lunes, 29 de abril de 2013

Sobre el problema “pyme”

Sobre el problema “pyme”

El siguiente trabajo trata el problema pyme (pequeña y mediana empresa) desde una perspectiva que involucra elementos teóricos e históricos (así como también proporciona cierta información empírica). En lo esencial, configura su marco de referencia con atención a la configuración,  permanencia y desarrollo del modo de producción capitalista en su ser histórico (espacializado e historizado en formaciones sociales concretas). Ahora bien, en tanto esta investigación es meramente ilustrativa (nunca exhaustiva), los elementos teóricos desarrollados para la comprensión del problema se verán en su aplicación concreta sólo en el caso concreto de la formación chilena (en su historia reciente).

I. Antecedentes macrohistóricos

 Para abordar el “problema pyme” es necesario premunirse de ciertos elementos de contexto “macrohistórico”. Esto porque ninguna realidad existe aislada y fuera de un contexto epocal constitutivo, sino que siempre posee una especificación social determinada. Así, hablar de pequeñas y mediana empresas in abstracto es un sin sentido, si a las mismas no las retrotraemos a sus fundamentos en un modo de producción específico. En este trabajo entenderemos que nuestro problema se vincula con la emergencia y desarrollo del modo de producción capitalista moderno; es a la historia y determinaciones específicas de este “modo” que debe vincularse a las pequeñas y medianas empresas.

 En la historia moderna del capitalismo, Marx, el teórico que pudo indagar en el secreto de sus leyes dinámicas de manera más fértil, distingue ciertas fases y momentos “pioneros”. Es que para que el modo de producción capitalista pudiera funcionar sobre sus propias bases, esto es, mediante la reproducción ampliada y el mecanismo del plusvalor relativo, fue necesario, antes, que emergieran ciertas formas de producción en tanto que precondiciones elementales. Una de ellas fue la cooperación capitalista simple, la cual, a su vez, como muy bien señalan Navarro y González, puede entendérsela como antecedente de las pequeñas y medianas empresas capitalistas:
“Es la cooperación capitalista simple el antecedente histórico de las pequeñas y medianas empresas que se desarrollaron posteriormente dando lugar a grandes agrupaciones capitalistas, las que en la fase de desarrollo imperialista se convirtieron en monopolios”[1]
Para Marx, algunos de los elementos propios de la cooperación capitalista simple eran: a) capital individual, poseedor del mando del proceso de trabajo, emplea un número significativo de obreros; b) el proceso de trabajo presenta un radio de acción extenso; c) los productos llevados al mercado son cuantitativamente crecidos; d) los obreros trabajan al mismo tiempo en el mismo sitio; e) se elabora el mismo tipo de mercancía.

 Esta forma de organizar el proceso productivo, en su desarrollo y evolución, dio paso a otro antecedente[2] de las pequeñas y medianas empresas modernas: la manufactura. Siendo una forma de cooperación más “compleja”, la manufactura presenta dos vías de actualización/manifestación. Por una parte, puede implicar que un capitalista individual reúne en un mismo lugar físico (establecimiento, taller, fábrica) a obreros de especialidades y oficios heterogéneos, a los cuales “fija” una tarea particular en la producción e cierta clase de mercancías típica del establecimiento. Por otro lado, la forma-manufactura, puede desarrollarse cuando un  poseedor/propietario de los medios de producción conjunta en un sitio a trabajadores de la misma especialidad para que laboren en la producción de un tipo característico de producto.
 Empero, si bien éstas son formas pretéritas de las “pyme”, su misma forma específica de génesis histórica da cuenta de la heterogeneidad interna propia del concepto moderno de pyme. Es que, por un lado, existieron unidades de producción de cooperación simple o de manufactura cuyos factores de emergencia dicen más bien relación con una estructura formal y una organización tipo empresarial. Esta forma de emergencia histórica da cuenta de una situación en la cual existe un capitalista individual que organiza un proceso de trabajo llevado a cabo paradigmáticamente por obreros asalariados. Sin embargo, también existió cierta forma de emergencia menos estructurada, como señalan Navarro y Gonzalez:
 “Por otro lado, aquellas que tuvieron un origen familiar, caracterizadas por una gestión a la que solo le preocupó su supervivencia, sin prestar demasiada atención a los costos, la inversión destinada a la reproducción ampliada y a la búsqueda de mayor eficiencia en su gestión empresarial”[3]
 Así, se constituyó la historia “capitalista” de las pyme. Desde la cooperación simple hasta la manufactura, derivando de un proceso más formal (tipo empresarial) o menos formal (tipo familiar).

II. Precisando conceptos (Economakis)

Heredero de la tradición estructuralista marxista, George Economakis es un autor cuyos desarrollos nos ayudarán a clarificar como deben entenderse teóricamente las pequeñas y medianas empresas bajo el capitalismo. Abrevando en los desarrollos de Balibar y Poulantzas, Economakis establece que las relaciones de producción deben ser comprendidas como siempre configuradas por tres relaciones internas componentes. La relación de propiedad, la relación de posesión y la relación de uso. Mientras esta última implica exclusivamente la función el trabajo (con miras a producir un valor de uso concreto), la relación e propiedad es una relación económica, que consiste en el control de los medios, objetos y resultados  del proceso productivo. Ahora bien, distinta de la propiedad formal legal, ésta presupone la “posesión” de los medios de producción: esto es, la administración y dirección el proceso productivo y poder de poner los medios de producción en uso. Así, la propiedad económica reside en una relación homología (correspondencia-coincidencia) con la relación de posesión. Bajo el capitalismo, si bien tanto la posesión como la propiedad son relaciones “propias” de la clase capitalista y la clase obrera sólo detenta la relación de uso,  estos rasgos aún son incapaces de definir el punto de partida real y suficiente para la emergencia y desarrollo de este modo de producción. Esto porque, para la afirmación del modo de producción capitalista en lo real, no sólo es necesaria la expropiación de los productores y la generalización de un tipo específico de mercantilización de la vida y los bienes, sino que también se requiere un desarrollo particular de la unidad productiva básica. Como muestra la siguiente cita de Marx, el punto de partida del capitalismo dice relación con la ampliación del proceso de trabajo hasta tanto ciertas diferencias cuantitativas devienen cualitativas[4]:

“…en un cierto punto las diferencias meramente cuantitativas pasan mediante una inversión dialéctica a distinciones cualitativas…La producción capitalista sólo comienza realmente…cuando cada capital individual simultáneamente emplea un número comparativamente amplio de trabajadores, y por tanto, como resultado, el proceso de trabajo es llevado a cabo en una escala extensiva…Un amplio número de trabajadores trabajando juntos, al mismo tiempo, en un lugar…en función de la producción del mismo tipo de mercancía bajo el comando del mismo capitalista, constituye el punto de partida de la producción capitalista…Este punto de partida coincide con el nacimiento del capital mismo”[5]

Ahora bien, este momento en el cual el aumento de la cantidad supone la conversión de la determinación objetiva en algo cualitativamente distinto, no es uno laxo o meramente arbitrario. Implica el crecimiento del proceso de trabajo para que el capital adquiera su naturaleza específica (la función del capital, según Guglielmo Carchedi se identifica con la función del “no-trabajo”), y el trabajo la suya (para Carchedi el trabajos e identifica con la “función del trabajo”):

 “…las diferencias aparecen…en el volumen de los medios de producción invertidos, y en el número de trabajadores bajo el comando de un único empleador…Sólo ahí el propietario (será)  relevado de la necesidad de trabajar el mismo directamente y podrá contentarse actuando como un capitalista, e.g. como un supervisor y director del proceso…Sólo con un cierto número de capital el capitalista deja de ser él mismo un trabajador y (comienza) a encargarse enteramente de la dirección del trabajo y la organización de las ventas…(para aparecer)…dentro del proceso de producción…como sus componentes personificados: el capitalista como capital, el productor directo como trabajo” [6]

Son estas formulaciones de Marx, por lo tanto, las que permiten a Economakis desarrollar un argumento que supone la exclusión de ciertas unidades de producción del campo de las unidades de producción “propiamente” capitalistas. Así, entiende que una formación social determinada se encuentra compuesta de una combinación de modos de producción diferentes, imbricación que supone uno de ellos como dominante. En el contexto de una formación social en la cual predomina el modo de producción capitalista, existe dos modos “subsidiarios” cuyas condiciones de existencia son facilitadas por la misma existencia del capitalismo. Por un lado el modo de producción simple de mercancías (MPSM); para Economakis, este modo implica ciertos productores independientes obligados a vender para sobrevivir en el contexto de una realidad social crecientemente mercantilizada. En tanto que “independientes”, estos productores no asalarizan ni explotan fuerza de trabajo ajena, sino que la suya propia (y posiblemente la de su familia). Así, se configura una clase social específica, la pequeña burguesía, en la cual coinciden las res relaciones componentes de las relaciones de producción que ya hemos citado (propiedad, posesión y uso). El autor ilustra esto mediante la siguiente tabla: 
Modo de producción simple de  mercancías (MPSM)

Propiedad
Posesión
Uso
Pequeña burguesía

Por su parte, el segundo modo de producción capaz de acoplarse al desarrollo del mpc en una formación histórico concreta, es que el autor denomina “modo de producción híbrido” (MPH). Así como el anteriormente descrito, este modo tiene sus precondiciones en la mercantilización propia del mpc (los productores se encuentran obligados a vender para sobrevivir), pero, sin embargo, difiere del mpsm en el hecho de que no existe una única clase que combina exclusivamente las tres relaciones componentes de la producción (uso, propiedad, posesión). Lo que existe, por el contrario, es una clase que el autor denomina “media”[7], la cual “posee” la propiedad y la posesión, pero que contribuye sólo parcialmente en la actualización del proceso de trabajo (relación de uso). Esta contribución es sólo parcial porque esta forma productiva presupone la contratación trabajadores asalariados ajenos al núcleo familiar, los cuales sólo materializan la relación de uso. A esta clase el autor la denomina “clase obrera espuria”. Lo anterior puede ser reflejado de mejor manera mediante la siguiente tabla:

Modo de producción híbrido (MPH)

Propiedad
Posesión 
Uso
Clase media
Parcial
Clase obrera espuria
no
no

 Ahora bien, es claro que en este último modo de producción subsidiario, la función del trabajo es compartida por los familiares del propietario/poseedor y el mismo también, con el la denominada clase obrera espuria.

 ¿De qué manera nos iluminan los desarrollos anteriores acerca del problema pyme? Fundamentalmente, mediante una clarificación teórica que nos informa que existen límites estructurales para la emergencia de un tipo de empresa de naturaleza capitalista, los cuales implican que el capital no se mezcle en la “función del trabajo”. Por lo demás, cuando estos límites estructurales no se cumplen, no podemos ya hablar de empresas capitalistas, sino que unidades de producción pertenecientes a otros modos productivos[8].

III.  Formas de manifestación (Nicos Poulantzas)

Los desarrollos del griego Nicos Poulantzas vienen en nuestra ayuda a la hora de determinar con mayor precisión y racionalidad la realidad problemática que supone el concepto “pyme”. Este autor, heredero de la corriente francesa estructuralista del marxismo, señala de manera enfática la necesidad de tomar ciertas precauciones a la hora de construir estratos con aglomeraciones de unidades productivas particulares. En primer lugar, establece que la posición en el mercado de una empresa particular, nunca debe tomarse en cuenta como criterio definicional exclusivo de su naturaleza específica, fundamentalmente porque para la teoría marxista, la determinación de la realidad social no se encuentra en la esfera de la circulación, sino que en el campo de la producción. Así, la posición de una unidad productiva en el mercado sólo debe consignarse en tanto que índice relativo en lo que respecta a su naturaleza y posición en un campo de relaciones. Por lo demás, la teoría marxista desarrolla un tipo de comprensión de la esfera de la circulación muy diferente a los análisis neoclásicos y keynesianos; por poner un ejemplo, la constitución de monopolios no supone la eliminación de la competencia, sino la emergencia de un tipo de competencia nueva específica para un estrato específico de empresas (mientras que para los neoclásicos esta realidad implica competencia imperfecta -¿?- entre oligopolios). En segundo lugar, quien se formara primeramente en el campo de las leyes, plantea que la utilización del criterio que abarca la cantidad o el número de trabajadores empleado, tampoco es uno satisfactorio para analizar satisfactoriamente el heterogéneo conjunto “empresarial”. Para Poulantzas, este criterio no es suficiente (y en realidad funciona de una manera ofuscadora) porque la dinámica misma que implanta el modo de producción capitalista al proceso de trabajo supone la progresiva reducción relativa del trabajo vivo (capital variable) en relación con el trabajo muerto (capital constante). Es que la tendencia inmanente al mpc a la creciente composición orgánica del capital, lleva a la constitución de unidades empresariales cuya naturaleza “gigante” (e.g. capital monopólico) no supone, necesariamente, un aumento radical en la contratación de fuerza de trabajo. Por lo tanto, si es que se comparan las distintas empresas en función el número de trabajadores empleados, es posible que incluyan realidades diferentes en un mismo concepto (e.g. conjunción de empresas con composiciones orgánicas muy diferentes cuyos procesos de trabajo incluso quizá difieran en el mecanos de apropiación de plusvalor –relativo o absoluto-)[9].

 En tercer lugar, quien fuera alumno de Louis Althusser releva la necesidad de desprenderse de otros conceptos más que imposibilitarían un análisis racional del campo empresarial (al menos si se los toma aislados o se los fetichiza). Por un lado, Poulantzas señala que la utilización acrítica del término ramas productivas, no habilita una mejor comprensión de lo real. En sus palabras (referidas en lo concreto a la distinción entre capital monopolista y capital no monopolista:
“Dada la socialización de los procesos de trabajo, de una parte, y las necesidades para el capital monopolista de obtener ventajas de las tasas desiguales de provecho por ramas,  de la otra, el capital monopolista se extiende por lo general por varias ramas…Limitándose a una visión por ramas, se llega forzosamente a subestimar el grado de concentración y a no ver las fronteras entre capital monopolista y capital no monopolista”[10]
 Por otro lado, este marxista entiende que la utilización, como criterio de distinción entre empresas, del porcentaje de participación en la producción nacional (pib), no es uno enteramente satisfactorio. Fundamentalmente, porque en general estas cifras desdeñan la internacionalización del capital: es común que confundan capitales nacionales e internacionales, ya que no trabajan con la distinción más fina entre propiedad económica y propiedad jurídica.

 En cuarto lugar, y derivado de lo anterior, Poulantzas estipula que debe romperse con todas las concepciones institucionalistas de las empresas. Esto porque las mismas implicarían el concebir a éstas realidades como compartimentos estanco cerrados y autosuficientes (análisis no relacional). Por lo demás, la creciente socialización del proceso de trabajo, y la interconexión de distintas unidades productivas bajo una sola propiedad económica, hace todavía más infértil al marco institucionalista a la hora de comprender el proceso capitalista real. Es que, como señala adecuadamente el autor, la unidad de análisis de lo social nunca debe reificarse y tratarse en abstracto como aplicable a cualquier contexto: en nuestro caso particular, la distinción entre empresas según su naturaleza específica será una variable en función tanto de la fase capitalista en vigencia, como de las estrategias políticas de dominación actualizadas por la clase dominante. Diferenciar a empresas de acuerdo a su especificidad particular, depende de la naturaleza de una fase capitalista determinada, fundamentalmente porque en ella es toda la historia del modo de producción y sus imbricaciones con otros lo que se reproduce de manera ampliada en una formación concreta. Así, por ejemplo, la fase monopolista reproduce fases anteriores (fase competitiva) que tienen implicadas formas empresariales determinadas pero estas formas se reproducen de manera diferenciada en esta nueva fase capitalista ya que incorporan el efecto de totalidad de una reproducción ampliada diferente. Así, el capital no monopolista, forma empresarial característica del “capitalismo competitivo”, no es el mismo en su existencia bajo la fase monopolista del capitalismo. Asimismo, formas anteriores inscritas en el mpc pero no propiamente capitalistas (e.g mpsm), también se reproducen de manera diferenciada según la fase vigente del mpc. Todo lo cual, por lo tanto, implica que los límites y la definición de las formas empresariales varían según la fase capitalista predominante. Ahora bien, también hemos afirmado que la delimitación entre unidades empresariales se modifica por efectos políticos de sobredeterminación. Al respecto, podemos citar dos ejemplos paradigmáticos. Por un lado, la determinación política del crecimiento anual “querido” y su naturaleza específica. En efecto, una cierta cantidad de crecimiento y un tipo determinado de dinámica productiva, suponen siempre la modificación del mapa de las unidades empresariales. Por ejemplo, una estrategia de crecimiento acelerada en extremo tiene dentro de sus posibilidades ciertas el correlato de la eliminación progresiva de elementos empresariales pequeños y medianos. Así, la forma y la delimitación del campo empresarial, es de hecho función de las decisiones políticas. Otro ejemplo que nos demuestra la sobredeterminación política (y no meramente técnica) de la delimitación de la configuración del campo empresarial, es el recurrente papel del Estado para apoyar a ciertas fracciones de capital en desmedro de otras. Mediante políticas particulares, el estado puede, pongamos por caso, favorecer la rápida desaparición de la pequeña burguesía y/o la acelerada concentración a favor del capital monopolista.

 Premunido de estos elementos y precauciones Poulantzas aborda la problemática específica incluida en el concepto de “pyme”[11]. Trabajando con la premisa de que los efectos materiales producidos por la utilización de este concepto (fundamentalmente por parte de la política estatal) se inscriben dentro del campo de la lucha de clases, el autor establece, primeramente, los efectos de “confundir” el capital medio y pequeño con la pequeña burguesía (cuestión que hace el término PME). Por un lado, habilita un oportunismo de izquierda: si la pequeña burguesía es parte de la clase capitalista como un todo, las posibilidades coyunturales de alianza de clase obrera con ella nunca son consideradas como tales. Por otro lado, da pie a un oportunismo de derecha: al considerarse que las PME se enfrentan al capital monopolista (gran capital) de igual manera que la clase obrera explotada, lleva a alianzas populares espurias por parte de la clase destinada a “enterrar a los explotadores”. En segundo lugar, la idea de seccionar a los empresarios en las categorías “grande”, “mediano” y “pequeño”, implicaría, para Poulantzas, concebir a la clase burguesa como un todo integrado, porque las divisiones entre ella se entenderían sólo como de “grado” (en una suerte de continuo unilineal homogéneo). Así, se ofuscaría la realidad social, ya que se negaría la especificidad, por ejemplo, entre el capital monopolista y el capital monopolista. Por lo demás, esta categorización de lo real reforzaría la unidad de la clase dominante frente a las clases explotadas. En tercer lugar, la destrucción del “mito pyme” supone, para nuestro teórico griego, el reconocimiento de que el mismo no es más que el medio por el cual el capital no monopolista subordina a la pequeña burguesía:
“Se acredita así el mito de una unidad de las empresas pequeñas y mediana (PME), que no es de hecho sino un medio por el cual el capital no monopolista subordina a la pequeña burguesía apoyándose sobre ella en su lucha contra el capital monopolista y le crea la ilusión de una comunidad de intereses: ¡basta recordar que aquí que el “sindicato” de las PME agrupa en Francia empresas que cuentan de 0 a 300 asalariados”[12]

 En efecto, para comprender de mejor manera las contradicciones propias de toda formación capitalista, es pertinente distinguir con precisión entre el capital no monopolista y la pequeña burguesía. Para Poulantzas esto significa reconocer las distintas tendencias que ambas realidades actualizan[13]. Por un lado, el capital no monopolista cumple ciertas funciones características, las cuales permiten un mejor desarrollo y predominio del capital monopolista:

a)      Ocupa sectores de rentabilidad débil y permite al capital monopolista elegir el momento de su extensión, a causa de la selectividad que está obligado a aplicar a su inversión…
b)      El capital no monopolista explora nuevos sectores de producción
c)      El capital no monopolista muchas veces innova pero vende a bajo precio sus inventos al capital monopolista porque al primero no le alcanzan los recursos para aplicar las invenciones
d)     El capital o monopolista porque, a causa de las disparidades en el mercado de trabajo y su débil productividad, porque absorbe y recupera, en una primera etapa, a los trabajadores poco calificados procedentes del éxodo de los campos o de la proletarización de la pequeña burguesía tradicional
e)      El capital no monopolista es útil porque dentro de marco de la producción integrada porque realiza procesos secundarios de producción (e.g. accesorios en automóviles)
f)       El capital no monopolista, siendo sus costos de producción más elevados, le permite al capital monopolista fijar los precios en un nivel que esconde superbeneficios

Empero, si bien estas “funciones” no son meras realidades que se explican por determinaciones técnicas propias del proceso productivo, sino que más bien existen como tales por la sobredeterminación política que implica el predominio de las relaciones sociales de producción (rsp) por sobre las fuerzas productivas (ffpp), también es claro que las mismas rompen con el dualismo y aceptan la interconexión orgánica (más tarde se llamará a realidades similares “encadenamientos”) entre los supuestos sectores “avanzados” y “retrógrados”. Ahora bien, lo importante es que esta tendencia, aún si favorece al gran capital e incluso implica transferencias de valor hacia el mismo por parte del capital no monopolista, no supone, en ningún caso explotación: las contradicciones entre capitales son secundarias, meros antagonismos incapaces de explicar por sí mismos la dinámica de la realidad social[14]. Por su parte, la tendencia propia de la pequeña burguesía en una formación capitalista de la fase monopolista tardía, es muy otra y distinta a la del capital no monopolista. En líneas generales, sufre una pauperización que la lleva progresivamente a adoptar puesto asalariados. La misma tendencia, para ser comprendida con efectividad, requiere algunas precisiones. Primero, entender que se deriva de una tendencia secular propia del modo de producción capitalista en cualquier fase de su existencia (como señalaron Marx y Engels). Segundo, la tendencia a la pauperización (y desaparición implicada en ella) es un efecto de la fase monopolista tardía del capitalismo, en la cual el Estado cumple un papel de instrumento de “eliminación”. Tercero, que esta tendencia implica una forma de existencia, para la pequeña burguesía, precaria e inestable (altas tasas de mortalidad/natalidad de este tipo de “empresas”). Y, cuarto, esta tendencia en ningún caso es tan acusada como la rápida desaparición del campesinado en las formaciones capitalistas[15]. Por otra parte, si bien también la pequeña burguesía actualiza transferencias de valor hacia el capital monopolista, esta no es una característica definitoria por sí misma.

 Un último aporte que Poulantzas nos puede entregar para comprender la realidad efectiva del campo empresarial bajo una formación capitalista, dice relación con una descripción un poco más detallada de la pequeña burguesía y su naturaleza interna. Según este marxista, la misma se compone de: a) pequeña producción: artesanos y similares que “laboran” con sus familiares medios de producción propios; b) pequeña propiedad: comerciantes pequeños que se sitúan en el lugar de venta[16]. Ambas “formas” emplean sólo ocasionalmente obreros asalariados. Compartiendo una posición de clase determinada, estas dos realidades (o fracciones) derivan, para Poulantzas, del modo de producción mercantil simple, propio de  la transición hacia el capitalismo[17]. Por último, cabe consignar que algunas fracciones obreras de “buen pasar” pueden lograr  ingresar a las filas de la pequeña burguesía, así como también algunos pequeño burgueses afortunados logran acceder al campo del capital no monopolista”.

 IV. Concretización en Chile
A.    Rafael Agacino

Los elementos consignados en los tres apartados anteriores (una mezcla de teoría e historia), creemos podemos ilustrarlos con el caso concreto de la formación capitalista chilena. Al respecto, las elaboraciones de Rafael Agacino nos sirven  como una primera puerta de entrada a la realidad reciente de la misma.
 Un primer elemento que destaca Agacino, y que es de una relevancia sustantiva, es el contexto mundial de un nuevo patrón o régimen de acumulación bajo la fase capitalista vigente hoy en día. Luego del quiebre del modo de acumulación fordista-keynesiano (aprox 1975), la nueva fase capitalista supone la emergencia de un capital que actúa mediante la forma conglomerados (holdings), la cual también se concretiza en el caso del país de Chile. La misma supone, en lo fundamental, que los capitales se concentran de una manera particular, ya no de una forma paradigmáticamente vertical fundada en ramas de valores de uso específicos, sino que más bien sin tener en cuenta éste a partir de aglomeraciones de capital que conjuntan los más diversos procesos (desde la agricultura a la banca, desde las embotelladoras a la minería, etc). Así, esta nueva forma de concentración supone una forma de reinversión que no desarrolla las fuerzas productivas de un ámbito específico, sino que busca la rentabilidad más segura e inmediata en la esfera “productiva” que el momento disponga como la adecuada. Ahora bien, este nuevo patrón de acumulación ha supuesto, en el caso chileno el estancamiento y la baja rentabilidad en el  tramo de las pequeñas empresas[18]. Así, si se quiere tratar racionalmente el problema pyme para el caso chile (y también para cualquier otro), debe tenerse en cuenta este tipo de relación constitutiva entre tramos empresariales.

  Una segunda cuestión que nuestro autor releva en torno a la problemática que aquí nos ocupa, dice relación con los instrumentos de desarrollo productivo que el Estado ha materializado en la década de los noventa (y que aún acumulan efectos hasta hoy). Según Agacino, tanto las ayudas en financiamiento, como en capacitación, asistencia técnica, etc por parte del Estado, terminan fungiendo como un doble subsidio indirecto a las firmas dominantes:
“Estas los aprovechan forzando a las unidades dependientes a transferirlos directa o indirectamente; ello les obliga a mantenerse en una situación de estancamiento por su baja capacidad de acumulación, o bien, a transferir los costos de la dependencia a sus trabajadores intensificando los niveles de explotación”[19]

 Así, no sería sólo el nuevo patrón de acumulación por sí mismo y de manera aislada lo que explicaría la dinámica particular de las firmas dependientes (léase pymes), en ésta también contribuiría la política estatal.
 En tercer lugar, el autor describe de buena manera, a través de un ejemplo, la situación de encadenamiento limitante que sufre la pequeña empresa ante los grandes conglomerados. En la década de los noventa, la empresa transnacional Bata poseía vínculos con una gran cantidad de pequeños talleres y trabajadores a domicilio, a los cuales había traspasado algunos procesos productivos (“externalización”). Estos implicaban, entre otras cosas, preocuparse del “aparado” de los calzados. Ahora bien, ¿qué sucedía si la competencia brasileña de zapatos lograba importar más abarato a Chile? Bata no lo pensaba dos veces y obligaba a los talleres y trabajadores a domicilio a reducir el precio de sus servicios. Sin negociación de por medio, por la mera imposición que permite la dependencia y subordinación Bata se ahorraba costos. Por lo demás, si los productores dependientes no deseaban reducir sus precios, la transnacional siempre podía decidir importar ella misma. Así, se generaba desempleo y pobreza. Es este un ejemplo de cómo el capital, través de las nuevas formas relacionales que adopta, se ahorra y omite la manifestación de la lucha de clases por parte de los trabajadores[20] (así como también se ahorra costos). Por lo demás, si da el efecto de una mediatización de la cadena de explotación: en el caso de las pequeñas empresas con trabajadores asalariados, muchas veces los patrones solventan su dependencia de los las grandes firmas mediante una “salvaje” sobreexplotación.
 En cuarto lugar, el autor saca las conclusiones implícitas en los elementos señalados más arriba. Lo que sucede en el Chile de los noventa, es que existe un mercado de trabajo reproductor de la pobreza:
“…se puede afirmar que la condición de pobreza ya no se asocia única y principalmente a la exclusión del mercado de trabajo, sino a la existencia de “empleos para pobres” esencialmente precarios y con salarios que no permiten cubrir las necesidades básicas. Así, una de las razones centrales que explicarían el comportamiento de los niveles de pobreza es un tipo de mercado de trabajo que, en un contexto de flexibilidad creciente, hace plausible la hipótesis que afirma que éste actúa como mecanismo reproductor de aquella”[21]
  Para nuestro problema específico, esta tesis es de una relevancia palmaria: precisamente serían las  pequeñas empresas (pequeño capital y pequeña burguesía, en términos de Poulantzas) las que acogerían esta fuerza de trabajo pauperizada[22].

Ahora bien, los textos de quien trabaja para Plataforma Nexos elaboran también cierta de manera sintética ciertos elementos propios de las formas organización colectiva de los trabajadores; estas formas nos proveen un marco bajo el cual puede iluminarse la posibilidad (o no-posibilidad) de acción de los obreros de las pequeñas empresas. Agacino detalle que el marco legal consigna cuatro tipos de sindicatos: de empresa, interempresa, transitorio y de trabajadores independientes. En la práctica, los únicos tipos de sindicato que tienen algún efecto son los “sindicatos de empresa”. Mientras los transitorios muchas veces son digitados por la patronal, los sindicatos interempresa (ahí donde pudiera acumular fuerza el movimiento sindical[23]) requieren del consentimiento de los distintos patrones involucrados. A esto se suman varias problemáticas asociadas a las formas de acción colectiva de los trabajadores. Por una parte, en 2007 el 7% de la fuerza de trabajo estaba sindicalizada (y en la pequeña empresa esta cifra se reduce a menos de 5%). Por otra, esto implica que un 93% de la fuerza de trabajo empleada no tiene acceso real a lo que la ley denominada negociación reglada (pliego de demandas, huelga legal, negociación colectiva), sino sólo a la negociación no reglada. Esto por falta de recursos y baja organización. Así, los trabajadores se encuentran desprotegidos y han debido adoptar nuevas formas de organización y movilización[24]. Otros problemas del sindicalismo estarían dados por: a) muchos sindicatos inscritos en realidad no funcionan:
“…en 1994…sólo un 9% de la fuerza de trabajo ocupada estaba organizada en sindicatos de empresa…un tercio de los sindicatos vigentes en la dirección el trabajo, en la actualidad, simplemente no funcionan”[25]

 A lo cual se sumaría el hecho de que las cut provinciales no tienen presencia legal, y por tanto son inoperantes (b). Tercero (c), las organizaciones sindicales de mayor peso no han podido articular un apolítica que se haga cargo de la nueva realidad del trabajo (trabajo flexible, precario, etc). La cuarta característica tiene que ver con la historicidad propia del movimiento obrero y se relaciona con la cuestión anterior. El hecho de que la contrarrevolución neoliberal se encuentre ya madura en nuestro país, ha supuesto una discontinuidad en el traspaso de experiencias entre las diferentes generaciones de trabajadores, lo cual  tiene como correlato un debilitamiento no menor de la conciencia de clase de los trabajadores. Esto es, la lejanía histórica del recuerdo de un movimiento obrero fuerte y clasista no ha permitido articular a los trabajadores de más edad con las nuevas generaciones  de trabajadores precarizados. Por último, existe también una suerte de sustrato cultural que se deriva de la dinámica material objetiva propia del contexto general que supone el nuevo patrón de acumulación:
“Una de las formas por las que el movimiento sindical se ha hecho tan insípido es que hoy día se resuelve como consumidor todos los problemas que antes se resolvían al interior de la empresa como el crédito, la vivienda y otras reivindicaciones que uno negociaba con el patrón, hoy día las negocia afuera como consumidor y está absolutamente desguarnecido porque no tiene quien lo proteja o lo oriente”[26]

  Un último apunte interesante que queremos consignar aquí, es la tendencia “secular” a la desaparición de la pequeña empresa en la década los noventa (que continua hasta hoy pero de forma diferenciada). Tomando en consideración el periodo 1985-1996, Agacino establece que la pequeña empresa en la industria de la transformación (IT) había mostrado, pese a todo, cierto dinamismo. Sin embargo, éste fue quebrado por una política estatal específica de reducción del mercado interno, del cual se alimentaban casi exclusivamente este tipo de empresas. Esta política estatal, aún si “secular”, vino a reafirmarse por las acciones tomadas ante la crisis de los tigres asiáticos de 1997-1998. Ahora bien, esta reducción de la pequeña empresa (en relación a los otros segmentos empresariales) se manifiesta en distintos aspectos: a) transferencias de valor[27] ; b) menores tasas de inversión[28]; c) decreciente participación en la creación de empleo; d) acusada dinámica de mortalidad/natalidad[29]
 A modo de ilustración se presenta la siguiente cita, la cual muestra como la lucha de clase se internaliza (y deviene lucha intraclase), expresando de triste manera la acusada dinámica característica de la pequeña empresa:
“Trabajadores de cuero y calzado…todos los trabajadores que han sido despedidos de un largo tiempo hoy día son pequeños o micro empresarios. Primero se dedicaron a explotar a su familia y después al vecino y al de más allá”[30]

V. Hablan los trabajadores
Por último quisiéramos darle la palabra a los trabajadores de la pequeña empresa: las siguientes citas están sacadas (y seleccionadas y ordenadas por quien escribe) de algunos trabajos de Juan Pablo Dussert y Pablo Baltera. Las mismas se presentan para evidenciar la heterogeneidad propia de las opiniones, identidad y conciencia de los trabajadores de la pequeña empresa. Sin embargo, también se las muestra para establecer cómo, en un contexto de adversidad evidente (Agacino es claro al establecer como las pequeñas empresas suponen menos y peores posibilidades de acción para los trabajadores), cierto grado de conciencia de clase logra aflorar (desde c.3 en adelante).

c.1 Individualismo (trato especial se pide).
“…que no me las han pagado, que no están ni declaradas. Pero ahí yo no sé poh, si ellos no reclaman, porque yo estoy siempre pendiente de mis imposiciones y si no me aparecen pagadas, ligerito las voy a ver

“Tiene que ir uno y hablarlo con él, no que oye entre todos… yo trabajo sólo, yo tengo mi responsabilidad, tengo esto, he sacado más producción y necesito que me aumente el sueldo y ahí conversamos”

“Cada quien reclama a su pinta, como se dice…”

c.1.1 El te premia
Como no hay sindicato. Individualmente cada uno conversa con él y tanta cantidad de años, o de lo que desempeñas porque si llegas barriendo aquí, y después pasas a una máquina, bueno, .ya es otro cargo y depende…el te premia, te paga de acuerdo a como trabajís”. (E. Tremet)

c.2 Empresa como familia (trato cercano).
Como es una fábrica chica, hay más comunicación, que en una fábrica grande que hay sindicatos, qué cosa, qué pelea. No. Acá él llega todos los días y hay harto contacto con él, porque va todas las mañanas a las partes de las máquinas y yo converso como estoy conversando con usted, entonces sabemos todo al tiro, los dos conversamos. O sea, es como una familia digamos, o sea

c.2.1 Sindicatos para mejorar la comunicación con la gerencia
“Yo creo que los sindicatos son un ente como súper bueno para tener comunicación más estrecha con la gerencia”

“Digamos el sindicato, en general, debiera ser un ente que sirviera para la comunicación entre el empresario y los trabajadores…”

c.2.2 sindicatos que entienden al patrón
A veces uno piensa que el hecho de tener una fábrica implica que las personas, los dueños siempre andan con los bolsillos llenos de plata, cree eso uno, y no es así, no es así, entonces aprendí a ver muchas cosas, a veces formar un sindicato no equivale a sindicato igual peso cachai, son muchas cosas que tu puedes conseguir sin necesariamente el signo plata de por medio” (E. Industrial Metal)

c.2.3 sindicatos no conflictivos
“Es re importante que tengan este sindicato, aparte que no es un sindicato conflictivo, entienden bien la posición de la empresa, tratan obviamente de pedir otras cosas, pero cuando se les demuestra que la cosa no es así, no, no son conflictivos. Son llanos a escuchar”. (E. Macuer)


c.3 Reclamos bajos salarios, pero no poder irse para no perder años de servicio

nos juntamos aquí arriba y puta de repente tenemos un relajo y nos juntamos, puta este viejo, puta este viejo nos paga una cagada…yo quiero irme y no hallo como hacerlo, puta, me retiraría pero no quiero perder los años

c.4 Actitud y prácticas empresariales como apariencia (casi casi llegamos siempre, , ,)

c.4.1 Casi casi llegamos siempre a la meta…
porque la gente trabaja todo el día, producen montones, realizan muchas horas extra y piezas caras…Todos los meses, llega un mes en que dicen este mes estuvimos bien, estuvimos casi de llegar a la meta que nos habíamos propuesto, pero este otro mes nos va a ir mejor y estamos todos los meses con que casi llegamos a la meta, pero nunca llegamos. De hecho, no vemos la gratificación hace, aquí en esta empresa, hace como siete años”

C.4.2 Que el patrón se que queja que no tiene producción cuando en realidad gana buena plata, no se respetan opiniones
siempre el oído que llega desde los mismos jefes, que el patrón se queja que no tiene producción… todos de repente comentamos ahí, que pucha que el patrón está bien, que gana plata, que tiene harta venta que..”

c.4 3 No hay retribución por la participación
Sobre todo planificaciones sobre trabajo, entrega de trabajos, como producir un poco más, siempre ligado a la parte de trabajo, o sea, siempre mejorar la parte de trabajo, de nosotros hacia ellos, no de ellos hacia nosotros. O sea, no hay un…no es algo compartido. Siempre ellos están pidiéndonos más, por lo mismo. No nos recompensan, por ejemplo, con un poco de estudio, no nos recompensan con dinero, sino que para ellos mientras más cosas podamos hacer, mejor, por menos plata

c.4.4 Se pide opinión pero no se tiene en cuenta
“Sí, después las reuniones son totalmente ficticias. O sea, el gerente dice, ¿alguna inquietud, alguna consulta?, y la gente ya tiene tan metido el tema de la producción, que en vez de preguntar, ¿vamos a tener algún aumento de sueldo, vamos a tener algún bono, vamos a tener algo?, preguntan, no, sabe necesito que me arreglen la máquina, siempre en beneficio de la empresa. Ya les metieron en la cabeza eso. Ya les lavaron el cerebro que todo lo que ellos tengan que preguntar es en beneficio de la empresa, y no del trabajador. Y la gente lo hace porque es su trabajo y no quieren perderlo”

Antiguamente decían, no, den su opinión y todo, la gente la daba y la empresa ganaba, pero no retribuía nada de eso, entonces la gente ya se aburrió de eso. Realmente no les creen, la gente se queda callada”

Sí, pero no siempre son respetados, o sea, ellos dejan abiertas las inquietudes y cualquiera puede decir su opinión, pero no siempre son respetadas. Es un poco de apariencia, de apariencia no más, porque siempre se han reclamado muchas cosas, y ellos dicen lo vamos a estudiar, y nada

c.5 Crítica a la polivalencia

De hecho, aquí está implantado un sistema de trabajo que es multifacético, o sea, poder hacer, por ejemplo, lapidar caras, armar sellos, tomar un torno, tomar una prensa, hacer todo tipo de trabajo”

c.6 Conciencia de trabajador como y supervisor

“Si poh, porque es uno el que está haciendo las cosas, porque ellos hacen el proyecto, pero es uno el que está haciendo el trabajo”

“…sobre todo de los trabajadores, que están como te dije en denantes: en la papa misma”

“…pero nosotros queremos un sueldo razonable que se respete, que nos respeten a nosotros también, los que trabajamos, porque somos nosotros los que hacemos la producción, si nosotros no trabajamos no tienen producción”

c.6.1 Distinto al empresario, administrador

“Claro el gerente no está ni ahí, prácticamente el gerente tiene buen sueldo no más poh…”

“…pero no es tan así, los dirigentes, o sea los directores, los accionistas de esta empres que se reúnen se reparten y si alcanza para los trabajadores si, pero si la ley no los obliga no se les da no más”

c.7 Conciencia del empresario como enemigo del trabajador

c.7.1 No respetan las organizaciones de los trabajadores –eliminación sindicatos-
“…entonces cuando aquí entra uno nuevo lo amenazan al tiro le dicen usted va entrar, pero si quiere conservar el trabajo no se integre al sindicato. Si aquí hay varios que se quieren integrar, pero no se integran por miedo”

“En general no creo que sean respetadas, no, no creo que sean respetadas, en muy poco porcentaje puede que sí, pero en el alto porcentaje creo que no desgraciadamente”

c.7.2 no cuidan de los accidentes de los trabajadores)
“No te respetan, si tú estás accidentado no te pescan ni pal hueveo…es que a él no le gusta el sindicato aquí, él quiere eliminarlos a todos…”


c.8 Conciencia fragmentación sindicalismo (Agacino)

“Por miedo no más poh, si la gente es miedosa, son más retraídos la gente antigua que los nuevos. Adentro hay como tres o cuatro cabros que entraron casi junto conmigo y esos están en el sindicato, y los que llevan más tiempo que uno se han querido meter por miedo…”

c.9 Simpatía y no trabajo es lo que cuenta (relaciones informales fijan trato y salarios).

“Si, de hecho, podría decirte que hay personas que han entrado, que llevan cinco meses y que están ganando más que yo. Y solamente porque han tenido mejor comunicación con los jefes, gerentes,… , sino que solamente la simpatía. Es lo que se aparenta, nunca se ha dicho, pero todos saben que es así

c.9.1 Crítica a los trabajadores apatronados y sumisos
“Si hay valoración son para las personas que están más apegadas a la empresa, las que dicen yo doy todo por mi empresa y dejan de lado sus derechos para seguir con la empresa. A esas personas ellos consideran”

“Tal como le digo, tenís que llevarte muy bien con el jefe o tenís que conversar con el jefe, poco menos que tener que pedirles por favor que te dé algo. Y ellos hacen un análisis, ¿Está en el sindicato?, no, no, no está en el sindicato, a ver, conversan con los supervisores, esta persona es entregada a la empresa, sí, se hace ochenta horas extras, noventa horas extras, nunca pregunta si puede salir temprano, nada, ya vamos a darle algo a esta persona.

c.10 Salario como reconocimiento de la enajenación

Ahí dice tener un salario mínimo, yo diría tener un salario digno como piden muchos, que es la palabra correcta, tener un salario digno

Te alcanza para comer, para mí el salario mínimo te alcanza para comer, pero no para vivir…”

c.11 Percepción del Estado como herramienta de la clase dominante

c.11.1 Senadores empresarios
“…ahí es donde estamos mal con los del Senado, con los que hacen las leyes, bueno es que todos los que hacen las leyes son todos empresarios, es ahí donde está el drama”

c.11.2 Empresarios financian más al Estado
Crees que la ley protege más al trabajador o al empresario?
“Al empresario, mil veces. Es él quien tiene la plata, es él quien le paga mensualmente al gobierno. Nosotros, aunque nos quiten la plata, sin darnos cuenta, por las boletas, por lo que uno compra o se consume, le damos, pero ellos tienen más”

c.11.3 Inspección del trabajo y fiscalización espuria
Crees que los derechos laborales que te mencioné anteriormente, están protegidos por la legislación laboral?
“Sí, pero no se toman en cuenta realmente, no se revisan, no se fiscalizan…porque a lo mejor van a venir tal día, porque alguien avisó, y ese día todo flor, pero al otro día, chao”
“…Por eso te decía yo que las vistas en terreno de la Inspección del trabajo hacen mucha falta. Y vistas sin aviso”

c11.4 Leyes hechas para los empresarios
¿Tú , de lo que conoces, crees que la ley laboral le asegura respeto al trabajador?
No siempre, aunque se dice que las leyes están apegadas al trabajador, hechas para el beneficio del trabajador, no siempre es así…O sea, si no tienes un buen abogado, sino tienes la plata...”

Debían sacar una ley que realmente favorezca a los trabajadores. Porque el trabajador ya más pisoteado no puede estar, no hay ninguna…ninguna ley que favorezca a los trabajadores, y los sindicatos, olvídese… Entonces, hay cosas que son puras pantallas no más…los beneficios se los comen los empresarios. Los sueldos que no sirven para nada”

“…bueno me gustaría que saliera una ley que te pagaran todos los años de servicio…por eso digo yo que las leyes están hechas para los empresarios y aquí la empresa tiene once años no más para pagarme si me despiden y el resto lo pierdo yo…”

Bibliografía

Rafael Agacino
1.      Agacino, “Anatomía de la globalización y la integración económica”, 1997 (22pp)
2.      “Cinco ecuaciones virtuosas del modelo económico chileno y orientaciones para una nueva política económica”, Agacino, 1995 (21pp)
3.      “Acumulación, distribución y consensos en Chile”, Agacino, 1994 (19pp)
4.      Apertura económica, competitividad y estrategias empresariales”, Agacino, 1995) (10pp)
5.      Empleo y pobreza: un comentario sobre la experiencia chilena, 1997 (19pp)
6.      Chile 25 años después: claroscuros, ilusiones y fisuras de una contrarrevolución madura, Agacino ,1998 (28pp)
7.      “Estructura y dinámica industrial, chile 1985-1998”, Rafael Agacino, 2001(33pp)
8.      El chile neoliberal y el movimiento de trabajadores: buscando salidas, Agacino 2003 (44pp)
9.      Pasado y presente: los trabajadores una vez más, Rafael Agacino, 2007 (9pp)

Nicos Poulantzas

1.      Las clases sociales en el capitalismo actual (1974 en francés), 311pp

George Economakis

1.      A definition of the capitalist node of production- a reexamination (with application to non-capitalist modes of production) (16pp)

Juan Pablo Dussert Chervellino

1.      Tesis de grado para optar al título profesional de Sociólogo.Derechos En El Trabajo Relevancia y Práctica En La Pequeña Empresa Industrial Profesora guía: Helia Henríquez, Septiembre 2008 (171pp)
2.      Negociación colectiva en la pequeña empresa industrial. Diálogo social desde la interacción social en el trabajo. tesis para optar al grado de magíster profesor director: Miguel Urrutia Fernández, Santiago, 2011 (107pp)

Pablo Baltera

1.      Los derechos laborales en la pequeña empresa. Una mirada desde los trabajadores. Cuaderno de investigación nº28. Departamento de estudios, dirección del trabajo. Santiago, noviembre 2006 (134pp)
2.      Liderazgos sindicales emergentes. El caso de los trabajadores subcontratados de la salmonicultura, minería del cobre y forestales, cuaderno de investigación nº37. Dirección del trabajo/división de estudios, Santiago 2010 (142pp)




[1] Escobar Navarro y González París
[2] Según Escobar Navarro y González París
[3] Escobar Navarro y González París
[4] Bajo la formulación hegeliana del paso de la cantidad a la calidad
[5] Marx, El Capital
[6] Marx, El Capital
[7] No creemos que sea feliz esta acuñación terminológica para designar la realidad de esta clase. Porque, como muy bien señala Poulantzas, la utilización de la noción de clase “media” contiene una carga histórica que supone “las clases han dejado de existir”: “Frente al antagonismo entre la burguesía y la clase obrera, la clase media se percibe como el pilar mediador y el factor fundamental del “equilibrio” de la sociedad burguesa. No sólo esta clase media está considerada sobre el mismo pie que la burguesía y la clase obrera, sino que se la concibe como el eje central de los procesos sociales, a saber, como en el lugar en el cual se disolvería la lucha de clases…Ésta se considera como un “grupo homogéneo” definido en general a partir del criterio de los ingresos, del de las actitudes mentales y de las motivaciones psicológicas, etc. Sería así el producto de una disolución progresiva, en las sociedades capitalistas actuales, de la burguesía y del proletariado en un crisol común: “aburguesamiento” de una parte cada vez más amplia de la clase obrera, “desclasamiento” de una parte cada vez más amplia de la burguesía. Esta clase constituiría el crisol de una mezcla de las clases y de disolución de sus antagonismos, principalmente como lugar de circulación de los individuos en un proceso de “movilidad” constante entre la burguesía y el proletariado. Este grupo aparece como el grupo dominante en el seno de las sociedades capitalistas actuales…Digo bien grupo, porque efectivamente, tratándose de un conjunto disolvente de la lucha de clases, el empleo mismo del término de clase resulta absolutamente inútil; el empleo, en este contexto, del término “clase media” quiere decir, tratándose de esta corriente, que las clases han dejado de existir”
[8] Esto implica que hablar de pequeñas y medianas empresas, en un concepto que reúne a unas micro empresas que no suponen el retiro absoluto por parte del propietario/poseedor de la necesidad de trabajar, es hablar incorrectamente. La función ideológica  y de lucha de clases que supone esta incorrección en el hablar, la desarrolla en lo que sigue Nicos Poulantzas.
[9] Más adelante desarrollaremos una razón más para evitar la definición numérica del campo empresarial
[10] Nicos Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual
[11] El texto con el cual aquí trabajamos utiliza la sigla PME y no pyme, pero esto es sólo un detalle
[12] Nicos Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual
[13] Estas son las tendencias en los centros capitalistas en el año 1974, cuando Poulantzas escribió el texto en el cual aquí nos basamos.
[14] Nunca está demás enfatizar en el hecho de que las tesis acerca del desarrollo desigual (Amin, Frank). Olvidan esta cuestión esencial. También la olvidan un marxista analítico como John Roemer (pero bueno, ¿Qué se podrá hacer con un tipo de marxismo que ha renunciado a la dialéctica?)
[15] Aún si Poulantzas analiza aquí la Francia de 1974, sorprende su vigencia actual para nuestra realidad nacional: mientras la “descampesinización” está muy avanzada en nuestra formación, la pequeña burguesía como clase aún dista de haber desparecido completamente
[16] Para Poulantzas es más probable (por la historia y la determinación estructural) una alianza de la clase obrera con la fracción artesana de la pequeña burguesía que con la fracción comerciante. Aún más, nuestro marxista considera que la alianza con la nueva pequeña burguesía proletarizada (e.g. asalariados no productivos) es más probable que con la fracción comerciante de la pequeña burguesía tradicional
[17] Véase aquí como Poulantzas no realiza la distinción que Economakis realiza entre mpsm y mph.
[18] Agacino utiliza un criterio de definición que conjunta ventas, número de trabajadores, tipo de proceso productivo, inversión de capital constante, etc.
[19] “Cinco ecuaciones virtuosas del modelo económico chileno y orientaciones para una nueva política económica”, Agacino, 1995.
[20] En efecto, Agacino plantea que muchas veces una realidad típicamente pequeño burguesa en lo actual no hace más que esconder una verdadera relación de subordinación propia del trabajo asalariado capitalista
[21] (Empleo y pobreza: un comentario sobre la experiencia chilena, 1997)
[22] La literatura señala que las pequeñas empresas se caracterizan por todos los rasgos propios de la pobreza: precariedad, flexibilidad, bajas remuneraciones, infraccionalidad para con la normativa laboral, baja calificación de la mano de obra, etc
[23] Fundamentalmente porque en Chile se encuentra vigente lo que ha denominado multirut: fragmentación espuria de patrones mediante figuras legales, que a la vez fragmenta a los colectivos de trabajadores en su acción
[24] Agacino señala la virtuosa nueva tendencia de un sindicalismo que revive las formas de acción propias del movimiento de trabajadores anterior a la vigencia del Estado de compromiso (identidad general de trabajadores, territorio, no necesidad de unión en fábrica, etc). El SINTRAC y el SINAMI corresponderían a experiencias de este tipo.
[25]  “Cinco ecuaciones virtuosas del modelo económico chileno y orientaciones para una nueva política económica”, Agacino, 1995
[26]  (Hernán Cárdenas, ESICO, El chile neoliberal y el movimiento de trabajadores: buscando salidas, Agacino 2003)
[27] A nivel agregado las grandes empresas generan y concentran alrededor del 85% de los excedentes netos totales de la industria manufacturera, porcentaje mayor al de su participación en valor agregado (82% aproximadamente). La firmas pequeñas generan alrededor del 3,3%, una tasa más baja que su participación en el VA industrial (4,3%), reproduciéndose igual situación en el caso de la mediana empresa, cuya participación en la generación de los excedentes industriales gira en torno al 11% y su participación en el VA industrial supera levemente el 13%”“Estructura y dinámica industrial, chile 1985-1998”, Rafael Agacino, 2001
[28]Se observa que las grandes firmas concentran por sobre el 83% de toda la inversión bruta industrial, tasa que se eleva casi al 91% si consideramos a sus homólogas del sector commodities…1994-1996, se constatan diferencias que se aproximan a la proporciones 1:3 y 1:12…”“Estructura y dinámica industrial, chile 1985-1998”, Rafael Agacino, 2001
[29]La dinámica de nacimientos y muertes –o apertura y cierre- es mucho más acentuada en términos totales en la pequeña empresa que en los dos estratos siguientes” (variación total 1996-1998- ingreso o muerte: 22,1% pequeña empresa; 14,5% mediana empresa; 9% grandes empresas) “Estructura y dinámica industrial, chile 1985-1998”, Rafael Agacino, 2001
[30] Antonio Deij, CUT Concepción, El chile neoliberal y el movimiento de trabajadores: buscando salidas, Agacino 2003)