lunes, 29 de abril de 2013

Comentarios sobre trabajo inmigrante


El siguiente es un correo electrónico que me llegó desde la tronera "liberal" del padre de un amigo. En sumomento hice una breve crítica a lo que se postula en el mismo

Querido-as,
Este texto me parece de relativa importancia en relación a la sociedad actual.
Se los recomendó y espero que algo de importancia vean en esas letras y la significancia de hacer deliberativamente, grupos de este tipo.
Y ojala que a alguien se le ocurra leer incluso este y otros libros de este gran sociólogo.
Realmente es también en este contexto recomendar La sociedad de la ignorancia, libro en el que diversos autores problematizan el cliché de «la sociedad del conocimiento» para advertirnos que quizá nos está abocando a lo contrario. «Vivimos, gracias a la tecnología, en una sociedad de la información que ha resultado ser también una sociedad del saber, pero no nos encaminamos hacia una sociedad del conocimiento sino todo lo contrario...nos encaminamos hacia una sociedad de la ignorancia», pronuncia Antoni Brey, una sociedad con «individuos incapaces de concentrase en un texto de más de cuatro páginas» y en la que «de forma progresiva, la ignorancia ha ido perdiendo sus connotaciones negativas hasta el punto de llegar a prestigiarse».
 S Bauman: En busca de la política: El enfriamiento del planeta humano
Una encuesta de 1997 reveló que ya entonces los daneses estaban más preocupados por la presencia de extranjeros que por el desempleo, el daño al medio ambiente o cualquier otra cuestión. Suzanne Lazare, de 22 años, residente en Copenhague desde los diez (cuando salió de Trinidad), le dijo al corresponsal del International Herald Tribune que estaba pensando abandonar Dinamarca: “No me miran igual (...). Ahora me miran con desprecio. La gente se ha vuelto muy fría”. Y añadió un último comentario, muy revelador: “Es gracioso, también son fríos entre ellos”.
La anécdota de Lazare la cuenta Bauman en su libro En busca de la política (México, FCE, 2001; or. de 1999), donde continúa: “La frialdad hacia `los forasteros´, los extranjeros que se convierten en vecinos y los vecinos que son tratados como extranjeros pone de manifiesto un descenso de la temperatura en todas las relaciones humanas, en todas partes. Fría es la gente que hace tiempo ha olvidado la calidez del contacto humano, cuánto consuelo, respaldo, aliento y simple placer podemos sentir compartiendo nuestro destino y nuestras esperanzas con otros; `otros como yo´ o, para ser más exacto, otros que son `como yo´, precisamente porque comparten mi situación, mi desdicha, mis sueños de felicidad, y aún más porque yo me preocupo por la situación, la desdicha o los sueños de felicidad de ellos”.
En un tiempo la vida era frágil y estaba plagada de peligros. Tal como hoy. Pero entonces “la amistad podía hacerla un poco más sólida y un poco más segura (...). Ahora, sin embargo, no es probable que la unión de los amigos consiga mitigar o disipar ningún peligro o amenaza”. Hoy nos acecha otro tipo de peligros y amenazas, “como si estuvieran pensados para golpear a cada una de sus víctimas por separado, a su turno, y para ser sufridos a solas”. Las desdichas individuales de hoy no están sincronizadas; la catástrofe llama a cada puerta selectivamente, en días diferentes, a diferentes horas. Unas visitas que no parecen guardar ninguna relación entre sí. “Y los desastres no se deben a la maldad de un enemigo a quien sus víctimas puedan nombrar, señalar con el dedo o combatir en conjunto. Están perpetrados por fuerzas misteriosas sin domicilio fijo. Los sufrimientos que tendemos a experimentar no son comunes y, por lo tanto, no reúnen a sus víctimas. Nuestros sufrimientos dividen y aíslan: nuestras desdichas nos separan, desgarrando el delicado tejido de la solidaridad humana. La dispersión del disenso, la imposibilidad de condensarlo y anclarlo a una causa común, descargándolo contra un culpable común, sólo torna más agudo el sufrimiento”.
Los gobiernos no pueden prometer honestamente a sus ciudadanos una existencia segura ni un futuro cierto. Pero, por ahora, pueden descargar al menos una parte de la angustia acumulada (e incluso sacar ventaja electoral de ello), “demostrando su energía y su determinación en la guerra contra los trabajadores extranjeros y otros inmigrantes ilegales, intrusos que irrumpen en nuestros tranquilos y limpios patios traseros. Ese gesto puede resultar muy satisfactorio: aunque modesto y de corta vida, sirve no obstante como compensación del humillante sentimiento de impotencia que se experimenta ante un mundo frío e indiferente”.
La sociedad no puede hacer felices a sus individuos. Todos los intentos (o promesas) históricos de hacerlo han generado más desdicha que felicidad. “Pero una buena sociedad puede –y debe- hacer libres a sus miembros. No sólo para no obligarlos a hacer lo que preferirían no hacer, sino también en el sentido positivo, el de poder hacer algo con su libertad”. Y eso implica influir en la formulación del “bien común”, y hacer que las instituciones sociales cumplan con ese significado. Pero para poder llevar a cabo esa tarea “debe producirse una reorientación (...) hacia ese espacio político donde se reúnen lo público y lo privado”. Es preciso “retramar los problemas privados convirtiéndolos en temas públicos”, aglomerarlos para poder condensarlos en una fuerza política. Lograr que la traducción de privado a público vuelva a ser posible. Y en el campo del urbanismo no será difícil trabajar sobre alguna de esa multitud de causas concretas, personales y privadas que lo pueblan.
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Respuesta

Gracias tío por el texto. A Bauman lo conozco, pero no le compro mucho. Es del tipo de lectura que da el profesor garretón; una ensalada de "liberalismo posmoderno progre" (justo en este momento se me ocurrió como motejarlo). El texto en sí tiene poca unidad y plantea muchas cuestiones en unas pocas líneas. Voy a consignar algunas y realizar un comentario rápido a cada una:

a) Problema "trabajo inmigrante": las reacciones xenofóbicas de las clases trabajadoras de todos los países del mundo tienen un base bien concreta y real. La entrada de trabajadores extranjeros en un país determinado supone, las más de las veces: i) baja del precio del trabajo (bajas salariales), fundamentalmente porque aumenta la masa de fuerza de trabajo disponible en el mercado (más cantidad de una mercancía menor su precio, en términos generales y simples); ii) degradación de las condiciones de trabajo, esto porque los trabajadores inmigrantes laboran indocumentados (sin contrato, sin imposiciones, sin servicios sociales, acostumbrados a un nivel de sobreexplotación mayor que la clase obrera local); iii) aumento de la competencia y fragmentación de la clase obrera asentada en terreno nacional: las diferencias culturales se añaden a las diferencias de calificación, lo que genera atomización y así un escenario donde el Trabajo pierde fuerza frente al capital.

a') Para responder a esta problemática no ayuda demasiado la política de "respetar las diferencias dentro de un paradigma liberal que actúa como marco represivo" (tipo "mire usted que fascista la clase trabajadora, mire como ésta presenta rasgos xenofóbicos y racistas"). Y esta es la idea sugerida en el texto. Por el contrario, una política anclada en las bases materiales reales iría por un lado muy distinto: i) asimilaría los tres rasgos citados en a) y elaboraría una estrategia para subsanarlos; ii) esta estrategia debería estar basada en la libre movilidad del Trabajo por el mundo, libre movilidad aunada con la sindicalización automática de todo trabajador inmigrante que lleve ya algún tiempo trabajando (meses, 1 año, etc). Esta sindicalización automática formalizaría la fuerza de trabajo extranjera, permitiendo que la misma acceda a las condiciones a las que está sujeta la fuerza de trabajo nacida en el país. De esta manera se generarían contratendencias contra la baja del precio del trabajo, contra la degradación de las condiciones de trabajo y contra la competencia/fragmentación de la clase explotada. Además, esto configuraría un escenario donde el Trabajo organizado se fortalecería frente al capital (ya que la masividad y capacidad de presión de los sindicatos crecería).
  Obviamente, este es un horizonte de lucha, no un objetivo inmediato. El debate político verdadero debe girar en torno a qué demandas concretas intermedias nos llevan de la situación actual al objetivo/horizonte consignado. Todo esto entendiendo que bajo el modo de producción capitalista existe "libre movilidad del capital", pero no una real "libre movilidad del trabajo", dado que incluso en términos de "capitales particulares" el trabajador es sumamente dependiente de los distintos patrones (hay que recordar que a nivel del "capital en general" -del capital social total- lo que existe es "esclavitud asalariada") 

b)  Las desdichas de las clases productoras y explotadas en cada formación capitalista, sólo "aparecen" (en el mundo fenoménico) como cuestiones individuales incomunicables. En términos esenciales siempre se pueden rastrear y encontrar su causa en una forma de producir dividida en clases que supone explotación (y este "rastreo" no es demasiado difícil de hacer -cualquier sindicalista capaz de captar la contradicción ineluctable entre capital y trabajo lo hace-). Y es justamente esto lo que no capta el texto que usted me envía. Por lo mismo, es un texto que se queda en la "superficie de las cosas". Ahora, esencia y apariencia están íntimamente ligadas (ambas configuran lo real), por lo que es importante entender cuáles son las causas del "análisis" errado presentado en el texto. Esto no es muy difícil de realizar: el fin de una fase capitalista con un patrón de acumulación carácterístico a fines de la década de 1970 supuso un proceso de reestructuración que implementó una nueva fase de acumulación. Ésta, se caracteriza por configurar espacios laborales más fragmentados y atomizados (deslocalizaciones, implementación de algunos dispositivos productivos que aminoran el tamaño de las unidades de producción, etc, etc, etc). Esta es la razón fundamental de que existan este tipo de análisis equivocados. La cuestión es que un análisis racional y objetivo debe dar cuenta de esto y luego ir a la "raíz" del asunto.

c) El texto plantea que la sociedad no puede hacer felices a sus individuos. Esta es una imposibilidad "lógica" y "real". La plenitud y el desarrollo humano (como yo denominaría mi sustituto de "felicidad") es imposible de alcanzar bajo un marco epistemológico/ontológico que funciona con la dicotomía individuo/sociedad. Esta es una dicotomía que genera fenómenicamente una forma histórica de producir de los hombres mismos. Por lo demás, la misma opera bajo un paradigma liberal que entiende que el individuo aislado existe y es una realidad (Marx diría que aquí se está trabajando con "robinsonadas"). Este paradigma concibe la libertad como libertad negativa: la libertad es falta de coerción e influencia externa. Ahora bien, lo que esencialmente existe en toda sociedad (sin exclusión de ninguna) son individuos sociales (los "seres sociales" de los manuscritos del 44 de Marx). Por lo tanto, la plenitud y el desarrollo humano solo podrán encontrarse en tanto se entienda que la libertad debe ser positiva y colectiva. "Positiva" quiere decir que es necesario definir contenidos, esto es, es necesaria la "definición de necesidades" (como diría Marcuse). "Colectiva" implica que la libertad está en los otros iguales (compañeros de clase social, por ejemplo).

eso.

saludos,
msm