lunes, 29 de abril de 2013

Sobre la teoría del valor

Sobre la teoría del valor

Nos declaramos culpables de la siguiente idea: lo que sucedió en el último siglo no fue un progreso sino una involución. La economía moderna ha remplazado el legado científico de la economía política, y la economía marxista moderna ha reemplazado la crítica de Marx a la economía política con productos inferiores (Alan Freeman y Andrew Kliman)

La cita precedente pertenece a los autores Andrew Kliman y Alan Freeman, economistas marxistas cuyos desarrollos teóricos se tomarán, en este ensayo, como paradigma fundamental en función  de la aprehensión de una posible  solución a un problema de larga data: el problema de la teoría del valor. Como bien especifica la citada referencia, asumir la solución propuesta por Freeman y Kliman supone considerar muchos de los desarrollos teórico-económicos del pasado siglo como caminos errados, alternativas sustantivas descaminadas que sólo iluminan el camino del progreso en el conocimiento racional de la realidad en términos negativos, mostrando aquello que no debe afirmarse como cierto, mostrando qué cursos no deben ser seguidos en tanto falsos senderos. Ahora bien, el retomar al Marx decimonónico bajo la interpretación propuesta por estos autores, no implica necesariamente retrotraerse a un análisis tradicionalista, escolástico u obscurantista,  sino más bien todo lo contrario: aquí planteamos que esta es la única alternativa racional y progresiva en lo que concierne al conocimiento de la realidad social y natural. De hecho, el retrotraerse en el tiempo para poder avanzar racionalmente, no es algo ajeno en la historia de la ciencia. El mismo Copérnico hubo de rescatar las ideas de Aristarco, que databan del año 216 antes de cristo (aprox), para formular sus revolucionarios postulados que dieron contenido a una visión moderna de la ciencia que recién nacía. Es que:

“La ciencia consiste, en cualquier etapa, en considerar todas las posibles perspectivas y en probarlas frente a la realidad. El trabajo del intelectual es por lo tanto no solamente presentar su propia visión con  indiferencia a la existencia de otras. Es clarificar las diferencias entre una variedad de perspectivas con respecto a un problema, para considerarlas en sus propios términos, elaborando sus implicaciones, y así contrastar éstas con su propia visión desarrollada como autor”[1]

Sin embargo, esta tarea de la ciencia es más compleja de lo que parece. Esto porque cada variante interpretativa respecto a un problema específico caracteriza el debate en sus propios términos, por lo cual existen diferentes versiones de las diferencias que es posible encontrar entre las distintas alternativas propuestas. La solución de este problema “metodológico” no supone una recaída necesaria en el relativismo (fundamentado en la supuesta inconmensurabilidad de las distintas proposiciones), sino que un tipo de objetivismo específico, a saber, un objetivismo que asuma una posición como lo “verdadero” (lo “cierto”, lo “correcto”) en base a criterios explícitos. Y será en el desarrollo de la exposición del mismo debate que estos criterios se clarificaran y permitirán visibilizar cómo la postura elegida es a la vez: a) mayormente “coherente-consistente” (en su estructura teórico-categorial); b)  mayormente correspondiente (capaz de “reproducir” lo real); c) mayormente amplia o general (y capaz, por lo tanto, de fundamentar investigaciones empíricas de mayor riqueza analítica, mayor alcance y poder explicativo). Si bien  a) y b) constituyen una adaptación de lo que plantea Carl Hempel[2], lo propuesto en c) es una cuestión que los mismos participantes en el debate que aquí se tratará relevan como determinante. Así, Erik Olin Wright establece, efectivamente:

“Al final, la fuerza lógica de una particular posición metodológica o epistemológica dentro de la ciencia social depende en gran medida de la riqueza de la investigación que es capaz de estimular y el poder explicativo de los procesos sociales que emerge de esa investigación”[3]

Cierto es también, por otra parte, que “la riqueza de la investigación que es capaz de estimular” una cierta teoría (o interpretación teórica), se deriva del tipo de preguntas que la misma es capaz de responder, como muy bien acota Foley:

“La cuestión clave para mí al considerar cualquier teoría, y la teoría laboral del valor y sus numerosas interpretaciones en particular, es entender que preguntas la teoría pretende responder. Una gran parte de la importante confusión y falta de consenso en la discusión acerca de la teoría laboral del valor me parece rastreable en el fracaso de los participantes a la hora de hacer explícitas sus frecuentemente divergentes posiciones en torno a esta cuestión”[4]

 En suma, lo que aquí planteamos es que la interpretación marxista propuesta por Andrew Kliman y Alan Freeman del problema del valor, es la que mejor satisface los criterios a), b) y c) recién expuestos. Las razones de esto podrán percibirse a todo lo largo del siguiente trabajo.

 Aquí nos decantaremos por una versión específica de lo que la literatura ha denominado “teoría laboral del valor”[5]. Sin embargo, ya plantearse la necesidad de escoger dentro de las variantes de una teoría laboral del valor, supone cierto tipo de definición negativa (una alternativa que se rechaza). Esto porque concebir el valor como ligado al trabajo no es la única alternativa económica existente dentro del campo intelectual que se ha desarrollado hasta el momento: existe la alternativa desarrollada por los teóricos neoclásicos. La diferencia fundamental de esta corriente de pensamiento desarrollada a finales del siglo XIX con la teoría económica que le antecede (la economía política clásica), es el hecho que para la misma el valor se explica a partir de la preferencias subjetivas de los actores[6]. Aquí planteamos que este decurso tomado por la teoría económica dominante supuso, en su momento, una regresión del análisis racional. Esto porque éste  supuso una concepción unilateral de la realidad, una forma de idealismo que no es capaz de incorporar los constreñimientos de una realidad material que efectivamente va más allá de lo que agentes sociales pudieran “creer” o “pensar”[7]. Paul Mattick de hecho argumentará que el viraje de la teoría económica dominante (burguesa) desde la economía política “objetivista” hacia la el marginalismo “subjetivista” neoclásico no es una cuestión derivada del mero azar. Para este autor el citado viraje se relaciona estrechamente con los intereses materiales de la clase dominante de la época. Si a la misma en el pasado le había sido “funcional” una teoría económica objetiva como la clásica, porque relevaba la necesidad y el carácter progresivo del trabajo (mercantilizado, eso sí) frente a la clase dominante en declive (una aristocracia feudal que “despreciaba” cualquier forma de trabajo), ya a finales de la época victoriana la misma había dejado de comportar este carácter “funcional”. Con una clase feudal ya derrotada (o cooptada o “mezclada”)[8], cualquier referencia sustantiva al trabajo como elemento determinante en la creación de la riqueza material, contenía la potencialidad evidente de relevar el carácter fundamental de la clase efectivamente productora: la clase obrera. Asimismo, la misma teoría que sustentaba el actuar de esta clase (el socialismo) se había reapropiado de los desarrollos económicos clásicos (burgueses) –y esto no sólo en la figura de Marx, en el cual esta cuestión es evidente, sino también en muchos socialistas de la época, los cuales eran fundamentalmente ricardianos [9]-. Todo esto habría determinado, según Mattick[10], el desarrollo -y amplio recibimiento en el seno de la clase burguesa dominante- del marginalismo neoclásico subjetivista.
 Ahora bien, estas no con las únicas razones que nos asisten a la hora de rechazar las categorías analíticas neoclásicas; nuestro rechazo se fundamenta también en lo errado de las proposiciones sustantivas que establece esta corriente intelectual, las cuales no son capaces de dar cuenta de manera satisfactoria de lo real en tanto tal. Como bien señala Anwar Shaik:

La economía ortodoxa, por su parte, empieza desde un “equilibrio de largo plazo” en el que todas las firmas son semejantes, introduce un cambio técnico de una vez y para siempre, supone que los capitalistas se integrarán al nuevo método uno tras otro, y después espera que todas las perturbaciones desaparezcan. Al final, el equilibrio de largo plazo queda establecido de nuevo. Esta concepción refleja la naturaleza esencialmente estática de la economía neoclásica…”

 Como se transparentará a través de todo este escrito, cualquier noción económica que presuponga como premisa la “estatis” antes que lo “dinámico” se encontrará errada. En efecto, la teoría neoclásica ortodoxa no es capaz de concebir la inmanencia de las crisis que existe bajo cualquier formación económica capitalista (para los neoclásicos las crisis son accidentes coyunturales derivados de malas decisiones o de contingencias naturales). Y cualquier marco conceptual que no sea capaz de derivar estructural y sistemáticamente un fenómeno tan objetiva y empíricamente constatable como las crisis, debe ser revisado (sino rechazado). Ahora, esta no es la única proposición sustantiva errada de los neoclásicos. La forma en que éstos conciben la competencia, también, no es capaz de dar cuenta de los hechos empíricos más elementales. Según esta teoría cada capital es infinitesimal, pasivo e impotente; incapaz, por lo tanto, de influir en la formación de los precios. Asimismo, cada firma busca maximizar sus ganancias, no destruyendo a la otra mediante la baja de los precios, sino diversificando la producción (por lo tanto, la guerra inherente a la competencia capitalista real,  se elimina). Existiría, también, un equilibrio de largo plazo en el cual todas las firmas de una industria son similares y exhiben la misma tasa de ganancia (y la misma tasa de ganancia es también para todas las industrias igual). En suma, la anarquía de la producción capitalista se elimina con el supuesto de la competencia perfecta[11].
 
  La teoría laboral del valor, por otra parte,  si bien no fue ni ha sido nunca dominante, recibió una atención relativamente generalizada ya en sus comienzos (finales el siglo XIX, principios del siglo XX). Y en esta atención no jugó un rol menor  el prefacio al segundo volumen de El capital,  en el  cual Engels adelantó que, en el siguiente volumen de la obra, Marx trataría y “resolvería de manera inigualada la cuestión de la transformación de valores a precios en conjunción con la perecuación de la tasa de ganancia”[12]. La crítica más difundida a la teoría laboral del valor propuesta por Marx, al menos en estos primero años, fue la desarrollada por Eugen Bohm-Bawerk. Este autor neoclásico austríaco propuso una tesis fundamental, la cual puede ser sintetizada en unas pocas palabras. En el tercer libro de El Capital, Marx habría desatendido una cuestión esencial: al momento de “transformar” los valores en precios, habría dejado sin “transformar” los “valores” de los inputs[13], por lo cual éstos permanecerían bajo la forma de “valor” en las tablas presentadas, mientras los outputs aparecían como precios (estos sí serían “transformados”)[14]. Sin cuestionar las premisas mismas de esta crítica, la versión estándar del marxismo desarrolló sus análisis a partir de la necesidad de superar un Marx que en algún sentido se consideraba como errado. Fundamental en este decurso del marxismo fue la rápida respuesta que Ladislaus Von Bortkiewicz pergeñó frente a los cuestionamientos de Bohm-Bawerk. Para Bortkiewicz, si Marx había errado[15], era necesario corregirlo: es por esto que trabajó en la elaboración de “coeficientes de transformación” capaces de presentar lo que Marx habría dejado como “valores” en sus tablas[16] como “precios”. Ahora bien, de este ejercicio matemático nuestro autor concluyó algo que se derivaba estructuralmente del mismo: no era posible mantener las dos igualdades fundamentales que suponía Marx, la igualdad entre valores y precios (en el agregado general) y la igualdad entre plusvalor y ganancia (en el agregado general). Para mantener el equilibrio (la igualdad) era necesario escoger una de las dos posibilidades. Entonces, parecía haber algo fundamentalmente errado en la teoría de Marx. Es que “con la transformación de los valores en precios de producción (Bortkiewicz asume que) el precio de los medios de producción deviene x veces más alto que su valor, que los artículos de los trabajadores devienen y veces mayores que sus valores y que los artículos de consumo lujoso capitalista devienen z veces más crecidos que su valor. Si llamamos la tasa media de ganancia en términos de precio “r”, entonces el modelo de la reproducción simple transformado a los precios de producción se presenta de la siguiente manera”[17]

c1x + v1y + r(c1x+v1y)= (c1+c2+c3)x
c2x+ v2y + r(c2x+v2y)=(v1+v2+v3)y
c3x+ v3y + r(c3x+v3y)=(s1+s2+s3)z

 Se nos explica que, al tener aquí tres ecuaciones con cuatro incógnitas, para resolver este sistema debe proporcionarse una cuarta ecuación. Y esto supone, en términos económicos, que debemos escoger entre las dos igualdades ya referidas.

 Esta respuesta a Bohm-Bawerk (que de alguna manera era una no-respuesta) determinó en gran medida el curso dominante de la teoría de la teoría marxista en el siglo XX. Ahora bien, no sólo la corriente marxista dominante siguió este camino errado, sino que también ciertas corrientes derivadas del marxismo (aunque ya no propiamente marxistas), cristalizar en proposiciones fundamentales descaminadas. Aquí sólo citaremos el ejemplo de la que Erik Olin Wright denomina como variante “agnóstico causal”. Representada por Paul Hirst y Barry Hindest[18], la misma entiende que los determinantes de la ganancia capitalista son todos aquellos factores empíricamente constatables como presentes –y, para ellos, entonces, necesarios- al momento de “generación” de la misma. Dentro de este set de factores –dentro de los cuales se incluiría desde el clima hasta las preferencias financieras de los capitalistas- no sería posible establecer teóricamente algún factor como predominante –de determinancia mayor-. En palabras de los autores:
“Lo que estamos impugnando no es meramente la causalidad económica monista del marxismo, sino la misma pertinencia de todas aquellas categorías de causalidad general y el privilegio que éstas acuerdan a ciertos órdenes de causas en detrimento de otros”[19]
Ahora bien, a lo máximo que puede llegar es a establecer pesos empíricos específicos de los distintos elementos determinantes de la ganancia; sin embargo, es incapaz de generalizar o teorizar al respecto. Esto porque, dado que esta variante no ordena de manera lógica o jerárquica los diferentes elementos determinantes, se encuentra imposibilitada de establecer cualquier mecanismo específico generador de la ganancia. Establecer que el mecanismo es el proceso total no es formular una tesis vacía y casi tautológica[20].

 Cuando afirmamos que la corriente dominante del marxismo se hizo carne con la “solución” propuesta por Von Bortkiewicz, no exageramos. Esto está demostrado en que incluso un libro tan influyente como “Teoría del desarrollo capitalista”, de Paul Maylor Sweezy, cita a Bortkiewicz presentando “su” “solución” como la más avanzada de la época. No obstante, en esta “aceptación” de Bortkiewicz no sólo fueron fundamentales “venerados” marxistas como Sweezy, sino también autores que escribieron “fuera” del paradigma marxista pero sobre su misma problemática: con esto nos referimos, obviamente, a la obra de Piero Sraffa. La conjunción de lo propuesto por el autor de “Producción de mercancías por medio de mercancías” con los postulados de Bortkiewicz difundidos por Sweezy, de hecho configurará lo que Fred Moseley denominará corriente de la “función de producción lineal” y lo que Kliman y Freeman llamarán “dualismo simultaneísta”. Y es esta configuración la que determinará la corriente marxista dominante hasta, por lo menos, la década del 80 del siglo pasado[21].
  Ahora bien, la médula de nuestro escrito se fundamenta en la asunción de una variante de la teoría laboral del valor a partir de una definición negativa fundamental de la misma: mediante el rechazo a este paradigma “marxista” pretendemos fundamentar la elección que hemos tomado[22].

  Comenzaremos sintetizado en muy breves palabras lo que esta corriente “dualista”[23] supone, ya que en las críticas que subsiguen se aclararán suficientemente y en detalle sus premisas y postulados. Fundamentalmente, se propone que la teoría laboral del valor marxista es redundante[24] e innecesaria al momento de realizar un análisis económico satisfactorio. Esto porque, en términos matemáticos, sería posible derivar  ganancias y precios a partir solamente de los salarios reales y las condiciones técnicas de producción. A partir de esta premisa, esta corriente[25] deriva sus corolarios fundamentales. 

 Existen más de 13 puntos en razón de los cuales es pertinente el rechazo de la variante neorricardiana.
 Primero, que la misma extensión de los postulados de Sraffa de modo que éstos puedan ser incluidos en el paradigma marxista de la teoría laboral del valor, es una extrínseca en tanto el mismo autor no creyó estar “reformulando” a Marx. Como señalan Freeman y Kliman:

“Todo lo que Sraffa reclama por su propia parte es que su método interpreta de manera válida los conceptos de Smith y Ricardo”[26]

 Un segundo punto –el cual pareciera palmario, pero en realidad pasa sorprendentemente inadvertido para gran parte de los marxistas –dice relación con el mismo título del libro base de Sraffa: “La producción de mercancías por medio de mercancías”. Inscrita en esta frase se encuentra una negación radical de una de las fórmulas marxistas básicas: D-M-D’. El ciclo del capital, como descrito por Marx, comienza con una cantidad dada de dinero (D), con el cual se compran ciertas mercancías (M), con el objetivo de recibir, finalmente una cantidad mayor de dinero (D’). Aún si aquí hemos omitido deliberadamente -por motivos de comodidad expositiva- la fase fundamental de la producción (donde se produce el plusvalor y a partir de la cual es posible explicar que la suma “final” de dinero sea mayor que la desembolsada en un comienzo), la diferencia entre la propuesta de Sraffa y la de Marx emerge de manera palmaria. De hecho, el mismo Marx formula el núcleo de su teoría en oposición a la formula M-D-M, fundamentalmente para mostrar el dinero bajo un régimen capitalista no es sólo ni primariamente un “medio de cambio”, sino que expresión de un valor que supone correlatos básicos distintos[27]. Inversamente:

La interpretación neorricardiana, por lo contrario, hace caso omiso de la formulación de la circulación del capital en términos de dinero de Marx, y parece implicar que el marco analítico de la teoría de Marx es algo como M…P…M, que podría describirse como “la producción de mercancías por medio de mercancías”, donde los supuestos fundamentales son las cantidades físicas de los insumos de la producción. Este marco analítico es fundamentalmente diferente de la transformación del dinero en capital[28]

Esta posición neorricardiana la denominaremos “fisicalismo”, dado que para la misma lo fundamental en lo real serían las cosas u objetos físicos antes que las relaciones. La misma posee al menos cuatro correlatos básicos intrínsecamente relacionados que vale la pena consignar. Primeramente -y esencial- la misma idea fisicalista, basada en la exclusividad explicativa de las condiciones técnicas de producción y el salario real, supone una omisión fundamental: la posición, función y determinancia del trabajo humano. El argumento neorricardiano, que Shaik presenta gráficamente de la siguiente manera:

(el maldito esquema no l puedo subir...mal puesto, es algo así:)

Datos de producción física    ---- Cantidades de valor
                                       
                                            ---- Ganancias y precios        




…Omite olímpicamente el trabajo humano de la ecuación. ¿Qué supone la misma? La fetichización de la realidad social, el reemplazo de las relaciones sociales por las conexiones entre las cosas. En términos hegeliano-marxistas, esto implica concebir la realidad social como mera apariencia. La dialéctica contradictoria e insustituible entre esencia y apariencia es eliminada en un tipo de análisis unilateral. En este sentido, se omite un hecho fundamental: lo que intercambian los agentes inscritos en un mercado capitalista, no son primariamente “cosas físicas”, sino que trabajo humano (una relación social). Las “cosas físicas” serían sólo un medio, una forma de expresión de una realidad más fundamental constituyente de lo social: las mismas relaciones entre los hombres. Ahora bien, no sólo un análisis marxista debe rechazar el análisis neorricardiano por esta (y por muchas otras) razón(es), sino que cualquier análisis sociológico consistente debiera también  hacerlo. Esto porque una de las enseñanzas básicas de gran parte de esta tradición disciplinar se fundamenta en el privilegio estructural otorgado a las relaciones sociales; la negación de todo sustancialismo cosificante es casi una “premisa negativa” constituyente de la sociología como campo intelectual[29].

 Una omisión tan básica sólo puede entenderse si se comprende que este tipo de análisis económico sólo es capaz de describir lo dado y no de explicarlo: los datos de la producción física son una premisa que en sí misma no se analiza sino que se asume como punto de partida incuestionado (como una unidad última). Siguiendo a Olin Wright, deberíamos decir que esta corriente de pensamiento es incapaz de explicar cabalmente lo que existe, porque, en alguna medida, transparenta un nivel de abstracción menor a cualquier alternativa genuinamente marxista  (en realidad, un análisis marxista riguroso “contiene” las proposiciones sraffianas) en tanto el mismo deviene sólo descriptivo. Las nociones de “determinación estructural”, “transformación” y “reproducción”-por sólo mencionar algunas de las categorías teóricas desarrolladas por Olin Wright- serían ajenas a cualquier posición que pretenda asumir una posición neorricardiana cabal, para la cual existirían sólo procesos de “selección”[30]. Esta operación teórica transparentaría un tipo de aproximación analítica incapaz de dar cuenta de las posibilidades inherentes a lo social existente. Por otro lado, también es evidente que el descriptivismo incapaz de dar cuenta de las potencialidades inherentes en lo dado, se expresa en la manera característica mediante la cual opera la variante neorricardiana: el formalismo matemático. Siguiendo de alguna manera la tradición neoclásica, esta corriente tiende a construir modelos matemáticos de alto grado de formalidad, los cuales se presentan en tanto que argumentos racionales (fundamentos). Alternativamente, éstos parecieran funcionar, en lo modelos sraffianos, en tanto que causa. Ahora bien, esta confusión entre “argumento racional”, “causa determinante” y “demostración descriptiva” no contribuye al progreso del conocimiento y del análisis racional. En este sentido argumenta Olin Wright:

“…que un cálculo matemático posee el status de prueba sobre un proceso de causación. Una derivación matemática es vista como un tipo de experimento mental, el cual replica, en el pensamiento, una serie de condiciones reales que no pueden ser observadas en estado puro en el mundo social… Si el objetivo de una teoría es identificar los mecanismos reales mediante los cuales ciertos resultados son producidos, entonces la misma debe hacer más que proveer un método satisfactorio para calcular esos resultados (aún si este cálculo es no obstante importante)”[31]

 Más importante todavía, dentro del mismo debate sobre el “problema del valor” existe una variante que percibe esta falencia en las interpretaciones sraffianas, al tiempo que argumenta en favor de un tipo interpretativo capaz de reconocer causas. En efecto, Kliman-Freeman establecen
Esta afirmación, nosotros sugerimos, pasa por alto una de las funciones centrales de cualquier teoría: el identificar causas. Desde el tiempo de Smith, Ricardo y Marx hasta el presente, el debate sobre la caída en la tasa de ganancia nunca ha sido acerca de si la tasa cae, sino acerca de por qué cae.  En lugar de meramente tratar con cómo cambia la tasa de ganancia bajo tales o cuales circunstancias, la función principal de estas teorías ha sido identificar por qué lo hace”[32]

 Por otro lado, una tercera implicación del fisicalismo –de alguna manera implícita en lo ya mencionado- es su unilateralidad sustentada en el “valor de uso”. El mismo no podría comprender la dialéctica intrínseca entre “valor de cambio” y “valor de uso”, al tiempo que presentaría los “medios” como “fines”. Creemos que el carácter adialéctico (la inexistencia de la influencia recíproca entre dos fuerzas antagónicas, la sobredeterminación que esto supone, etc) de este análisis se fundamenta en su reapropiación acrítica de David Ricardo (no por nada Sraffa creía estar actualizando a Ricardo y la corriente misma a la cual contribuye se le endilga el epíteto de “neorricardiana”). Para Ricardo, la emergencia del valor como tal valor no supone la necesidad estructural de las mercancías, sino que es una cuestión ahistórica (común a diferentes sociedades), como bien señala Hans Georg Backhaus:

“…las insuficiencias del análisis ricardiano respecto de la forma valor tuvieron aún como consecuencia que “la forma, la determinación particular del trabajo que crea el valor de cambio, no es analizada. Ricardo, por ello, no capta en absoluto la interdependencia entre la determinación del valor por el tiempo de trabajo y la necesidad de la mercancías, que permite pasar a la formación del dinero”[33]

 Esto mismo supone entronizar teóricamente a los “medios” en tanto que “fines”, fundamentalmente porque los agentes sociales que representan la posición el capital en una formación capitalista no tienen como motivo de su acción la cualidad concreta de la riqueza creada (fundado en su valor de uso), sino el “valor de cambio” representado por el dinero. El capital acumula valor de cambio -no valor de uso- porque sólo esta forma del valor es capaz de representar de manera cabal el motivo intrínseco que supone la conducta de los agentes capitalistas: la apropiación de trabajo humano, ya través del mismo de sus relaciones sociales constituyentes. En último análisis el capital se apropia del poder de actuar sobre los hombres, del control de las relaciones sociales necesario para materializar en lo real su “voluntad”. Por otra parte, la actual fase histórica del capitalismo hace todavía más evidente la inversión espuria  accionada por los neorricardianos, en tanto nos apercibimos que en ésta el mismo capital individual opera con  una “sublime” indiferencia para con el valor de uso, a través de estructuras financieras (los mentados “holdings”) específicas[34]

 Otra consecuencia del fisicalismo neorricardiano, es el hecho de no incluir de manera sistemática el dinero en sus postulados teóricos. Es que la misma unilateralidad del valor de uso niega la necesidad de un equivalente general: para los neorricardianos las mercancías podrían intercambiarse de manera instantánea sin mediación. En cambio, para cualquier alternativa marxista consecuente, el dinero se deriva estructuralmente del doble carácter que se le reconoce a las mercancías capitalistas (valor de cambio/valor de uso). Obviamente, el dinero puede ser “añadido” en un análisis neorricardiano; lo que discutimos es que esta inclusión no se deriva de manera necesaria[35] del mismo. Ahora bien, esta “omisión” transparenta un tipo de análisis que no tiene en cuenta la influencia específica de la esfera de la circulación bajo toda formación capitalista (su autonomía relativa en términos de un Shaik que parafrasea a Althusser), un tipo de análisis que no es capaz de explicitar las razones de acciones actuales tan fundamentales como la especulación a través de los diferenciales en los tipos de cambio de las distintas monedas, por ejemplo.

Ahora bien, existe una derivación del fisicalismo que es de sustancial importancia que no aún no ha sido mencionada: nos referimos a la implicada en el debate sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en adelante TDTG). Las premisas implícitas en el análisis neorricardiano llevan a sus defensores a aceptar de manera acrítica uno de los cuestionamientos más fuertes y sistemáticos desarrollados contra las tesis de Marx, como es el trabajo de Nobuo Okishio. Lo que ha dado en llamarse el “teorema de Okishio”  supone que la tasa media de ganancia no puede caer nunca en razón de la implementación de un cambio técnico “viable” (por viable Okishio entiende un tipo de cambio que reduzca costos y aumente la productividad). Ahora bien, recordemos que la tesis de Marx es justamente la opuesta: el cambio técnico en una formación capitalista supone una tendencia estructural intrínseca a reducir la tasa media de ganancia que recibe cada capital[36], ya que el mismo supone siempre una reducción de la única fuente valor (el trabajo humano “vivo”) y el acrecentamiento del trabajo “muerto” (capital constante)[37]. ¿En qué fundamenta Okishio su inversión de Marx? Fundamentalmente, en una lectura “fisicalista” de la realidad económico-social. Esto es, para Okishio la única tasa de ganancia que existe (o al menos que tiene relevancia) es la tasa de ganancia material[38], la relación entre el output producido y el input utilizado en la producción. Obviamente, esta razón crece con el cambio técnico inherente al capitalismo, el cual de hecho es un modo de producción que se caracteriza por un desarrollo acelerado y progresivo de las fuerzas productivas (FFPP), un aumento creciente y “constante” de la productividad del trabajo (cada vez menos trabajo es necesario para producir más bienes). Ahora, lo paradójico es que esta cantidad creciente de bienes representa cada vez menos valor de cambio que el desembolsado en la producción (el capital avanzado), lo cual de hecho explica la TDTG (aún así, dado el exponencial crecimiento de la productividad bajo el capitalismo la “masa de valor” apropiado por los capitalistas de hecho aumenta)[39]. Ahora bien, para muchos neorricardianos la asunción del teorema de Okishio no supone negar la posibilidad de la crisis bajo el modo de producción capitalista, sino sólo modificar las razones de la emergencia de éstas. Para esta variante una crisis se deriva de la presión acrecentada de los salarios reales sobre la rentabilidad (la tesis de la compresión de las ganancias), ergo es función exclusiva del poder de la organizaciones de los trabajadores (partidos, sindicatos). Empero, esto significa que se ha reemplazado un mecanismo estructural (y necesario) por un tipo de acción contingente. El economicismo y coyunturalismo –todo depende de la relación de fuerzas del momento- son evidentes en esta posición. Inversamente, un marxismo bien entendido incluye la posibilidad que supone la “compresión de la ganancias” en un marco más general que comprende la capacidad autolimitante intrínseca en el capital (como se ve, para los neorricardianos un método de regulación eficaz puede de hecho eternizar el capitalismo con lo cual se cae en todos los mitos del regulacionismo y del “capitalismo organizado”[40]).

 Lo anterior contiene en sí tres premisas interrelacionadas. Primero, el hecho de que el análisis neorricardiano presuponga el equilibrio. Esta no es una cuestión menor. Por un lado, porque la misma es una característica compartida con la economía neoclásica. Por otro, porque confunde dos problemas distintos que Marx diferencia de manera característica, a saber, el problema de la reproducción (simple y ampliada) y el problema de la transformación[41]. Este equilibrio impone la restricción de que los precios de los input sean iguales a los precios de los output, cuestión crucial criticada por Andrew Kliman y Alan Freeman[42]. En segundo  y tercer lugar, implícito en este equilibrio presupuesto se encuentra una forma estática de concebir la realidad social-natural junto a una “petición de principio” simultaneísta. Es que, en efecto, para Freeman y Kliman la economía neorricardiana:
“Supone una economía irreal estática en la cual los precios de lo consumido como input son iguales a los precios de lo consumido como output….Ahora bien, la interpretación sraffiana omite la temporalidad de esta dinámica, de este movimiento. Al determinar que las tasas de ganancia se igualen de manera simultánea, ignoran de hecho el movimiento, el efecto del movimiento sobre la posición. Esto es lo mismo que intentar calcular una caída de agua a partir de las propiedades que se derivan de su posición estática absoluta”[43]

Además, “detrás” de esta posición existen premisas ontológicas que fundamentan el privilegio de la “estatis” por sobre el movimiento
“Aquí descansa la distinción ontológica central entre la aproximación temporal y la simultaneísta. Un temporalista reconoce, junto a Heráclito, que la identidad no es un prerrequisito de la persistencia. Un tornado existe y persiste pero en ningún momento es idéntico y el mismo al instante previo. Sin embargo, desde la perspectiva platónica de Bortkiewicz y todo el simultaneísmo, las únicas cosas que, al nivel más abstracto, pueden ser tomadas como existentes son aquellas cosas que no cambian”[44]

Empero, no es algo menor relevar la estatis por sobre la dinámica, lo simultáneo por sobre lo temporal, lo equilibrado por sobre lo desigual. Filosóficamente es casi una perogrullada insistir en la cuestión de que el espacio existe en el tiempo (y por el tiempo). Sociológicamente, por otra parte, omitir el tiempo significa eliminar del análisis a los procesos (relaciones en el tiempo). Realizar esta omisión –que se encuentra implicada en la idea de considerar secundariamente la dinámica-, contiene también la posibilidad implícita de negar la historicidad propia de la realidad social-natural.  Por lo tanto, una asunción rigurosa y cabal del “sraffianismo” supondría la eliminación componentes básicos de las ciencias sociales y la humanidades (reproduciría lo que Marcuse llama “pensamiento único”).

 Por otra parte, ya hemos caracterizado a la interpretación neorricardiana como “dualista”. ¿Cuál es la base de esta denominación? ¿Es su mismo contenido positivo criticable? La noción de dualismo apunta a dos realidades relacionadas. Por un lado, como apuntan Ramos y Rodríguez[45], la idea de “dualismo” hace referencia al hecho de que esta variante trabaja con dos sistemas diferenciados, uno en el cual las ganancias se igualan y otro en que no lo hacen, ya que asumen la premisa de Bortkiewicz ya mencionada, según la cual las dos igualdades propuestas por Marx (plusvalor=ganancias; precios=valores)  no son susceptibles de cumplirse conjuntamente. Por otro lado, una forma de análisis neorricardiano es “dualista”[46] cuando supone la existencia empírica (fenoménica) equivalente de dos series de cifras (precios y valores). Ahora bien, el rechazo del “dualismo” es necesario por dos razones fundamentales. Primero, porque las dos igualdades propuestas por Marx si son susceptibles de cumplirse; para esto es necesario adoptar una perspectiva temporalista inscrita en un sistema único, como lo hacen Andrew Kliman y Alan Freeman. Segundo, porque los niveles de análisis (y el tipo de abstracción que suponen) deben ser diferenciados según su función y peso específico, cuestión que no realiza el dualismo. Esto es, precios y valores no posee la misma cualidad empírico-fenoménica, así como tampoco el mismo peso teórico[47].

 Por otra parte, aún si en lo aparente la variante neorricardiana se presenta como radicalmente materialista, el particular y específico énfasis que la misma otorga a lo material le lleva a postular tesis “distribucionistas”, en las cuales la influencia de la esfera de la circulación se troca en determinación que modifica los valores y las relaciones entre las clases de manera no menor. En efecto, Anwar Shaik afirma:

“Los neorricardianos tienden a ver la producción como un proceso técnico, como “datos físicos” en lugar de un proceso de trabajo en el que el trabajo humano es objetivado en valores de uso. Por esto el énfasis característico de los neorricardianos en la distribución: una vez la producción es vista como un proceso meramente técnico, sólo la distribución parece verdaderamente social”[48]

 En el mismo punto concuerdan Freeman y Kliman, en tanto para los mismos cualquier análisis simultaneísta corre el riesgo de otorgar un papel espurio a la esfera de la circulación:
“Por contraste, para una interpretación simultánea, que supone un tasa de ganancia generada en función de los costos de reemplazo del capital invertido, los movimientos en los precios de los outputs causarían que los costos de reemplazo del capital y por tanto la tasa de ganancia variara. Ergo, para esta variante los movimientos de precios en la circulación pueden hacer variar la tasa general de plusvalor…”[49]

 Para Wright, en el mismo respecto, el análisis sraffiano no contiene una premisa explícita que lo lleve a considerar sistemáticamente la esfera de la producción:

“Todas las preguntas que pueden ser formuladas a través de la variante sraffiana, también pueden serlo en la variante marxista (en cierto sentido porque la primera está contenida en la segunda). Ahora bien, lo que distingue a las preguntas marxistas de las preguntas sraffianas, es que las primeras ponen un énfasis primordial en el estudio del proceso de trabajo (el cual es fundamental para explicar las variaciones en el plustrabajo que deviene plusvalor). En cambio, si bien la postura sraffiana puede preguntar por los cambios en el proceso de trabajo que afectan las condiciones técnicas de la producción, la misma no tiene a ésta como su pregunta fundamental, sino que enfatiza más bien en la esfera de la circulación…”[50]

  Lo mismo lleva a este heredero del “marxismo analítico” a explicitar un correlato sociológico que se deriva del análisis neorricardiano. Para este último, las clases sociales se conceptualizaran de una manera weberiana, a partir de su posición en el mercado, cuestión que es radicalmente diferente de la posición marxista (la cual explica el las clases a partir de la esfera de la producción). De alguna manera, esta forma de concebir las clases contiene el peligro implícito de la adopción de mitologías evidentes como la de la “clase salarial”[51].

 Existen tres ejes más en función es los cuales es pertinente dejar de lado el dualismo derivado de la conjunción Sraffa-Bortkiewicz. Por una parte, lo referido al problema de la producción conjunta.

 Este problema es posible de ser sintetizado en la pregunta que se autoformula Olin Wright:
¿Cómo calcular los valores-trabajo en situaciones en las cuales dos mercancías son simultáneamente producidas por una sola actividad laboral?[52] Ahora bien, el mismo autor de “Clase, Crisis y Estado” señala que, aunque variante sraffiana exponga mediante una matemática de elegancia sin igual el proceso de cálculo de los precios y la ganancia bajo las condiciones de producción conjunta, no implica que esta variante haya de hecho producido una teoría de la “producción conjunta”. Esto porque, como ya hemos señalado, una exposición matemática no es lo mismo que una razón (un argumento) o que una determinación causal.

 El problema de la producción conjunta lleva a teóricos como Ian Steedman a establecer que un análisis basado en la teoría del valor propuesta por Marx, conduciría a conclusiones lógicamente absurdas. Por ejemplo, que el valor y el plusvalor pueden ser negativos[53] y, sin embargo, las ganancias permanecer positivas (o la situación inversa: valores positivos con ganancias negativas). En razón de esto emergen “soluciones” lógicamente ajenas a cualquier posición marxista consecuente (y casi a toda lógica), como la que propone Michio Morishima. Para este autor japonés, la teoría del valor-trabajo marxista puede aún sostenerse si se modifica “levemente” la forma de contabilización que supone: existiría la posibilidad de existencia de mercancías con valores negativos. Para quien escribe, esta “solución” no es más que expresión de un formalismo matemático exacerbado, el cual lleva a proponer incluso alternativas que no tienen sentido en la realidad. Por el contrario, aquí se plantea que la solución el problema de la producción conjunta pasa una percepción precisa de sus premisas implícitas. Y es en este sentido que Freeman y Kliman plantean la cuestión:

“En el caso de la producción conjunta, sin embargo, las mercancías individuales simplemente no tienen valores. Intentar determinar la cantidad de tiempo de trabajo necesaria para producir una mercancía individual cuando ésta solamente es producida conjuntamente es una tarea sin significado y fútil… Una vez uno rechaza la noción de que el concepto de valor de Marx es una especie de “precio-sombra”, sin embargo, la no existencia de los valores individuales en la producción conjunta, no hace que los valores pierdan significado ni los presenta como indeterminados. No menos que en el caso de la producción individual, la producción conjunta en el capitalismo requiere que sumas de valor sean avanzadas y, en la teoría de Marx, la producción permanece como producción no sólo de bienes materiales y servicios, pero de valor y plusvalor también. Concibiendo la suma de precios como suma de valores, la interpretación del sistema temporal único permite al valor del capital avanzado el ser determinado en el caso de la producción conjunta[54]

 En síntesis, el problema en su conjunto se derivaría de una suerte de “individualismo metodológico” aplicado al reino de las mercancías; una vez que, en función de la consideración de razones suficientes, nos deshacemos de esta premisa individualista, es posible percibir por qué el problema de la producción conjunta no constituye sino un problema para una interpretación neorricardiana de la economía.

 En segundo lugar, es menester consignar el tipo de abstracción que implica un análisis basado en Bortkiewicz, como el que plantea Sweezy. Según la interpretación de las “aproximaciones sucesivas” (que es la que propone Sweezy):
“…el tomo I de El capital hace los supuestos de que los precios de las mercancías individuales son iguales (o proporcionales) a sus valores, y la composición del capital en todas las industrias es igual. Después, en el tomo III, las composiciones desiguales del capital con introducidas, y se desarrolla una teoría  de precios más realista. La tasa de ganancia también se determina simultáneamente con los precios en este análisis del tomo III, de manera similar a la interpretación de la producción lineal del método de Marx. Sin embargo, según la distinción de Marx entre capital en general y los muchos capitales, el análisis del capital en el tomo I desecha completamente los precios de las mercancías individuales y las composiciones de los capitales individuales. No se hace suposición alguna acerca de la igualdad de las composiciones individuales del capital porque los capitales individuales no entran aún en el análisis. Además, la transición lógica al tomo III no está marcada por un cambio en el supuesto respecto a la composición de los capitales individuales, sino que está marcada por un cambio en el nivel de abstracción del capital en general a los muchos capitales, donde los fenómenos individuales, como la composición de los capitales individuales, se toman en consideración por primera vez”[55]

 Lo sostenido por Fred Moseley se basa en los desarrollos de Roman Rosdolsky (“Génesis y estructura de El Capital”); éste autor es el que plantea la distinción sustantiva fundamental entre “muchos capitales” y el “capital en general” al momento de discutir ciertas tesis de Rosa Luxemburg. En suma, la interpretación propuesta por Sweezy falla por su omisión de una metodología dialéctica, la cual le hubiera proporcionado la relevancia de distinguir niveles de abstracción y del establecimiento de mediaciones necesarias. Por contra, éste se queda corto al aceptar que las imprecisiones de Marx se derivan de una incorrección empírica. Por lo demás, la misma empiria tiende a negar la propuesta de las aproximaciones sucesivas: Duncan Foley nos revela que los descubrimientos recientes en torno a los manuscritos de Marx muestran que éste, al momento de redactar el primer tomo de El capital, ya había formulado los postulados sustantivos expuestos en el tercer tomo referidos al “problema de la transformación”[56].

  En tercer lugar, y finalmente, es pertinente apuntar una cuestión lógica fundamental con respecto a las “soluciones” neorricardianas. Al basar sus análisis sólo en el “valor de uso” (recordemos el “fisicalismo” de esta variante), las mismas pasan por alto que lo intrínseco a este tipo de valor es su concreción particular, esto es, la inconmensurabilidad recíproca entre los diferentes tipos de valores de uso. Por esto debe añadirse una medida de conmensurabilidad extrínseca al modelo, como es el dinero.

 Esta extensa definición negativa de las proposiciones neorricardianas nos ha encaminado de buena manera en la búsqueda de una mejor alternativa en torno al problema del valor. Premunidos de criterios y elementos de juicio, podemos ahora adentrarnos en un tipo de tradición cuyos desarrollos explican y dan cuenta de las formulaciones más recientes elaboradas por Andrew Kliman y Alan Freeman.

Bruce Roberts, Richard Wolff y Antonio Callari escriben, pasadas ya las dos crisis petroleras de los años setenta, el artículo “El problema de la transformación de Marx (no de Ricardo)”. Éste es importante porque desarrolla una de las primeras críticas sistemáticas a la posición sobre el valor hasta el momento dominante, a saber, la sostenida por los neorricardianos. En este escrito consideramos que lo planteado por los autores mencionados constituye un primer avance hacia una solución racional del problema del valor[57]. En tanto primer avance, presenta tanto puntos racionalmente certeros como elementos descaminados aún no todo lo desarrollados que pudiera esperarse. Existen al menos cinco desarrollos certeros e interesantes que es necesario rescatar y consignar en lo que refiere al problema del valor. Primero, y fundamental, los autores reconceptualizan el mismo método de solución aplicado hasta el momento en torno a esta temática, relevando el hecho de que éste no debe ser una mera operatoria matemática, sino que un tipo de solución lógica o argumentativa. Esto es un avance importante con respecto a los autores sraffianos  para quienes, como ya vimos en extenso, el problema del valor imponía una solución e tipo operatorio (matemática). Ahora bien, para Roberts, Callari y Wolff esto no significó la eliminación de las demostraciones formales del método matemático, sino que la subordinación de las mismas a un tipo de solución lógica formulada antecedentemente. Esto es, la operatoria matemática se derivaba de ciertas razones, y no lo inverso (las razones se derivaban de la operatoria matemática), como para muchos neorricardianos. El tipo interpretativo que proponen los autores se enraíza en una variante de la tradición francesa del marxismo, aquella desarrollada por la “escuela” a la cual dio nacimiento e impulso Louis Althusser. Esto porque nuestros teóricos proponen retomar el concepto de “sobredeterminación”[58] el cual creen es una herramienta categorial sobremanera útil en la “resolución” del problema del valor. Los autores entienden este concepto de la siguiente manera:

“…este concepto muchas veces malentendido implica, por supuesto, recíproca y mutua determinación, sin embargo bastante más se encuentra involucrado que simplemente direcciones de causalidad. Sobredeterminación adicionalmente implica relaciones de constitución, el poder de cada aspecto de la sociedad de no solamente afectar otros aspectos, sino también producirlos, constituirlos, participar en la naturaleza determinante de, y en los cambios en, cualquier otro aspecto”[59]

  Unida este concepto a las nociones de “interdependencia” y de “condiciones de existencia”, quien escribe cree poder afirmar que la alternativa lógica propuesta por estos teóricos rescata, en alguna medida, una forma embrionaria de dialéctica. Esto aún si los mismos no realizan este reconocimiento explícito, y aún si cualquier autor que rescate la tradición althusseriana sentiría incomodidad frente a la dialéctica (recordemos que uno de los “aportes” de Althusser es la crítica que realiza de la dialéctica hegeliana[60]). Afirmamos esto porque, precisamente la determinación mutua entre fuerzas antagónicas (la interrelación recíproca de influencias) es una característica saliente de una forma dialéctica de pensamiento[61]. Enfaticemos en el hecho, además, de que es precisamente la falta de un análisis dialéctico uno de los rasgos lo incapacita a los neorricardianos a la hora de presentar una “solución” satisfactoria con respecto al problema del valor.

 En segundo lugar, Callari, Roberts y Wolff, pergeñan su alternativa interpretativa relevando la función e influencia de la esfera de la circulación en la determinación del valor. Aún si la forma mediante la cual realizan este relevamiento no es la correcta, el mismo es correcto en su orientación. Constituye un avance, asimismo, frente a la tradición “fisicalista”, para la cual el ciclo del capital se invertía (M-D-M’ y no D-M-D’) y el dinero no era, en términos teóricos, sistemáticamente necesario. Por el contrario, para los autores:

“…las condiciones sociales de la circulación específicamente capitalistas deben tener su propio impacto en la necesidad de tiempo de trabajo social involucrado en la producción”
 Al momento de tratar los reveses que supone la alternativa propuesta por los autores, especificaremos que, si bien este relevamiento de la esfera de la circulación constituye una orientación de análisis fructífera, la forma abstracción en la cual descansa es errada.

 Un tercer elemento que orienta la investigación hacia un terreno fértil que es desarrollado por los autores, es el deslinde de la solución marxista de sus antecedentes ricardianos. De una manera muy althusseriana, Wolff, Callari y Roberts distinguen la especificidad diferencial entre las  teorías del valor de David Ricardo y Karl Marx. El objetivo de Ricardo, al analizar el problema del valor, es determinar las leyes que regulan la distribución del producto social; estas leyes serían efecto de (1) el deseo de los capitalistas por acumular; (2) la fertilidad del suelo; (3) el patrón maltusiano de población. En Ricardo, por lo tanto, las clases cumplirían sólo un papel mediador en la meta más amplia de determinar las leyes de la distribución del producto social. Para Marx, por el contrario, las clases constituyeron su punto de entrada, su objeto de investigación. Aquí, el inquirir sobre las leyes que regulan la distribución del producto social sólo constituye un medio para el fin más amplio y abarcante que toca al problema de las clases sociales. Nosotros creemos, por nuestra parte, que esta apreciación es correcta, porque la misma enfatiza en el hecho de que para Ricardo la forma mercancía no se deriva de un modo de producción específico ni de su articulación clasista específica, sino que es ahistórica (atemporal). Por lo demás, la inclusión sistemática del tema de las clases es pertinente si a la solución lógica propuesta se la entiende también como alternativa sociológica.

 La inclusión de las clases, la sobredeterminación y la esfera de la circulación, descansa en un tipo de interpretación que propone un método de abstracción específico a la hora de interpretar los tres tomos de El capital. Lo positivo de esto es que constituye una forma que está orientada a rechazar el “dualismo” intrínseco en las variantes teóricas herederas de Piero Sraffa, una manera de trascender tanto las dos series de independientes de cifras (precios y valores) como la premisa de la “aproximaciones sucesivas”. Sumariamente, debemos decir que Wolff, Callari y Roberts establecen que el primer tomo de El capital no incluye una forma mercantil (y de valor) en la cual las clases tengan un papel sistemático, mientras el tercer volumen de esta obra precisamente se caracterizaría por esta inclusión sistemática (manifiesta en la forma “precio de producción”: “Por lo tanto, cualquier precio de producción de una mercancía es la magnitud del tiempo de trabajo suficientemente amplio (socialmente necesario) para reproducir al capitalista de la industria productora como capitalista en un mismo pie que los otros  de las demás industrias”[62]). Ahora bien, es claro que si aún la orientación de este análisis es correcta (porque niega el dualismo y porque establece una diferencia de niveles de abstracción entre el primer y el tercer tomo del El capital, no una diferencia basada en niveles de precisión o corrección empírica –como plantea la premisa de la “aproximaciones sucesivas”-), las bases de la abstracción descrita son erradas. Para reconocer esto sólo nos hace falta iterar en lo planteado en una cita de Fred Moseley consignada más arriba: la diferencia entre el primer y el tercer volumen de El Capital no es una que distinga la existencia de un “valor” mercantil no clasista (Tomo I) frente a un valor (o capital) que incorpora a las clases (Tomo III), sino que es la diferencia entre un tipo de nivel de abstracción (“capital total”, para el tomo I) y otro tipo de nivel (“muchos capitales”, para el tomo III). Recordemos que si esta es una distinción lógicamente más consistente, lo es también en términos empíricos: Foley ya nos “advirtió” que Marx había ya formulado las proposiciones fundamentales del tomo III del El capital a la hora de publicar el primer volumen de esta obra.

  Un último aspecto que hace fructificar el análisis sobre el problema del valor, es el énfasis que los autores ponen  en el hecho de que los escritos de Marx no deben ser interpretados  bajo el paradigma del “equilibrio”:
 Es de notar que lo que Marx busca no es una solución de “equilibrio”, en el sentido convencional del término. No tienen ningún sentido utilizar un tal término donde no existe posibilidad de un estado de “equilibrio”, en el corto o largo plazo…”[63] 

Precisamente el rechazo del “dualismo” y de una interpretación que suponga el “equilibrio”, serán dos características básicas de la interpretación propuesta por Andrew Kliman y Alan Freeman.
 Ahora bien, lo que proponen Wolff, Callari y Roberts no descansa sólo en un tipo abstracción interpretativa errada, sino también en dos apreciaciones fundamentales descaminadas. Por un lado, el hecho de que los autores consideren que Marx dejó sin acabar su propia discusión (su solución) sobre el problema del valor:
“En contraste con las interpretaciones tradicionales, que supone que estos ejemplos numéricos muestran la teoría completa de la transformación de Marx, nosotros entendemos el procedimiento en estos ejemplos como cualitativamente diferente de aquél requerido para una solución simultánea completa al problema de la transformación…”[64]

 Ahora bien, como demostraremos al momento de tratar la interpretación postulado por Freeman y Kliman, considerar incompleta de esta manera la “solución” de Marx lleva hacia una senda de análisis falsa. Esta contiene en sí una implicación consignada en la misma cita propuesta: la necesidad de formular un tipo “simultáneo” de solución. Como vimos, esta orientación contiene en sí la posibilidad cierta de omisión de los procesos al no considerar la temporalidad. Es que, de hecho, sólo una interpretación temporalista (Como la que proponen Freeman y Kliman) es capaz de considerar de manera sistemática estos elementos.

 Otro autor que contribuye de manera sustancial a la tradición económica marxista que se separa de los análisis de tipo neorricardiano, es el paquistaní Anwar Shaik. Fundamentales son sus críticas al postsraffiano Ian Steedman y su implacable rechazo de los análisis neoclásicos[65]. Así también, es esencial su reapropiación de la tesis marxista referida a la TDTG, en tanto la misma critica los fundamentos de la solución propuesta por Okishio y sus derivaciones contingencialistas (tesis de la “compresión de la ganancias” que soporta, por ejemplo Maurice Dobb). Ahora bien, aquí quisiéramos extendernos sobre tres de sus contribuciones, dos de ella intrínsecamente relacionadas. Por una parte, relevamos el énfasis que Shaik pone en el carácter abstracto del trabajo ejecutado en la producción misma, cuestión que luego será erróneamente revertida en análisis como el formulado por Duncan Foley[66]:

“Es importante enfatizar que el proceso social descrito es un proceso social real. El trabajo abstracto es la propiedad que adquiere el trabajo humano cuando es dedicado a la producción de mercancías y, como tal, existe sólo en la producción de mercancías. El concepto de trabajo abstracto no es una generalización mental que decidamos hacer, sino, más bien, el reflejo en el pensamiento de una propiedad social real. Esto, significa que el trabajo abstracto y, en consecuencia, el valor, son también reales; el trabajo productor de mercancías crea valor que es objetivado (materializado) en la forma de una mercancía”[67]

 Así, a diferencia de la producción mercantil que pudiera existir bajo una formación social precapitalista, el trabajo en el capitalismo es desde un comienzo abstracto porque todo el proceso de producción en él se encuentra dirigido y orientado hacia el intercambio. Por el contrario, si un producto elaborado en una formación precapitalista llega al mercado, es muy probable que el mismo lo haga de manera circunstancial y contingente (como un ingreso secundario)[68]

 Un segundo elemento a rescatar en los desarrollos de Shaik es la importancia que éste le otorga a la esfera de la circulación y al dinero. Al igual que Wolff, Callari y Roberts –peor que quizás de manera más sistemáticamente –nuestro autor paquistaní considera la dialéctica compleja entre precios y valores. Como el mismo lo pone:

“Ya que el precio es la expresión monetaria del valor en la esfera del intercambio, siempre es determinado de manera más compleja que el valor. Aún en el caso más simple, cuando los precios son proporcionales a los valores, el precio monetario de una mercancías es todavía una cantidad de dinero (plata u oro, en el caso más simple) determinada por el valor de la mercancías en relación con el patrón de precio (una onza de oro, digamos) y es, por lo tanto, una (trans)formación del valor de la mercancía. En este sentido, los movimientos de precios no necesitan ser paralelos a los de los valores de la mercancía. Por ejemplo, los precios pueden subir incluso cuando los valores de las mercancías estén cayendo, si el valor del oro cae aún más rápido.

“…Debemos ser capaces de concebir no sólo la autonomía relativa de las magnitudes de precio, como se expresa en su variabilidad (complejidad) en relación con los valores, sino también los límites de estas variaciones y de la conexión de estos límites con el tiempo de trabajo social”

 Como vemos, en este relevamiento más complejo de la relación entre precios y valores, se rescata la noción marxista-estructuralista de “autonomía relativa”, la cual funciona como categoría capaz de trascender la unilateralidad del análisis neorricardiano (esta última, recordemos, fundada en el valor de uso).
 No obstante, la contribución más original de Anwar Shaik es la manera en cómo resuelve de manera lógica (no matemática) las inconsistencias empíricas leves que encuentra al momento de considerar la relación entre la expresión monetaria de la plusvalía (ganancia en dinero) y la plusvalía misma[69]. Para formular su argumento, al autor presenta el siguiente esquema:



(De nuevo no puedo subir el esquema... -no soy capi...sorry)




A través del mismo argumenta en el siguiente sentido. Es evidente que en los traspasos de valor[70] (bajo la forma de mercancías como la fuerza de trabajo –FT-, los medios de producción –MDS-, los medios de subsistencia –MDS- y el dinero invertido en capital variable y capital constante –Dv y Dc-) comprendidos en el cuadrante interior del esquema, configuran un sistema cerrado en el cual cualquier ganancia de valor por parte de un capitalista particular, supone una igual pérdida para otro distinto. Esto es, la expresión monetaria del valor, en su magnitud total, no se ve modificada. Ahora bien, cuando consideramos la periferia del esquema, la cual ilustra gráficamente aquellas mercancías que entran sólo en el consumo capitalista (Shaik pone el ejemplo de los “yates”), es posible  establecer la siguiente tesis. Cuando un capitalista productor de este tipo de mercancías vende las mismas por debajo de su valor (e.g. dada la baja composición orgánica de su proceso productivo), quienes “ganan” son los capitalistas en tanto consumidores. Ahora bien, esta ganancia, al no incorporarse nuevamente en el proceso productivo, se expresa como un “gasto” menor por parte de los ingresos capitalistas y a la vez como una rentabilidad menor (ya que las firmas que producen los medios de consumo capitalista pierden valor en el proceso de intercambio). Esta es la razón que podría explicar, según Shaik, las diferencias menores que es posible encontrar entre la plusvalía total producida y su expresión monetaria (ganancia). Estas desviaciones serán función de dos factores: la variación de los precios de los artículos de consumo capitalistas y la tasa de acumulación (cuanto de la ganancia obtenida en un periodo se reinvierte nuevamente y por tanto se retransforma en capital variable y capital constante).
 Se ha consignado esta “solución” propuesta por Shaik no por su corrección (como veremos más adelante, Carchedi formula una crítica cabal de la misma), sino por su originalidad y naturaleza “lógica” antes que matemática.

Dos elementos más que hicieron progresar el análisis sobre el problema del valor, y que se derivan de las proposiciones de Shaik, son: a) el relevamiento de una premisa que enfatiza en el “no-equilibrio”; b) la gran riqueza de investigaciones empíricas que se fundamentó en los desarrollos de Shaik. Con respecto a lo primero, véase la siguiente cita ilustrativa:
“Dentro de la agitada contradicción que es la producción capitalista de mercancías, la reproducción de la sociedad es necesariamente un proceso de ensayo y error…un proceso de regulación turbulenta”
 Y, con respecto a lo segundo, el mismo Shaik establece que:
 “…las anteriores conexiones entre valores trabajo, precios de producción y precios de mercado son muy fuertes empíricamente…para la información estadística de los Estados Unidos los valores trabajo explican más del 85% del nivel de los precios de producción. De mayor interés aún, los precios de producción de Marx…explican casi el 95% de los precios de producción plenos”
Creemos que estos aportes son sustanciales en la tradición marxista que derivará en las propuestas de Kliman y Freeman, razón por la cual consideramos sobremanera relevante consignarlos.

El autor que ahora trataremos es fundamental como antecedente de los postulados de Freeman y Kliman. Se trata de Guglielmo Carchedi, el cual con su libro “Class analysis and social Research”, sistematiza y desarrolla la interpretación del problema de valor que quiebra de manera radical con la tradición neorricardiana. Primero, al igual que Shaik y Wolff, Callari y Roberts –pero de una manera diferente y más satisfactoria-, Carchedi propone una solución lógica del problema del valor y no una matemática:

“Todas las mejoras matemáticas del tipo Bortkiewicz-Winternitz-Seton o del tipo sraffiano, son expresiones matemáticas ajenas a la lógica de Marx. El problema de la transformación debe ser redefinido, en los términos de la lógica inherente a la construcción teórica de Marx, antes de que pueda ser resuelto”[71]

 Esta supone un tipo de ontología (y epistemología) implícita particular, la cual merece ser tratada con alguna extensión. Primeramente, Carchedi distingue entre “determinación en última instancia”[72] y “determinación realizada”. Mientras la primera trata con las condiciones posibles de existencia y las condiciones posibles de superación derivadas la base económica (u otra dimensión que se considere determinante); la segunda inquiere sobre la realización de alguna de estas posibilidades. Carchedi lo pone de la siguiente manera:
“A” determina en última instancia  a “B” si “B” es llamado a existir como una condición potencial de reproducción o superación de “A”. “A” no puede ser teorizada independientemente de “B”…”B” debe ser considerado como una condición potencial de reproducción o superación de “A”, y por lo tanto inherente en A, desde el mismo momento de la teorización (pero no necesariamente desde el comienzo de la exposición). Ambas “A” y “B” se realizan a sí mismos en su mutua interrelación, se constituyen a sí mismos recíprocamente en el acto de su realización, y esta realización es al mismo tiempo su modificación recíproca”[73]

 Empero, lo esencial es que éste no es el único mecanismo que actúa en la realidad, sino que el mismo es concomitante a lo que podría denominarse la dialéctica compleja entre lo “individual” y lo “social”. La misma implica que lo “individual” sólo existe por medio y a través de lo “social”; sólo esto último podría expresar la estructura característica de lo primero (aún si lo primero puede ser regulador y existir con anterioridad lógica). Es con este marco categorial que Carchedi que el valor es una noción “individual” en tanto sólo existe (puede ser realizada) como fenómeno “social”. Esto es lo que está implicado en el hecho de que empíricamente sólo podamos percibir la existencia de los precios de mercado. Ahora bien, el autor afirma que existe una dialéctica compleja y continua entre lo “individual” y lo “social”, siendo que lo primero puede “realizarse” socialmente pero seguidamente retrotraerse a una forma “individual” si es que se reinserta en un nuevo proceso productivo (por ejemplo como un output que ahora es utilizado como input). En esta intrincada red de relaciones recíprocas es posible percibir distintos fenómenos reales y mediaciones (existentes en un nivel distinto). Así, reconocemos la existencia de: a) un “valor de mercado”: valor incorporado que posee una mercancía considerada como parte de una rama de la producción tomada en forma aislada (no actúa aquí la perecuación de la tasa de ganancia sino sólo las diferentes productividades derivadas de distintas estructuras de costos); b) precio de producción: valor incorporado en una mercancía si se considera el conjunto de las ramas productivas (actúa la perecuación de la tasa de ganancia); c) precio de mercado: cifra empíricamente comprobable que es regulada por el precio de producción, el cual es su “centro de gravedad”. Estas nociones (conceptos que designan realidades), como ya de algún modo sugerimos, se interrelacionan bajo la forma de una “determinación realizada” y no a través de la “determinación en última instancia”. Esto porque, la asunción de esta última categoría implicaría que debieran existir empíricamente (fenoménicamente) o “realizarse”, tanto los precios como los valores, cuando en lo real no sucede así (los valores se expresan a través de los precios). Todo este aparato conceptual tiene una derivación fundamental: al existir los valores como precios, el problema de la transformación supone considerar que “c” (e.g. capital constante) es ya un valor transformado al entrar como input en el proceso de producción (es ya un output). Lo interesante es que el valor de “c” como output se realiza al momento de venderse para ser utilizado como “input”; pero el valor de “c” como input se realiza cuando es vendido el producto al cual “c” se incorporado como elemento del proceso de producción. Esto es, el momento de realización de “c” como output es temporalmente diferente del momento de realización de “c” como input: el problema de la transformación se ha reconocido como un proceso temporal, negando el simultaneísmo. Este reconocimiento de la temporalidad de un proceso de transformación que es real[74], tiene efectos empíricos constatables: el valor de “c” al momento de realizarse como output puede ser diferente de su valor al momento de realizarse como input si es que las condiciones sociales de producción de este “elemento” se ven modificadas en el intertanto (aumento o disminución de la productividad derivado, por ejemplo, del cambio técnico).

 Es de esta manera como Carchedi critica a la vez al “dualismo” y al “simultaneísmo”. Ahora bien, este cuestionamiento (que el autor formula como una respuesta a lo que él denomina “crítica de la circularidad” –con esto hace referencia a la crítica sraffiana de la teoría del valor de Marx, la cual pone el acento, entre otras cosas, en el hecho de que Marx no habría transformado a precios los valores en el proceso de producción -) se imbrica con un apunte fundamental acerca del problema del equilibrio. A través de las mismas tablas que presenta Marx en el tercer tomo de El capital…


c
v
s
Valor
PrPr
PrPr-Valor
I (mp)
80
20
20
120
120
0
II(bs)
90
10
10
110
120
+10
III (bl)
70
30
30
130
120
-10

240
60
60
360
360
0


…Carchedi demuestra cómo, aún cuando la tasa de ganancia es la misma en las tres ramas, existe una transferencia de valor desde las ramas de composición orgánica más baja a las ramas de composición orgánica más elevada. Afirma, por lo tanto,
“…el intercambio desigual es inherente a, y es un rasgo específico, del problema de la transformación…(este sería) el propósito del esquema de Marx  que ilustra la formación de los precios de producción: esto es, mostrar que el intercambio desigual es inherente en la formación de los precios de producción”[75]

Es por esto que la imbricación (y confusión) del “problema de la transformación” con la temática desarrollada a través de los “esquemas de reproducción” (tomo segundo de El Capital) sería un camino errado:
“Debe ser relevado inmediatamente que existe un error lógico básico que invalida la crítica y la solución inspirada en Bortkiewicz: la ligazón del problema de la transformación a los esquemas de reproducción, y por lo tanto, la fusión de un tipo de problemática en un tipo de problemática distinto. Estos esquemas están concernidos con “la reconversión de una porción del valor del producto en capital y otra porción en el consumo capitalista y el consumo obrero”[76]

 Esto porque, por el contrario (y como de alguna manera explicitamos):
“El problema de la transformación es el problema de por qué y cómo el valor incorporado en c y v al momento de sus realización como outputs difiere del valor apropiado por ellos al momento de sus realización como inputs”[77]

 Otro aporte de los desarrollos que se deriva de los desarrollos de este teórico es el rechazo explícito de una interpretación secundaria del problema del valor, como la formulada por Joan Robinson (postkeynesianismo). Esta economista establece:
“Pero, puede ser argüido, si “c” se encuentra ya expresado como un valor social realizado, computado como precio de producción, entonces para computar el valor de “c” debemos regresar al periodo previo y de ahí al previo, por lo tanto cayendo en una regresión infinita”[78]

 Carchedi denomina a esta crítica de la teoría del valor, la “crítica de la regresión infinita”. Su rechazo es uno relativamente simple, pero consiste y certero:
“En términos de método, el principio que debe ser adoptado, y que es el único que hace la investigación científica posible evitando la regresión infinita tanto en tiempo como en causación lógica, es que la alternativa del punto de partida depende del propósito de investigación y debe ser tal que no necesita ser analizado en términos de sus antecedentes, pero puede ser y debe ser analizable por las mismas leyes que gobiernan los fenómenos de los cuales este punto es el comienzo”[79]

 Es que, la misma ciencia y la historia serían imposibles si la crítica de la regresión infinita tuviera algún sentido.

 Un último aporte sustancial de este autor que aquí es necesario rescatar, dice relación con la discusión que éste elabora en torno a la solución lógica que Anwar Shaik propone para explicar las posibles inconsistencias entre las magnitudes de plusvalor y las magnitudes de la ganancia. Recordemos que el autor paquistaní argumentaba que las ganancias podían expresan una cantidad diferente al plusvalor producido, sólo si los productos consumidos por los capitalistas no se vendían por su valor de una manera sistemática (esto porque los diferenciales de valor –el valor transferido- no volvía a ingresar en el proceso productivo, sino que, en tanto implicaban bienes de lujo, permanecían en el consumo – su ciclo terminaba ahí-). Ahora, para Carchedi:

“….La debilidad de esta solución, no obstante, reside en el hecho de que una vez más la igualdad entre la masa de plusvalor producido y la masa de plusvalor realizado es rota, contrariamente no sólo a la letra sino también al espíritu de la teoría  del valor de Marx…Para Marx, mientras los productos son vendidos, el plusvalor no realizado debe ser realizado en otro sector y no puede desaparecer mediante el intercambio propio de la esfera del consumo”

 La solución que el autor propone pareciera, al menos a primera vista, más consistente con una reapropiación más rigurosa de los postulados formulados por el propio Marx:

“De hecho, el caso ilustrado por Shaik demuestra que demasiado trabajo ha sido gastado en la producción de bienes de lujo, no solamente de manera relativa a las otras categorías de bienes, sino de manera absoluta…el hecho de que la demanda y el precio del capital y los bienes-salario no incremente cuando hay una baja en la demanda y el precio de los bienes de lujo, indica que la sociedad ha satisfecho su necesidad por los primeros bienes mientras gasta demasiado trabajo en la producción de los bienes mencionado en segundo lugar. Cierto trabajo no era necesitado en el sector C, pero este trabajo tampoco era necesitado en A o en B. Por lo tanto, este no es el caso en el cual cierto trabajo ha sido asignado erróneamente al sector C y no al sector A o B (lo cual es corregido post festum mediante una transferencia de valor entre estos sectores); en cambio, en este caso cierto trabajo ha sido “desperdiciado”. Ergo, el producto de este trabajo no tiene valor”[80]

La siguiente proposición teórica que aquí consideramos constituye un polo analítico inverso al relevado por la tradición neorricardiana, en tanto formula una suerte de “unilateralismo de valor cambio”. Nos referimos a lo que he dado en llamarse Nueva Solución (o Nueva Interpretación  –NI-)[81]. Formulada por Gerard Dumenil y Duncan Foley en la década del 80 del siglo veinte –y desarrollada más sistemáticamente por este último en años más recientes-, la proposición fundamental de la NI supone la necesidad de vincular de manera sistemática el dinero y la teoría del valor. De hecho lo que diferenciaría a Marx de Ricardo, por ejemplo, sería que el primero habría sido capaz de realizar esta operación teórica mientras el segundo no[82]. Es en función de esta consideración que Duncan Foley y Gerard Dumenil formulan lo que en inglés se denomina MELT (Monetary expresion of labour time) –aquí trabajaremos con la traducción expresión monetaria del tiempo de trabajo (EMTT)-[83]. Como su nombre lo indica, esta fórmula indica la razón entre el valor del dinero y el valor del trabajo (es un coeficiente de conversión de trabajo en dinero y de dinero en trabajo). Su utilidad ha sido vasta, lo que no se deriva poco de su simplicidad y generalidad (los autores pretenden una aplicabilidad a cualquier sistema monetario). Según Foley, una de las ventajas de esta interpretación es el hecho de que mantiene las dos igualdades sustantivas propuestas por Marx (plusvalor= ganancias; valores=precios) en tanto nos apercibimos que iguala el “trabajo impago” a “ganancia” y el “trabajo pago” a salario. Además, rompe con el fisicalismo implícito en las interpretaciones neorricardianas, en tanto no concibe, como éstos, el valor del salario como igual a los bienes físicos que con él se compran, sino que cómo la suma dineraria contenida en los salarios y el valor que esta expresa.

 Por otra parte, son importantes las precauciones metodológicas que el autor precisa como necesarias a la hora de trabajar con las categorías “keynesianas” que facilitan las cuentas nacionales:

a)      Tomar el producto doméstico (nacional) neto como indicador del valor añadido (trabajo impago), implica confiar en las declaraciones de depreciación del capital fijo que las firmas realizan, cuando las mismas por lo general establecen la existencia de una mayor depreciación de la realmente existente, para de este modo declarar menos utilidades y así pagar menos impuestos. Por esto es más pertinente utilizar el producto doméstico bruto, el cual si bien lleva a una sobreestimación del valor producido (y por tanto sobreestima la expresión monetaria del valor-trabajo), al menos entrega cierta medida de comparación más confiable en términos empíricos
b)      Debe cuidarse el hecho de que ambos tipos de productos nacionales (o domésticos) citados incluyen transacciones no mercantiles en su contabilización (por ejemplo, el valor de las rentas inmobiliarias)
c)      Debe transformase la EMT de manera de homogeneizar en valor los distintos tipos de trabajos y sus calificaciones
d)     Debe añadirse la distinción marxista entre trabajo productivo e improductivo a una forma de contabilización que carece de la misma

Por lo demás, y por otra parte, es el mismo Foley quien ha establecido finalmente que Marx escribió el primer tomo de El Capital con los desarrollos que se publicarían en el tercero en mente[84].
 En cuarto lugar, el autor sostiene que la NI de hecho formula definiciones básicas “ex post”, las cuales por definición se mantienen en todas las economías durante todos los periodos. Los críticos de esta “interpretación”, por otra parte, afirman la necesidad de buscar hipótesis “ex ante” con un contenido explicativo y predictivo satisfactorio. Foley considera que este último objetivo es uno muy válido; sin embargo, a la vez establece que la misma historia de la ciencia da cuenta de que el desarrollo de hipótesis ex ante satisfactorias siempre depende de un desarrollo anterior y necesario de buenas hipótesis “ex post”.

No obstante los aportes de la nueva Interpretación, la misma ha sido recibida por la comunidad intelectual de marxistas con ciertas reticencias no menores. Por una parte, Andrew Kliman y Alan Freeman critican a Foley porque él mismo mantiene de manera obcecada la validez del teorema de Okishio. Por otra parte, Alfredo Saad-Filho considera que, si bien la Nueva Interpretación incluye de manera sistemática el dinero en el análisis, la misma omite la complejidad y mediaciones existentes entre éste y los valores-trabajo, por lo cual no tiene en cuenta los siguientes puntos:

-          La cantidad y la velocidad de circulación del dinero
-          El régimen monetario institucional, el cual tiene gran importancia, ya que determina cuándo y cómo la moneda se aprecia y deprecia (y cambia, por tanto la EMT)
-          Este cálculo (hecho por la NI), basado en la definición del valor del dinero simplemente como el valor comandado por el dinero en la circulación, separa tanto el dinero como el valor de los procesos monetarios y financieros que vinculan el dinero al movimiento general de la acumulación de capital[85]
-          La NI no tiene en cuenta las diferencias en la cantidad (y cualidad) del dinero que tiene el hecho de que el mismo pueda provenir de fuentes diversas. El dinero emitido por el Estado es en alguna medida arbitrario –aunque sí se vincula con la acumulación si la emisión de billetes funciona como empresa capitalista productora de ganancias-; el dinero crediticio derivado de los bancos está vinculado de manera inextricable con el movimiento acumulativo del capital
-          Debiera establecer se la relación precisa existente entre el dinero-mercancía (billetes u oro como industria) y el dinero que se deriva puramente del sistema monetario
-          La NI no facilita la explicación y utilización analítica de las variaciones abruptas en el valor del dinero, que de hecho ocurren en los “capitalismos reales”

Todo estos puntos parecieran indicar que la NI que en los que Althusser denominaría “empirismo desnudo”, ya que concibe la relación entre dinero y trabajo de manera directa e inmediata, sin implicar las necesarias mediaciones que de hecho se encuentran en esta relación al considerar lo real.

 Una crítica compartida tanto por Shaik como Saad Filho, es aquella que cree ver en la NI un tipo de análisis que se queda en las meras formas aparentes (considerando la eminencia de los precios de mercado y olvidando de alguna manera el valor). El segundo formula su crítica de la siguiente manera:
“De hecho, nuestro comentario metodológico más contundente sobre la NI es su inmediata identificación de las categorías de la producción (trabajo y valor) con aquellas del intercambio (salarios, ganancia y dinero)”[86]

 El primero, por su parte, establece su crítica como sigue:
“Como se ha definido, el valor del dinero…es el trabajo vivo comandado en el intercambio por el trabajo neto. Esto significa que el valor de la fuerza de trabajo…es el trabajo vivo comandado por la masa salarial de los trabajadores productivos, y el plusvalor…es simplemente el trabajo vivo comandado por la masa existente de ganancia. Marx argumentó que los precios y las ganancias son las formas monetarias del valor y el plusvalor. La nueva aproximación abandona esto en su conjunto al definir el plusvalor como una forma de ganancia. La relación completa entre plusvalor y ganancia ha sido puesta de cabeza. Más todavía, esta aproximación no tiene de hecho la virtud de ser nueva, desde que realmente no es más que la segunda definición de Adam Smith del valor-trabajo como el trabajo vivo comandado por el precio”[87] 
  
 Y es de hecho el mismo Foley quien de alguna manera da cuenta de este problema inscrito en la NI:
“Es verdad que la Nueva Interpretación identifica las formas fenomenales del precio con las categorías de la teoría laboral del valor, pero es difícil ver por qué esto supone invertir la relación poniéndola de cabeza”[88]

 Lo que no percibe Foley es que, un análisis como el suyo, de hecho trabaja con lo que en un comienzo hemos denominado “unilateralidad del valor de cambio”. Esto se transparenta  mediante la forma a partir de la cual se concibe el trabajo abstracto y social: éste emergería solamente en el momento del intercambio de las mercancías por dinero[89]. Por otra parte, esta forma interpretativa corre el riesgo de caer bajo la ilusión de las apariencias, toda vez que la misma pudiera aceptar en tanto que válida una mera alza nominal en la tasa de ganancia, como muy bien apuntan Freeman y Kliman[90].

La última crítica que aquí quisiéramos desarrollar a la NI, es quizás la más fundamental de todas, porque ella se relaciona con los objetivos mismos que una solución se propone a la hora de resolver el “problema” del valor. Para Foley, según enfatiza Saad-Filho, la teoría del valor tiene por objetivo proveer sólo una explicación sistemática de la explotación inherente al funcionamiento del modo de producción capitalista. El proceso y el movimiento dinámico de conversión de los valores en precios y de los precios en valores no es tomado en cuenta por la NI. Esto, que supone un proceso de abstracción deficitario (sin mediaciones), implica que para la NI no son relevantes las apreciaciones que siguen a los primeros capítulos del primero tomo de El capital. Ergo, Saad-Filho tiene cierta razón al preguntarse: 
¿Cuál es el punto de una teoría que no toma en cuenta la acumulación y la productividad cambiante?[91]

Finalmente arribamos a la alternativa teórica que aquí consideramos como más acertada a la hora tatar el problema del valor: el sistema temporal único (STU)[92], desarrollado por los marxistas (hoy vigentes) Alan Freeman y Andrew Kliman. Los criterios que definen esta propuesta han quedado ya de alguna manera delineados a lo largo de la extensa revisión crítica de las otras interpretaciones elaboradas en torno al problema del valor. Por lo mismo –y en función de limitar las posibilidades de redundar-, como conclusión sólo elaboraremos algunos de los puntos centrales que supone asumir la solución propuesta por el STU. La tesis más controversial de esta alternativa es la siguiente[93]:

“La interpretación del STU de la teoría de Marx, en contraste, sostiene que el valor del capital avanzado depende de los precios, no los valores de los inputs, y el precio agregado del output depende del plustrabajo y el plusvalor ejecutado en la producción capitalista”

Ahora bien, la misma de hecho es largamente demostrada mediante citas provenientes del primer tomo de El Capital. Así, por ejemplo:

“Los medios de producción de un parte, la fuerza de trabajo de la otra, son meramente diferentes formas de existencia que el valor del capital original asume cuando perdió su forma monetaria y fue transformado en los varios factores del proceso de trabajo”[94]

El valor del capital no es por lo tanto sinónimo con el valor de los inputs comprados con él. Antes de ser atado a la producción el valor-capital primero existe como una suma de dinero. El valor-capital es la suma, la suma de valor avanzado para adquirir los inputs, el cual puede diferir de los valores de los inputs en sí mismos (dado que la suma de valor desembolsada en efecto compra instrumentos, insumos y materias de subsistencia que son ya un output, y que, por lo tanto, se regulan de acuerdo a un precio de producción –el cual ya contiene la posibilidad de divergencia con respecto a los valores efectivamente “incorporados”). 
 Implicadas en esta tesis central están ya las premisas centrales que definen a esta alternativa teórica. Por un lado, el “temporalismo”: esta solución es temporalista en el sentido de que el valor del capital constante consumido (o utilizado) es determinado antes, y por lo tanto determinante de, el valor del producto. Por otra, el carácter de “sistema único” (negación del dualismo):
“La designación “sistema único” refiere a este hecho: existe un único sistema económico con una única serie de precios pero, en cada periodo, los valores y los precios de producción son completamente definidos pero cuantitativamente distintos”[95]

Por lo demás, el sistema temporal único (STU) mantiene muchos de los factores que no son sostenibles a partir de las otras interpretaciones propuestas: a) se mantienen las dos igualdades básicas propuestas por Marx (plusvalor= ganancia; valores=precios)[96]; b) se enfatiza en un tipo de análisis que supone el “no-equilibrio”[97];c) el no equilibrio se fundamenta en un tipo de análisis que considera que el trabajo en la esfera de la producción es ya “abstracto”[98]; d)) resuelve el “problema de la producción conjunta” de manera “lógica”[99]; d) mantiene como central que aquello que se intercambia en el modo de producción capitalista es trabajo humano y no cosas físicas[100]; d) al dinero (la esfera de la circulación) se le otorga un peso específico[101]; e) es capaz de fundamentar la corrección de la tesis de la TDTG, restándole validez al “teorema de Okishio”[102].

Todos estos elementos son los que permiten vincular la teoría del valor con la dinámica específica del sistema capitalista (las crisis)[103]. Ésta, plantemos es la variable fundamental que le otorga su valor y peso característico a la interpretación que hemos escogido:

“…existe un concepto diferente de determinación posible, a saber, la determinación dinámica. Con esto significamos precisamente lo siguiente: lo que determina las variables fundamentales en el STU no es lo que ellas son, sino el cómo se mueven. Esta es una forma de determinación común  y universalmente reconocida como superior en todas las ramas de la ciencia, excepto quizás en la economía”[104]

Este tipo de determinación es de hecho la que da explicación de fenómenos como una caída de agua (catarata) o una “cuerda pulsada”. Estos fenómenos no pueden explicarse a partir de su posición estática absoluta, sino sólo mediante la constatación de su velocidad y aceleración.
 Pero es éste el punto en relación con los precios de producción, el cual de hecho es completamente relevante para el concepto vital de “tendencia”. Para Marx…el precio de producción es un promedio, un ideal, un punto de referencia que gobierna el movimiento de los precios efectivos. ¿Pero cómo los gobierna?[105]

Mediante la determinación de que el capital fluya desde los sectores con una productividad más baja (que reciben menos valor del que producen) a los sectores con una productividad y composición orgánica más alta (que reciben más valor del que producen). La rapidez y la manera en la cual los capitales se “mueven” de “zonas” de baja productividad a “zonas” de alta productividad, son las importantes. Y este es un proceso que toma tiempo porque depende del tiempo de trabajo: sin importar la cantidad de dinero desembolsado, siempre se requiere tiempo para construir las máquinas, las fábricas, las industrias, etc.
 Además, el tipo de determinación dinámica que los autores proponen es precisamente uno que permite la indeterminación necesaria para cualquier análisis de la realidad social:

“La indeterminación no es un pecado contra la naturaleza. Por ejemplo, considérese la conservación de la energía. Ésta no predice de ninguna manera especifica el movimiento de cualquier sistema particular. Sin embrago, constituye una ley porque, una vez uno se mueve para considerar un sistema específico…uno añade determinaciones adicionales correspondientes  a la realidad concreta que uno está estudiando”[106]
Si todo se encontrara determinado por las condiciones técnicas, el capitalismo no tendría leyes de movimiento, ya que todo movimiento se explicaría por factores exógenos. En el caso de una formación capitalista concreta, las determinaciones adicionales serían la velocidad y al dirección precisas que toman los movimientos desde las “zonas” de baja productividad a las “zonas” de alta productividad[107].

Por lo demás, así como los numerosos estudios empíricos que se han llevado a cabo utilizando el STU demuestra la fertilidad empírica de esta propuesta, algunos de los mismos incluso reclaman una precisión mayor a la hora explicar las crisis[108].

Bibliografía

-          Alan Freeman. “Marx after Marx Sraffa”, 2002 (Munich Personal RePEc  Archive)
-          Alan Freeman, Andrew Kliman. “A temporal single System Interpretation of Marx’s Value Theory”, Review of Radical political economics, 1999 (volume 11, nª1)
-          Alan Freeman. “Marx after Marx Sraffa”, 2002 (Munich Personal RePEc  Archive)
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-          Alan Freeman.“Las crisis y la pobreza de las naciones: dos  productos de mercado que el valor explica mejor”, 1999, MPRA (Munich Personal RePEc Archive)
-          Carl Hempel.”La teoría de la verdad de los positivistas lógicos”. En Teorías de la verdad en el siglo XX. Tecnos, Madrid, 1997
-          Erik Olin Wright,The Value Controversy, editorial Verso, 1987, England
-          Duncan Foley, Recent Developments in the Labour Theory of Value, 1997, New York, eeuu (síntesis de cuatro conferencias)
-          Paul Mattick, “Crisis y teorías de las crisis”, Ediciones Península 1977, Barcelona
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-          Hans Georg Backhaus, “Dialéctica de la forma valor”, Contributions a la theorie marxiste de la connaissance/Beistrage .ur marxistischen Erkenntnistheorie/s Alfred Schmidt editor, Suhrkamp Verlag, Frankfort, 1969. (El autor aquí cita al mismo Marx)
-          Anwar Shaik,“Valor, Acumulación y Crisis”, Siglo XXI, 1990, España
-          Bruce Roberts, Antonio Callari, Richard Wolff. “Marx’s (not Ricardo’s) “transformation problem””. History of political economy (14:4, 1982)
-          Costas Lapavitsas, Alfredo Saad-Filho, Ben Fine, “Transforming the transformation problem: why the New Interpretation is a Wrong Turning”. Review of Radical political economics, Volume 36, nº1, winter 2004. 
























































[1] Alan Freeman. “Marx after Marx Sraffa”, 2002 (Munich Personal RePEc  Archive)
[2] La teoría de la verdad de los positivistas lógicos, Carl Hempel. En Teorías de la verdad en el siglo XX. Tecnos, Madrid, 1997
[3] The Value Controversy, Erik Olin Wright, editorial Verso, 1987, England
[4] Duncan Foley, Recent Developments in the Labour Theory of Value, 1997, New York, eeuu (síntesis de cuatro conferencias)
[5] Esta es una denominación que no pretende rigurosidad, sino que se adopta por su poder sintético-explicativo. No pretende rigurosidad porque la expresión no fue utilizada por Marx, quien se refirió a la “ley del valor”, el concepto del valor, la “teoría del valor”, etc, como muy apuntan Freeman-Kliman.
[6] Este es el significado fundamental del marginalismo, a partir del cual se desarrollan diferentes “funciones de producción” que incluso llegarán a considerar elementos macroeconómicos con la síntesis que propone John R. Hicks entre los dos tipos de liberalismo más alientes (el keynesianismo y la teoría neoclásica).
[7] Esta postura de los neoclásicos extrema la nota al considerar que todo lo real se configuraría tal como el “teorema de Thomas” lo propone (recordemos que para Thomas lo que los actores creen posee un carácter performativo efectivo, sin embargo, el mismo actúa en una realidad que trasciende a estas “creencias”). Por otra parte, tanto Hegel como Marx mantienen la dualidad objetivo-subjetivo (o material-ideal, o cualquier otra de la dicotomías que expresan esta configuración), como muy bien plantea Toni Smith en Dialectical Social Theory and its Critics. Además, los intentos más recientes de concebir la realidad de manera unilateral a partir de lo subjetivo (signado por el “discursivismo” de los post-estructuralistas), en ningún caso han podido presentar una alternativa válida. Al respecto quien escribe recientemente ha realizado una disección crítica de una de estas alternativas, propuesta por Ernesto Laclau (esta se adosa como anexo).
[8] Existen numerosos estudios que reafirman la impureza de todas las revoluciones burguesas clásicas. Esta impureza (en Francia, en Italia, en la misma Inglaterra) estaría dada por la integración compleja entre burguesía y aristocracia terrateniente (en contraposición a la idea de que la burguesía habría reemplazado de manera “radical” –de raíz- a la antigua clase dominante feudal). Algunos autores que desarrollan esta tesis son: Etienne Balibar, Nicos Poulantzas, Tom Nairn, Perry Anderson, etc.
[9] Esto puede verse en las tempranas discusiones de Marx con este tipo de socialismo, por ejemplo, en “Miseria de la filosofía” (1847).
[10] Paul Mattick, “Crisis y teorías de las crisis”, Ediciones Península 1977, Barcelona
[11] La anarquía del mercado capitalista es un fenómeno objetiva y empíricamente comprobado por infinidad de estudios. Ya Tugan-Baranovsky signaba esta característica del capitalismo como el factor fundamental que explicaría la recurrente emergencia de las crisis. Por lo demás, la concomitancia estructural del Estado, su necesaria presencia, niega ya la tesis de la  capacidad de autorregulación del mercado capitalista (la cual es negada de la forma más palmaria con la intervención estatal que se efectiviza al momento de aparición de una crisis, cualquiera sea ésta).
[12] Sobre este punto nos alerta de buena manera Duncan Foley (ver artículo ya citado)
[13] A lo largo de este trabajo se utilizarán los anglicismos “input” y output”, por una cuestión de estilo  y comodidad. Con el primer término  se hace referencia a los insumos necesarios para poner en funcionamiento el proceso de producción; con el segundo se designan los “productos” (la traducción literal sería “salidas”) que emergen de este “proceso”.
[14] Este es el tema base de este escrito. Para la aprehensión del mismo suponemos cierto conocimiento anterior de la teoría marxista del valor. Sumariamente, debe conocerse la teoría del plusvalor y la manera específica mediante la cual se efectúa la “perecuación de la tasa de ganancia” (comprendiendo que esta “igualación” implica una transformación de los valores en precios de producción –los cuales incluyen los valores efectivamente producidos, más una tasa media de ganancia proporcional al capital total invertido en “reemplazo” del plusvalor producido por cada firma individual-, lo cual supone que las mercancías no se intercambian por sus valores-trabajo directos en el mercado, y que a la vez cada capital individual no recibe el valor exacto que produce).
[15] Al respecto, es necesario tener en cuenta lo que apuntan  Kliman y McGlone: “A pesar de cierta confusión reciente, los críticos de Marx (e.g. Bortkiewicz) han reconocido tradicionalmente que él midió tanto los valores como los precios en dinero. Su alegato de que la explicación de Marx de la transformación valor/precio era autocontradictoria, porque los inputs eran dejados en términos de valor cuando los outputs eran transformados en términos de precio, concierne a la magnitud del capital avanzado por los inputs, no a sus unidades de medida”. En “A temporal single System Interpretation of Marx’s Value Theory”, Review of Radical political economics, 1999 (volume 11, nª1)
[16] Más adelante presentaremos las tablas que Marx elaboró.
[17] Tomado de Guglielmo Carchedi, Class analysis and social research, B Blackwell, editor, 1987, England
[18] Quienes, por lo demás, son reconocidos por haber tenido un decurso intelectual variable. Si en un momento escribieron casi un tratado sobre los modos de producción –en el cual por lo demás demuestran un desprecio althusseriano por la empiria entronizando la teoría-, sólo unos pocos años después publican un escrito en el que establecen que no tiene sentido seguir hablando de “modos de producción”.
[19] Citado en Erik Olin Wright (texto citado más arriba)
[20] Esto lo desarrollamos basándonos en la crítica que Olin Wright formula a esta variante
[21] Incluso autores generalmente identificados con el marxismo como Maurice Dobb creyeron necesaria la aceptación de lo postulado por la conjunción Sraffa-Bortkiewicz. Autores contemporáneos que continúen trabajando en esta línea hay muchos; uno bastante reconocido es el historiador Robert Brenner.
[22] Esta no será la única “definición negativa” que presentaremos en este trabajo (por lo demás, ya hemos presentado al menos dos más hasta este momento). En el desarrollo de la misma, sin embargo, haremos uso de los argumentos desarrollados por varios autores marxistas que defienden algún tipo de teoría laboral del valor opuesta a la conjunción Sraffa-Bortkiewicz –estos autores escriben desde la década del 80 del siglo veinte-.
[23] A menudo también se consigna esta corriente como neorricardiana (ya que Sraffa cree estar siguiendo a Ricardo en sus desarrollos). En lo que sigue utilizaremos indistintamente las tres denominaciones citadas.
[24] En esto concuerdan autores neoclásicos como Samuelson
[25] Tres autores fundamentales en la misma serían Ian Steedman, Francis Seton y, en alguna medida, Michio Morishima.
[26] Alan Freeman. “Marx after Marx Sraffa”, 2002 (Munich Personal RePEc  Archive)
[27] Esta idea neorricardiana es una expresión más de lo que luego denominaremos “fisicalismo”.  En lo párrafos que siguen se desarrollarán todos los correlatos e implicaciones que se derivan de esta postura.
[28] Fred Moseley, “El método lógico y el problema de la transformación”, capítulo en “Marx’s Method in capital: a reexamination, Estados unidos, Humanities Press, 1993.
[29] El relacionismo radical es una tendencia inherente a la sociología, pero no la única. Una tradición como la durkheimiana, por ejemplo, en tanto hipostatiza y toma lo dado como premisa -y no como objeto de explicación- es un ejemplo de las tendencias sustancialistas presentes en la tradición sociológica clásica. Incluso un análisis que se presenta como un “relacionismo radical”, como el desarrollado por Pierre Bourdieu, cae implícitamente en un sustancialismo básico: Bourdieu es incapaz de explicar la emergencia del capital cultural a partir de una relación social entre grupos diferenciados, lo cual no es sino un indicador más de un análisis que trabaja con una concepción neoclásica de capital –cuestión que ha sido señalada por distintos autores-. No está de más recordar que para los neoclásicos el capital es una “cosa física”, con lo cual se niega cualquier aproximación relacionista. Ahora bien, y por otra parte, el mismo decurso intelectual recorrido por el estructuralismo, el cual es primigenia y originariamente un análisis relacionista, debiera prevenirnos contra el otorgamiento de un privilegio exclusivo a las relaciones (sociales). Esto es, el otorgamiento de cierto contenido positivo a lo real social, unido de manera necesaria y compleja con lo relacional constituyente, deviene necesario. Esta imbricación creemos es presentada de una manera relativamente satisfactoria por Guglielmo Carchedi en Class Analysis and Social Research (texto ya citado)
[30] Dado que en este escrito tratamos fundamentalmente el “problema del valor” y no es nuestra intención impartir una clase de sociología, no creemos pertinente desarrollar todas las implicaciones del argumento de Wright. Basta con explicitar que para este autor la realidad social se explica por la presencia de ciertos mecanismos constituyentes que se interrelacionan entre sí, dentro de los cuales se cuentan las nociones ya mencionadas. El mecanismo “determinación estructural” supondría un marco de posibilidades –y por lo tanto negaría otras- a partir de las cuales  un nuevo mecanismo “seleccionaría” ciertos resultados concretos específicos que de hecho aparecen en lo real. Ahora bien, el análisis de Wright es mucho más complejo que este simple proceso que hemos descrito, comportando la imbricación dialéctica (influencia recíproca y sobredeterminación) entre los diferentes mecanismos que él asume como existentes. Lo anterior ha sido expuesta sólo a modo de ejemplo instructivo.
[31] Erik Olin Wright (texto citado más arriba)
[32] Andrew Kliman, Alan Freeman. “Two Concepts of Value, Two rate of profits, two laws of motion”, en Value, Capitalist dynamics nd money, volume 18, Elsevier Sciencie Inc (2000).
[33] Han Georg Backhaus, “Dialéctica de la forma valor”, Contributions a la theorie marxiste de la connaissance/Beistrage .ur marxistischen Erkenntnistheorie/s Alfred Schmidt editor, Suhrkamp Verlag,
Frankfort, 1969. (El autor aquí cita al mismo Marx)
[34] Esta cuestión es evidente en lo real nacional, donde unos pocos grupos económicos controlan una impresionante cantidad de recursos derivados de las más diversas actividades productivas (e.g. el grupo  Luksic “posee” desde cristalerías a bancos) a través de estas estructuras o “holdings”. Un autor que trata esta dimensión inherente a la nueva fase capitalista que hoy experimentamos, es Rafael Agacino.
[35] La categoría de necesidad no debe comprenderse desde las nociones implícitas en el sentido común. Por el contrario, la misma es una categoría propia de la sistemática dialéctica que comparten Hegel y Marx –aún si ambos difieren en algunos aspectos en este aspecto-. La idea general que supone esta categoría es que una categoría (que representa una relación real) es “necesaria” (debe incluirse) cuando los conceptos desarrollados hasta el momento para comprender la realidad explicitan ciertas determinaciones adicionales  no comprendidas por los mismos. Con respecto a esto ver Michael Lebowitz (“Más allá de El capital”), Alain Badiou (“Perspectivas del marxismo”) y Toni Smith (“Dialectical social theory and its Critics”).
[36] La aprehensión de todo lo postulado en este escrito supone el manejo básico de algunas nociones marxistas esenciales -como ya se explicitó anteriormente en otra nota al pie,- dentro de las cuales se encuentra la tasa de ganancia. Ahora bien, no está de más redundar para clarificar: la tasa de ganancia se calcula en una razón cuyo denominador se constituye a partir de todo  capital avanzado (capital variable + capital constante) en la producción y cuyo numerador es todo el valor producido que excede lo “avanzado” primeramente. Así, si un capitalista invierte 50 en salarios y maquinaria (capital variable+ capital constante) y retira un excedente de 50 más su tasa de ganancia es de 100% (50/50=1 –el entero es igual al 100%).
[37] Esta es una tendencia, no una ley inexorable que se cumple mecánicamente siempre y en todo momento. Esto es, la misma habilita la posibilidad de que el cambio técnico pueda ahorrar más capital constante que capital variable; lo que se afirma que esta situación no es una tendencia intrínseca y sistemática bajo el capitalismo en el mediano-largo plazo.
[38] Existen distintas “tasas de ganancia”, como bien afirman Kliman y Freeman: la tasa de ganancia en precios (nominal), la tasa de ganancia en valor y la tasa de ganancia material.
[39] Críticas de esta índole al teorema de Okishio son formulados por Anwar Shaik (“Valor, Acumulación y Crisis”, Siglo XXI, 1990, España) y Freeman-Kliman (artículos ya citados)
[40] Autores regulacionistas son Robert Boyer y Michel Aglietta. El mito del capitalismo organizado fue difundido por el austromarxista Rudolph Hilferding. La misma inherencia y el carácter irrenunciable de las crisis capitalistas –verificadas recurrentemente en lo empírico- niegan los postulados sustantivos de estas corrientes: la anarquía del capital no es un rasgo sobreañadido al mismo, sino inevitable en tanto pertenece a su naturaleza.
[41] Esta aserción será desarrollada más adelante al momento de considerar lo propuesto por Guglielmo Carchedi.
[42] Como veremos más adelante en detalle
[43] Freeman-Kliman (artículos ya citados)
[44] Freeman-Kliman. Un mayor desarrollo de estas diferencias ontológicas se presenta al momento de considerar las aportaciones sustantivas de Alan Freeman y Andrew Kliman.
[45] Referidos en Kliman-Freeman (artículos ya citados)
[46] Por ejemplo, Francis Seton. No así Ian Steedman, quien, al considerar “redundante” el valor trabaja con precios directos.
[47] Al analizar ciertos pasajes de Guglielmo Carchedi desarrollaremos más en detalle este punto. Basta indicar, por ahora, que el valor no posee nunca una cualidad fenoménica (siempre “aparece” en tanto precio)  pero al mismo regula las fluctuaciones de la economía de manera fundamental a través de los precios.
[48] Anwar Shaik (libro ya citado)
[49] Kliman- Freeman (artículos ya citados)
[50] Erik Olin Wright (libro ya citado). Cita adaptada en estilo (pero se mantiene el sentido último de lo escrito por Wright).
[51] Un análisis que releva el papel de la lucha salarial y sitúa su énfasis principal en las relaciones de distribución,  tiende siempre a la adopción de este tipo de “mitologías”. La idea de la existencia de una “clase salarial”, al entender que las clases se definen por su forma de remuneración, implica incluir en una misma categoría grupos pertenecientes a clases diferentes según su posición en el proceso productivo (Olin Wright y Poulantzas utilizan un muchas veces el ejemplo gráfico de un gran abogado o un gerente de una firma capitalista: aún si es posible que reciba un salario , su posición en el proceso productivo (de control) y su retribución (es remunerado por sobre su valor con parte del plusvalor extraído a la clase productora) le niega un lugar análogo al poseído por la clase obrera
[52] Erik Olin Wright (libro ya citado)
[53] Pareciera un contrasentido lógico siquiera afirmar la posibilidad de  existencia de valores negativos. Esta afirmación sólo se entiende si se comprende que Steedman está haciendo referencia a una “tasa” que, por lo demás, es material (fundamentada en el valor de uso y no en el valor de cambio)
[54] Freeman-Kliman (artículos ya citados)
[55] Fred Moseley (artículo ya citado)
[56] Duncan Foley (artículo ya citado)
[57] Si aún no ha quedado claro, lo que obviamente aquí realizamos es una “reconstrucción racional” (en los términos de Toni Smith o Lakatos), por lo que es evidente que Roberts, Callari y Wolff no autocomprendían la “solución” que presentaban sólo como un avance, sino como un tipo interpretativo final.
[58] Este un concepto que Althusser toma del psiconanálisis –recordemos que los “préstamos” conceptuales en Althusser fueron recurrentes a lo largo de sus escritos-. El mismo, desarrollado en “La revolución teórica de Marx”, expresa, sintéticamente puesto lo siguiente: la acumulación de contradicciones que se inscriben en una formación social concreta que reúne en sí misma distintos modos de producción y diferentes “temporalidades”.
[59] Bruce Roberts,  Antonio Callari, Richard Wolff. “Marx’s (not Ricardo’s) “transformation problem””. History of political economy (14:4, 1982)
[60] Esta es una crítica superficial que supone uno de los puntos bajos de los desarrollos del autor francés. Fundamentalmente, porque éste concibe a la apariencia como mera “excrecencia”, como un dispositivo meramente derivado de una forma específica de conocer (acceder a la realidad). Para un mejor entendimiento de la dialéctica necesaria e intrínseca entre “esencia” y “apariencia” pueden verse los escritos de Toni Smith (Dialectical social theory and its Critics) y Karel Kosik (“Dialéctica de lo concreto”) –por solo mencionar algunos autores-
[61] Obviamente la dialéctica no es un campo homogéneo y la misma en ningún caso se define a partir del rasgo que hemos destacado, siendo la misma mucho más compleja e intrincada.
[62] Wolff, Callari y Roberts (artículo ya citado)
[63] Wolff, Callari y Roberts (artículo ya citado)
[64] Wolff, Callari y Roberts (artículo ya citado)
[65] Cuestiones mostradas en momentos anteriores de este análisis
[66] Más adelante veremos lo que este autor plantea al respecto. Lo importante, por ahora, es tener en cuenta que para Foley el trabajo deviene abstracto y tiene valor social sólo en tanto el mismo se intercambia en le mercado.
[67] Anwar Shaik (libro ya citado)
[68] Esto se cumple para los bienes básicos, ya que distinto es el caso especial de los bienes de lujo en las sociedades precapitalistas, ya que muchas veces los mismos participaban de manera sistemática en intercambios “a larga distancia”.
[69] En algún sentido, Shaik aún trabaja con premisas sraffianas, lo que se transparenta en una especie de dualismo y una sistemática que descansa en el análisis neorricardiano de las tablas input-output.
[70] Acotemos aquí que las transferencias de valor se derivan de la transformación de los valores en precios de producción, los cuales adicionan una tasa de ganancia igual proporcional al capital total avanzado por una firma particular, sin importar el valor efectivamente producido por la misma. Esto supone que los capitales de composición orgánica más elevada (que proporcionalmente invierten más en capital constante) reciben más valor del que producen.
[71] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[72] Esta noción es tomada del marxismo francés que desarrollan Althusser y Poulantzas. La misma hace referencia al hecho de que la base económica es “determinante en última instancia” en un contexto estructural complejo donde la superestructura posee cierta autonomía relativa (variabilidad en su resultados e influencia específica). Fundamentalmente, es una categoría que intenta otorgarle riqueza al análisis marxista a través de una mayor especificidad y un cuerpo teórico capaz de reconocer la “heterogeneidad estructural” y “no correspondencia” de una realidad social siempre compleja.
[73] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[74] En lo que coinciden Shaik, Olin Wright y, por supuesto, Freeman-Kliman.
[75] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[76] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[77] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[78] Citada en Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[79] Guglielmo Carchedi (libro ya citado)
[80] Esta proposición teórica luego se complementa con ciertos corolarios implícitos en la misma. Así, Carchedi llegará a hablar de la existencia de Trabajo Destructor de Valor (TDV, Value destroying labour –VDT-, en inglés)
[81] Ambas denominaciones son extrínsecas a esta proposición teórica –no son autodenominaciones- y, por lo tanto, son resistidas por los autores de la misma.
[82] Recordemos que Ricardo trabaja con la “teoría cuantitativa del dinero” y a la vez mantiene –de alguna forma contradictoria- sus postulados sobre la teoría del valor. Este tipo de teoría monetaria sostiene que lo que es relevante en el intercambio internacional es la productividad relativa y no absoluta al comparar  dos países cualesquiera. Así, se asume ideológicamente que la rama en la cual un país dado es más productivo será siempre competitiva en términos internacionales, sin importar si en otro país la misma rama es internamente (en la comparación nacional) poco productiva pero internacionalmente más competitiva que su homóloga en el primer país. Así, los neoclásicos aún pueden apoyarse en Ricardo para fundamentar la teoría ideológica de las ventajas comparativas. Lo que en la realidad sucede y ha sucedido –lo cual, por lo demás es concordante con las premisas marxistas de análisis- es que el país que es absolutamente menos productivo en todas las ramas consideradas, tiende mostrar desequilibrios estructurales sustantivos derivados de su baja competitividad (y, por ejemplo, sus ramas relativamente productivas comienzan a ser cooptadas por el capital extranjero más productivo en términos absolutos).
 Marx, por su parte, ya al momento de desarrollar la “Contribución a la crítica de la economía política”(1859), logra articular de manera satisfactoria su teoría del valor trabajo con la derivación sistemática del dinero a partir de la distinción (ya en Smith)entre “valor de cambio” y “valor de uso”. Es esto también lo que permite que el análisis marxista trabaje con productividades absolutas tanto en términos nacionales como internacionales.
[83] Incluso Freeman y Kliman trabajan con una versión de la EMTT
[84] Como ya hemos señalado anteriormente en este trabajo
[85] Costas Lapavitsas, Alfredo Saad-Filho, Ben Fine, “Transforming the transformation problem: why the New Interpretation is a Wrong Turning”. Review of Radical political economics, Volume 36, nº1, winter 2004. 
[86] Costas Lapavitsas, Alfredo Saad-Filho, Ben Fine, “Transforming the transformation problem: why the New Interpretation is a Wrong Turning”. Review of Radical political economics, Volume 36, nº1, winter 2004. 
[87] Citado en Duncan Foley (artículo ya citado)
[88] Duncan Foley (artículo ya citado)
[89] Recordemos que autores como Shaik ya sostenían que el trabajo era abstracto y social en la misma producción.
[90]La interpretación de la relación dinero-trabajo de Marx popularizada por la llamada Nueva Interpretación ofrece conclusiones incorrectas porque pasa por alto los cambios en esta relación entre el comienzo y el final de un periodo. Imaginen que, en un tiempo “t”, 1 hora de trabajo es representada por $1 y a los trabajadores les pagan salarios de $99. Si subsecuentemente trabajaban por 100 horas, han sido explotados, habiendo producido 1 hora de plustrabajo. Pero, si la relación trabajo-dinero ha cambiado, tiempo t+1, el costo de reemplazo del producto neto producido durante estas 100 horas son solamente $98, no $100, la Nueva Interpretación sostiene que los salarios de $99 representan $99 (100hr= $98)= 101.02 horas. Ergo, los trabajadores han explotado a los capitalistas”
[91] Costas Lapavitsas, Alfredo Saad-Filho, Ben Fine, “Transforming the transformation problem: why the New Interpretation is a Wrong Turning”. Review of Radical political economics, Volume 36, nº1, winter 2004. 
[92] Esta es una traducción propia de lo que en inglés se formula como “Temporal Single System” (TSS).
[93] Si bien autores Como Fred Moseley, Guglielmo Carchedi, Richard Wolff y Duncan Foley ya trabajan sobre esta base.
[94] Los autores citan numerosos pasajes de Marx en este estilo. Véanse los siguientes ejemplos: “Aún si los precios de las partes componentes del producto total difieren de sus propios valores, estos precios son sin embargo sumas de valor. La suma de precios transferida a los outputs desde estos componentes que devienen medios de producción es entonces transferida como una suma de valor”; “Los valores de los materiales y los medios de trabajo solamente reaparecen en el producto hasta tanto éstos…eran valores antes de que entraran el proceso…Si su valor cambia antes de que el nuevo producto del cual son parte  esté terminado, éstos, sin embargo, se relacionan con éste como valores independientes dados presupuestos por él”; “Al igual que el precio de producción de una mercancía puede divergir de su valor, (lo mismo puede suceder si en) el precio de costo de una mercancía… el precio de producción de otra mercancía está involucrado…Si el precio de costo de una mercancía se iguala con el valor de los medios de producción usados para producirla, siempre es posible equivocarse”; etc
[95] Freeman y Kliman (artículos ya citados)
[96]El STU, a diferencia de otras interpretaciones de la teoría del valor de Marx, puede de hecho replicar los resultados de Marx. Por ejemplo, puede demostrar la igualdad entre valores-precios en términos agregados, así como también el valor positivo de los “valores” y el “plusvalor” bajo las condiciones de “producción conjunta” (y también la igualdad ganancia/plusvalor)”. Freeman y Kliman (artículos ya citados)
[97] Lo que está ya implícito en la afirmación de los autores de que los valores de un producto como output pueden diferir de su valor como input
[98]La abstracción de Marx no demanda que lo que debe ser probado sea presupuesto. El trabajo abstracto solamente requiere que la producción tome la forma de mercancía, esto es, el que el propósito del trabajo sea producir una cosa intercambiable. Si la cosa es vendida, con qué se intercambia, y a qué tasa, es absolutamente irrelevante con respecto a si la abstracción puede ser hecha….Toda la cuestión se resume en que esta es una abstracción necesaria como punto de partida para un análisis “no-equilibrado”, ya que no presupone el “equilibrio”. Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[99] Ver más arriba la sección crítica sobre la variante neorricardiana
[100] Sobre la fetichización los autores tienen frases como ésta: “Esto se encuentra disfrazado, fetichizado…el trabajo es incorporado en productos físicos, y por lo tanto los hombres que los consumen se apropian, no del trabajo en ellos sino del producto mismo. Ellos por lo tanto perciben, y reciben, el trabajo humano como algo inhumano, como una cosa, y por lo tanto constantemente confunden las cosas por personas…”, Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[101]Una de las diferencias importantes entre el STU y las interpretaciones sraffianas, es que la primera el dinero tiene cierto peso. De hecho, distingue entre una tasa monetaria de ganancia y una tasa de ganancia en valor; reconoce que ambas pueden ser diferentes (reconoce, también, el fenómeno inflacionario: la EMT puede cambiar de un periodo a otro). Hacer esta distinción permite aprehender de mejor manera la realidad de las economías capitalistas; en ésta, los agentes del capital de hecho aprovechan las diferencias entre monedas distintas para apropiarse mayor valor del que “producen”, Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[102] Véase la sección donde se discute la interpretación neorricardiana. Además, la misma idea temporalista que no supone el “no equilibrio” es capaz de fundamentar, de alguna manera, la validez de la TDTG: “Los precios de los output por lo tanto continuamente caen por debajo de los precios de los input, y, correspondientemente, la tasa de ganancia temporalista es más baja que la tasa simultaneísta. Mientras más grande sea caída en los precios de los output en relación con los precios de los input, más grande será la diferencia entre las dos tasas de ganancia citadas. Por lo demás el STU es analíticamente más rico que otras versiones porque, como ya se estableció en una nota anterior, reconoce al menos la existencia de tres tasa de ganancia diferentes: en valor, material, dineraria”, Freeman-Kliman (artículos ya citados)
[103]Claramente, bajo nuestra interpretación la teoría de Marx no asume ciertas cuestiones que para sus críticos son centrales. Por caso, ésta no determina precios estáticos de equilibrio, ni se propone mostrar que los valores relativos subyacen a los precios relativos. Nuestra interpretación, en cambio, abre la vía para una reintegración de la teoría de Marx con su teoría de la acumulación del capital y las crisis…”, Freeman y Kliman (artículos ya citados). Por otra parte, la inclusión sistemática de dos tipos de crisis a partir del STU (cada 7-10 años –en función del ciclo de rotación del capital -;  20-40 años de rentabilidad decreciente –intermediados por periodos de crecimiento de 15 a 30 años-), habla en su favor de una manera muy característica. 
[104] Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[105] Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[106] Kliman y Freeman (artículos ya citados)
[107] ¿Cómo se da esta regulación?: Más todavía, Marx es bastante claro acerca de la manera mediante la cual este promedio se forma; no es una “abstracción de largo plazo” sino un periodo empírico visible definido, a saber, el ciclo comercial; el cual porque está estrechamente vinculado a la tasa de rotación del capital y por lo tanto a la introducción una nueva base tecnológica, es un periodo que supone el impacto completo del cambio técnico en la formación de los precios…”
[108]  Ver, “Las crisis y la pobreza de las naciones: dos  productos de mercado que el valor explica mejor”, Alan Freeman, 1999, MPRA (Munich Personal RePEc Archive)