domingo, 28 de abril de 2013

Joachim Hirsch (pequeñas notas)


Joachim Hirsch                           

Marx mismo no trató sistemáticamente la cuestión del Estado o, dicho más exactamente, no trató específicamente la forma política de la sociedad burguesa. En su obra se encuentran sobre este tema incursiones esporádicas, a veces atemporales y, ciertamente, también equivocadas o al menos insuficientes.

El aparato de dominación política –el Estado– se ha separado formalmente de la clase económicamente dominante, la dominación política y la económica ya no son idénticas inmediatamente, el “Estado” y la “sociedad”, lo “público” y lo “privado” se ubican como esferas separadas y diferenciadas. Es ahora que se puede hablar del “Estado” a diferencia de otras formas de dominación política….De este modo, por ejemplo la expresión “Estado medieval” es, ante todo, engañosa.

Su socialidad se expresa en forma “objetiva” mediante el dinero y el capital, esto es, de un modo enajenante y “fetichista”, en la figura de cosas que se enfrentan a los seres humanos. El dinero no es tampoco un simple medio técnico del intercambio y de contabilidad, sino la expresión objetiva de relaciones sociales específicas bajo la forma de cosa.

Las dos formas sociales fundamentales en las cuales se presenta la unidad social en el capitalismo son la forma valor, expresada en el dinero, y la forma política, que se manifiesta en la existencia de la sociedad separada del Estado

 La “derivación del Estado”.

El desarrollo teórico de la forma política de la sociedad capitalista no se dirige a explicar cómo y por qué existe el Estado y tampoco cuáles son sus figuras concretas y sus funciones. La meta es con mucho, fundamentar las razones por las cuales la comunidad política, el Estado, adopta una figura separada absolutamente de la sociedad y de las clases sociales, y qué consecuencias tiene este desarrollo de las instituciones y los procesos políticos

En primer lugar, la “derivación del Estado” significó la superación del esquema simple de base/superestructura, donde el Estado era concebido como una expresión derivada de las relaciones económicas. Antes bien, tanto la forma económica como la forma política, puestas una frente a otra, son características estructurales de la sociedad capitalista. La forma política es, en sí misma, una parte constitutiva de las relaciones capitalistas de producción

Esta determinación formal de lo político, sin embargo, no basta para explicar las instituciones, los procesos y los desarrollos políticos concretos; ayuda en principio a analizar las condiciones estructurales generales de la sociedad capitalista, es decir, las relaciones sociales, los modos de conducta, las posibilidades de acción, el modelo de percepción y las formas de institucionalización. La “derivación del Estado” no es, por ello, una teoría del Estado acabada; constituye, empero, un punto de partida fundamental.

Estas condiciones no sólo pertenecen las condiciones naturales de la producción y de la vida, sino también las tradiciones culturales, las orientaciones de valor y las relaciones sociales que no tienen la forma mercantil, existentes de modo externo respecto de las relaciones capitalistas directas, formas de producción material como la producción agraria y artesanal o el trabajo doméstico. Sin ellas, ni la disponibilidad de fuerzas de trabajo ni la existencia y unidad de la sociedad serían posibles. Para su proceso de valorización el capital siempre ha requerido condiciones externas de producción en un sentido amplio.

Este simple hecho excluye que la reproducción de la sociedad quede asegurada solamente a partir de la forma económica determinada, es decir, por la regulación de la ley del valor. Como mera “economía de mercado” el capitalismo no existe….Esto sólo puede llevarse a cabo en la comunidad política. En la sociedad capitalista ello es posible sólo mediante el Estado. Por ello “mercado” y “Estado” no sólo no son contradictorios sino que están inseparablemente unidos.

Política” y “economía” no forman dos campos de autorregulación y funcionamiento recíproco, como sostiene la teoría de sistemas. La “especificidad” del Estado, la separación entre el “Estado” y la “sociedad”, se forman en luchas sociales y políticas, y de este modo siempre quedan en cuestionamiento.

Ejemplo: Este es el caso, por ejemplo, cuando se produce un estrecho entrelazamiento del Estado con grupos individuales de capital y las actividades estatales son conducidos por estos intereses específicos. La clase económicamente dominante tiende esencialmente a una reprivatización de la violencia física si ya no puede quedar asegurada su dominación por medio del aparato estatal, sobre todo en épocas de crecientes conflictos sociales.

Subjetividad jurídica, la libertad ciudadana y la igualdad no son de ningún modo sólo una pantalla ideológica, sino que tienen en la socialización capitalista una base material. De la misma manera, los momentos de la libertad y la igualdad subsisten aun en las propias desigualdades sociales estructurales, y las relaciones de clase colocan y encuentran ahí sus límites. Por ello, los seres humanos al mismo tiempo tienen una pertenencia de clase y son ciudadanos formalmente libres e iguales

El carácter social del Estado también se manifiesta en que es expresión y parte existencial de la división del trabajo (volver sobre la pregunta que enfatiza en como se puede fundamentar la igualdad a través de la división social del trabajo: ¿homogeneización del trabajo? ¿trabajo abstracto?)

En realidad hay una amplia serie de confrontaciones sociales, de relaciones de dominio, de explotación y de subordinación: de género, religiosas, culturales, regionales. Ellas no resultan simplemente de las relaciones capitalistas de clase y no desaparecerían con ellas. Objetivamente son ellas con frecuencia más viejas que la sociedad capitalista misma.

las relaciones con la naturaleza, las de género, la opresión sexual o racial son inseparables de la relación capitalista y ésta no puede en absoluto existir sin aquéllas. Es decisivo que el modo de socialización capitalista como reproducción material en un modo determinado, impregne la estructura social y las instituciones (incluidas determinadas formas sociales), en las cuales se expresan todos los antagonismos sociales.

Precisamente la separación capitalista entre el “Estado” y la “sociedad” ha hallado una salida en la oposición entre lo “público” y lo “privado” (notar como la sociedad es igualada a lo privado…citar texto “Lecciones de sociología”)

La especificidad del Estado se expresa con esto, en que hay una serie de barreras institucionales que impiden la conducción directa por parte de la “voluntad popular” de los procesos estatales decisivos. He aquí la importancia del principio de representación, según el cual el “pueblo” es representado por diputados elegidos, quienes siguiendo la “voluntad popular” y en el lenguaje idealizador del proceso, solamente están subordinados a su conciencia y no están ligados a ninguna instrucción. En la democracia liberal no hay mandato imperativo. El principio de representación, por ello, no es simplemente una ejecución técnica de la democracia de masas, sino una condición esencial para la imposición de la forma política del Estado capitalista.

Los sindicatos son, como otras organizaciones y grupos de intereses, representaciones de intereses pero también órganos de control, dominio y disciplina; en este sentido son casi siempre cuasi aparatos estatales.

Con esto queda cerrada la posibilidad de que los intereses de clase se abran paso directamente en la política estatal por medio de organizaciones de intereses económicos y políticos. Esto ya está implicado en la separación entre el “Estado” y la “sociedad”… Tomado en conjunto, todo esto tiene como consecuencia que la política de los partidos, las asociaciones y los movimientos sociales mismos, se inscriba en un grado esencial dentro de la “lógica del Estado”. Dicho de modo preciso: son determinados por mecanismos enraizados desde la forma política capitalista.

Tomado en conjunto, todo esto tiene como consecuencia que la política de los partidos, las asociaciones y los movimientos sociales mismos, se inscriba en un grado esencial dentro de la “lógica del Estado”.
Dicho de modo preciso: son determinados por mecanismos enraizados desde la forma política capitalista. mediada tanto al Estado como a la sociedad. Ambos constituyen la unidad contradictoria y simbiótica del “Estado ampliado” (expresión de Gramsci)

La forma política capitalista no debe ser confundida con el aparato estatal concreto, pues éste es únicamente la expresión institucional de la estructura social existente. Las determinaciones de la forma capitalista, tanto económicas como políticas, atraviesan todos los campos sociales, impregnan también la burocracia del Estado así como el sistema de partidos, las asociaciones de intereses y los medios de comunicación de masas, las instituciones económicas y hasta la familia.

Esta separación relativa de “política” y “economía”, del “Estado” y la “sociedad”, significa que la sociedad capitalista carece de un centro abarcador de mando y de control, sobre el que la sociedad en su conjunto pueda disponer (discusión)

Más bien existen muchas instituciones, organizaciones y grupos, con relativa independencia recíproca y en lucha parcial, ligadas complejamente vertical y horizontalmente, las cuales, a partir de acciones de fuerza estructurales, pero no buscando intereses generales ni de manera directa, formulan estrategias políticas. Exactamente esto confiere a la sociedad capitalista no solamente su monstruosa dinámica sino también una gran adaptabilidad por encima de crisis y catástrofes.

Hemos mostrado que las formas sociales son objetivaciones de las relaciones sociales que resultan de los principios generales de socialización y que se enfrentan a los seres humanos bajo la forma de cosas. Ligado con la acción social, las formas sociales determinan en forma general y estructural las orientaciones de conducta y las percepciones que asumen los individuos y que, al mismo tiempo, ellos reproducen a partir de su acción.

Los principios fundamentales de socialización motivan la formación de instituciones en las cuales las formas sociales reciben su expresión efectiva concreta y práctica….Estas formas generales de percepción y de conducta se concretan en instituciones sociales, o viceversa: en las instituciones se materializan las determinaciones de las formas sociales.

No percatarse de esta diferencia e identificar a la forma política simplemente con un determinado conjunto de instituciones, es un error frecuente

El concepto de forma social designa con esto la relación de mediación entre la estructura social (modo de socialización), las instituciones y las acciones.

Pero la construcción institucional y la acción reproductora ni determina objetivamente ni está libre de conflictos, sino que está determinada por las estrategias de los actores en pugna. Los correspondientes procesos de institucionalización y las configuraciones institucionales existentes pueden entrar en contradicción con las formas sociales.

Debido a que la acción social no está fácilmente determinada estructuralmente, pueden entrar en contradicción las determinaciones de la forma social y la figura concreta de las instituciones

Entre las formas sociales y las instituciones existen, en suma, muchas relaciones contradictorias. Las formas sociales realizan y se sostienen solamente a partir de acciones sociales y conflictos sociales, y pueden ser puestas en cuestión en su dinámica misma.

Las instituciones posibilitan y limitan la acción social. Los procesos institucionales no se desarrollan, sin embargo, a voluntad sino sometidos a la “violencia de la forma”.

La “estructura” y la “acción” no son entendidas hasta aquí como si estuvieran puestas en una mutua oposición externa. Antes bien, las determinaciones de la forma social se expresan en la acción misma y en la estructura social con sus contradicciones propias; de igual manera las estructuras “objetivas” son reproducidas naturalmente mediante la acción social

El Estado no puede ser determinado principalmente por funciones específicas. Esto ha sido destacado con exactitud por Max Weber: Desde un punto de vista sociológico una asociación “política”, en especial un “Estado” no se define por el contenido de lo que hace. Casi no hay tarea que una asociación política no haya tomado alguna vez en sus manos,… Antes bien, sociológicamente el Estado moderno sólo puede definirse en última instancia a partir de un medio específico que, lo mismo que a toda asociación política, le es propio, a saber: el de la coacción física (discusión)

La separación formal del Estado respecto de las clases sociales contiene una específica manera de la institucionalización de las relaciones de clases. Por ello, la clase económicamente dominante no es idéntica a la clase dirigente, es decir, la que ocupa y controla el aparato estatal. Según Poulantzas, se efectúa esta institucionalización de tal modo que la clase dominante organiza y la dirigente desorganiza

proceso político –por medio de los partidos y el sistema representativo– no se organiza sobre la base de la pertenencia y la situación de clase sino a partir de la figura del ciudadano aislado….Esto es el fundamento del complejo proceso de escisión que conduce hacia una desorganización de las clases dominadas.

En conclusión, los antagonismos sociales y las relaciones de clase, que se expresan en las estructuras institucionales del “sistema político”, están marcadas por estas determinaciones de forma. Ellas se sitúan en la forma del dinero y del derecho, y se manifiestan en la figura de la relación burocracia/clientela, en las asociaciones de intereses en competencia, en los partidos políticos, en las estructuras corporativas, etcétera. La forma política transforma las relaciones de clase en una contraposición del “pueblo” y el “Estado”,