domingo, 28 de abril de 2013

Notas sobre modernidad (Habermas, Anderson, Berman)


Notas sobre Modernidad (Habermas, Anderson, Berman, etc)

El término moderno fue usado por primera vez a fines del siglo v para distinguir el presente, ya oficialmente cristiano, del pasado romano pagano.

Algunos restringen el concepto de modernidad al renacimiento, esta perspectiva me parece demasiado estrecha. Hubo quien se consideraba moderno en pleno siglo XII….Esto significa que el término aparece en todos aquellos periodos en que se formó la conciencia de una nueva época, modificando su relación con la antigüedad y considerándosela un modelo que podía ser recuperado a través de imitaciones.

Este hechizo que los clásicos de la antigüedad mantenían sobre el espíritu de épocas posteriores fue disuelto por los ideales del iluminismo francés. La idea de ser moderno a través de una relación renovada con los clásicos, cambió  partir de la confianza, inspirada en la ciencia, en un progreso infinito del conocimiento y un infinito mejoramiento moral y social. De esta manera nace el modernismo romántico, el cual al igual que la conciencia distintiva de la última modernidad, implican la desaparición de referencias históricas específicas a un clasicismo antiguo precedente. El sentido de lo clásico moderno sustrae sus premisas de si mismo, es autosuficiente. 

Modernidad estética: supone la emergencia del concepto de vanguardia, la cual implica una conciencia del tiempo particular: el tiempo de lo efímero, lo transitorio y lo elusivo; todo aquello supone el tiempo moderno. Sin embargo, esta modernidad estética vive lo moderno en un sentido trágico –al menos algunas veces-, por lo que añora la estabilidad propia de otros tiempos… 

Adlinguisticidad: en oposición al paradigma referencial del conocimiento. Se habla acerca de palabras, se escribe acerca de escritos, la intertextualidad.

La ruptura del mundo simbólico-cultural en esferas separadas y desarticuladas (ciencia, moral y arte), ya acontece en el mundo griego antiguo (ver Platón).

La unidad que pretende, luego de la desarticulación cultural, reunir los elementos dispersos, no es ya mitológica sino ideológica….

Y es que en Grecia, se ha dicho muchas veces, no existe propiamente el individuo: “la imagen del hombre es allí la del hombre político…ya que tan imposible era para ellos un espíritu ajeno al Estado, como un estado ajeno al espíritu…” (Jaegger)

Hegel: “De la desunión, del desgarro (Entzweigung) brota el pensamiento, es decir, la necesidad de reconciliación…de ahí que los periodos de concordia...sean las páginas en blanco de la historia de la humanidad

…el público moderno del siglo XIX todavía recuerda cómo es la vida espiritual y material en un mundo que no es moderno. Las ideas de modernización y modernismo surgen y se desarrollan a partir de esta dicotomía interna, esa sensación que proviene de vivir en dos mundos al mismo tiempo...

Lo más sorprendente y perturbador es el grado en que esta perspectiva prosperó entre alguno de los demócratas de la reciente nueva izquierda. Esto es lo que sucedió, por lo menos durante un tiempo, a finales de la década de 1960, cuando el Hombre unidimensional de Herbert Marcuse se convirtió en le paradigma dominante del pensamiento crítico…Las masas no tienen Yo ni Ello, sus almas están desprovistas de tensión o dinamismo interno; sus ideas, sus necesidades, incluso sus sueños no les pertenecen. Sus vidas interiores están totalmente administradas.

Marshall Berman: la dialéctica entre modernización (material-económico) y modernismo (cultural), incluye un tercer término: la modernidad. En tanto mediador de las dos categorías anteriores, la modernidad es una experiencia particular que imbrica en sí misma las implicaciones tanto de la modernización como del modernismo. La experiencia de la modernidad es desarrollo (autoexpansión): sensación de liberación que es a la vez inseguridad, de gran potencialidad pero a la vez de impotencia…

Anderson: la acumulación de capital es, para Marx, “una revolución continua de la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales y una inquietud y un movimiento constantes”. Los tres adjetivos precedentes –continuo, incesante, constante- denotan un tiempo histórico homogéneo, en el que cada momento es perpetuamente diferente de los demás por el hecho de estar próximo, pero por la misma razón es eternamente igual como unidad intercambiable en un proceso que se repite hasta el infinito. La modernización implica una concepción del desarrollo fundamentalmente rectilíneo: un proceso de flujo continuo en el que no hay una auténtica diferenciación entre una coyuntura y una época y otra.
 Pero la concepción del tiempo histórico que tenía Marx del modo de producción capitalista en su conjunto era muy distinta de ésta: se trataba de una temporalidad compleja y diferencial, en la que los episodios y épocas eran discontinuos entre sí y heterogéneos en sí. La forma más obvia en que esta temporalidad diferencial entra en la construcción misma  de modelo de capitalismo de Marx es, por supuesto, el nivel del orden clasista generado por ella.
 La trayectoria del orden burgués es curvilínea. No sigue una línea recta que avance incesantemente, ni un círculo que se expanda infinitamente, sino una acusada parábola. La sociedad burguesa conoce un ascenso, una estabilización y un descenso.

En otras palabras, la historia del capitalismo requiere ser periodizada y su trayectoria reconstruida si se quiere tener una idea exacta de lo que significa realmente el desarrollo capitalista

Modernismo: requiere una concepción diferencial de su tiempo histórico. Asimismo, debe entendérselo de manera diferencial en términos espaciales (geográficamente desigual: por ejemplo, Inglaterra no tuvo nunca un impulso modernista propio). También, el modernismo se encuentra internamente diferenciado (al punto de que es difícil que entre su tendencias antagónicas –simbolismo, futurismo, expresionismo, surrealismo, constructivismo- realmente encontrones una identidad genérica)

Hipótesis: debería buscarse una explicación coyuntural del conjunto de prácticas y doctrinas estéticas posteriormente agrupadas como “modernistas”. Esta explicación implicaría la intersección de diferentes temporalidades históricas para componer una configuración típicamente sobredeterminada.

Tres factores: a) academicismo; ligado al predominio en forma de lastre de unas capas aristocráticas en lo cultural y en lo político; b) modernización burguesa (preludio de la subsecuente sociedad de masas); c) posibilidad de una revolución social proletaria- socialista. Las tendencias modernistas solo se comprenden por su polarizada oposición a un academicismo aristocrático aún muy presente.

Esta configuración histórica, aun si bastante impactada de manera negativa por la primera guerra y sus consecuencias, mantuvo parcialmente sus parámetros básicos aun unas décadas más (hasta la segunda guerra). Esto lo podemos ver en el poder que aún retenía la clase de los junker en Alemania, la injerencia del partido radical francés, el partido “torie” en Inglaterra, etc. Asimismo, la presencia persistente de esta configuración se muestra en el teatro brechtiano, la revolución española, el surrealismo francés (Europa poseía una temporalidad diferencial con respecto a EEUU donde ya la sociedad de masas tenía visos importantes de preeminencia)

Segunda guerra mundial: punto crítico en el cual se rompe esta configuración “modernista”: se universaliza la democracia burguesa, caen las clases agrarias precapitalistas, irrumpe con fuerza la sociedad de masas fondista.

Fue cuando todo lo que habría creado el arte clásico de comienzos del siglo XX había muerto, cuando nacieron la ideología y e culto del modernismo. El mismo concepto no es muy anterior a la década de 1950 como moneda corriente. Lo que denotaba era el fin generalizado de la tensión entre las instituciones y mecanismos del capitalismo avanzado, por una parte, y las prácticas y programas del arte avanzado por otra, en la medida en que los primeros se habían anexionado a los segundos como decoración o diversión ocasionales…

El mayo francés (68’) fue una repetición menor de la situación “sobredeterminada” de principios de siglo: un tiempo nuevo que no terminaba de nacer en tanto lo antiguo aún no perecía (futuro abierto). Una vez se verificó que el impulso transformador llevaba en sí mismo –al menos en alguna medida- solo la afirmación de un capitalismo consumista, lo que fue finalmente el resultado que se afirmó en lo material, el futuro se “cerró”: por esta razón el artista de finales de los setentas no tiene un pasado apropiable ni un futuro imaginable, sino un tiempo continuo indefinidamente repetido.

La situación del Tercer Mundo a finales de los sesentas y principios de los setentas presenta semejanzas con la configuración sobredeterminada europea de principios de siglo: oligarquías terratenientes, capitalismo en ciernes y socialismo revolucionario como una posibilidad real. Esta situación produjo aquello propio del modernismo: obras maestras (cien años de soledad, por ejemplo).

Sin embargo, estas obras maestras no son expresiones intemporales de un proceso de modernización siempre en e3xpansión, sino que surgen en constelaciones muy delimitadas, en sociedades que se encuentran todavía en una determinada encrucijada histórica.

Anderson termina criticando el concepto de desarrollo implicado en el análisis de Berman. Noción basada en las promesas del liberalismo (principalmente Rousseau), supone un individualismo radical (desarrollo ilimitado), el cual no es aplicable a Marx como pretende el autor yanqui. Por el contrario, para Marx el límite y la posibilidad de desarrollo está dada en los otros, así como también la noción de realización marxista implica unas necesidades y capacidades básicas a desarrollar (no hay “desarrollo ilimitado”). Esto lo ilustra una categoría central del marxismo: el dominio racional humano de la naturaleza exterior e interior (dominio que es transformación positiva) 

El modernismo, como noción, es la más amplia de todas las categorías culturales. A diferencia de los términos gótico, renacimiento, barroco, manierismo, romanticismo o neoclasicismo, no designa en modo alguno un objeto descriptible: carece por completo de contenido positivo. De hecho, como hemos visto, lo que se oculta tras esa etiqueta es una amplia variedad de muy diversas –y de hecho incompatibles- prácticas estéticas: el simbolismo, el constructivismo, el expresionismo, el surrealismo, etc. Todas estas prácticas, que poseen programas específicos, fueron unificadas post hoc en un concepto global, cuyo único referente es el mero paso del tiempo. No hay ningún otro concepto tan vacío o viciado. Ergo, el postmodernismo es “un vacío que esconde otro vacío”…

(Comentario: existe una cierta ambivalencia en el tratamiento de la cuestión por el autor. Porque, por una parte, se elabora una explicación convincente capaz de unificar un proceso cultural mediante factores determinantes específicos, al cual, además, se le reconoce su capacidad de generar obras maestras (imperecederas). Sin embargo, por otro lado, a este mismo proceso se les sustrae todo valor en tanto incapaz de reunir en un conjunto coherente sus componentes, en tanto no poseedor de un contenido positivo. De alguna manera, podríamos decir que realmente el modernismo si designa un proceso con contenido positivo valorable en sí mismo y “unificable” coherentemente; la cuestión es que este contenido es decisivamente dinámico y bullente, con infinidad de matices y contradicciones. Anderson se ve obligado a su rechazo porque este proceso se le ha tendido a definir como uno que busca insaciablemente lo nuevo por lo nuevo mismo, lo que entra en contradicción con su concepción del socialismo…)

Revolución: implica un proceso puntual coyuntural, especificado en el nivel político mediante la ruptura de una estructura estatal y su reemplazo por otra (Comentario: el autor reniega del concepto marxista de revolución social epocal, reduciendo la riqueza de este concepto a lo político –negándole su ampliación a otras esferas de lo social-)

Solo los modernos se autorrefieren particularmente (los antiguos no se autodenominaban antiguos, por ejemplo)

Existe cierta ubicuidad de los términos “antiguo” y “moderno” (los hombres del medioevo se consideraban modernos en relación con los filósofos antiguos, etc), al tiempo que los mismo siempre han comportado un contenido valorativo.

a)      Modernidad como decadencia: ya en la cultura griega de élite esta noción es generalizada (estado ideal de platón del cual el momento actual se aleja, por ejemplo). Sin embargo, en tanto las formaciones griegas eran materialmente poderosas, el sentido común del ciudadano consideraba lo antiguo como salvaje y bárbaro. Es por esto que los filósofos griegos logran elaborar una síntesis: el momento actual supone la apoteosis de la ciencia y el conocimiento; al mismo la decadencia política. Esta figura se generaliza en una concepción cíclica del tiempo (en la cual la política y la ciencia poseen tendencias contrarias)

b)      Modernidad como retorno: b.1) a los fundamentos de lo religioso (Reforma y contrarreforma); b.2) a los fundamentos clásicos (humanismo renacentista); b.3) a la naturaleza (fundamento originario que da pie para la utopía reaccionaria de Rousseau y los románticos, así como para el énfasis en la naturaleza puesto por los ilustrados racionalistas-científicos)  

c)      Modernidad como progreso indefinido: el nuevo saber que “volvía a la naturaleza”  era capaz de desarrollo y crecimiento. De esto nace la idea de modernidad como progreso indefinido….si Petrarca, como Descartes, podían sentirse en el umbral de los tiempos nuevos, Voltaire y Hume se sentían en la plena madurez de la edad moderna.  

El arte musical y teatral fueron las únicas formas de arte que no tomaron sus premisas de los clásicos (contrariamente a la pintura, escultura, poesía, etc)

El mundo moderno es el mundo de la libertad como derecho propio de todo hombre, pero además como interioridad. El germanismo proporcionaba el modelo de la comunidad de los libres, mientras el protestantismo aportaba las dimensiones de la interioridad.

La idea de progreso es relativamente reciente. La concepción mitológica y religiosa de la historia es cíclica y determinista. Nada nuevo puede emerger bajo el cielo de los antiguos dioses. La fe en el progreso surge cuando la sociedad, la cultura, la historia, son comprendidas como obra humana. De ahí que la noción de progreso naciera al lado de la creación.