domingo, 28 de abril de 2013

Dialéctica de la dependencia (Marini, pequeñas notas)



Dialéctica de la dependenci                 Ruy Mauro Marini (pequeñas notas)

Por lo tanto, lo que se tiene (en América Latina), más que un precapitalismo, es un capitalismo sui generis que sólo cobre sentido si lo contemplamos en la perspectiva del sistema en su conjunto, tanto a nivel nacional como, principalmente, a nivel internacional.

Mientras la balanza comercial en AL es deficitaria hasta la mitad del siglo XIX, la misma comienza a arrojar saldos positivos amplios a partir de 1860. Ahora bien, el drenaje de recursos no se aminora: el mecanismo de la deuda externa viene solventar las transferencias de valor desde la periferia a los centros (la misma crece incluso en cifras más elevadas que los saldos comerciales positivos).

Sin embargo, y allí reside la debilidad real del trabajo de Frank, la situación colonial no es lo mismo que la situación de dependencia. Aunque se dé una continuidad entre ambas; no son homogéneas…Sólo en el curso del siglo XIX, y específicamente después de 1840, la articulación de las economías latinoamericanas con la economía mundial se realiza plenamente. Esto se explica si consideramos que no es sino con el surgimiento de la gran industria que se establece en bases sólidas la división internacional del trabajo.

La creación de la gran industria moderna se hubiera visto fuertemente obstaculizada si no hubiera contado con los países dependientes…En el caso de la industrialización europea, el recurso a la simple producción agrícola interna hubiera frenado la extremada especialización productiva que la gran industria hacía posible.

AL participa de manera cualitativa en la generación y desarrollo propio del mpc, toda vez que habilita el tránsito estructural desde la forma de explotación basada en la plusvalía absoluta a la basada en la plusvalía relativa.

Siempre que se desea aumentar la producción (sea mediante una mayor productividad del trabajo o mediante un acrecentamiento en la intensidad del mismo) debe tenerse en cuenta que el gasto de materias crece en igual medida…

Al aumentar la productividad, el trabajador sólo crea más productos en el mismo tiempo, pero no necesariamente más valor…. Esto se debe a que lo que determina la cuota de plusvalía no es la productividad del trabajo en sí, sino el grado de explotación del trabajo (relación entre trabajo necesario y trabajo excedente). Por lo tanto, para acrecentar la tasa de plusvalía, la reducción del valor social de las mercancías debe incidir en bienes necesarios a la reproducción de la fuerza de trabajo, valer decir bienes-salario. La plusvalía relativa está ligada indisolublemente, pues, a la desvalorización de los bienes-salario, para lo que recurre, en general pero no forzosamente, a la productividad del trabajo.

La exportación de materias primas baratas desde la periferia a los centros, le permite a la clase capitalista de los países industriales, contrarrestar los efectos irrenunciables que se derivan de la forma de explotación que utiliza la plusvalía relativa. Esto es, la creciente composición orgánica del capital, derivada de la desvalorización del capital variable inherente a la forma de “plusvalor relativo”, se compensa mediante la desvalorización sistemática de elementos del capital constante, principalmente las materias primas (capital constante circulante)
 Esta depreciación de las materias primas no se deriva de una productividad creciente en las periferias (por el contrario, una baja productividad es la norma en estas regiones); tampoco se desprende un aumento excesivo de la oferta por sobre la demanda de materias primas (no se explica así la permanencia del fenómeno en el tiempo durante décadas, ya que una sobreoferta se compensa en general mediante ajuste más inmediatos: quiebras, disminución de la producción etc-. “No es tampoco porque produjeron más de lo debido que su posición comercial se deterioró, sino que el deterioro comercial fue lo que las forzó a producir en mayor escala”); menos todavía es función de presiones políticas y de fuerza viabilizadas en su propio beneficio por los centros en desmedro de la periferia (“no es porque se cometieron abusos contra las naciones no industriales que éstas se han vuelto económicamente débiles; es porque eran débiles que se abusó de ellas”)

“…ello conduce a reivindicar relaciones comerciales equitativas entre las naciones, cuando de lo que se trata es de suprimir las relaciones económicas internacionales basadas en el valor de cambio”

En las relaciones de intercambio entre naciones centrales y periféricas, el mismo hecho de que existan bienes que no pueden ser producidos por uno de los dos tipos de naciones (o sólo puedan serlo muy deficitariamente), le permite al país productor de estos bienes eludir la ley del valor.
 En este caso, el del intercambio desigual, el mecanismo de compensación que utilizan los capitalistas periféricos para paliar el drenaje de plusvalía a los centros, es una forma de plusvalor absoluto (prolongación de la jornada, mayor intensidad del trabajo, etc), la superexplotación del trabajo. Esto es, mediante la superexplotación mantienen su masa de plusvalor, toda vez que aumentan las cantidades producidas de los bienes desvalorizados, aumentando la masa de valor a ser realizado en el mercado. 

 La forma de compensación descrita, posee condiciones materiales precisas en las realidades de la periferia: la explotación de la industria extractiva y la agricultura habilita en mayor medida un aumento de la producción sólo mediante la fuerza de trabajo, ya que en muchas ocasiones el aumento de la producción no requiere una mayor inversión en capital constante.

“Es útil tener presente que la producción capitalista la apropiación directa de la fuerza de trabajo, y no sólo de los productos del trabajo; en este sentido, la esclavitud es un modo de trabajo que se adecua más al capital que la servidumbre”
(Esto es palmario en la transición europea del feudalismo al capitalismo, en la cual la situación de los trabajadores tiene una mayor similitud con el trabajo esclavo que con la servidumbre)

Ahora bien, la superexplotación del trabajo (la remuneración del trabajo por debajo de su valor mediante tres mecanismos básicos: prolongación de la jornada, intensificación del ritmo de trabajo, apropiación de una parte del trabajo necesario por el capitalista), es una práctica que excluye la forma de trabajo esclavo. Esto es, en tanto la superexplotación de un trabajador esclavo conlleva su desgaste progresivo y la muerte prematura, la misma deviene imposible como práctica viable.

El sistema mixto de trabajo asalariado y servidumbre que se establece en Brasil, al desarrollarse la economía de exportación para el mercado mundial, es una de las vías por las cuales América Latina llega al capitalismo (ver que este sistema de trabajo brasileño es muy similar a la explotación que se da en las salitreras chilenas)

“Es así como Marx se refiere a países en que el trabajo no se halla todavía absorbido formalmente por el capital, aunque el obrero esté en realidad explotado por el capitalista, y lo ejemplifica con el caso de la India, donde el ryot trabaja como campesino independiente, donde su producción no halla aún, todavía, absorbida por el capital, aunque el usurero pueda quedarse, en forma de interés, no sólo con su trabajo sobrante, sino incluso, hablando en términos capitalistas, con una parte de su salario”
(Comentario: relacionar con Banaji, ya que al parecer se describe una forma de explotación particular no absorbida por el capital, pero aún así subsumida de alguna manera bajo el mpc)

“Sin embargo, para el capitalista la servidumbre presenta el inconveniente de que no le permite dirigir directamente la producción, además de que plantea siempre la posibilidad, aunque sea teórica, de que el productor inmediato se emancipe de la dependencia en que lo pone el capitalista”

En la AL dependiente, circulación y producción se encuentran desarticuladas; la realización de la producción interna se efectiviza en el especio externo. Esto supone la agudización de una de las contradicciones propias del mpc: aquella que se presenta entre la producción y el consumo.
En la economía exportadora latinoamericana, el consumo individual del trabajador no interfiere en la realización del producto, aunque sí determine la cuota de plusvalía. En consecuencia, la tendencia natural del sistema será la de explotar al máximo la fuerza de trabajo del obrero, sin preocuparse de crear las condiciones para que éste la reponga, siempre y cuando se le puede reemplazar mediante la incorporación de nuevos brazos al proceso productivo. Lo dramático par al población trabajadora de América Latina, es que este supuesto se cumplió ampliamente (reservas indígenas e inmigrantes europeos)

Esta situación se manifiesta en la estratificación característica del mercado interno: amplio consumo suntuario derivado de la importación, bajo consumo de bienes básicos por la remuneración derivada del capital variable.

La industrialización latinoamericana no crea, por tanto, como en las economías clásicas, su propia demanda, sino que nace para atender una demanda preexistente (aquella de las clases no trabajadoras, la cual precedentemente se satisfacía mediante importaciones). El hecho de que la demanda preexista a la producción interna de manufacturas, hace que la misma devenga tendencialmente excedentaria con respecto a la oferta. Y aun cuando lleguen a equilibrarse demanda y oferta en el mercado interno, la situación de relativo monopolio de los productores les permitirá a estos funcionar de manera que las ganancias provengan de las alzas de precios, no del aumento de la producción en función del ensanchamiento del mercado. Un factor que coadyuva este proceso es l abundancia de mano de obra, la cual permite bajar los salarios y funcionar de acuerdo a alzas planificadas en los precios.  

“Arrancando, pues, del modo de circulación que caracteriza a la economía exportadora, la economía industrial dependiente reproduce, en forma específica, la forma de acumulación basada en la superexplotación del trabajador…ya no opera la disociación entre la producción y la circulación de las mercancías en función del mercado mundial, sino la separación entre la esfera alta y la esfera baja de la circulación en el interior mismo de la economía”
 “…como no es un elemento esencial del consumo individual del obrero, el valor de las manufacturas no determina el valor de la fuerza de trabajo; no será, pues, la desvalorización de las manufacturas lo que influirá en la cuota de plusvalía. Esto dispensa al industrial de preocuparse de aumentar la productividad del trabajo para, haciendo bajar el valor de la unidad de producto, depreciar la fuerza de trabajo”

El momento en el cual las mercancías antes suntuarias devienen tendencialmente mercancías necesarias (de consumo popular), fue solamente parcial en AL, ya que el mismo se solventó sólo mediante el consumo de plusvalía no productiva por parte de las clases medias así como también mediante la inflación…

Como la estructura del mercado interno en las economías latinoamericanas estaba estratificada de la manera descrita, y los sectores focalizados en la exportación de bienes primarios comenzaban a entrar en crisis (con la consiguiente escasez de divisas para importar capital constante fijo), debió recurrirse a la inversión extrajera directa. Este proceso pudo efectuarse porque se combinaba con una tendencia particular que se presentaba en las metrópolis, aquella derivada de la revolución tecnológica que implicaba la aceleración en la reposición del capital fijo (a ser reemplazado ya no cada 8 años, sino cada 4 años). En efecto se generaba un sobrestock de capital fijo en los centros, inutilizable dada su productividad más baja (poca capacidad competitiva): esto redundó en que se transfirieran a la periferia estas máquinas, las cuales pudieron seguir operando aquí en un mercado interno menos competitivo, y de esta manera solventando su periodo de amortización aun produciendo mercancías.

“…los que son consustanciales a una sociedad capitalista: reducción de la población productiva y crecimiento de la capas socales no productivas”