción de la mercancía. La resuelve porque la particularidad del dinero es su universalidad. Sin embargo, a la vez que la resuelve, genera otra contradicción al introducir la separación entre el momento de la venta y el momento de la compra, separación que hará posible las grandes crisis del capitalismo.

Un segundo ejemplo dice relación con el análisis ofrecido por Marx sobre las relaciones capitalistas de producción. Partiendo del reconocimiento de que ellas están fundadas en la separación del capital y el trabajo, Marx hace presente que el capital representa el conjunto de los medios de producción. Ello permite establecer que el trabajo es el único factor subjetivo y activo al interior del proceso de producción, mientras que los medios de producción constituyen el conjunto de factores objetivos y pasivos. Sin embargo, sin que el capitalismo pueda alterar este aspecto esencial, establece una relación que le es contradictoria. El capital se erige en el factor subjetivo y activo y transforma el trabajo en objeto de su apropiación y sometimiento. En la medida que las relaciones capitalistas de producción son contradictorias, se plantea la necesidad de su superación en un momento diferente fundado en el sometimiento del conjunto de los medios de producción al dominio de los trabajadores. El identificar las relaciones capitalistas de producción como contradictorias representa un elemento decisivo para postular no sólo la necesidad de la revolución, sino el carácter comunista de la sociedad futura.

Nuevamente, cabe plantearse si la contradicción real identificada por Marx no es el resultado de un enfoque equivocado que tiende a constituirla precisamente porque no distingue con rigurosidad los planos en que se sitúan sus términosSi se entiende que la mercancía posee un carácter particular y, en un plano diferente, se le reconoce su capacidad indiferenciada de intercambio (asociada por lo tanto a lo universal), no se deduce que ello encierra una contradicción (¿argumento?)Cabe reconocer que el trabajo representa el fundamento del poder transformador del hombre sobre la naturaleza en un marco sin mediaciones. Pero cuando el trabajo se encuentra sometido a una lógica social, surgen nuevos elementos de poder (como es la propiedad sobre los medios de producción, sea ésta individual o estatal) de los cuales depende ahora la capacidad de activar el proceso productivo y a los cuales se subordina necesariamente el poder transformador del trabajo (¿argumento?). De esta manera, se aborda la realidad que se procuraba explicar, evitando la constitución de contradicciones reales (constituidas en rigor por las deficiencias del enfoque) y por lo tanto eludiéndose la eficacia lógica que plantea la contradicción real, vía “la necesidad de su superación”

Los avances posteriores en el campo de la lógica, particularmente a partir de Frege, demuestran que es posible y necesario seguir rechazando la existencia de contradicciones reales.

Sin embargo, ¿se trata efectivamente de la totalidad concreta? Nuevamente consideramos que se trata de una apropiación no rigurosa de conceptos hegelianos. En efecto, si se alude a la totalidad se apunta necesariamente a un principio que no deja nada fuera de sí, que lo comprende todo (ver contraargumento de Toni Smith) Para Hegel, la elección del concepto de totalidad era riguroso. El desarrollo que Hegel sigue en La Fenomenología del Espíritu concluye con el Espíritu Absoluto y aquel de la Ciencia de la Lógica termina con el Ser en todas sus determinaciones. En ambos casos el punto terminal del análisis coincide con Dios y, por lo tanto, con la más rigurosa de las totalidades en términos conceptuales, en la medida que se la define como aquello que todo lo contiene, fuera de lo cual no hay nada y más allá de lo cual nada puede ser pensado. El punto terminal del análisis representa, por lo tanto, un punto de conocimiento perfecto (ver posible contraargumento de Toni Smith). Pero dicha perfección le está conferida por su identificación con Dios.


Para Marx la totalidad es muy diferente, al punto que no corresponde concebirla como tal. En primer lugar, la producción capitalista no permite ser concebida como totalidad por cuanto al ser examinada hacia fuera de sí, se comprueba que está delimitada y determinadaNi la producción es todo lo concreto ni la producción capitalista es toda producción. Además de la producción, existen otras esferas no menos concretas de la actividad social de los hombres y además de la producción capitalista existen y han existido otras formas de producción. En la medida que ello es reconocido por el mismo Marx, debemos concluir que el concepto de totalidad no es consistente con su propia concepción


Pero tampoco corresponde concebir como totalidad la producción capitalista al examinarla internamente. Ello por cuanto no todos los fenómenos económicos posibles están contenidos dentro de su análisis. Lo que en rigor encontramos es el desarrollo analítico de lo que Marx considera que constituyen las leyes internas del desarrollo del capitalismo, subordinadas a la ley fundamental del valor y, a partir de la cual, un número importante de fenómenos procuran ser explicadosla producción capitalista tampoco ha sido explicada en su totalidad y el principio de las leyes internas fundamentales, asociado a aquel de la abstracción, es diferente del de la totalidad


La segunda variante dogmática está asociada, más bien, a un rasgo que, sin serle exclusivo, se comprueba muy fuertemente en el pensamiento soviético. En la medida que Marx habría explicado la totalidad concreta, no sólo ha fundado una ciencia, sino que simultáneamente la ha constituido en su plenitud y, por lo tanto, la ha clausurado. Por ser el marxismo el conocimiento de la totalidad, es conocimiento total. No es la conclusión la equivocada, obviamente es la premisa


Una característica importante de la dialéctica hegeliana, es el hecho de que se trata de una lógica material, en cuanto se repudia la separación habitual entre las categorías y formas del pensamiento por un lado, y su contenido, por el otro. Este aspecto ha sido acertadamente enfatizado tanto por Marcuse, como por Garaudy. La dialéctica hegeliana no permite ser distinguida de su objeto de estudio, pues se confunde con él. De allá que resulte absurdo todo intento de formalización de un supuesto método dialéctico.

Ello, si bien no descarta que la dialéctica represente una determinada opción metodológica, define tal opción como un sometimiento del método al objeto de análisis. No es el método el que subordina el conocimiento del objeto, sino el objeto el que determina los métodos capaces de conducir a su conocimientoPues bien, en la medida que la dialéctica no implica un sometimiento a priori del análisis a determinadas restricciones metodológicas, el análisis se desplaza con gran libertad en su esfuerzo por develar las dimensiones esenciales de la realidad


Esta dimensión de una lógica material se encuentra también presente en la dialéctica marxista. Al examinarse las diferentes opciones lógicas contenidas en el análisis de El Capital…A diferencia de lo que sucede con la aplicación de métodos formales que someten al objeto de análisis a una legalidad a priori, a un conjunto de reglas definidas independientemente del objeto, el método de Marx se caracteriza por prescindir de una legalidad formal


Es vano, por tanto, el intento de formalización de la lógica de El Capital con el propósito de extraer el método de Marx y aplicarlo a objetos diferentes. En este sentido, El Capital no desarrolla sino su propio método. De allí el carácter absurdo, muchas veces, de algunos debates sobre el método general de Marx. Uno de ellos se ha centrado en establecer si Marx tiene un enfoque genético, que sigue el desarrollo histórico del objeto de estudio, o estructural, por tanto independiente de su movimiento


Esta posición, sin embargo, contradice por completo aquella sustentada por Marx, quien jamás pensó que para entender su análisis de El Capital era necesario haberse iniciado previamente en los misterios de una lógica original, clave indispensable para la comprensión de su texto. El análisis de esta obra no constituye un mensaje oculto al que sólo puedan acceder quienes acepten de antemano la validez de una lógica alternativa. La dialéctica para Marx no es el presupuesto de la “verdad” de El Capital, sino tan sólo la forma cómo ella es demostrada, para cualquiera que se base en la normativa básica de la lógica tradicional y acceda libremente a su lectura


Engels equivoca el punto de partida. Para Marx el punto de partida no es la primera relación histórica, sino un objeto concreto particular capaz de permitir el acceso del análisis al nivel de la abstracción…Pero en su elección no ha intervenido la historicidad del objeto, sino sólo su capacidad de conducir a las categorías abstractas. Y no existe ninguna relación especial que permita afirmar que los objetos concretos más antiguos están dotados de una mayor capacidad para conducir a la abstracción….Ello ha sido argumentado precisamente en sentido contrario a la tesis de Engels de que el desarrollo teórico debe seguir el desarrollo histórico del objeto en estudio


…Contradicciones reales, las que habiendo sido afirmadas por Marx, hemos sostenido que representan un punto particularmente vulnerable de su análisis y del cual éste, muchas veces, puede prescindir, sin necesariamente comprometer parte importante de sus conclusiones


el principio de la abstracción. Para Engels éste pareciera simplemente no existir y no hay en su interpretación ninguna alusión a los dos niveles que Marx reconoce en su análisisMuy por el contrario, la versión de Engels es marcadamente empirista y sugiere que el análisis se realiza a “ras del suelo”, pasando de un evento real a otro, en un desarrollo meramente factual. Si se examina el conjunto de las interpretaciones que Engels ofrece sobre el carácter de la obra de Marx, se comprueba que el desconocimiento del papel que juega la abstracción es sistemático


se ve obligado a replegarse y tranzar. Engels no puede desmentir que bajo las actuales condiciones capitalistas, las apariencias contradicen la ley del valor. De ello Marx estaba consciente y parte de su esfuerzo consistió en demostrar que las apariencias son deficientes y que la ley del valor, tal como lo había intuido Ricardo, es plenamente válida. Pero el empirismo de Engels le impide definir el problema en estos términos y, por lo tanto, no tiene otro camino que la abdicación. Ella queda consagrada en un texto con el que Engels acompaña la publicación del volumen tercero de El Capital, en 1895. Engels señala


La ley del valor de Marx posee una validez general, en la medida que las leyes económicas puedan ser válidas, para todo el período basado en la producción simple de mercancías; esto es, hasta que éste se transforma con la aparición del modo de producción capitalista. Hasta ese momento los precios gravitan hacia los valores fijados de acuerdo a la ley de Marx y oscilan alrededor de esos valores…la ley del valor de Marx posee una validez económica general para un período que dura desde los comienzos del intercambio que transforma los productos en mercancías, hasta el siglo XV de nuestra época


Precisamente para resolver tales problemas, Marx se apoya en una lógica investigativa que incorpora el principio de la abstracción. Pero en la medida que Engels no adopta ese mismo principio, una vez que se enfrenta a los problemas reniega de la teoría tal como lo había hecho Smith. Ello no puede sino consumar la ruptura con Marx.


…la dialéctica no constituye una lógica de investigación particular, como lo era para Marx. Por el contrario, Engels desarrolla una concepción de la dialéctica como ley inmanente de la realidad…Para Hegel efectivamente la realidad es dialéctica, pero se trata de una realidad que remite a la conciencia y, en tal medida, al proceso de conocimiento…Entre ambas concepciones, la marxista y la engelsiana, existe un dominio de intersección que ha permitido sostener que se trata de una misma concepción básica. Tal dominio compartido lo constituye la afirmación de la existencia de contradicciones reales. Con ello, evidentemente, Marx está sugiriendo el carácter dialéctico de la realidad, lo cual permite sostener que la concepción de Engels arranca de Marx y que desarrolla su misma dialéctica


Pero, según Engels, la conciencia (y por lo tanto, la Idea) no es sino el reflejo de la realidad material, la que, tal como fuera afirmado por Feuerbach, reconoce dos elementos constitutivos: el hombre y la naturaleza. El materialismo feuerbachiano pecaba, sin embargo, por su incapacidad de concebir la realidad como proceso, sujeta a desarrollo y, por lo tanto, dialécticamente. La constitución de una dialéctica materialista significa para Engels el desarrollo de un programa definido a partir de Feuerbach, pero a la manera hegeliana. Marx habría acometido sólo una parte de este programa feuerbachiano al concentrarse en el hombre. Marx se ha preocupado de explicar el desarrollo de la humanidad o la historia. Quedaba pendiente, por lo tanto, la demostración del carácter dialéctico de la otra parte de realidad feuerbachiana: la naturaleza. Este será precisamente el desafío que asumirá Engels: explicar “la dialéctica de la naturaleza”…. Engels no rompe con Feuerbach con la misma radicalidad que Marx. Ello es válido tanto en relación a la filosofía antropológica y naturalista de Feuerbach como con respecto a su empirismo epistemológico. Por lo tanto, mientras Marx se convierte en un hegeliano, Engels sigue atrapado en posiciones feuerbachianas, desde las cuales introduce algunas dimensiones del pensamiento de Hegel


Pero a diferencia de lo que hiciera Marx, que se concentra en estudiar la realidad histórica, Engels no pretende hacer ciencia, sino solamente explorar si los resultados que las ciencias naturales colocan a su disposición concuerdan con una interpretación dialéctica de la realidadSu enfoque dialéctico, por lo tanto, es ajeno a un quehacer de pretensión científica. Ello significa que cuando Engels afirma la existencia de tres leyes generales de la dialéctica (la transformación de la cantidad en calidad y viceversa, la unidad de los contrarios y la negación de la negación), todas ellas son externas al estudio específico de un objeto particular. Tales leyes, por lo tanto, se relacionan sólo formalmente con la naturaleza, diferenciándose fuertemente del tipo de leyes que Marx presenta en El Capital y del carácter material de su lógica investigativa.


Para Engels, la dialéctica se reduce a “la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto el del mundo exterior como el del pensamiento humano: dos series de leyes idénticas en cuanto a la esencia, pero distintas en cuanto a la expresión”. La dialéctica es la ciencia de la totalidad. Se trata, sin embargo, de una totalidad que se diferencia de la hegeliana por cuanto su fundamento ya no reside en la trascendencia de su identidad con Dios, sino en su cientificidad trascendente del dominio de las ciencias particulares. Ello sólo la convierte en una ideología que recurre a la ciencia como recurso de legitimidad para proclamarse como la gran ciencia del devenir universal al que todo desarrollo concreto se le somete y toda ciencia particular se le subordina.


Ello se asegura por cuanto los productos del cerebro humano son, en último término, productos también de la naturaleza y, en tal sentido, no pueden contradecir el orden de la naturaleza sino que están en plena correspondencia con él. El carácter natural del cerebro garantizaría el carácter dialéctico del pensamientoDe acuerdo al planteamiento de Engels, todo pensamiento debe ser necesariamente dialéctico, en la medida que no puede contradecir la dialéctica del “orden natural”. La única diferencia que se contempla es en el carácter consciente o inconsciente con que la dialéctica sea asumida por el pensamiento. Planteado el problema en esos términos, queda cancelada la posibilidad de concebir, como lo hiciera Marx, la alternativa (particular) de un método dialéctico. Para Engels el pensamiento es siempre dialéctico, pues dialéctica es la naturaleza y la naturaleza del pensamiento