lunes, 29 de abril de 2013

La tesis del 1%


La tesis del 1%

¿Por qué escribir hoy acerca de la tesis del 1% en el contexto de la formación social chilena? Fundamentalmente, por una cuestión de urgencia política. Sucede que ya hace un tiempo varios discursos políticos autodenominados “alternativos” a la forma de sociedad nacional hoy existente, se plantean en términos de una lucha contra lo que refieren como el 1%. Desde intelectuales cercanos a las filas del partido comunista de vicuña Mackenna, como Manuel Riesco:

“También, ciertamente, es la causa principal de la escandalosa desigualdad. No solo de aquella que se verifica al interior de la fuerza de trabajo, que es la que mide la CASEN, que también resulta más desigual que en la mayoría de los países. La desigualdad de verdad, sin embargo, es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna responderla…”[1] 

Pasando por asiduos colaboradores de la revista Punto Final (por lo general crítica a la deriva actual del pc), como Paul Walder:

“Un muy reciente estudio de los economistas de la Universidad de Chile Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez nos dice que dentro de la concentración existe algo así como un núcleo más duro e hiperconcentrado. Es en el uno por ciento donde realmente se concentra el ingreso, fenómeno que casi no tiene parangón en otro país”[2]

…hasta candidatos presidenciales populares como Roxana Miranda[3] y aún ciertas fraccionesdel movimiento estudiantil universitario (e.g. miembros de izquierda autónoma) hacen uso de la mencionada tesis. Ahora bien, aún si este discurso no es hegemónico dentro de quienes se posicionan del lado de los productores y explotados, el mismo, como hemos intentado mostrar a través de las citas precedentes, logra “peligrosamente” cierta difusión no menor. Decimos “peligrosamente” porque la tesis central de esta nota es que la utilización del mismo en tanto que consigna en las luchas contra lo que existe, lleva a tomar caminos errados en el conflicto actual de nuestra sociedad dividida en clases, esto al menos si los objetivos de quienes luchan  se sitúan del lado de los productores y explotados en búsqueda de libertad e igualdad sustantivas y materiales.

La tesis del 1% puede ser comprendida a través de dos series de antecedentes que la explican en su forma actual: a) antecedentes históricos; b) antecedentes estructurales actuales.

Dentro de los antecedentes históricos (a),  aquí creemos posible y fértil situarse en el contexto de las luchas clasistas de mediados del siglo pasado, tanto en el espacio de las metrópolis como en el de los satélites. En este contexto, muchas fuerzas que se planteaban como alternativas a lo que existe, formularon ciertas tesis que hoy constituyen gran parte de la base teórica de quienes plantean la necesidad de la lucha contra el 1%.
En primer lugar, la idea de la “clase salarial”[4]. Durante los “treinta dorados”, algunos teóricos ligados al mundo político plantearon la idea de que la lucha más relevante era la de todos aquellos remunerados en forma “salario” contra aquellos no remunerados de esta manera. Así, se construyó un tipo “clasista salarial”, que incluía desde las más altas cúspides tecnoburocráticas de la estructura social, hasta el trabajador manual más depauperado. Esta “clase” (si podemos en realidad denominarla así), en efecto luchaba contra la minoría “no salarial”, minoría que hoy se entiende bajo la denominación del 1%. Esto último es claro en la cita de Riesco que consignamos precedentemente, en la cual este economista considera que la desigualdad verdadera y real es únicamente entre una fuerza de trabajo concebida como 99% y un 1% privilegiado.

En segundo lugar, muchos de los teóricos que hablaron acerca de la “clase salarial”, entendían también que la lucha relevante era la de la “mayoría” (entendida ésta como clase salarial, pueblo, etc), exclusivamente contra la “minoría” monopólica del “gran capital”. Esta misma idea es tomada hoy por el periodista Paul Walder, quien ya hace varios años escribe sistemáticamente denunciando la concentración monopólica vigente en nuestra economía nacional; quien, como vimos en la cita de más arriba, ya se ha decantado finalmente por la tesis de la lucha contra el 1%.

Ligada a esta idea, estuvo muy de moda por esos años la generalización de la “cuestión pyme” (pequeñas y medianas empresas). Se suponía que la lucha contra los monopolios incluía en el campo desfavorecido no sólo a la pequeñaburguesía y la clase obrera, sino también al pequeño y mediano capital: todos ellos se encontraban, supuestamente, en contradicción estructural con el gran capital monopólico. Esta tercera idea, algo modificada, es cierto –pero no precisamente de una manera racional y políticamente más acertada- , también ha sido tomada por quienes sostienen que la lucha de mayor importancia es aquella que sitúa en el campo enemigo al mentado 1%:

“Ciertamente, al igual como ocurrió a lo largo de buena parte del siglo pasado, esta gran transformación solo puede ser dirigida por el Estado, conducido por una nueva coalición desarrollista, de trabajadores manuales e intelectuales, empresarios grandes, medianos y pequeños y funcionarios, civiles y militares. También los trabajadores independientes, pescadores y campesinos…”[5]

Como puede verse en la cita, no son sólo “Meo” y los progresistas de la concertación quienes sostienen la validez para la lucha actual de la “cuestión pyme”, sino que también teóricos ligados al mundo comunista como Manuel Riesco.

En cuarto y último lugar, un antecedente histórico de relevancia en las tesis acerca del 1%, fue la expresión de la lucha antimonopólica en la periferia. En términos sumarios, quienes luchaban sólo contra el gran capital y los monopolios en los centros capitalistas, en la periferia expresaron su lucha como una cuyo objetivo a mediano plazo era el desarrollo de capitalismo contra las remanencias feudales: en la tesis de la revolución por etapas[6], se entendía que al socialismo debía preceder un capitalismo progresista, basado exclusivamente en el plusvalor relativo. No debe sorprendernos, sin embargo, que esta misma tesis sea tomada por uno de los teóricos que abogan en pro de la lucha sólo contra el 1%, como es el ya citado Manuel Riesco:

“La abrumadora mayoría del país está de acuerdo con estas medidas (e.g. estatización), puesto que benefician a todos. Incluso a la segregada elite que hoy vive aislada y atemorizada, en un Apartheid que sabe que no puede continuar. Los auténticos empresarios capitalistas serán los principales beneficiados de nivelar la cancha para las inversiones productivas en base al trabajo calificado de los chilenos y chilenas; de hecho, las principales corporaciones rentistas que hoy explotan los recursos naturales de Chile, son extranjeras”[7]

Con respecto a estas cuatro reapropiaciones históricas que realizan los “nuevos” teóricos del 1%, caben cuatro críticas paralelas, las cuales a partir de un marco marxista no son difíciles ni extensas de desarrollar. Primero, en lo que respecta a la “clase salarial”, un análisis de clase verdaderamente racional (marxista) apuntaría al menos dos cosas de simple comprensión: a) las clases no se definen ni determinan de forma esencial por su forma de remuneración[8]; b) las tecnoburocracias salariales (en especial las altas cimas de las mismas) en realidad cumplen la función del capital en la producción[9]. Segundo, en lo que corresponde a la lucha contra los monopolios: a) se opera con una concepción del término amarxista, en la cual las leyes objetivas del modo de producción capitalista parecieran ya no “pasar por encima de las cabezas de los agentes”, sino que las mismas son manipuladas arbitrariamente por cierto tipo específico de agentes (los monopolios)[10]; b) se asume la neutralidad de las fuerzas productivas[11]; c) se opera (al menos “tácticamente”) con una política de alianzas interclasistas (colaboración de clases).  Con respecto a lo tercero, si bien se pueden aplicar las mismas críticas hechas para el segundo caso, lo específico de esta tesis es que difumina la diferencia entre la clase pequeñoburguesa y la clase capitalista. Nicos Poulantzas expresa esto de la siguiente manera: 

“…de otra parte, esfumar, esta vez, las líneas de demarcación de clase entre el capital a secas, la burguesía de una parte, y la pequeña producción manufacturera y artesanal, la pequeña burguesía, de otra. Esto se hace por la introducción subrepticia, en esta escala de magnitud, del término de pequeño capital, que cubre la pequeña burguesía. Se mantiene el término de gran capital con el fin de designar el capital monopolista, al que se limita de hecho la burguesía, y se emplea el término de capas no monopolistas incluyendo en ellas, en una línea de continuidad, el capital medio –el resto de la burguesía- y el pequeño capital –la pequeña burguesía-, y dando entender que todo lo que no es gran capital no pertenece ya a la burguesía. El capital medio se supone así tener, frente al grande, el mismo tipo de contradicciones que la pequeña burguesía frente a la burguesía, y presentaría entonces las mismas posibilidades de alianza con la clase obrera que la pequeña burguesía…Se acredita así el mito de una unidad de las empresas pequeñas y mediana (PME), que no es de hecho sino un medio por el cual el capital no monopolista subordina a la pequeña burguesía apoyándose sobre ella en su lucha contra el capital monopolista y le crea la ilusión de una comunidad de intereses…”[12]

 Por último, en lo que respecta a la tesis del desarrollo del capitalismo en la periferia (revolución por etapas), debemos consignar: a) el etapismo en realidad es una elaboración propia de los años 1920s por parte de Tercera Internacional y fue una apuesta táctica que tuvo sentido para la China de esos tiempos, pero que se probó errada en la mayor parte de los casos; b) la tesis de la revolución por etapas supone un mecanicismo no soslayable que niega la discontinuidad que es propia de la dialéctica marxista; c) hablar del desarrollo del capitalismo en lo actual como un objetivo necesario de lucha, supone no comprender que el mismo es siempre explotador (y aún más mediante el plusvalor relativo –mientras más productivo el capital invertido por el capitalista, más alta es la explotación del obrero, estableció Marx en El Capital-) y niega por sí mismo la libertad e igualdad sustantivas y materiales.

Dentro de los antecedentes estructurales actuales (b), es preciso consignar una cuestión de importancia, más todavía si nos encontramos hoy en el contexto de una formación social a todas luces todavía “dependiente”. La misma dice relación con el hecho de que la tesis del 1% no ha sido endógenamente generada por fuerzas nacionales (y nos atreveríamos a decir, ni siquiera por fuerzas latinoamericanas), sino que proviene de las formas y tácticas de lucha propias delos centros capitalistas en su decurso actual. En efecto, la tesis del 1% se vincula orgánicamente a las elaboraciones del grupo ATTAC[13] y ha sido difundida recientemente por las luchas de los denominados “indignados”. Por lo tanto, tenemos que ya desde su origen la tesis del 1% es susceptible de generar suspicacia, al menos para quienes la noción “colonialismo intelectual” todavía tiene algún sentido.

Anexas a las tesis del 1% existen al menos 4 dimensiones que aquí creemos necesarias consignar

En primer lugar, el conjunto teórico en el cual en general se incluye esta tesis, conjunto que se compone de otras tesis “solidarias” de que aquí tematizamos.  A este conjunto lo podríamos englobar ampliamente bajo la noción de “capitalismo financiero”, término muy afín a toda esta corriente “teórica”. Bajo la denominación “capitalismo financiero”, toda una serie de autores “progresistas” entiende que lo que hoy prima es de hecho el capital “financiero”. Por lo general una noción elusiva y con connotaciones diferentes, “financiero”, para estos “teóricos”, viene a significar el predominio de los bancos, la economía “no real” y el capital especulativo. Todo ello primaría sobre el capital industrial productivo, el cual en general se entiende como eminentemente nacional y normativamente positivo. Ahora bien, no es sólo que aquí se presenten una serie de conceptos manejados de manera laxa (y muchas veces realmente fuera del marco marxista), sino que con este cuerpo teórico se niegan dos cosas de sustancial importancia: a) la determinación de la realidad social por la producción (en términos estructurales, y de mediano y largo plazo); b) el hecho empírico de que el autofinanciamiento de los grandes capitales mundiales en realidad niega su dependencia de los mismos bancos, ya que en realidad el mismo capital productivo “posee” la gran mayoría de estos bancos[14]. Esto por una parte. Por otro lado, se encuentran todas aquellas consignas de lucha que se derivan de estas tesis (dentro de las cuales se encuentra la lucha contra el 1%). Algunas de estas consignas de lucha son: a) impuesto a las transacciones financieras; b) foco de la lucha en los bancos y contra el endeudamiento; c) intercambio equitativo o justo. Todas estas tesis son lo suficientemente endebles como para ser cuestionadas sin la necesidad de un conocimiento demasiado especializado. En lo que respecta al impuesto a las transacciones financieras, Rolando Astarita[15] es claro al señalar que no existe el tipo de institución mundial “dispuesta” a exigirlo (¿realmente se piensa que el Banco Mundial o el FMI exigirán de esta manera a los grandes capitales?). En segundo lugar, la lucha contra los bancos y el endeudamiento es criticable en términos del modo de producción vigente. Bajo el feudalismo, la usura y el intercambio desigual eran las formas paradigmáticas de generar sobreganancias, sin embargo, bajo el capitalismo ésta relación tiende a invertirse: el capital comercial y “financiero” tienden a regularse por la ganancia media de la industria determinada por el capital productivo. Y, tercero y final, en lo que refiere a la necesidad de luchar por un intercambio equitativo, sólo tenemos una consigna parcial que busca la “justicia” en la esfera de la circulación, invirtiendo los términos de la determinación de la realidad[16]

La segunda dimensión que aquí deseamos tematizar se articula en tornoa las bases teóricas misma de la lucha contra el 1%. Sostenemos, sin riesgo de duda, que éstas se afincan en dos elaboraciones paradigmáticas: a) la idea de “multitud”; b) la noción de “precariado”. La primera fue elaborada por Toni Negri hace algunos años, fundamentalmente para designar al sujeto transformador en el contexto de una lucha cuyo otro término opositor sería el “Imperio”. La segunda es una noción elaborada por los sindicalistas italianos de fines de la década del 70 del siglo pasado; ésta ha sido tomada y desnaturalizada por algunos de los teóricos del 1% en los centros capitalistas (e.g. el “marxista” Richard Seymour[17]). Para el caso de la “multitud”, tenemos que la misma comparte con el 99% su naturaleza elusiva, informe, ambigua y “masiva”. Y, para el caso del “precariado”, tenemos dos elementos de importancia: a) la vinculación sistemática que realiza Seymour entre la tesis del precariado y la tesis del 1%; b) la idea de que existiría una suerte de clase salarial amplia que hoy en día compartiría el rasgo de la precarización (recordemos que una de las bases de Riesco para hablar del 1% es conceptualizar la existencia de una suerte de “clase salarial”).

Ahora bien, la idea de la existencia de un 99%, derivada de la noción de “precariado” y de la idea de “multitud”, es deficitaria en un punto sustancial: carece de especificidad y se encuentra inherentemente imposibilitada de devenir categoría concreta aplicable a los conflictos reales. Esto, en lo fundamental, porque nunca se ha intentado definir sistemáticamente a este 99%. O, cuando se lo ha hecho,  no se ha vuelto sino a las mitologías de mediados del siglo pasado (“obrero colectivo”, “clase salarial” un pueblo antiimperialista que incluye a la burguesía, etc). En suma, aquí planteamos que, en realidad, el 99% no constituye sino un intento de configurar un tipo de alianza negativa. El problema, sin embargo, es que lo que se “niega” carece de la suficiente especificidad. Esto es, a diferencia de la alianza anticapitalista (que define un enemigo específico –la clase capitalista y “su” modo de producción-), el 99% (por naturaleza), lucha contra un “porcentaje” (que por definición es poco específico) Por lo demás, cuando a éste porcentaje se lo ha intentado definir, los resultados no han sido satisfactorios. Así, como ya vimos, la idea de la lucha contra los bancos, el capital financiero especulativo, etc, supone tomar caminos que no ayudan a la lucha de los productores y explotados en aras de igualdad y libertad (sustantivas y materiales). Por otra parte, si a éste 1% se lo entiende como privilegiado en términos (nacionales) de consumo –como lo hace Riesco-, no me sorprendería ver una lucha que se plantea en el mismo pie conflictivo ante: a) una inmobiliaria no demasiado encumbrad; b) actores, directores técnicos, personajes de farándula y futbolistas adinerados. El absurdo de tal práctica política es evidente.

Sólo dos puntos críticos más. Primero, la naturaleza “mediática” de este 99%. En efecto, la lucha del “99% de indignados” en los centros capitalistas ha concitado una atención no menor por parte de los medios de comunicación de masas (por lo general cooptados por el capital). Es que la misma tesis del 1% tiene su base en una suerte de lucha “posmoderna” en la cual lo real es inmaterial, informacional, etéreo, fluido, etc. Tanto es así que el mismo Richard Seymour comprende que el 99% se constituye mediante una mera “interpelación” (althusseriana):

 “El precariado no es una clase, y su amplia aceptación como un meme cultural en las culturas (sic) izquierdistas disidentes, no tiene que ver con la afirmación de que de hecho lo es. Antes bien, es un tipo particular de “interpelación populista” que opera a partir de un antagonismo crítico real del capitalismo de hoy…El precariado no es peligroso, exótico, extraño, o una clase incipiente que necesita ser tratada con paternalismo. Somos todos nosotros…”

En suma, el “precariado”(que para Seymour es también el 1%) no sólo se constituye en el campo de la ideología althusseriana (y pareciera ser que Seymour no tiene en cuenta que este concepto en Althusser es característicamente negativo y se opone a la “ciencia marxista” ), sino que su realidad operativa es meramente discursiva.

En segundo lugar (y final), quisiéramos destacar que, en algunas elaboraciones que operan con la tesis del 1%, el mismo pareciera invisible, etéreo e inaprehensible. No es sólo que el capital especulativo ya haya partido viaje para ser invertido en un lugar menos molesto, apenas ha sido “señalado”, sino que incluso éste 1% es inaccesible mediante las encuestas regulares:

La desigualdad de verdad, sin embargo, es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna responderla…”[18] 

 Sólo abandonando la categoría de clase y el análisis materialista, se puede configurar un entendimiento de la realidad en el cual la referencia concreta del antagonista parece desaparecer. Por el contrario, desde esta tronera, se considera que bajo el modo de producción capitalista, éste siempre ha tenido características definidas

No es exacto precisamente que la política de los grandes bancos deba ser siempre también  la política de la sociedad burguesa. Determinados grandes bancos son históricamente más viejos que la sociedad burguesa. La fuerza de la burguesía como clase no radica en grandes casas bancarias o en algunos consorcios industriales, sino que se halla en todos los fabricantes, comerciantes, agentes, altos empleados, etc, los cuales constituyen, juntamente con las profesiones intelectuales, la sociedad ilustrada de las ciudades…”[19]











[1] http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167
[3] Ver el video de presentación donde la candidata apoyada por el Partido Igualdad desliza posiciones solidarias con la tesis del 1%: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=2mI3asvdSN8
[4] Muy ligado a la idea de “clase salarial” estuvo el concepto de “trabajador colectivo” u “obrero colectivo”. Este concepto fue tomado de los escritos de Marx y “deformado” de manera que el mismo se adecuara a las tesis esclerotizadas de la tecnoburocracia de la época, la cual confundía socialismo y capitalismo.
[5] http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167
[6] Esta tesis, motejada de “etapista” por críticos de cuño marxista, en realidad imbrica de manera compleja dos vertientes teóricas bien distintas: el desarrollismo derivado de Rostow (“dejar el mundo tradicional y despegar hacia el desarrollo moderno”) y la estrategia de los partidos comunistas alrededor del mundo, los cuales planteaban la necesidad de una etapa burguesa previa a la consecución del socialismo
[7]http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167. Como se ve en la cita, Riesco implícitamente desliza tesis nacionalistas (su objetivo es el desarrollo de una suerte de capitalismo nacional): esto no es gratuito ya que la expresión periférica de la lucha contra los monopolios (el desarrollo del capitalismo en estas zonas) de hecho se imbricó inextricablemente con la lucha antiimperialista  nacional.
[8]Aún si la respuesta acerca de la temática de las clases que iniciaba Marx en el último capítulo del tercer volumen de El Capital, parte formulando la cuestión de esta manera, es necesario tener en cuenta que la teoría de las clases marxista no se encuentra allí (en un capítulo que se “corta” en media página), sino en todo el cuerpo del análisis desarrollado por Marx. Así, de los tres criterios formulados por Lenin para definir a las clases (derivados de su lectura de Marx y su apreciación de la realidad concreta del capitalismo de principios del siglo XX), a saber: a) la relación con los medios de producción; b)el papel desempeñado en la organización social del trabajo;c) y la forma y cuantía de la riqueza social apropiada,  la tesis de la “clase salarial” pareciera quedarse sólo con la mitad del tercer criterio (la forma de la riqueza apropiada que es entendida como forma de remuneración)
[9] Como se ve en la cita anterior, el segundo criterio consignado por Lenin para definir a las clases hace referencia explícita a esta cuestión relacionada con la posición en el proceso productivo. La tesis de la “clase salarial”, que operó con la idea espuria de “trabajador colectivo”, obvía esta cuestión central. Por lo demás, la teoría de las clases marxista desarrollada en el siglo XX precisamente se caracteriza por tratar esta cuestión (ver, por ejemplo, Guglielmo Carchedi y Nicos Poulantzas)
[10] La teoría del imperialismo tomada por el neomarxismo yanqui (e.g. Baran y Sweezy) formula este tipo de hipótesis. Las mismas son criticadas de manera certera por infinidad de marxistas (e.g. ver “Valor, acumulación y crisis”  de AnwarShaik).
[11] La tesis de la “clase salarial” y la lucha contra los monopolios, en realidad tenía su base en cierta idea bastante difundida en su momento: la homogeneidad entre el mundo soviético y el mundo capitalista en los años 1950s-1960s . Esta supuesta homogeneidad entendía que la lucha necesaria en el capitalismo era sólo contra las remanencias rentistas y monopólicas, en tantola organización el proceso de trabajo y las fuerzas productivas eran similares en ambos modos de producción –ahora bien, la mentada “homogeneidad”, si bien en lo  aparente no se alejaba de la realidad, en verdad no lograba captar que la dinámica de ambos mundos era impulsada por leyes de movimiento distintas (formas de acumulación diferentes)-.
[12] Las clases sociales en el capitalismo actual (Nicos Poulantzas)
[13] Aún si algo heterogéneo dentro de sí, el grupo ATTAC tiene una de sus expresiones paradigmáticas en las elaboraciones pequeñoburguesas de Le Monde Diplomatique, instrumento de comunicación que por lo general opera con bastantes tesis propias de lo que en la antigua jerga política podría denominarse reformismo/revisionismo (impuesto a las transacciones financieras, intercambio justo, etc).
[14] Sobre el autofinanciamiento de las grandes multinacionales (que son eminentemente productivas en términos capitalistas), véase los desarrollos de Orlando Caputo: (e.g. http://www.youtube.com/watch?v=kPfuKvWhLMU)
[15] Economista marxista argentino que endeña en Córdoba. Sus artículos están disponibles en: rolandoastarita.wordpress.com
[16] También se obvía que solo un intercambio no capitalista puede operar bajo los términos de la justicia, ya que la competencia capitalista en el reino de las mercancías es siempre lucha y guerra (además de que en el mediano plazo las mercancías siempre se intercambian por su valor).
[18] http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167
[19] Democracia y socialismo (Arthur Rosenberg). Obviamente, desde nuestra postura, los capitalistas también se encuentran en el agro, así como tampoco lo ilustrado es necesariamente burgués.